Gone Girl: cuando lo privado se vuelve público

 

La fascinación por el misterio, aunado con la complicidad personaje-espectador, en las películas de David Fincher, orillan a una aura Hitchcockeana adaptada al siglo XXI. Incluso los complejos y sorprendentes créditos iniciales recuerdan el uso que el maestro del suspenso les daba: una invitación atractiva, cuyos colores, formas, movimientos y música, anuncian el tipo de historia que se avecina.

Gone Girl es el largometraje con la introducción más serena de la filmografía de Fincher. Desde el inicio predomina la banda sonora, un ruido particularmente desolador que acompaña los desvanecimientos de algunos créditos sobre la pantalla negra. El fade In revela a Amy, quien descansa entre los brazos de su marido Nick; el primer diálogo pone en la mesa el tema que se explorará a lo largo de casi dos horas y media: el matrimonio.

Desde la pérdida de la identidad hasta el juego de la dominación, la película nos otorga una sátira de la vida marital que se mueve en los enredos de un thriller. Tras la desaparición de Amy en el aniversario número cinco de su boda, acompañamos a Nick y conocemos sus particulares reacciones ante tamaño evento. Somos testigos de su linchamiento público e incluso somos tentados a participar. Sin embargo, se presenta un MacGuffin a mitad del filme: de un presunto asesinato pasamos a la batalla contra la difamación.

Los medios de comunicación son el arma principal en esta lucha, los protagonistas usarán los reflectores para oficializar la versión que mejor los beneficie ante la opinión pública. Pues su situación se ha convertido en el blanco de la mediatización farandulera. La familia, amigos y amantes son ahora elementos que ensalzan el melodrama que gira en un presunto crimen convertido en el Reality Show del momento.

¿Qué tanto de lo privado es público? Previamente en Zodiac (2007), David Fincher realizó un acercamiento a posibles respuestas. En la película estrenada en 2007 se aborda la historia real del homicida del zodiaco, quien envió cartas a distintos periódicos amenazando con matar a más gente en caso que no las publicaran. El asesino no sólo se hizo de fama, también despertó en la sociedad estadounidense de finales de los 60, miedo y un genuino interés por el personaje; la prensa incluso incitó a los lectores a que ayudasen a descifrar algunos de los escritos del zodiaco. Sin embargo, algunos curiosos sólo entorpecieron la investigación con testimonios falsos y teorías sin respaldo alguno.

Hace cinco años que Gone Girl se estrenó en las salas de cine, su historia es más actual, por lo que involucra principalmente a la televisión. Y aunque poco se mencionen, deja en claro el peso importante de las redes sociales. No sólo se comparte y viraliza la situación, también se alimenta con fotos y opiniones, pues todos tienen una y están deseosos de darla a conocer.

Los personajes se basan en una meticulosa construcción de las apariencias. Amy juega con el papel de chica cool, luego con el de mujer abnegada, pasa a ser la perfecta víctima y termina como heroína; Nick, tiene un proceso similar, de presunto asesino se transforma en el hombre esperanzado por recuperar a la persona que más ama en el mundo. El cómo la pareja se muestra ante los propios y extraños (incluyendo al espectador) varía según el estado en el que la relación se encuentre.

Resulta interesante saber que Fincher eligió a Ben Affleck como Nick Dunne tras googlear su nombre y ver algunas fotos donde se el actor sostiene una sonrisa incómoda ante la prensa. Incluso en una entrevista para la revista Play Boy, el director compara la sonrisa del actor con la actitud de Scott Peterson ante la prensa, quien continúa esperando a que se cumpla su sentencia de muerte por el presunto asesinato de su esposa. Este caso fue el espectáculo del estado de California a principios del 2000, y tal sujeto era el principal sospechoso tras su extraño comportamiento en público.

Gillian Flynn, autora de la novela homónima, también guionista de la adaptación cinematográfica, admitió en varias entrevistas que, si bien el caso de Peterson no fue su única inspiración, sí jugó un papel importante al cuestionarse lo que amplifica el interés de los medios. Además, son innegables los paralelismos de la historia real con la ficción de Flynn.

En el mundo de Gone Girl, sociedad e instituciones son superadas por la manipulación emocional propagada por los medios, el impulso de los personajes se basa más en los juicios sentimentales que en la solidez de los hechos. Si comparamos aquel mundo del filme con el nuestro, ¿qué responsabilidad tenemos como espectadores/opinólogos ante casos similares?

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