Centralización: un problema endémico en el cine mexicano

Por: Eduardo Carrasco Díaz (@drfarabeuf)

Hacer un diagnóstico de la industria cinematográfica en nuestro país es una tarea inacabada que requiere de un constante análisis de todos los factores determinantes en la producción audiovisual. Desde 2009, el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE) publica un anuario estadístico, en donde presenta de forma ordenada el comportamiento del cine mexicano a partir de sus cifras. Esta institución toma en cuenta la distribución, la producción y la exhibición; además de los galardones y posicionamiento de nuestro cine a nivel internacional. 

El anuario correspondiente al 2019 revela datos importantes sobre los asuntos urgentes que deben resolverse para la construcción de una cinematografía mexicana estable. Por ejemplo, un tema significativo es el de la centralización de la industria audiovisual.

En este rubro, las cifras son alarmantes, ya que la mayoría del cine nacional se genera desde la Ciudad de México. Es decir, se filma excesivamente en este territorio. De todos los largometrajes registrados (216) por el IMCINE, el 43% se realizó en la Ciudad de México. Estados de la república como Tlaxcala, Tabasco, Sinaloa y Colima registraron apenas un ínfimo 0.5% de producción de largometrajes. Números similares aparecen en las gráficas que abordan el tema de la producción de cortometrajes y documentales.

Lo anterior resulta revelador y contradictorio a la vez, porque la capital ocupa la segunda región en donde menos cine nacional se ve. La zona centro, la zona occidental y noroeste son de los territorios que consumen más películas mexicanas. 

Pero pongamos esta situación en perspectiva. La centralización es un mal que va más allá del propio cine nacional. De hecho, el problema ha existido desde el surgimiento de México como nación. Unificar un territorio tan vasto y con diferentes contextos, siempre ha sido una dificultad para el desarrollo político y económico de un país que pocas veces pone atención a lo que sucede en su periferia. En pocas palabras, se centraliza el poder, la economía y, por supuesto, la cultura.

En el caso específico del cine mexicano, la centralización abarca todos los ámbitos de la industria: distribución, producción y exhibición. Respecto a la distribución y exhibición, un dato que revela dicha concentración central, es que en 2019 llegaron 100 películas mexicanas a la Ciudad de México, mientras que al estado de Nayarit el número fue de 29.

Incluso, la profesionalización cinematográfica que se oferta en el país está centralizada. Si hablamos de los centros educativos para la formación de nuevos cineastas, la situación tampoco mejora: de las 128 instituciones que existen en México, 70 se encuentran en la capital, esto incluye los talleres, cursos y diplomados de capacitación. 

Aquí cabe la pregunta: ¿Qué resulta de una industria centralizada? Por un lado, podríamos decir que, al sujetar la cultura audiovisual a un sólo lugar, se cae en el error de tener una visión unilateral del cine; se anula la diversidad y la pluralidad. Y es que el culpable de este problema no sólo es el Estado mexicano, el cual tiene su estructura orgánica afianzada en el centralismo, sino que también hay una responsabilidad compartida por parte de los cineastas y productores de más alcance, quienes no han optado por apostarle a nuevas narrativas que forjen la identidad y sus audiencias; ahí está el caso de Campeche y Coahuila, donde en 2019 hubo cero producciones.

Las voces de los distintos grupos que conforman la nación aún no han sido representadas por las cámaras, aun con que existen trabajos como el de Everardo González, Betzabé García, Arturo González Villaseñor, Tatiana Huezo, entre otros documentalistas, lo cual no termina de ser suficiente, ya que formas como la ficción son igual de necesarias para contar con un acercamiento a otras percepciones de México; la ficción es tan importante para conectar de manera intima con otras realidades. 

Los reyes del pueblo que no existe (Betzabé García, 2015)

¿Será esta falta visiones otro factor de que explique los bajos números del público que ve cine hecho en nuestro país? El propio anuario también documenta que, de los 341 millones de asistentes a las salas, tan sólo el 11% acude a ver un filme mexicano. ¿Falta de interés?, ¿falta de vínculos culturales con lo que se ve? Esto no lo sabremos hasta que la industria—instituciones, sector privado, sociedad civil y creadores cinematográficos— construyan puentes comunitarios reales y vasos comunicantes solidos que abarquen a toda la nación.  

Un comentario en “Centralización: un problema endémico en el cine mexicano”

  1. Es importante mencionar que al igual que con la producción cinematográfica está centralizada, la oferta cinematográfica a la que la audiencia mexicana puede acceder también sufre de esta mala práctica, quizá la respuesta a la pregunta del porqué acude poca audiencia a la producciones mexicanas se encuentra en qué es mucho más sencillo acceder a las producciones que se priorizan para estrenar en las salas de exhibición.

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