Catmull, Jobs y Lasseter: los genios de Pixar

Les dejamos un repaso por los comienzos de uno de los más grandes estudios de animación en la historia del cine. 

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Múltiples factores contribuyeron a reunir a las tres piezas clave del ensamble que creó la compañía: tecnología, arte y financiamiento. La primera a cargo de Ed Catmull, un científico obsesionado con Disney y Einstein, quien diseñó programas que a la postre serían la principal herramienta de los artistas del estudio.

El segundo ingrediente se debe a John Lasseter, quien destacó por su habilidad no sólo con la animación, sino en el apartado de la narrativa; dirigió La dama y la lámpara (1979) y Nitemare (1979), cortometrajes que fueron premiados por la academia en categorías estudiantiles, un récord que se mantiene vigente hasta el día de hoy. Y finalmente, la parte del financiamiento se logró gracias a Steve Jobs, quien compró Pixar Image Computers después de ser expulsado de Apple en 1985. 

En el siguiente video te compartimos la historia completa de cómo Pixar revolucionó la historia de la animación:

 

Cinco películas imperdibles de Danny Boyle

Al igual que muchos cineastas, Danny Boyle no obtuvo su educación cinematográfica dentro de las aulas académicas. La curiosidad del inglés por adentrarse al mundo del arte comenzó en los escenarios de la Royal Shakespeare CompanyA partir de ahí, su inquietud provocó que se adentrara en diferentes géneros durante su trayectoria, la cual suma un total de diez largometrajes, sin contar con las múltiples películas y series que realizó para la televisión londinense, además del espectáculo inaugural para las olimpiadas de aquel país en 2012.

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En cada película que Boyle ha dirigido, sea comedia negra en Shallow Grave (1994) o ciencia ficción en el caso de The Sunshine (2007), ha demostrado que es uno de los creativos más versátiles de los últimos años. A continuación una lista de películas que lo demuestran, ¿cuáles agregarías?

Trainspotting (1996)

Cuando el segundo trabajo de Boyle se estrenó en las salas de cine, Escocia y el resto del mundo veían como el monstruo del internet surgía tal y como lo conocemos hoy. La realidad estaba cambiando a pasos agigantados al igual que la ola consumista y de globalización, provocando que el ritmo de vida se hiciera más acelerado. Como respuesta a esa época surgió la generación Peter Pan Generación X, grupo de muchachos perdidos insatisfechos con su entorno y rebeldes sin causa entregados al hedonismo puro.

El cineasta encontró en la novela homónima de Irvine Welsh la oportunidad perfecta para hablarle a esa generación de jóvenes que avergonzaba a la sociedad, pero que fascinaba al director. Junto a John Hugde creó un alucinante guión, que sin satanizar el uso de estupefacientes presentes en la novela, hablaba sobre la celebración de la juventud y amistad.

Los veinteañeros de aquel entonces, identificados con el grupo de inadaptados residentes de Edimburgo, adoptaron a la cinta como propia, convirtiéndola en un rotundo éxito de tal magnitud que las generaciones actuales y futuras encuentran en el ritmo de la historia, la gran banda sonora, el trabajo de edición, montaje y sobre todo en la dirección del cineasta, a la voz que los entiende y  les dice: “Choose life”. No es casualidad que se encuentra en la lista de las 100 mejores películas de todos los tiempos.

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28 días después (2002)

Seis años después de hacer aquel viaje lisérgico llamado Trainspotting, e inspirado en el cine del estadounidense George A. Romero, Boyle reinventó el género del terror con 28 días después, la cual relata la vida de Jim, un joven quien tras despertar sólo en un hospital y sin nadie a su alrededor, intentará sobrevivir en lo que parece ser un apocalipsis zombie.

Y aunque en ese mismo año en Hollywood se estrenaba una cinta perteneciente al mismo género y protagonizada por Milla Jovovich, Resident evil (2002), la dirección frenética del londinense, el excelente guión de Alex Garland y la música estridente de John Murphy convirtieron al cuarto largometraje de Boyle en un referente cultural, muy por encima de la ya mencionada franquicia liderada por la ucraniana.

Quisiera ser millonario (2008)

Con cámaras digitales, el director decidió viajar a la ciudad de Bombay y empezar a grabar una de las películas que se llevarían más galardones en la temporada de premios de aquel año.

Una escena puede describir perfecto el objetivo que el realizador quería mostrar con la historia adaptada por el inglés Simon Beaufoy. Se trata de la persecución inicial en la que dos pequeños huyen de la policía. Durante toda la secuencia los infantes recorren los rincones de la ciudad india, mostrando la pobreza y desigualdad  que vive la mayoría de los pobladores en contraposición a los pocos privilegiados que residen en la ciudad, cuyo nivel de vida los hace intocables ante las autoridades.

Los contrastes son el tema central de esta historia, en la cual se habla de riqueza en un país donde la mayoría de su población carece de artículos de primera necesidad, donde una historia de amor al puro estilo de cuento de hadas fluye en el mismo sitio donde la violencia radica permanentemente y escenario que convierte a un joven infortunado en un millonario por contestar una sencilla pregunta en un exitoso programa de televisión.

Un realizador que impactado ante la forma de vida de Bombay, decidió retratarla sin pretensiones ni prejuicios utilizando los elementos fílmicos explotados en toda su filmografía, pero siempre consciente de reflejar la realidad que vive Bombay.

En trance (2013)

Un Whodunit o Who has do it? (¿Quién lo ha hecho?) donde Boyle explora las posibilidades que las prácticas hipnóticas pueden hacer con el cerebro humano.

No sólo es la primera película en la que realizador incursiona en el género del thriller psicológico, también es la única ocasión en la que todo el arco argumental de la historia gira alrededor de una mujer, una psicóloga. Por segunda ocasión, el director gusta de jugar con la estructura narrativa de la película para enganchar al público y seducirlo hasta el acto final, tiempo donde desenmascara a cada uno de los personajes, dando cuenta de que nada es lo que parece.

Steve Jobs (2015)

Después del fracaso que la película Jobs (2013) protagonizada por Ashton Kutcher significó para la industria hollywoodense, Boyle siempre interesado en incursionar en diferentes géneros fílmicos, decidió que su reciente producción fuera sobre la vida del genio de las computadoras.

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Es quizá la película menos enérgica de toda su filmografía, pero eso se debe al elegante guión de Aaron Sorkin, cargado de largos diálogos, sin embargo el cineasta buscó la manera de dejar su huella implementando tres diferentes formatos de grabación para los momentos, además de las tomas ya conocidas en sus anteriores trabajos, dándole un aire fresco e innovador a la historia.

Diana Mendoza 

Editora audiovisual del Museo de Antropología y admiradora del séptimo arte.

 

Danny Boyle: las claves para entender su estilo

En esta ocasión presentamos un ensayo del cineasta británico Danny Boyle, director de Trainspotting (1996), Slumdog Millionaire (2008), Steve Jobs (2015), T2: Trainspotting (2017), entre muchas otras. ¿Qué otro cineasta les gustaría que abordaramos?

Steve Jobs, una revolución a toda costa

En Steve Jobs, Danny Boyle y Aaron Sorkin presentan a un personaje para el cual la imagen es primordial. Los anuncios publicitarios, la apariencia de una computadora, la portada de una revista, la puntualidad; pero también lo es el control. El control sobre los anhelos tecnológicos de la sociedad, sobre el trabajo de sus compañeros y sobre la madre de su hija. Sin embargo, las decisiones de un consejo directivo, la economía del mercado de las computadoras y la tenacidad de una niña de apenas cinco años, se imponen a los cometidos de Steve Jobs.

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La cinta se enfoca en lo anterior y así resalta una de sus virtudes: es concreta. No se trata de una película que abarca la vida del personaje, sino de cómo su ámbito laboral estuvo estrechamente relacionado con el familiar y personal, tomando momentos puntuales y personajes específicos que revelan sus facetas de padre y creativo. Así, la historia no se dispersa en otros aspectos, en lo cual sería fácil caer al hablar de alguien emblemático y lleno de matices como Jobs, el encargado de crear el puente entre la vida cotidiana y los sistemas computacionales.

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En la película el auditorio siempre está listo para presentar aquel producto que las personas “no saben que necesitan hasta que lo ven”. La primera Macintosh en 1984, el Cube de NeXT en 1988, y la iMac en 1998. Pero a Jobs (Michael Fassbender) no lo vemos en el escenario, sino detrás de éste, acompañado de Steve Wozniak (Seth Rogen), cofundador de Apple y John Sculley (Jeff Daniels), el director ejecutivo. También observamos a Chrisann Brennan (Katherine Waterston), madre de Lisa Brennan-Jobs. El mayor lazo se desarrolla con esta última y con Joanna Hoffman (Kate Winslet), la ejecutiva de marketing y quien permaneció con Steve incluso cuando éste salió de Apple.

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Con cada uno de los personajes Steve Jobs desarrolla un conflicto, y el más punzante es con Lisa, a quien inicialmente niega como su hija. Sin embargo, la misión de ésta es muy clara sin importar su edad: quiere estar cerca del hombre que tal vez nombró a una computadora con su mismo nombre, o no. Lisa se aferra sin importar las palabras que el magnate ha lanzado y las cuales la marcarán.

A excepción de un par de golpes de efecto que se tornan forzados en el primer acto, el trabajo del director (Trainspotting) y el guionista (The social network)  es impecable. Asimismo, el desarrollo es lineal, pero el hecho de estar filmada en tres formatos diferentes la dotan de dinamismo. Es un viaje a tres distintas épocas tanto en la historia como en la pantalla, en el que la transformación va de 16 mm a 35 mm y finalmente a HD Digital.

El guión se basó en una biografía publicada por Walter Isaacson en 2011, año en que falleció Jobs. En pantalla, el relato resulta una carga de adrenalina gracias a las actuaciones, a diálogos veloces y a una dirección frenética.

Steve Jobs, que fue presentada en el Festival de Cine Telluride y también cerró el Festival de Cine de Londres, es una cinta que muestra las consecuencias de allanar el camino para que todo resulte como uno lo desea.

Leticia Arredondo

Cofundadora y editora de ZOOM F7. Escribo sobre cine y fotografía.