Godzilla: la ambiciosa ¿y efectiva? construcción del Monsterverse

Godzilla: King of Monsters es la tercera entrega del universo cinematográfico de Warner Bros conformado por Godzilla (Gareth Edwards, 2014) y Kong: Skull Island (Jordan Vogt-Roberts, 2017), llamado Monsterverse. En esta nueva película, ubicada algunos años después de la primera aparición de los monstruos que vimos en Godzilla, la doctora Emma Russell (Vera Farming), de la organización biológica Monarch, desarrolla la máquina Orca, la cual hace posible la comunicación de los humanos con los monstruos, mismos que ahora llaman “titanes”. El propósito es lograr una coexistencia pacífica, pero la tranquilidad se rompe cuando una misteriosa organización dedicada al bioterrorismo ataca una de las bases de Monarch. El protagonista de la primera película sale de su retiro para, junto a la organización Monarch, salvar a su exesposa, su hija, y evitar que se utilice el Orca para atentar contra la humanidad.

Se pretende que este universo sea conformado por varias películas que pertenezcan al subgénero Kaiju-eiga (cine de monstruos). Kaiju es una palabra japonesa cuya traducción más próxima sería “bestia gigante”. Es un término utilizado para los enormes monstruos que protagonizan cintas de ciencia ficción, el cual surge tras el final de la segunda guerra mundial, siendo influenciado fuertemente por los ataques nucleares americanos a la nación japonesa; esto es evidente al presentar a los gigantes como criaturas de la fauna local, afectadas radicalmente por la radiación. El término de la guerra y la fuerte influencia que tuvieron las películas de monstruos occidentales (cuyo principal referente en fue King Kong) respecto a los directores japoneses, dieron origen a este subgénero que hasta el presente ha cautivado al espectador.

Godzilla, o como fue nombrado originalmente en Japón: Gojira, es muy representativo para la cultura nipona. Tuvo su primera aparición en la pantalla grande de las salas japonesas en 1954 con una película que llevaba su mismo nombre. Dirigida por Inoshiro Honda, sería quien inauguraría una amplia lista de filmes que tendrían como protagonista al mítico kaiju. Con 30 producciones japonesas y tres americanas pertenecientes a distintos arcos argumentales, existen un total de 33 películas que preceden a Godzilla: King of monsters. Desde aquella lejana cinta de los 50 hasta la más reciente adaptación animada de Netflix, en todas se guardan ciertas similitudes, siendo una de ellas la aparición de varios kaijus, haciendo a Godzilla compartir pantalla con distintos monstruos, característica presente en Godzilla: King of monsters.

Es justamente la inclusión de los diversos monstruos lo más sobresaliente de este título, desde la aparición de kaijus emblemáticos de distintas mitologías como lo son King Gidorah y Mothra, hasta la atribución de personalidades a estas criaturas, dotándolos de características humanas y celestiales, lo que resulta un acierto. Y sin duda lo mejor de este punto es lo que agrega al apartado visual, pues resultan espectaculares los diseños de las criaturas y las batallas, dotando al filme de varios momentos dignos de postal.

El diseño sonoro también resulta a favor, pues agrega una vibración imponente, que provee al espectador de una sensación autentica en cada rugido.

El gran desacierto también se vio en la película del 2014, y es que se concentra demasiado en la historia de los humanos, dejando de lado a quienes, se supone, deberían ser los protagonistas: los monstruos. Hay momentos en los que la historia relega la construcción narrativa de los titanes con el fin de intentar desarrollar una línea argumental para los humanos, planteando un drama familiar entre los personajes principales de la entrega pasada, lo cual resulta anticlimático con toda la atmósfera que proyecta el conflicto entre los titanes. Existe un giro de personaje que se siente forzado e inexplicable; se pretende construir tensión entre los protagonistas, tensión que al final no conduce a nada.

Con un guion hueco, personajes sin trascendencia, un antagonista que carece de desarrollo y protagonistas que se olvidan fácilmente, lo único rescatable en la línea humana es el Dr. Ishiro Serizawa (Ken Watanabe), el conflicto que representa la coexistencia con los monstruos y el riesgo que implica el mismo. Fuera de eso, la trama entre las personas sólo funciona para explicar detalles de los motivos de los kaijus.

Y también se nota la intención de remediarlo, pues los monstruos tienen más tiempo en pantalla que en la entrega pasada, e incluso resalta una mejora en la construcción de los titanes a partir de un conflicto sensato y justificado que ayuda a construirlos como personajes más sólidos. Pero los esfuerzos aún son insuficientes, pues se le sigue atribuyendo relevancia a un argumento poco sugerente. Debido a estas malas decisiones narrativas, la calidad de Godzilla: King of monsters se ve afectada en el plano general. Resulta una película de pura acción, disfrutable si el espectador busca secuencias de batalla impresionantes entre bestias del tamaño de rascacielos; es un derroche espectacular de efectos visuales en cuanto a los kaijus se refiere.

 

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