Toy Story 4: la secuela que superó la expectativas

Después de nueve años, la historia de los juguetes más famosos en el cine de animación, vuelve ante un público escéptico y que también llegó a manifestar disgustos por el diseño de algunos personajes. Al recordar los grandes momentos que nos dejó la última entrega, nos preguntábamos ¿era necesaria la continuación de un capítulo que creíamos cerrado?

Cuatro de nuestros integrantes nos comparten sus impresiones, ¿coincides con su crítica?

Pixar impulsó Disney a partir de una secuela. Toy Story 2 se planeó para salir directamente en VHS; la calidad de la historia y la portentosa animación –para la época– obligaron a los productores a cambiar el destino del filme. Inicialmente nadie creía en el resultado.

Un fenómeno similar ocurre con la cuarta entrega de la saga: ante el escepticismo del público, Josh Cooley entrega una película redonda pero más importante aun, como joven comandante del equipo técnico se arriesga a madurar los conflictos a los que nos tenían acostumbrados. Toy Story 4 resulta un ejercicio atípico para las propias convenciones del estudio, se equivoca con el guion pero es en tales resoluciones, a veces toscas, que encuentra una voz propia. Es un complemento idóneo para una de las mejores sagas en la historia del cine.

En Toy Story 3 la saga cerró su historia cuando Andy aceptó dar el gran paso de la juventud a la adultez, entregando sus juguetes a Bonnie, y cerrando el ciclo al que todo juguete está destinado. Esta nueva entrega es un epílogo que centra su desarrollo dramático en el vaquero, después de lo sucedido con su antiguo “niño” y su viaje existencial para tratar de dar respuesta a unas de las preguntas más importantes de la humanidad: ¿Quién soy? ¿A dónde voy?. 

En definitiva Toy Story 4 es la cinta más madura y existencialista de toda la saga. Hace 25 años Pixar estrenó en pantalla grande una historia sobre la camaradería entre dos muñecos rivales. Desde entonces, los personajes, su manera de ser y de pensar crecieron, al igual que los espectadores cómplices de esta aventura desde el inicio, hasta el final…o al menos espero que sea así. Un cierre que nos inspira a desafiar aquello que estamos destinados a hacer para convertirnos en lo que realmente queremos ser. 

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Toy Story 4 se presentaba como una sucesión totalmente superflua ante una excelente tercera parte, aparentemente concluyente, de una de las mejores franquicias en la historia del cine y la más importante del género animado. Qué equivocados estábamos. A pesar de comenzar con un descarado -y estupendamente ejecutado- llamamiento a la nostalgia, trastoca las bases en las que está fundada toda su narrativa: el propósito de un juguete y la consciencia de su existencia.

Woody confronta los vicios de su personalidad como su extrema “lealtad” que llega a codependencia, al cuestionarse por primera vez sobre si debe cumplir con su razón utilitaria de ser. Esta analogía sumamente inteligente -un tenedor, un franco utensilio, revela a otro utensilio con capacidades de raciocinio sobre su condición y su capacidad de elección-, construye un argumento atrevido para los estándares actuales de Disney-Pixar. Sí, probablemente es la cinta menos espectacular de todas pero, fiel a su esencia de atrevimiento impresa desde la entrega inicial, es la más interesante.

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Leslie Valle (@sirenamacarena)

Toy Story vuelve para demostrar –otra vez— lo que significa la lealtad y el amor. Aunque el conflicto es bastante similar a lo que ya conocemos, esta entrega cuenta con algunos elementos sumamente destacables, como la animación: los detalles en cada una de las secuencias son alucinantes, como si de escenarios reales se tratase. De igual manera está el crecimiento que tienen sus personajes, ahora vemos que Betty vuelve a la pantalla completamente transformada y empoderada (nada que ver con la tranquila y dulce pastorcilla) o a un Woody que –¡al fin! – piensa un poco en sí mismo y cede ante sus verdaderos deseos.

Aunque Toy Story 4, con su misma premisa de juguetes perdidos que intentan volver a casa, no revivió la emotividad y gloria de las otras tres, tiene un encanto genuino que hace que no sea otra secuela más.

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