Cineastas canadienses que debes conocer


Siendo un país relativamente cercano a nosotros, tenemos muchas dudas de lo que sucede en la gélida nación que por supuesto no es ajena al quehacer cinematográfico. A continuación una recopilación de cinco cineastas imprescindibles de este país.

Neil Blomkamp

Sí, sabemos que Neil tiene nacionalidad sudafricana también, pero es tan canadiense como la miel de maple o la policía montada. Conocido por dirigir una serie de cortometrajes para anunciar el videojuego Halo 3, por el falso documental District 9 (2009), además de la distópica Elysium (2013) que usa como locación el municipio mexiquense de La Paz. Este cineasta, quien ya tiene un estilo marcado en la ciencia ficción por su uso de la cámara, es uno de los canadienses que han puesto a su país en el mapa.

Xavier Dolan

El enfant terrible del cine actual, quizá no tan nihilista como el propio Fassbinder, pero con temas y situaciones que pudieran ser polémicas, tal como en su primer trabajo I Kill My Mother (2008) que dirigió a sus 18 años y con la cual ganó tres premios en Cannes. Famoso por el thriller psicológico Tom à la Ferme (2013) que lo puso en el ojo de la critica hasta la presentación de Mommy (2014). Imprescindible seguir a este cineasta con cintas como: Los amores imaginarios (2010) y su último film Juste la fin du Monde (2016) obras que llevan a los personajes a situaciones personales muy fuertes y que crean una especial conexión con el espectador. Destaca un un conocimiento del cineasta en todas las áreas de la realización.

Denis Villeneuve

Quizá uno de los talentos canadienses que más tardaron en emerger, ubicado recientemente con una nominación al Oscar por su película Arrival (2016), pero que desde mediados de la década de los noventa se ha dedicado a la realización cinematográfica. Influenciado por el cine de ciencia ficción, no se casa con este género, un ejemplo es Sicario (2015), que también recibió una respuesta favorable tanto de la crítica como del público.

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James Cameron

Contrario a lo que muchos piensan este realizador es oriundo de Ontario, y es uno de los más visionarios que existen. Entre otros aspectos, ha destacado por su relación con el desarrollo de la tecnología dentro de la cinematografía, desde el uso de cámaras digitales que graban en 3D hasta la adaptación de captura de movimiento. Se catapultó a la fama y se puso en el mapa de realizadores después de The Terminator (1984), que generó una larga saga que le ha dejado mucho dinero. Posteriormente Titanic representó uno de los éxitos taquilleros más importantes en la historia del cine, que lo hizo ganar el Premio Oscar a Mejor película y Mejor Director.

David Cronenberg

Un completo maestro, del horror y de la manera de hacer cine, desde obras basadas en libros de William S. Burroughs como Naked Lunch (1991), y otras del género de terror como Videodrome (1983), The Fly (1986) o Scanners (1981). Por supuesto que en su extensa filmografía no sólo destacan tales títulos; en conjunto ha definido y dado a conocer un estilo y una forma de contar historias que lo lleva a ser uno de los realizadores más importantes no sólo de Canadá. Responsable de personajes memorables como la misma Mosca y que nos ha entregado filmes polémicos como Crash (1996), Spider (2002), A History of Violence (2005) y quizá su obra más conocida de los últimos años: A Dangerous Method (2011) donde relata las experiencias vividas por Sigmund Freud, Carl Jung y su amante Sabina Spielrein. Sin dudas el cineasta canadiense más transgresor y que no titubea a la hora de presentar algún tema.

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Sebastián Ortiz 

Comunicólogo que habala mucho y escribe (mal) sobre cine, música y ciencia ficción.

 

No es más que Xavier Dolan

juste-la-fin-du-mondePor: Citlalli Vargas Contreras

“Esto sólo puede ser un adelanto del fin del mundo.” -Arthur Rimbaud

Tenemos la concepción de que las relaciones con nuestros consanguíneos y agregados deben ser copiadas de los modelos perfectos que Hollywood y la publicidad que nos muestran. Una familia, fuera de casa, es pura felicidad y amor, aunque dentro del hogar siempre existe un ático, un desván o un sótano, real o imaginario, donde guardamos los secretos más oscuros del núcleo familiar.

En Juste la fin du monde, el director quebequense Xavier Dolan, explora precisamente el lado más enigmático de la parentela a través de la historia de Louis (Gaspard Ulliel), un escritor de teatro que, luego de doce años, regresa a la casa materna para anunciar que pronto morirá.

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La visita de Louis se torna un recorrido a través de las variopintas personalidades de los miembros de su estirpe: su cuñada Catherine (Marion Cotillard), una mujer nerviosa, tímida y reservada que calla más de lo que le gustaría; su hermana menor Suzanne (Léa Seydoux), quien se la pasa drogada y odia los convencionalismos que, sin embargo, tiene que soportar por presión de su madre; su hermano Antoine (Vincent Cassel), impaciente, intempestivo, violento como un huracán pero sensible bajo su coraza; y su madre (Nathalie Baye), quien ha desistido de intentar dejar el cigarro y sólo busca proteger a sus hijos, aunque no los entienda en lo más mínimo.

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A diferencia de las anteriores cintas de Dolan, Juste la fin du monde es extremadamente angustiante, incluso más que su cuarta película, Tom à la ferme, con la que comparte el hecho de que ambas son adaptaciones de guiones de teatro. La narrativa es lenta y se desarrolla principalmente en la casa en un lapso de menos de un día que, sin embargo, parece eterno.

Siendo fiel a la ya conocida estética de Xavier, la película está, además, colmada de planos cerrados, principalmente de los rostros de los personajes, lo cual provoca una sensación de claustrofobia al no poder ver más allá de sus narices. Asimismo, la cinematografía de André Turpin se dedicó a llenarla de tonalidades amarillas que recuerdan aquella frase de Borges que dice, “Verás el color amarillo y sombras y luces. La ceguera gradual no es cosa trágica. Es como un lento atardecer de verano”.

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Por otra parte, Dolan vuelve a dar en el clavo con la selección musical que ambienta perfectamente los ambientes indicados. Esta vez, el soundtrack incluye temas como I miss you de Blink 182, Spanish Sahara de Foals, Natural Blues de Moby y hasta Genesis de Grimes.

Este drama le valió a Dolan, ya más que reconocido en Cannes, el Grand Prix y el Premio del Jurado Ecuménico durante el festival de este año, además de que ha sido seleccionado para participar como el candidato canadiense a Mejor Película Extranjera en la 89 edición de los Premios de la Academia.

Sin embargo, la crítica trató con brutalidad la cinta del joven director, tachándola de ser un film extremadamente pretencioso, lento e irritante. Incluso en los portales Rotten Tomatoes y IMDb, la cinta alcanzó, respectivamente, 44% en el Tomatómetro y 7.2/10, siendo las calificaciones más bajas de sus cintas. Ante esto, Dolan declaró que ésta era su mejor y más madura película y, sinceramente, yo estoy de acuerdo con él.

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Juste la fin du monde representa un quiebre más en su carrera, así como lo fueron en su momento Laurence Anyways, Tom à la ferme y Mommy, un rompimiento con el paradigma de enfant terrible esteta en el que han buscado encasillar desde sus inicios al cineasta. Claramente ya no es el chico de 19 años que filmó J’ai tué ma mère pero tampoco es el joven adulto de hace dos años que realizó Mommy. Xavier Dolan ha sabido cómo diferenciar cada una de sus películas a pesar de que hay elementos en ellas que se repiten, como la evocación a la madre y el amor no correspondido, y justo eso es lo más destacable de él, que nunca se ha quedado en el mismo lugar, ni siquiera lo intenta, ya que constantemente busca maneras de moverse de su zona de confort e innovar en determinados aspectos con cada film que hace. Por otra parte, es cansado que la crítica siga haciendo hincapié en que exista un personaje homosexual cuando Xavier, a pesar de ser gay, ha manifestado que ése no es el punto central de sus historias.

El sexto film de Dolan es, después de todo, el ático, desván o sótano donde se guardan los secretos oscuros que ha sido dejado abierto a propósito para que nosotros, espectadores, nos adentremos en ese aspecto oscuro del núcleo familiar que, a muchos, no nos es tan indiferente. A final de cuentas, no es más que el fin del mundo.

Funciones en la Ciudad de México http://bit.ly/2fPvuZo

Trailer:

Xavier Dolan, el enfant terrible del cine internacional

Por: Citlalli Vargas Contreras (@rimbaudienne_)

Desde 2009, cuando inició su carrera como director de cine, Xavier Dolan ha llamado la atención de la prensa internacional especializada no sólo por su juventud (su primera película, J’ai Tué Ma Mère, la realizó cuando tenía 19 años) o por el fuerte sentido de la estética que inundaba cada uno de sus fotogramas, sino por su irreverente personalidad y un dejo de narcisismo que lo ha llevado a portar orgullosamente el título de niño genio y enfant terrible.

Actualmente, el joven cineasta canadiense de 26 años cuenta con cinco cintas, de las cuales cuatro han sido presentadas en el aclamado Cannes, mientras que una de esas, Mommy (2014), obtuvo el Premio del Jurado de dicho festival, galardón que compartió con Adieu Au Langage (2014) del icónico Jean-Luc Godard. Al cuestionársele sobre el cine de Godard, Dolan respondió que, “no soy capaz de tragarme una película de él”.

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Si bien, constantemente le han llovido críticas y halagos por realizar cintas tan apasionadas y audiovisualmente fantásticas, gracias a su carácter de chiquillo malcriado, el quebequense ha logrado que cierto sector de cinéfilos se dedique a odiarlo por ser un muchachito desvergonzado que no tiene miedo a responder, como aquella vez que The Hollywood Reporter publicó un artículo sobre él, en el cual declaraban que se trataba de un joven narcisista, a lo que el también guionista les contestó vía Twitter, sin pena: “Pueden besar mi narcisista trasero”.

Pero más allá de su explosivo ser y el malcriado niñato que lleva dentro, el talento de Xavier Dolan no se puede negar, y él ha sabido echárnoslo en cara desde una tierna edad: con tan sólo 16 años, con una carrera de actor de comerciales y de doblaje, Dolan realizó el guión del filme que tres años después pondría los reflectores sobre él: Yo maté a mi madre (J’ai Tué Ma Mère, 2009), protagonizada por Anne Dorval, Suzanne Clément –actrices que se convertirían en recurrentes en sus películas–, François Arnaud y, por supuesto, él mismo. Esta película se hizo acreedora a tres premios en la Quinzaine des Réalisateurs del Festival de Cannes de aquel año. Desde ese momento, el joven que alcanzó el éxito antes de los 20, no ha dejado de conseguir logros.

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Existen diversos elementos constantes que ya nos permiten reconocer las cintas de Dolan. Entre ellos, los más destacables son la temática LGBTTI, a pesar de que él ha dicho que no hace cine sobre homosexuales, sino sobre ser uno mismo; las canciones delicada y perfectamente escogidas para cada escena, creando un ambiente que adentra al espectador a la misma situación; el privilegio de inmiscuirnos, como audiencia, a la mente de los protagonistas a través de escenas que recrean su sentir y pensar y, por último, la fuerza y coraje de sus personajes femeninos, especialmente de las madres, que por regla general, cuidan ellas solas de sus problemáticos hijos.

En cuanto a este último rasgo, la manera en la que el quebequense ha evolucionado desde Yo Maté A Mi Madre hasta Mommy (2014), que significa “mamita” en inglés, es interesante porque no sólo demuestra el crecimiento a nivel profesional (ya que visualmente hablando, Dolan ha logrado pulir su estilo a través de sus cinco cintas, llegando a ser un perfeccionista que refleja de brillante manera sus ideas en la pantalla) sino que nos permite reconocer el desarrollo de un adolescente que denegaba la autoridad maternal a un chico que sabe apreciar, con 26 años, las enseñanzas de la mujer que lo crió.

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“En los días de J’ai Tué Ma Mère, sentí que quería castigar a mi madre. Sólo cinco años han pasado desde entonces y creo que, con Mommy, estoy buscando su venganza”, ha expresado el propio Xavier, y es que su última cinta es una lección de vida sobre cómo, a pesar del amor que podamos sentir por alguien, en este caso el amor maternal, no será suficiente para destruir todos los demonios del ser amado y salvarlo de su autodestrucción.

Por el momento, Dolan se encuentra en el auge de su carrera cinematográfica con cinco películas que componen una filmografía personal, de las cuales dos han sido estrenadas oficialmente en México (Tom En El Granero y Mommy ). Además, ya ha comenzado con la realización de su sexta película y la primera en inglés, The Death & Life Of John F. Donovan, la cual incluye a actrices de la talla de Jessica Chastain (Interstellar, 2014), Susan Sarandon y Kathy Bates, así como la participación de Kit Harrington, quien interpreta a Jon Snow en la popular serie de HBO, Game of Thrones.

Asimismo, recientemente arrancó el rodaje de su séptima producción, Juste La Fin Du Monde, que cuenta con un fabuloso casting que incluye a Marion Cotillard, Gaspard Ulliel, Léa Seydoux y Vincent Cassel, mientras que, durante el Festival de Cannes de este año, formó parte del jurado oficial junto a grandes personalidades como Guillermo del Toro, Rossy de Palma, Sienna Miller y Jake Gylenhall.

La sonoridad idílica de Xavier Dolan

En la filmografía de Xavier Dolan, quien considera que el arte cinematográfico es la suma de muchas otras, la música es una pieza que siempre encaja en el carácter de los interpretes y en aquellos momentos que revelan al personaje. Asimismo matiza la relación entre ellos y advierte sus características anímicas. Rock francés, rock alternativo y diversas agrupaciones alemanas, británicas, canadienses y francesas son parte del cúmulo musical en las películas del “enfant terrible”.

A diferencia de Yo maté a mi madre (J’ai tué ma mère, 2008) donde la sonoridad combina con la curva del protagonista y los acordes mínimos del inicio se abandonan paulatinamente para llegar a secuencias vehementes, como aquella donde recurre a la versión completa de Vive La Fête (Noir Desir), en Mommy (2014), las canciones que integran el repertorio son mostradas en su totalidad.

El viaje idílico arranca a cargo del músico escocés Craig Armstrong, quien inyecta una dosis de concordia y tranquilidad a la figura de la mujer que nos introducirá en la historia de Steve (Antoine-Olivier Pilon): Diane Després (Anne Dorval).

Cuando la mancuerna entre madre e hijo ha sido mostrada y el eje conductor de la película comienza a dibujarse, White flag (Dido) nos advierte que el amor supera la definición de un sentir atado a las consecuencias y a los contrastes de la vida: es más bien un hechizo inquebrantable, lo cual guiará las decisiones de los personajes.

Dicha unión no sólo desemboca en momentos agradables, sino en disputas de consecuencias perniciosas debido al Transtorno de Oposición Desafiante de Steve. Por lo cual, Kyla (Suzanne Clément) emerge como el personaje secundario que desempolvará los caminos que la familia no alcanza a visualizar y al ritmo de On ne change pas (Céline Dion), observamos cómo se embarca en una travesía que conmocionará su personalidad.

Wonderwall (Oasis) es la encargada de resaltar el vínculo y la delicadeza entre los tres interpretes. Se trata de una de las escenas de más regocijo, en la cual el sobrevenir de la historia se torna positivo. Sin embargo, sólo se trata de un destello.

Retomando las palabras del cineasta canadiense (“En una película hay momentos de narración y momentos en los que se respira. Las películas respiran en esos momentos musicales.”) en Mommy se agradecen tales respiros que nos insertan en el cosmos de los sujetos.

Leticia Arredondo

Cofundadora y editora de ZOOM F7. Escribo sobre cine y fotografía.

Tom en el Granero y los juegos mentales de Dolan

Por Citlalli Vargas Contreras (@rimbaudienne_

En el discurso al recibir el Premio del Jurado en la edición de 2014 de Cannes, Xavier Dolan expresó que “no hay límite a nuestra ambición; todo es posible a aquellos que sueñan, se atreven, trabajan y no abandonan lo que quieren jamás”, y es justo tal filosofía la que ha definido su camino.

Aunque en su haber el cineasta de 25 años cuenta ya con cinco películas, Tom En El Granero es la primera producción que llega a salas mexicanas, y la cual, a diferencia de sus anteriores largometrajes, se desarrolla en un ambiente más oscuro y denso. Además, no cuenta con la glamorosa estética que caracteriza el resto de sus trabajos, sino presenta la crudeza de la historia desde la imagen y el comportamiento de los personajes.

Tom-en-el-GraneroLa historia es una adaptación del guión teatral homónimo de Michel Marc Bouchard y nos presenta a Tom (Xavier Dolan), un joven que llega a la granja familiar de su pareja recién fallecida, Guillaume Longchamps, con el fin de estar presente en el funeral.

Ahí, Tom se encontrará con el resto de la familia: Agathe (Lise Roy), una histérica madre no logra comprender por qué Guillaume (su hijo menor) se alejó tan drásticamente del núcleo familiar; y Francis (Pierre-Yves Cardinal), el hermano del fallecido, quien, con tal de ocultar a su madre la homosexualidad de Guillaume, comienza a crear una serie de juegos mentales para que Tom guarde silencio.

Las relaciones entre los Longchamps y un vulnerable Tom se transforman en una complicada maraña de trastornos psicológicos que van desde el Síndrome de Estocolmo hasta la homofobia, así como un profundo sentimiento de culpa, el cual llevará a los tres personajes a situaciones extremas que complejizan el trasfondo de la trama.

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Las actuaciones de Dolan, Roy y Cardinal, además de la de Évelyne Brochu, quien interpreta el papel de Sarah (una amiga de Tom y Guillaume), son impecables: trasmiten la soledad y el desconsuelo vividos ante la pérdida de un ser querido, así como la fragilidad que esta situación genera en la mente y corazón de cada uno de ellos.

Para Dolan, dejar de lado los brillantes colores y las historias de amor que lo caracterizan desde 2009, generó una mayor expectativa en la audiencia. El thriller no sólo mantiene al espectador al borde de su asiento, sino que genera un fuerte sentimiento de claustrofobia al verse atrapado en la misma granja que Tom.

Cabe destacar la música a cargo del franco-libanés Gabriel Yared, brillantemente logra su cometido de contribuir a la agonía y al suspenso del espectador.

Todos estos factores hacen de la cinta una propuesta interesante que incluso muestra a la homofobia como una problemática aún recurrente en países como Canadá. Por su parte, la crítica internacional ha visto con buenos ojos Tom en el granero y la ha catalogado a la altura del cine de maestros del suspenso como Alfred Hitchcock y David Lynch.

Xavier Dolan: el gran maestro de las uñas feas

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Por Irving Martínez/ @IrvingJavierMtz

En 2014 el palmarés en Cannes fue salomónico y predecible. La decisión más controvertida del presidente Jane Campion fue la entrega ex aequo del Premio del Jurado al veterano Jean-Luc Godard y al “novato” Xavier Dolan. En su discurso de agradecimiento, Dolan mencionó que le gustaría ser parte de un momento de reinvención del cine como en los tiempos de nouvelle vague. Sin saberlo, su “sueño” es una realidad. El autor canadiense ya es un joven maestro y sólo es cuestión de tiempo para tener una consagración a la altura de sus cinco obras…. ¿Nuestra generación está preparada para soportar esto?

El amor según Dolan

 Jamás un director había filmado tantas películas acerca de la figura materna como Xavier Dolan.  Odiosas y encantadoras por su cercanía con la realidad. En J’ai tué ma mère (2009) establece las bases de su estilo y deja claro su amor a “lo femenino”.  Las mujeres son importantes en los argumentos por ser quienes llevan la bandera de cambio. En su ópera prima, la madre (interpretada por Anne Dorval) estalla en ira cuando se cuestionan sus métodos de crianza. Los gritos y la furia de la protagonista son un fuerte discurso feminista sobre la importancia del matriarcado en la sociedad. Para Dolan la “leche” materna siempre desintoxica.

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A partir del amor maternal (el más salvaje de todos) el director crea historias “románticas” que se dividen en dos rumbos: como sentimiento sublime más allá de toda circunstancia (Laurence Anyways y J’ai tué ma mère) o como pasión destructiva (Les amours imaginaires y Tom à la ferme), aunque en ocasiones ambas perspectivas se complementan. La crudeza en las películas de Dolan es el cuestionamiento: ¿en realidad el amor es algo “especial” o sólo un llenado de vacios en nuestras vidas?

La madre es irremplazable (es doloroso saberlo), pero ¿el resto de las personas? En Les amours imaginaires la erotomanía es cruel y despiadada con los protagonistas; en Laurence Anyways la protagonista unicamente ama la parte masculina de su amante, no la femenina; y en Tom à la ferme, al inicio el personaje principal enuncia con dolor: lo único que me queda es remplazarte. La frase citada de Musset  en su segundo film (No hay más verdad en el mundo que el delirio amoroso) se convierte en una constante en el cine de Dolan, para recordar al espectador que el amor es una simple ilusión y siempre se termina  en el ridículo o en la obsesión.

Todo es posible para aquellos que sueñan

En Laurence Anyways el protagonista –después de completar el cambio de sexo- le dice a su entrevistadora: Yo ya di el salto, ahora pienso en los jóvenes. Hay que prepararse para ellos. Así, los nuevos cineastas franco-parlantes ya no piensan en  las viejas academias de cine, sino en los nacientes espectadores. Dolan es parte de ese punto de ruptura en los cánones fílmicos, una cuestión generacional. Los vanguardistas buscan crear un nuevo surrealismo, sin las desconcertantes trampas de veteranos autores como Cronenberg o Lynch. Este mundo onírico francés retrata mediante los sueños la desilusión y pesadilla de vivir en soledad.

Las óperas primas de Héléna Klotz y Yann Gonzalez comparten (además de Niels Schneider) esa frustración adolescente y su desencanto a la vida. A esta sensación de incomprensión se suma el ostracismo por ser “especial”. Las películas de Dolan se mueven en la frontera del orgullo por ser marginal y el deseo de “normalidad”. Los sueños en sus filmes son postales hermosas e irónicas sobre deseos imposibles, como las visiones de madres muertas o lluvias de bombones. Los personajes en su cine están atrapados por un deber y patéticamente buscan alcanzar sus anhelos (la escena del tango homoerótico en Tom à la ferme ejemplifica este punto). No es un placer lo que persiguen, sino encontrar la felicidad duradera (recordar: siempre es la cuchara).

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Los sentimientos de la luz

Con Laurence Anyways Dolan da un paso a un cine formal sin perder su esencia. El viaje sexual de su protagonista podría formar un tríptico con La vida de Adèle y Ninfomanía, largometrajes que comparten similitudes con el cine de Dolan. El estilo de Dolan comienza desde los vestuarios vintage diseñados por el autor. El arte en su filmografía no es estática (como el  “retro-gay” de Almodóvar) por ser un constante viaje a través del tiempo y pieza fundamental para delimitar a los personajes.  El Les amours imaginaires el amor al Hollywood de los 50´s (a Hepburn y Dean) sirve para caricaturizar al par de jóvenes confundidos y en Laurence Anyways el estilo “noventero” ayuda a encontrar la belleza de lo andrógino.

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Dolan también realiza juegos con la proporción de pantalla que limitan el campo visual para dar mayor profundidad a los personajes (el ejemplo más claro es su reciente Mommy y los momentos de violencia en Tom à la ferme). Dentro de su estilo también se encuentra una teoría del color muy personal. En todas sus películas existe un momento en que la luz es segadora hasta “quemar” la imagen.  Esta es una de las características fundamentales en el cine de Dolan, crear ambientes delirantes y sofocantes para hacer sentir al espectador las batallas que libran los protagonistas.

El cine contemporáneo se encuentra en una “revolución” de formas y contenidos. Los jóvenes creadores buscan nuevas alternativas para que el séptimo arte no envejezca y sea la ventana para sorprender con madres locas fascinadas por el animal print, adolescentes dando vueltas con carros de supermercado,  chicos que se masturban mientras huelen la camiseta de su amigo o mujeres “mojadas” mientras leen poemas de su amante transexual.