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VR Awake ¿Una nueva manera de contar historias?

VR Awake presenta Ávido, un cortometraje en realidad virtual que según sus creadores, pretende inaugurar una nueva forma de entretenimiento ¿Es en términos comerciales un nuevo pasatiempo? ¿Cuáles son los aciertos y errores de la primera aventura interactiva de Latinoamérica? A continuación analizamos diversos puntos.

 1. Tecnología

Sebastián Ortiz Casasola

La tecnología de la realidad virtual (VR) se ha planteado desde la década de los noventa, sin ninguna trascendencia aparente quizá porque la resolución y el acceso no han sido lo más idóneo. Ávido, un cortometraje interactivo en VR presenta a cuatro músicos que son contratados para tocar en una misteriosa cena. Su realización fue sin duda una empresa complicada, ya que prácticamente se hizo con 14 cámaras, las cuales como una especie de rompecabezas se montaron para contar con la sensación de 360 grados. La resolución es un logro, ya que es suficiente para sentir la presencia de los actores. También destaca  la utilización de insumos poco asequibles

Además, el uso de este sistema lejos de los videojuegos le da un plus interesante, con muchos detalles que aún se pueden pulir para alcanzar una experiencia más orgánica.

Gerardo Herrera 

A nivel tecnológico se alcanzó una hazaña plausible. Un recorrido por las peripecias que sufrieron en la etapa de investigación para lograr el resultado que buscaban, da cuenta de los diferentes formatos y cámaras que pasaron por el proceso, sin conseguir el resultado ideal.

La creación de un dispositivo que básicamente consiste en unir 14 cámaras GoPro es un parteaguas interesante, que ofrece una calidad en la imagen destacada pero que ya en la experiencia sufre en los pixeles o en aberraciones cromáticas en algunos personajes.

La principal falla se nos muestra en la tierra virgen pero fértil de la experiencia: al mirar al cielo o al suelo el espectador encontrará círculos cuya función es enmascarar la posición del tripié, esto afecta la inmersión y contribuye a dar cuenta de que el espacio-tiempo es ficticio.

Realización

Sebastián Ortiz Casasola

Es bien sabido, el quehacer cinematográfico es una labor sumamente difícil, desde la realización de un guión, hasta el corte final. Hacer un cortometraje en realidad virtual debe de generar muchos más problemas de los que se tiene en un rodaje “normal”, lo cual no exime en la dirección de actores, en donde Ávido adolece. Justo en el momento en que el espectador toma decisiones, las interpretaciones se sienten forzadas y sobretodo: se notan las deficiencias en fotografía y dirección, específicamente en las escenas oscuras donde se evidencia que sufrieron por la falta de luz.

Gerardo Herrera

Este departamento es contrastante, proclamarse como pioneros se traduce en que la producción se enfrenta a retos pocas veces explorados, sin embargo no es en el VR en donde se cometen los errores más importantes.

La iluminación y la paleta de colores no remiten necesariamente al séptimo arte; refieren a formatos de televisión. Aunado a dicho apartado técnico habría que agregar las interpretaciones. Si bien resulta complejo jugar con la cuarta pared –importante dado el formato– los errores vienen de los diálogos, brutalmente acartonados, y de las situaciones; si bien se ofrece la interacción, algunas decisiones conducen a tiempos muertos en los que literalmente, nada ocurre.

Historia

Sebastián Ortiz Casasola

En la actualidad existe una diversidad de festivales dedicados a presentar el género de horror; la mayoría son historias deficientes. En el caso de Ávido, desde el trailer se tiene conocimiento de lo que sucederá; y ya cuando uno está acomodado en la butaca, en ningún momento se genera ansiedad o ganas de saber más de la historia. El guion se hizo con la finalidad de aun con tomar cualquier decisión, llegar a un mismo punto. No despierta miedo en el espectador y no cuaja la idea de que te eres parte de la trama.

Gerardo Herrera

La historia no nos involucra lo suficiente con los personajes como para llegar a la empatía, y el espectador –que en este caso es un personaje más– nunca comprende cuál es su papel dentro de la banda protagonista. Aunado a esto, los diálogos no ofrecen información relevante y la trama se construye sobre el cliché.

A manera de conclusión, el optimismo se cierne sobre la realidad virtual como un entretenimiento –casi una industria– a la altura del cine, sin embargo considero que en este caso se trata más de una demostración que de un producto final. Un ejemplo se encuentra en el videojuego que ha sido incapaz de entregar un juego profundo en VR ¿Sucederá lo mismo en este nuevo formato que claramente mezcla ambas disciplinas? La respuesta es clara, aún con la innovación y la tecnología, si no se trabajan guiones de calidad, este nuevo formato sufrirá las mismas consecuencias que en los videojuegos.

Tenemos la carne… podrida

Tenemos la trama: un hombre vive en solitario en un apartamento descuidado y mugroso. El aislamiento lo conduce a la típica conducta cliché del personaje cinematográfico que está solo, ejecuta sus acciones con rimbombancia y locura. Al cabo de unos días una pareja de hermanos lo encuentra, a partir de ahí la película y sus protagonistas son puro bacanal.

Tenemos la técnica virtuosa en la fotografía, el diseño de producción y el sonido que confirma la frase de cierto director extranjero naturalizado mexicano cuya identidad prefiero guardar: El cineasta mexicano sabe usar los fierros, pero no sabe contar historias.

Tenemos la actuación  de Noé Hernández quien con su elocuencia opaca a la debutante pareja cuya parquedad impide cualquier identificación con los personajes. El histrión en ocasiones y como dijeran en el argot futbolero, llega sobrado, se come el papel, lo regurgita y entrega una interpretación lo mismo maravillosa que teatral.

Tenemos la ¿provocación? que busca el cineasta novel. Frustrada por su propio anhelo de abarcar mucho pero apretar poco.

Tenemos la pretensión estereotípica del director que escribe, dirige y entiende su propia película, orientada por una necesidad onanista de introducir en un mismo diálogo la filosofía de Nietzsche con la palabra “chaqueta” y que termina por sucumbir como el antihéroe Macbeth ante la propia ambición.

Tenemos la copia del estilo de un director único: Gaspar Noé, a quien le plagian con descaro en el uso de imágenes que se nutren del francoargentino, pero tropicalizadas. A diferencia del maestro el alumno es impotente a la hora de trasladar las representaciones sexuales. A Gaspar se le da muy bien potenciar dichos planos con algo de lo que carece Rocha Minter: contenido.

Tenemos la colección de las filias predilectas del guionista, que llegan por arte de magia en una serie de situaciones sacadas de la manga sólo por el simple placerdevercoger a los actores. Haciendo gala de imágenes perfectamente cuidadas, con una cámara que se traslada entre el sudor, los fluidos y la vagina de la protagonista.

Tenemos la herencia del performance que se adapta al séptimo arte con resultados paupérrimos, los personajes bailan, se encueran, se besan y se trenzan a la usanza de dicho arte menor, la puesta en cámara es lo de menos, lo importante es mirar el supuesto goce de la carne.

Tenemos la crítica gratuita, fortuita y marchita típica  del cineasta mexicano que entra con calzador en un filme que de por sí carece de contexto, sentido o premisa. Un señalamiento al ejército mexicano –himno nacional incluido– estéril y soso. ¿Cuándo aprenderá el realizador nacional una manera más eficiente de plantarse ante el México Bárbaro?

Tenemos la lana del EFICINE cuyo criterio de financiamiento contradice toda lógica. En donde quiénsabequién elige los proyectos y lo más importante: en el contexto nacional y como dijera un sabio de la canción -Q.E.P.D- ¿pero qué necesidad?

Tenemos la reacción del público mexicano cuyas carcajadas contrastan con la perversión mostrada en la pantalla ¿será que después de tanto muerto estamos ¨curados de espanto”? Un espectador que abandona la sala pasada la media hora, no por la provocación ni la temática sino por las evidentes carencias de la trama.

Tenemos la carne, una película de grandes aspiraciones pero de mediocre ejecución. Un sueño chaqueto del director que succiona a mansalva de las chichis de sus cineastas predilectos. Un filme que se hunde en los fluidos de su propio cuerpo. Una cinta que nos hace replantear hacia dónde se dirige la condescendiente e ilusoria “industria” del cine mexicano.

Gerardo Herrera

Guionista, cofundador y editor de Zoom F7

Life, animated: la magia de Disney

Te oigo mejor cuando no te estoy mirando. El contacto visual es incómodo. La gente nunca entenderá la batalla a la que me enfrento para poder hacer esto.

-Wendy Lawson.

El cine abre mundos, descubre espacios y nos enfrenta a seres de todas las características, invita a la reflexión y en el mejor de los casos emociona. El séptimo arte es una herramienta cuya accesibilidad es mayor a la de otras artes, el videocassete permitió condensar los filmes para verlos a través de la televisión. A partir de dicho avance técnico la infancia de muchos se marcó por las incontables horas frente al aparato viendo todo tipo de películas; ese es el caso de Owen Suskind aunque a diferencia de muchos, el joven es autista.

 La travesía del muchacho estadounidense es reconstruida a partir del testimonio de los padres, del propio Owen y de imágenes de archivo obtenidas a partir de grabaciones caseras. Hasta ahí la convención se a utilizado un sinfín de ocasiones en el genero documental. ¿Qué distingue a Life,animated de los demás? El pequeño pasó su niñez mirando obsesivamente la obra de Disney, dicha afición es utilizada por Roger Ross el director para reconstruir el interior de Suskind con animaciones que buscan representar aquello que ocurre dentro de una persona con autismo. Es ahí, donde el documental responde al título que toma prestado de la obra homónima de Ron Suskind.

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Una segunda interpretación se puede otorgar al nombre; a los tres años el infante perdió el habla y fue sólo a través de los diálogos de las cintas animadas que los padres fueron capaces de traer al pequeño de vuelta. Desentrañar la personalidad de Owen a través de los personajes de Disney acompañado de las animaciones hace del filme una experiencia diferente a la del documental común.

La recreación se complementa a partir del segundo acto con la aventura de la emancipación, se nos presenta a Owen en la adultez, un hombre casi independiente pero siempre limitado por su incapacidad para socializar, los conflictos se trasladan del dibujo animado a lo perturbador que resulta entablar relación con los demás. Los temas abandonan la fantasía para introducirse en la cotidianidad de lo real. El dilema se acentúa para alguien que sólo entiende el mundo a partir de la ficción. Los amores principescos se trasladan a la ruptura que padece el propio Owen, quien vive una relación basándose en el canon del cine de princesas.

 La filmografía de la productora fundada por Walt Disney libera al protagonista al tiempo que le educa, un arma de doble filo que le posibilita la superación al tiempo que coarta toda construcción verosímil de la realidad. Como reza el título, la vida de este joven autista se mira siempre a través del cristal impuesto por la narrativa de las películas, él responde con diálogos memorizados, carece de amigos pero se los inventa, recupera a Sebastián y Yago de La Sirenita y Aladdin para sobrellevar la depresión, para entender aquello que no comprende.

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El cariño paterno obstruye una posibilidad superior: la exploración profunda del autismo a través de casos similares a los de Owen. Ron Suskind no sólo es uno de los personajes en la trama, también funge como productor ejecutivo.Este hecho limitó la opción de indagar más allá de lo que pudiera ofrecer su hijo como personaje que padece y por momentos el documental se estanca en la exaltación de las habilidades del joven para memorizar diálogos o representarlos a través de dibujos e incidentes re inventados. La crónica se resume a una historia de vida aunque bien pudo ser una exploración superior.

Life, animated es una obra  perfectamente construida que roza los dilemas del autismo, sin embargo se limita al mostrar únicamente la historia de Owen y sus respectivos logros. Una oportunidad de descifrar una manera distinta de percibir el mundo queda apartada en el afán de exaltar tan solo a un personaje.

Gerardo Herrera

Guionista, cofundador y editor de Zoom F7