Un abrazo de tres minutos: la esperanza de construir puentes y no muros

Por: Cuauhtémoc Juárez Pillado (@cuaupillado)

En un mundo cada vez más globalizado, sorprende todavía el papel que tienen las fronteras como límites físicos e imaginarios para separar a las naciones: aunque la tecnología y los cambios sociales cada vez nos acercan más, aún persisten actitudes que generan odio, como el nacionalismo, la xenofobia y el racismo. 

A Everardo González no le importa la división que provocan las fronteras. Con una amplia experiencia en el documental, el mexicano es uno de esos directores con la habilidad para retratar la condición humana: a lo largo de toda su filmografía ha dado espacio a muchas voces que han sido víctimas de los graves problemas que aquejan a las sociedades actuales, como por ejemplo la violencia.

Un abrazo de 3 minutos, su más reciente trabajo, es un documental que apuesta por mantener el diálogo respecto a las políticas migratorias. El cortometraje de 30 minutos, distribuido por Netflix, aborda un hecho sin precedentes: el 12 de mayo de 2018, la ONG Border Network for Human Rights organizó una reunión masiva en medio del Río bravo, en el canal que divide la ciudad de El Paso (Estados Unidos) con Ciudad Juárez (México). Ese día, 300 familias de deportados, a las que se les negó el asilo político, tuvieron la oportunidad de verse y abrazarse desde el otro lado de la frontera durante los escasos minutos que les permitieron.

Tal y como lo hizo en La libertad del diablo (2017), el director mexicano establece una narrativa donde cada personaje se vuelve parte de una voz colectiva. Aquí no vemos historias particulares (salvo por las llamadas telefónicas del inicio) ni protagonistas; observamos a un conjunto de personas cuya motivación es encontrarse con sus seres queridos después de años o décadas sin verlos.

Estructurado de manera cronológica, el documental enfatiza en la importancia de ese día y de la ubicación geográfica del puente donde se llevó a cabo la reunión. Con hermosos planos generales del amanecer en la frontera, el día avanza lentamente hasta el gran clímax, donde los abrazos se concretan y esos minutos de abrazos entre familiares se congelan en el tiempo. La música de Wim Mertens y la fotografía de Emilio Valdés son elementos claves para mover las fibras más sensibles del espectador sin tener que caer en un recurso efectista.

Un abrazo de tres minutos es definitivamente un poderoso documental que aboga por la urgencia de construir puentes y no levantar muros. En una época cuando los flujos migratorios encabezan los titulares y polarizan las opiniones, este esperanzador cortometraje puede llegar a ser un promotor de la empatía hacia otros humanos y borrar de una vez las ideologías que fomentan el odio y la división.

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