Ocho películas asiáticas de cocina que hablan del amor, la familia y la vida

Por: Citlalli Juárez (@citlallijuarez)

Cuando pensamos en el papel de la comida en el cine asiático es muy probable que lo primero que brote en nuestra mente sean escenas como el festín del Sin Rostro en El Viaje de Chihiro (Hayao Miyazaki, 2001) o el desayuno de tocino y huevos en El Increíble Castillo Vagabundo (Hayao Miyazaki, 2004), dos referentes del food porn en la animación japonesa. 

La comida en el cine funciona como un elemento visual que representa la opulencia. Recordemos la escena de postres y moda de María Antonieta (Sofia Coppola, 2006), o la desigualdad de clases y los sirvientes que comen las sobras de los amos en El olor de la papaya verde (Anh Hùng Trần, 1993). También, la comida funge como un instrumento de venganza: ahí está Greenawey en El cocinero, el ladrón, su esposa y su amante (1989). 

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Cuando se recurre a la comida como un elemento conciliador entre personas y culturas, o más que un mero adorno visual, el cine asiático (sobretodo el japonés) es el que destaca. En el cine oriental, la comida (y el comedor mismo) adquiere un fuerte poder simbólico: manifiesta un momento de reunión y convivencia; un instante de intimidad entre personas. Ejemplo de ello son las películas que a continuación refiero, donde la comida se desenvuelve como un puente entre culturas, el facilitador de las relaciones entre personajes e incluso un componente que invita a reflexionar sobre la vida. 

Comer, beber, amar (Ang Lee, 1994)

Se desarrolla en el corazón de Taipéi y cuenta la historia del Maestro Chan, un reconocido chef de la cocina tradicional taiwanesa, y su complicada relación con sus tres hijas. Después de la muerte de su esposa, el maestro cocinero y sus hijas se apartan. El único momento de convivencia que les queda como familia es la cena que el padre prepara cada domingo que se reúnen. Las tres hermanas difieren en formas de pensar y vivir, razón por la cual se alejan, mientras que su padre es incapaz de encontrar una forma de acercarse a ellas, además de que enfrenta la lenta pérdida de su sentido del gusto. 

La comunicación es el hilo conductor que guía la trama, ya que los protagonistas son incapaces de expresar amor y lo que aqueja sus corazones. En este caso, la comida sirve como el mensajero que articula los pensamientos y da razón a las emociones de la familia; la comida deja de ser un simple banquete dominical y se convierte en un vehículo para el amor. 

Comer, beber, amar es una joya cinematográfica del famoso director de Secreto en la montaña (2005) y La vida de Pi (2012), así como una evidente crítica al desplazamiento agresivo de las tradiciones por la modernidad (la mayoría de las veces asociado con occidente); un punto de convergencia entre el pasado y el futuro, los deseos familiares y las aspiraciones personales. 

Una historia que, en palabras del difunto chef Anthony Bourdain, “sólo una rata inmunda y sin corazón podría ser inmune a sus encantos”. 

A tale of samurai cooking (Yuzo Azahara, 2013)

Situada durante el dominio Kaga del Japón feudal, propone una historia nueva y diferente en las películas de los guerreros samurai. Este drama romántico de época aborda la relación entre Haru, una joven sirvienta con un talento excepcional para la cocina, y Yasunobu, el segundo hijo del cocinero real del dominio Kaga. 

El padre de Yasunobu le ruega a Haru casarse con su hijo para instruirlo en el arte de la cocina y que éste pueda reemplazar a su difunto hermano en la tradición familiar de los cocineros samurai. Haru le enseña al joven guerrero cómo ser un mejor cocinero y a respetar la profesión que le ha brindado orgullo a su familia durante generaciones. Lo que comienza como un matrimonio arreglado y lleno de desprecio, evoluciona en una relación de respeto y cariño. 

En la película la comida es un referente de los modos de vida de las comunidades bajo el dominio Kaga. Es así que los alimentos adquieren un peso político e incluso el papel del cocinero samurai se puede comparar con el de un diplomático mediador, pues restablece la dignidad de su pueblo y demuestra la fortaleza de su gente a través de sus platillos. 

Basada en las recetas escritas por Dennai y Yasunobu Funaki, recolectadas en el libro The Silent Ascetic of Cuisine (publicación sobre la cocina Koga), que continúan presentes en la cocina japonesa de hoy en día, esta película demuestra, a través de una historia simple y en ocasiones ligeramente cómica, que el trabajo de un samurai es mucho más que blandir una espada y derramar sangre. 

Tampopo (Juzo Itami, 1985)

Esta joya cómica fue presentada como el primer ramen western, en referencia al spaguetti western de los estudios italianos, y se ha convertido en un clásico del cine japonés. 

Tampopo es una mujer en sus treintas que dirige el restaurante de ramen de su difunto esposo, sin embargo, no posee el conocimiento ni el sazón para lograr que más gente la visite. Después de la repentina llegada de dos camioneros, Tampopo le pide a uno de ellos que le enseñe el camino para ser la mejor chef de ramen de su vecindario. Convencido por la inocente súplica de Tampopo, Gun accede a ayudarle, por lo que maestro y estudiante comienzan un entrenamiento arduo para lograr cocinar el mejor ramen del área. 

Durante la búsqueda de la receta del caldo perfecto y los mejores tallarines, Tampopo despierta la simpatía y compasión de quienes ven su travesía, y gana poderosos aliados que se convierten en maestros y finalmente en amigos. El ramen se convierte en el elemento conciliador de la relación de Tampopo y Gun, la razón por la que enemigos pueden trabajar juntos en un objetivo en común, e incluso ayuda a que los personajes se armen de valor para enfrentar la vida. 

Si bien es cierto que la historia principal es la de Tampopo y su búsqueda por el ramen perfecto, las tramas secundarias también se entrelazan por medio de la comida, brindando escapes cómicos a la trama principal: desde la mujer moribunda que sólo se levanta del lecho de muerte para prepararle la cena a su marido, hasta la historia de amor entre un gánster y una joven que utilizan la comida para explorar sus fantasías sexuales. 

Tampopo no sólo une generaciones, también abre el apetito. 

Cook up storm (Wai Man Yip, 2017)

En la misma línea cómica se halla esta película china que probablemente los puristas del cine ni siquiera considerarían ver debido a su sencillo y un tanto predecible guion, o simplemente porque difiere mucho del formato de películas gastronómicas asiáticas. 

Cook up storm cuenta la rivalidad entre Sky Ko, el chef principal de un humilde restaurante de comida tradicional cantonesa, y Paul Anh, un chef coreano ganador de una estrella Michelin que busca elevar la comida tradicional, al mismo tiempo que apunta por ganar su segunda estrella. Ambos personajes enfrentan en una batalla de cocina sus diferentes visiones sobre la comida; sin embargo, a pesar de las diferencias, unen fuerzas para combatir un enemigo en común, logrando un equilibrio entre la comida tradicional y la alta cocina. 

La importancia de la comida es notoria desde los primeros minutos, pues se concibe como un puente entre culturas y un elemento importante en la formación del concepto de familia. La comida es la causante de grandes heridas emocionales, así como la responsable de que los personajes principales encuentren a sus amigos de verdad y su propia valentía. Los cocineros que una vez se enfrentaron logran respetar sus diferencias y aprenden el uno del otro,  combinando lo mejor de sus culturas y pasados para crear algo espectacular. 

Una propuesta que se aleja de las entregas asiáticas contemplativas que invitan a una exhaustiva reflexión sobre la vida y su significado; se acerca más a una película hollywoodense de acción, en donde los planos detalles de las llamas saliendo de los woks y las cámaras lentas de los ingredientes cocinándose invaden la pantalla. A pesar de la teatralidad que abunda, se muestra una historia conmovedora de dos chefs con inseguridades, quienes descubren el verdadero significado de la familia. 

El cocinero de los últimos deseos (Jojiro Takita, 2017)

Basada en la novela The Last Recipe de Keiichi Tanaka y dirigida por el autor de Okuribito (2008), ganadora del Oscar a Mejor Película Extranjera, cuenta la historia de Sasaki Mitsuru, un famoso chef que se gana la vida recreando platillos para gente millonaria, pues posee la magnífica particularidad de jamás olvidar el sabor de cualquier comida que pruebe.

Sasaki tiene un problema de actitud, su propia arrogancia llevó a su restaurante a la bancarrota y es por eso que se dedica a recrear platillos para pagar sus deudas. Un día un cliente le ofrece una sustanciosa cantidad para que rastree las recetas perdidas de un chef japonés que, según la historia que le cuentan, fueron servidas en el famoso Banquete Imperial Japonés. De esta manera, Sasaki emprende una extensa búsqueda que lo adentra en la historia del banquete, una historia de familia y amistad.

La película no busca ser histórica, y es justo por esa razón que el drama se centra en el cuento de un cocinero y su familia, el chef obsesionado por crear el mejor banquete y la amistad que nace entre personas de culturas heridas por una guerra cruel. Algunos pueden tachar a este título de complaciente al ocultar los horrores de la guerra chinojaponesa, sin embargo, muy a su manera y en su tono, pretende demostrar que a la hora de comer todos somos uno. 

La comida es el personaje principal que hace dialogar culturas, el mensajero de secretos magistrales de generaciones y el transmisor del amor de familia y amigos. Las recetas y platillos representan un paso más en la jornada de Sasaki hacia el autodescubrimiento y el elemento redentor del oscuro pasado del protagonista. 

Ramen shop (Eric Khoo, 2018)

Masato es el hijo de un chef japonés y una cocinera singapurense, quien trabaja en la tienda de ramen de su padre. La relación de padre e hijo se deteriora desde la muerte de la madre de Masato, y cuando su padre fallece repentinamente, el joven cocinero encuentra un diario que perteneció a su mamá. Aquel diario le brinda a Masato las fuerzas necesarias para emprender un viaje a Singapur con el objetivo de hallar los sabores que le permitan recordar a su madre. Con la ayuda de una blogger de cocina, Masato encuentra a su tío, quien también es cocinero, y le pide ayuda para aprender a preparar uno de los platos más representativos de la cocina de Singapur: el bak kuh teh. 

La comida en Ramen Shop cumple con su cuota de tomas instagrameables al recorrer las calles de Singapur a través de los platillos típicos, desde el cangrejo en curry hasta el arroz con pollo singapurense. Sin embargo, también es un elemento personal en la travesía del protagonista, pues la comida es la única manera en la que está “conectado” con sus padres. 

Al igual que El cocinero de los últimos deseos, esta película plantea los horrores cometidos durante la Segunda Guerra Mundial, la ocupación japonesa en China y el rencor que aún permea en la sociedad china, esto a través de una abuela que rechaza la existencia de Masato y el matrimonio de su hija. En este sentido, la comida es un enfrentamiento con el pasado y una manera de enmendar el futuro, una ventana de esperanza al sanar las relaciones que durante la película provocan una que otra lágrima. 

El director singapurense expresa su intención de fusionar la cultura japonesa y la china a través de la comida desde el título: Ramen Teh (título original), una combinación del platillo representativo de Singapur y uno de los más famosos platillos japoneses; una forma de unir la vida de sus personajes. 

Una pastelería en Tokio (Naomi Kawase, 2015)

La cineasta japonesa Naomi Kawase, quien en 1997 se convirtió en la ganadora más joven del premio Cámara de Oro del Festival de Cannes con su ópera prima Suzaku, expresa en esta película el significado de la vida. 

Sentaro es un cocinero frustrado y con poco amor a su oficio que trabaja en un pequeño café de dorayakis (una especie de sándwich de pancakes relleno con pasta de frijoles dulces); Wakana es una estudiante de secundaria con problemas familiares que se refugia siempre en el café donde trabaja Sentaro. La vida de ambos cobra un nuevo sentido cuando conocen a Tokue, una dulce, peculiar y alegre anciana que pide trabajo en el café. 

Con la llegada de Tokue y su gran receta de anko (pasta de frijol dulce), el café se encuentra en su mejor momento. Sin embargo, la gente comienza a hablar sobre las desfiguradas manos de la anciana; poco tiempo después se descubre que Tokue enfermó de lepra cuando aún era una niña, por lo que fue condenada a vivir en el exilio en un centro de leprosos. 

Si bien los dorayakis son un elemento auxiliar en el desarrollo de la trama, también sirven como el pegamento que une los destinos de los tres solitarios personajes. Tokue se convierte en una aliada para Wakana y le enseña a Sentaro el valor de la paciencia, la vida y la esperanza a través de la preparación del anko. 

La manera sensible en la que Kawase explora los sentimientos desesperanzadores de la soledad y la impotencia se contraponen con la sencillez de la historia, que deja al espectador un sabor agridulce. Una película que plantea que el significado de la vida es propio y en ocasiones difícil de reconocer, y que aún los alienados y desdichados “quieren vivir en un mundo donde salga el sol”. 

In the mood for love (Wong Kar-Wai, 2000)

Finalmente, no podía faltar la obra maestra del cineasta chino Wong Kar-Wai, considerada una película de culto por su historia y la majestuosa fotografía, entre muchas características más. Si bien dista mucho de ser un filme foodie con planos detalle de deliciosos platillos como en Chef (Jon Favreau, 2014), el uso de la comida como elemento mediador es brillante y resulta evidente que su propósito fue premeditado. 

Situada en el Hong Kong de los años 60, cuenta la historia de Chow, un jefe de redacción en un diario local, y Li-Zhen, una hermosa secretaria en una firma de exportación. Ambos son residentes del mismo edificio, con trabajos demandantes y parejas que casi no ven desde que se mudaron al mismo bloque residencial. En un cruel actuar del destino se revela que el esposo de Li-Zhen la engaña con la mujer de Chow.  Es así que comienzan un juego en el que encarnan a sus respectivas parejas, pretendiendo descubrir los sentimientos que habrían orillado a sus cónyuges a engañarlos. 

La trágica historia de amor se alimenta con el grácil uso de la comida para armonizar el inicio de la relación entre los personajes. No es gratuito que el primer acercamiento que tienen es al comprar una orden de tallarines en un local callejero o que al pretender ser sus respectivas parejas en una cita, ambos ordenen la comida favorita de sus esposos y den instrucciones específicas de la manera en la que lo comerían. 

La comida está presente en la mayoría de las escenas, al igual que los comedores, restaurantes y locales callejeros. El nivel de atención que el cineasta presta a la comida resulta abrumador, pues en una historia que se desarrolló casi sin guion alguno, se respetó la estacionalidad de los platillos. 

Deseando amar (título en español) utiliza la comida de forma elegante y poética: traza el avance de la relación confusa y lastimosa de los protagonistas. Es un ejemplo de la manera en que la comida puede unir a las personas.

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