Una mirada a las fotógrafas en la guerra

Por:

Rubí Sánchez (@rubynyu

Leticia Arredondo (@leetyav)

Documentar los hechos más terribles de la humanidad requiere una personalidad que está dispuesta curtirse entre el sufrimiento, buscar el mejor momento y arriesgar la propia vida. Existe la creencia de que la fotografía de guerra se trata de un trabajo masculino, sin embargo esta lista lo desmiente: mujeres que se expusieron en el afán de documentar, criticar y exponer momentos claves de la historia en el siglo pasado. 

Sabina Muchart

Española de origen catalán, nacida en 1858, quien llegó a Málaga huyendo de la Tercer Guerra Carlista; aunque recientemente investigadores de la Universidad Complutense de Madrid han señalado que el cambio de residencia se debió a la búsqueda de un mejor sostén económico, principalmente dada la actividad de tejedores de la capital malagueña, negocio al que se dedicó junto a sus hermanos diez años antes de ser fotógrafa y convertirse en la primera mujer al frente, esto cuando inmortalizó a un grupo de soldados que estaban inmersos en la Guerra del Rif, un conflicto armado entre tribus de Marruecos y las autoridades coloniales españolas. 

Otro de sus grandes trabajos fue la serie de tres fotografías que realizó en 1900 sobre el hundimiento del buque alemán Gneisenau en las costas malagueñas. Sabina fue una de las mujeres que ocultó su identidad al firmar como S. Muchart. Entre 1895 y 1925 Sabina también destacó localmente gracias a su propio estudio fotográfico, situado en el corazón de la ciudad de Málaga, en el que acumuló una gran cantidad de retratos a ciudadanos y personalidades, así como fotografías de la ciudad que fueron publicadas en la revista española La ilustración artística. 

Kati Horna 

Nacida en 1912 como Kati Deutsch, en Hungría. Su primer acercamiento a la fotografía fue en las clases de Jósef Pecsi, fotógrafo húngaro que innovó el estilo del retrato y a quien Kati consideraría como su mentor. Su estilo se definiría cuando a los 21 años llegó a Paris, donde además de trabajar para la Agence Press Photo con reportajes de temas cotidianos, como El mercado de las pulgas y Reportaje de los cafés de París, se rodeó de diversos artistas en la Asociación de Artistas Alemanes en París, con quienes afianzó su inclinación por el surrealismo, en un sitio donde ésta ya estaba a tope.

Ya formada como fotógrafa y artista visual, decidió viajar a Aragón para ser fotorreportera comisionada por la Confederación Nacional del Trabajo, para informar sobre la Guerra Civil Española. El compromiso social que siempre definió su visión también se debía a su acercamiento con artistas vinculados al socialismo, como Lajos Kassák, a quien conoció previamente a su estancia en París.  

Su fotografía antes de la guerra se distinguía por objetos que creaban composiciones amorfas y tenebrosas, pero al arribar al norte de España su objetivo fue hacer propaganda republicana hacia el exterior, de ahí que su obra se dirigiera a capturar momentos “cotidianos” rodeados de horror, retratando a los soldados que se apropiaban del espacio rural mediante actividades domésticas, mientras que los civiles se acostumbraban a una nueva realidad en ciudades destruidas. Su trabajo quedó en revistas como Tierra y Libertad, Libre-Studio, Mujeres Libres y, sobre todo, en Umbral, donde conoció a su futuro esposo José Horna, con quien posteriormente se exilió en México. 

Gerda Taro

Nacida en 1910. A sus 23 años escapó de Alemania, su país natal, después de haber sido detenida por hacer campaña contra el gobierno nazi. Llegó a Paris al inicio de la Segunda Guerra Mundial y conoció al fotógrafo Erno Friedmman. Quien en ese momento todavía era llamada Gerta Pohorylle, ideó una estrategia de trabajo, distinguida por crear un seudónimo con el cual serían firmadas las fotografías de ambos: Robert Capa. A la par, también sustituyó su nombre por el de Gerda Taro. Con el inicio de la Guerra Civil Española en 1936 también empezó la carrera de dos de los fotoperiodistas más reconocidos, ambos motivados por la causa republicana y quienes coincidieron con Kati Horna.

En 1937 Friedmman se quedó con el nombre de Robert Capa, por lo que hasta hoy es confusa la autoría de muchas fotografías hechas un año anterior, incluida la icónica “Muerte de un miliciano” tomada en septiembre de 1936 y la cual se le atribuye a Erno Friedmman. 

Taro en acción

Posteriormente, Gerda, a quien llamaban una cazadora de la luz, laboró bajo la etiqueta de Photo Taro, publicando en diversas revistas como Life. Cubrir la primera fase de la batalla de Brunete y del triunfo republicano sería el suceso que la catapultó a la fama internacional.

En julio de 1937 se registraban numerosas pérdidas entre las filas republicanas debido a que el general Francisco Franco había retomado el control de la ciudad. La tensión y la actividad bélica aumentaban, y justo cuando Gerda pretendía abordar un transporte de soldados heridos, fue atropellada por un tanque, convirtiéndose en la primera mujer en morir en el frente.

Lee Miller 

Fotógrafa estadounidense nacida en 1907. A los 19 años era modelo de Vogue, trabajo que la acercó a su verdadera pasión: estar detrás de la lente y no delante. En Paris comenzó su formación como alumna de Man Ray, uno de los fotógrafos más influyente de siglo XX. Lee, quien estaba más dedicada al retrato, aprovechó los espacios que había ocupado con la moda y pronto se convirtió en corresponsal de la Segunda Guerra Mundial en territorios como Londres o Paris. Fue así como Vogue incluyó en sus páginas este tipo de imágenes, acompañadas por textos de la misma fotógrafa.  

Durante seis años también fue parte del London War Correspondents Corp. Su estilo se basaba en enfoques sutiles, a veces eludiendo imágenes crudas y destacando elementos simbólicos. Vivió la liberación de París, pero no capturó la alegría del momento: se encaminó a presagiar el desencanto que se aproximaba con la posguerra.  

Sara Castrejón 

Fotógrafa mexicana nacida en 1888 en Teloloapan, Guerrero. Tuvo una vida acomodada junto a su familia, quienes llegaron a ser dueños del único cine de la ciudad. Con 18 años llegó a Ciudad de México para aprender fotografía. Al principio, su estiló se enfocó en el retrato paisajista y en la urbanidad; posteriormente se acercó a la fotografía documental con la Revolución del Sur, el 26 abril de 1911, el día en el que las tropas maderistas encabezadas por Jesús H. Salgado tomaron su ciudad. 

Sara cubrió cada etapa de la lucha armada, fotografiando a jefes federales en imágenes ecuestres que ostentaban su poder. En algunas ocasiones, para obtener sus fotografías tuvo que recrear algunos enfrentamientos, método que era usado por colegas de la época.

El legado visual de Sara Castrejón ha sido poco reconocido en la historia de la fotografía mexicana; aun cuando quizá se trata de la primera mujer en fotografiar un conflicto armado, a nivel mundial. Samuel Villela Flores, del Instituto Nacional de Antropología e Historia es quien se ha ocupado del tema a partir de su libro Sara Castrejón. Fotógrafa de la revolución, publicado en 2010.

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