Creed II: Un guion débil 

Durante una entrevista realizada por Vulture, el director estadounidense Steven Caple comentó que estuvo a punto de rechazar la oferta a dirigir lo que sería la secuela sobre la vida de Adonis. El entonces joven de 29 años se sentía incómodo con la idea de tener a su cargo un proyecto de tal magnitud: “Estaba emocionado pero al mismo tiempo estaba como hombre esta franquicia es buena. No quiero lastimarla. No quiero arriesgarla con el poco tiempo que tenemos de grabación. Y ni siquiera sé si me dejarán ser o no yo mismo’’.

En pocas palabras, el director (quien apenas había estrenado su ópera prima en el festival de Sundance en 2016) tenía miedo al fracaso y a las expectativas que se esperaban de esta nueva entrega. Caple tal vez intuía que una secuela podría resultar no tan satisfactoria, sin embargo, aceptó el reto y las consecuencias que esto traería.

Y aunque no resulta ser un desastre, Creed II: Defendiendo el legado (Steven Caple Jr, 2018) dista mucho de ser el éxito que su predecesora trajo en aquel lejano 2015. Si bien su director demuestra la capacidad de un cineasta en ascenso, manteniendo la tensión en los combates que se riñen arriban del ring, el mayor conflicto que atraviesa la cinta es su débil guion escrito por Sylvester Stalone junto con Joel Taylor.  

A diferencia de la primera parte dirigida y escrita entonces por Ryan Coogler donde el conflicto de los personajes se centraba en Adonis y Rocky y sus motivaciones para construir un legado, en esta ocasión esos ideales quedan en segundo plano para dar el protagonismo a los problemas de Creed. Dificultades que podrían haber aportado la pizca de emoción necesaria para la historia, pero desafortunadamente su exceso de tiempo en la pantalla resulta un obstáculo para el espectador, a quien se le dificulta empatizar con los involucrados en la trama debido a la falta de solidez en el guion.

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Ya para el momento de LA gran pelea final el drama se ha alargado tanto que donde tendría lugar una pelea épica sólo se visualiza una buena escena de puños entre dos personas, victimas de su pasado y enojadas entre sí, sin ninguna razón de peso. Por supuesto el reencuentro de Ivan con Rocky arriba del ring es emocionante, pero quizá con argumentos mejores trabajados hubiera sido inolvidable.

Como lo mencionaba antes y a pesar de los inconvenientes que muestra Creed II, el trabajo de Steven Caple tras las cámaras ayuda a que esta nueva entrega no se sienta tan ajena al trabajo de Coogler. Mantiene el ambiente simple propuesto por el californiano, pero adicionándole su toque personal a la cinta, reflejado en los enfrentamientos que Michael B. Jordan mantiene en el cuadrilátero. Peleas en las que el cineasta recurre a las escenas grabadas en slow motion, los planos subjetivos y cenitales con el objetivo de mantener al espectador más cerca del escenario.

Además, el director de Land (2016) consciente de que esta será la última aparición de Sylvester Stalone como Rocky, demuestra el cariño que siente por la saga despidiendo al personaje de una manera sutil. Sin necesidad de diálogo alguno y  gracias al montaje contenido dentro del cuadro, sabemos que el Semental italiano, quien se encuentra de espaldas hacia nosotros, se va, concediéndole el trono a su pupilo.

En este sentido, el guion también acierta. Años anteriores fuimos testigos del desenlace de personajes relevantes de formas absurdas, por eso es importante agradecer que Stalone le haya brindado a su personaje la oportunidad de reconciliarse con su pasado, y aunque cursi, ese cierre es el más lógico que merece Balboa, la piedra angular de las dos franquicias existentes. Supongo que los fanáticos del universo de Rocky quedarán satisfechos con este final.

Creed II ha tenido gran demanda en la taquilla mundial. A pesar de lo opaco y poco climático de su historia, logra entretener de manera intermitente al público ansioso por ser testigo del encuentro entre el hijo de Apolo contra el de Drago, sin embargo, con el adiós de Rocky en la pantalla grande será difícil ver una tercera parte de esta historia la cual parece debilitarse cada vez más.

Diana Mendoza 

Editora audiovisual del Museo de Antropología y admiradora del séptimo arte.

Creed, el paso de Rocky Balboa de aprendiz a mentor

Tiempo: lo que los hombres tratan de matar,

Pero acaba por matarlos.

-Herbert Spencer

Hace 40 años, durante la gala de los premios de la Academia, Sylvester Stallone levantó el codiciado Óscar a mejor guión por Rocky. El resultado conmocionó a los expertos, quienes vaticinaron el triunfo de Taxi Driver escrita por Paul Schrader; si bien el texto es casi perfecto en narrativa y personajes, le faltó algo que al infame púgil le sobró: corazón. Ese elemento -el emocional- catapultó a su protagonista y a la postre garantizó el éxito de la que quizá es la franquicia más importante en la historia del cine.

Creed retoma los elementos de aquella aventura por primera vez desde el punto de vista de un nuevo héroe: el hijo bastardo de Apollo Creed. Se rememora al primer filme casi en una calca inevitable que conduce a un final conocido. Los personajes se repiten y renuevan, Rocky Balboa pasa de ser aprendiz a mentor. A nivel de trama la estructura original permanece intacta, sin sorpresas.
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Las principales virtudes y defectos de la película giran alrededor de una persona, el joven director y guionista Ryan Coogler aplaudido por la realización. El cineasta mejora la saga considerablemente en materia de dirección, los movimientos de cámara acompañan la acción con tal audacia que el espectador podrá disfrutar de un combate vertiginoso sin cortes; quien creía que en materia de pugilismo se había logrado todo a nivel fílmico, encuentra una propuesta fresca e innovadora. Empero, el realizador se empeña tanto en mostrar su bagaje cinematográfico que más de uno detectará referencias en la batalla final a producciones del mismo tipo (Ragging Bull, 1980).

El guión, escrito por el propio Coogler pretende homenajear e innovar. Logra lo primero y en lo segundo queda a deber. Aun con el carisma de Adonis Creed -interpretado por Michael B. Jordan- la cinta recae en los clichés que la propia franquicia se encargó de crear, los mejores momentos se encuentran en las intervenciones del garañón italiano y lamentablemente los puntos de inflexión no lucen debido a secuencias inverosímiles (en especial aquella que contiene a los motociclistas).

El reparto cumple. Stallone domina el papel a la perfección, logra entregar nuevos matices gracias al conflicto que representa el paso del tiempo y sus consecuencias, quizá las nominaciones encuentren su justificación en la trascendencia del personaje y no en la interpretación per se. Michael B. Jordan soporta el rol principal, es notable la preparación física pero flaquea en lo emocional, su contraparte es un antagonista tibio, olvidado durante el metraje; Tony Bellew no logra llenar los zapatos del genial Carl Weathers (Apollo Creed) o del imperturbable Dolph Lundgren (Iván Drago).

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El montaje se relaciona con dos elementos: la música y la referencia televisiva. En el primer caso se detecta con facilidad en las secuencias de entrenamiento o durante la faceta romántica del joven Creed. Hace falta el score característico, el cual se sustituye por melodías contemporáneas que difícilmente se insertan en la memoria. El segundo aspecto es una gran decisión, el director introduce entrevistas de expertos en cadenas como ESPN, además de reportajes que narran la vida de los pugilistas, éste elemento -ya explorado en la entrega anterior- otorga algo de lo que carecieron los primeros filmes: un estilo visual realista.

Creed representa una ruptura respecto a sus predecesoras, a diferencia de aquél italiano del barrio que ganaba por Knock-out, la cinta de Coogler se abre paso golpe a golpe, cae a la lona en algunas ocasiones pero logra levantarse para obtener una victoria que se va a los cartones y culmina con una decisión dividida.

Gerardo Herrera

Guionista, cofundador y editor de Zoom F7