Farewell amor: un debut sobre las identidades problemáticas

Son muchos los factores que construyen la esencia de una persona: familia, entorno, genética y, por supuesto, los lugares de su nacimiento y residencia. En absolutamente todas las naciones, las diferencias pueden surgir a no más de unos kilómetros; es decir, pude haber nacido en cierto lugar de equis ciudad, pero vivir en otra provincia. El lugar de mi nacimiento está en el papel, pero puede que no signifique necesariamente algo para mí.

Lo anterior puede cambiar dependiendo de los momentos de la vida. Considero que hay un segmento que nunca cambia, que es parte de nosotros, y otro más maleable. Va con el entorno, el instante y el sentir. Son piezas que se enciman y nunca terminan de construirse(nos).

Sobre esto medita Farewell Amor (2020), debut en largometraje de Ekwa Msangi. La película cuenta sobre la reunión de Walter (Ntare Guma Mbaho Mwine) con su esposa Esther (Zainab Jah) y su hija Sylvia (Jayme Lawson). Angoleños de nacimiento y nómadas a la fuerza, se han reencontrado en Estados Unidos (pero claro que ahí sería) para intentar volver a su vida familiar. Han pasado 17 años desde su último encuentro y la convivencia será extraña, por decir lo menos.

Tras plantear la idea de la reunión con la primera escena en el aeropuerto, comienza una lenta presentación de la extrañeza que sienten estas personas entre sí. Además, se plantea lo mucho que han cambiado a lo largo del tiempo e incluso en periodos cortos. El padre inmigrante africano que ha adoptado el estilo de vida americano a todas luces, la madre que encontró refugio a su soledad en la religión y la hija que gusta de bailar como manera de expresión. Él, temeroso; ellas, confundidas y expectantes, pero igual demasiado ansiosas por convivir con alguien que, prácticamente, no conocen. Considero que el primer tercio es el más interesante al maniobrar con la idea de la fragilidad de los lazos sanguíneos y su banalización, pues rompe brevemente con esa idea de la familia como ente omnipresente.

Después, se emplea un mecanismo narrativo que luce un tanto innecesario, pues el relato se habría entendido aun sin esto: la división episódica con los nombres de los estelaristas. Un hilo con tres ópticas supuestamente distintas, pero que no alcanzan profundidad suficiente como para añadir sustancia. Una exploración mayor hacia los catalizadores del cambio de personalidad o para “sobrevivir” sin un núcleo familiar sólido son algunos de los caminos que pudieron sumar a un planteamiento llamativo y esto es, de hecho, lo que considero una de las flaquezas más notorias de la cinta: el encogimiento de la trama.

Los capítulos dividen la llegada a America de los personajes y sus vivencias posteriores con resoluciones que se perciben un tanto intrascendentes, además de que el evidente intento de meter un comentario acerca del trato a los migrantes africanos se reduce a una línea: “este país es muy complicado para la gente negra”. Esa intención se abandona para entrar en un terreno de cierta condescendencia al mostrar la aspiración a la que sucumben los personajes, cuando la identidad cultural y su importancia era algo que defendía la madre como algo más que una idea, como una convicción. Incluso después de una declaración de resistencia expresada en un baile con raíces africanas -en una de las escenas mejor capturadas del filme-, se remarca que un buen desayuno continental a la “americana” puede contra todo.

Tal vez no contrastarse, pero esta vaguedad del argumento se pierde de vista con los valores de producción que denotan suficiencia técnica y capacidades en cuanto a cinefotografía y puesta en escena. La cámara, casi siempre móvil, es congruente con la historia de seres en constante movimiento. Además, los emplazamientos en lugares cerrados crean imágenes de clara belleza y sentido.

Pero, no hay mucho más. Apuntando más hacia alcanzar el naturalismo mediante momentos conmovedores y un manejo de la cotidianidad, Farewell Amor se pierde entre su ambición de tocar puntos altos con sobrantes estructuras en el libreto. Deambula, tal como sus personajes capturados con eficacia visual (lo que compone un debut que revela posibilidades y cualidades), pero van encaminados a aceptar las condiciones que se les presentan sin demasiado desarrollo o motivación, ignorando las posibilidades críticas que se pudieron haber alcanzado. Tal vez el Tío Sam sí gana siempre, pero ahora en nombre de la ternura.

Farewell amor se estrena en MUBI el 18 de diciembre.

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