Edén, una reflexión nostálgica del french touch

Por: Sebastián Ortiz Casasola | @pillinsebas

La Ciudad Luz en los noventa fue la cuna de uno de los movimientos de música electrónica más importantes: el french touch. De ahí se desprendieron bandas como Cassius, Modjo, The Supermen Lovers, Justice y quizás el dúo de música electrónica más conocido del mundo: Daft Punk.

En Edén (2014) la directora Mia Hansen-Løve nos transporta a los inicios de la década de los noventa, cuando los raves en la capital francesa se popularizan, que hasta se organizan en viejos barcos. Es ahí donde Paul (Félix de Givry) comienza a hacer sus pininos para formar un dúo junto con uno de sus amigos. Así nace Cheers, una agrupación de garage house.

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Es el cuarto largometraje en la filmografía de la realizadora francesa, y en esta ocasión toca un tema tan significativo para los fanáticos de la música electrónica que hasta ahora continúa influenciándose por bandas tan importantes como Daft Punk, a quienes observamos al inicio de la película desde una visión juvenil y un tanto inocente antes de convertirse en los músicos que ahora son.

La historia nos cuenta el despegue y declive de Paul, quien a pesar de no contar con el apoyo de su madre debido a su abuso en el consumo de cocaína y ropa cara, está empeñado en cumplir el sueño de ser DJ.

Así, Cheers viaja por diversas ciudades de Estados Unidos, dando a conocer su trabajo. Sin embargo, la música que Paul tanto adora y aquella que lo ha inspirado, ya no tiene el mismo gusto ante el público. Paralelamente se observan los éxitos de Daft Punk, lo que hace ver que Cheers vive bajo la sombra de esta banda.

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Uno de los problemas del protagonista es que carece de un conflicto sólido que guíe la trama: cada situación se resuelve rápidamente, por lo cual el filme de 131 minutos en muchas ocasiones se siente lento y débil.

En algunas situaciones, Paul recapacita y se cuestiona sobre lo que realmente está haciendo; su novia está celosa y no lo quiere acompañar de gira; se reencuentra en Nueva York con la chica que es el amor de su vida, quien está embarazada; y muere uno de sus mejores amigos, un ilustrador que vivía en constante depresión.

El principal gancho para atraer gente hacía la sala fue usar el apelativo: La película de Daft Punk, o al menos así se dio a conocer en México. Lo cuál no se considera deshonesto, pero se tendría que decir que no sabrán mucho sobre el dúo responsable de One More Time.

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En general es un filme que puede aburrir mucho, sin embargo tiene como herramienta el uso inteligente de la música, la cual resulta atractiva para quienes acostumbran el género electrónico. Pero si pretenden sumergirse en una experiencia como 24 hour party people (2002) de Michael Winterbottom, no la hallarán en esta propuesta que se enfoca más en ser una reflexión nostálgica de lo que fueron las épocas del french touch y lo que ocurrió en la década siguiente, tanto en Francia como en la escena internacional.

 

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