Orson Welles: la radio antes del cine

Por: Rubí Sánchez (@rubynyu)

Orson Welles fue uno de los autores más ambiciosos a la hora de contar historias. El cine se convirtió en su mejor forma, pero lo venía haciendo desde el teatro y luego en la radio, en la cual encontró las bases para su estilo audaz. Sus adaptaciones radiofónicas son una muestra de su capacidad para comprender a los personajes y narrar sus tragedias.

En 1941 los escenarios de teatro en Dublín, Irlanda, veían a aquel joven de 16 años, que en menos de una década debutaría en el cine con una de las mejores óperas primas en la historia del cine. Sin embargo, el séptimo arte aun no estaba en los planes del chico originario de Wisconsin. Después de Irlanda preparó su camino para Broadway, esta vez con la compañía Mercury Teather, que fundó junto al productor John Houseman. Al mismo tiempo, Welles comenzaba a escribir y a dirigir adaptaciones de obras literarias a la radio. 

Su labor radiofónica arrancaba con la adaptación de Los Miserables para el programa The March of Time, perteneciente a la cadena Mutual Network. Esta actividad le permitía financiar sus producciones teatrales, pero se fue convirtiendo en algo más al trabajar en The shadow, la historia de un justiciero enmascarado con poderes hipnóticos, al más puro estilo pulp, muy popular en esa época. El talento de Welles veía una nueva oportunidad para despertar una diversidad de emociones en el público, y para el siguiente año integró a toda la compañía teatral a las adaptaciones radiofónicas, estrenando en Drácula en 1938, en la que desempeñaba dos papeles: el conde Drácula y al Doctor Seward. Así comenzaba su tradición no sólo de escribir, si no de actuar. A esta producción le siguieron La Isla del tesoro, El conde del Monte cristo y en El inmortal Sherlock Holmes, en las que fue la voz de los protagonistas. 

En el mismo año del estreno de Drácula, Welles presentaba el trabajo que le abriría las puertas a Hollywood. De nuevo junto a la Mercury Theatre, desató un fenómeno que alcanzó a una sociedad marcada por el inicio de la Segunda Guerra Mundial: la adaptación de La guerra de los mundos, del escritor H. G. Wells. Orson interpretó al profesor Pierson, quien, al interrumpir un programa supuestamente transmitido desde el Hotel Park Plaza en Nueva York, alertaba al publico de la llegada de visitantes espaciales al tiempo que se describían a los invasores: 

“Alguien está avanzando desde el fondo del hoyo. Alguien… o algo. Puedo ver escudriñando desde ese hoyo negro dos discos luminosos… ¿Son ojos? Puede que sean una cara. Puede que sea…”

El programa fue todo un éxito, lo escucharon alrededor de 12 millones de personas y provocó el caos entre quienes no llegaron a oír la advertencia inicial de que nada era real, y que durante 59 minutos vivieron los embrujos de la ficción. 

Posteriormente la compañía cambió su nombre a Campbell Playhouse, iniciando una nueva etapa con adaptaciones como A Christmas Carol, de Charles Dickens, que inauguraba la tradición del futuro cineasta en la grabación de producciones navideñas. El prestigio que significó La guerra de los mundos para Orson Welles le permitió contar nuevas historias con herramientas que no imaginaba antes, mismas que aprovechó para explotar su propio estilo. Gracias a la productora Radio-Keith-Orpheum (RKO), que le ofreció total libertad para escribir, producir y dirigir dos películas, es que nacía El ciudadano Kane (1941), por lo que el ahora director dividía su tiempo entre la radio y el cine.

Aun con la producción y estreno de la que hoy es considerada una de las mejores películas, Welles seguía en la radio. Participó en We Hold These Trust de Norman Corwin, un programa especial que celebraba el 150 aniversario de la Declaración de Derechos de los Estados Unidos, y el cual marca el inicio de su etapa en programas alusivos a la guerra, desde protagonizar un capítulo para el programa de hechos históricos Cavalcade of América, hasta escribir, narrar y producir Ceiling Unlimited, serie enfocada en glorificar la industria de la aviación, así como Hello Americans en la que se buscaba hermanar a los americanos del sur y del norte. En el misto tono, junto a Groucho Marx,  creó Orson Welles Almanac una serie que mezclaba la comedia y el patriotismo al llevar alegría a las tropas americanas. 

El estilo que Orson impregnaba a sus narraciones radiofónicas es incomparable, su trabajo de adaptación le permitió jugar con los deseos de sus personajes. La voz que aterró a la población alertando la presencia de alienígenas fue la misma que nos contó las desdichas de un magnate y nos emocionó con historias de amor destructivo. La mayoría de sus trabajos en radio pueden ser consultados en la página http://www.wellesnet.com

 

Las mejores óperas primas (parte 1)

Por: Rafael Ramírez III

El principio es la mitad de todo.” Pitágoras (569 a.C.-475 a.C.)

Para muchos es el paso más difícil, el momento en que como creador debes reunir todos tus conocimientos, todas tus aptitudes, todos tus recursos económicos, juntar a tu crew, elegir un guion que hayas escrito o adaptar alguna historia ajena, tomar una cámara… y comenzar tu primera grabación.

En el caso de algunos directores, su ópera prima está impregnada deliberadamente de sus influencias y gustos artísticos, a tal grado de parecer más bien un homenaje a los artistas que admiran. Otros, por el contrario, logran plasmar desde el inicio un estilo único, se hacen de una voz y un rostro con el que serán identificados y recordados en la posteridad.

Una de las pautas que sigue este listado consiste en que muchas de estas películas también fueron el génesis de corrientes cinematográficas o se consideran pioneras en una técnica o método de producción cinematográfico.

1.El chico (Charles Chaplin. EUA, 1921)

Tras una vasta trayectoria como actor (por lo menos 70 películas desde 1914 hasta 1919), la carrera de Charles Chaplin se había conformado únicamente de cortometrajes, algunos de los cuales él mismo dirigió. Su gran salto se dio cuando en 1921 se atrevió a escribir, producir, dirigir y actuar en su primer largometraje, El Chico. Un paso nada sencillo en aquellos tiempos de cine silente y al tratarse de una película de género cómico.

En la película, un niño es abandonado por su madre en los sucios callejones de la gran ciudad, donde será encontrado por Charlot, un vagabundo incauto, pero de buen corazón, que se dará a la tarea impuesta de cuidarlo y juntos deberán enfrentarse al difícil quehacer cotidiano de sobrevivir.

Con El Chico, Chaplin dejó claro su ferviente interés por los asuntos sociales, tocando temas como la injusticia, la marginación, la pobreza, el abandono, el alcoholismo y la infancia.

Algunos de los rasgos más importantes de este filme se encuentran en la perfecta mezcla de comedia y drama tan característica del director inglés, ese disfraz de película divertida y amena, haciendo uso de sus reconocidos gags, para ocultar un discurso de tajante protesta, un fuerte grito contra el tipo de vida que el mismo Chaplin sufrió en su infancia.

Otro rasgo importante se encuentra en aquella secuencia al estilo de George Méliès, cuando Charlot tiene un sueño donde vislumbra a su vecindario cual coro de ángeles, Chaplin aprovecha los recursos técnicos del cine para crear una transición que nos haga pasar de la realidad al sueño y, dentro de él, tener imágenes como las de un perro que se eleva por los aires, un diablo que aparece y desaparece, o el mismo Charlot volando una distancia de diez metros con sus alas de ángel.

Posteriormente a El Chico, a Chaplin le esperarán poco más de una decena de largometrajes que marcarán su historia dentro del cine y de la memoria de la humanidad. Su Ópera Prima es, en efecto, un filme para reír y llorar, para divertirse, pero también para aprender y enfrentarse a los problemas que acaecen a la sociedad.

2.Huelga (Serguéi Eisenstein. Rusia, 1925)

 

Una huelga conducida por un tumulto de obreros rusos, quienes descontentos por las pésimas condiciones laborales y tras el trágico suicidio de uno de los trabajadores acusado falsamente de robo, se alzan en piedras y palos en contra la fábrica de la que son presos y se urgen a la búsqueda del patrón, del burgués que lo somete.

Eisenstein, de manera magistral, aprovecha que le han encomendado hacer películas de corte propagandístico en pro de los ideales comunistas, para hacer uso de una serie de recursos cinematográficos que serían estudiados hasta la época actual en todas las escuelas de cine alrededor del mundo.

Su famosa teoría del montaje de atracciones queda demostrada perfectamente en su ópera prima, desde aquellas imágenes donde los obreros dejan caer al piso sus herramientas de trabajo como símbolo de su descontento, hasta la magnífica alternancia entre las imágenes de la reprimenda policial hacia los huelguistas con imágenes de ganado siendo sacrificado, en la secuencia final; pasando por las evidentemente alusivas transiciones entre un animales y personas.

Un ritmo majestuoso y poderosísimo marca esta obra maestra del cine silente, cuya importante singularidad, propia del director ruso, se encuentra en el uso de la colectividad como personaje y protagonista del filme. Metafórico o no, el personaje más importante de Huelga no es un actor famoso, no es una actriz conocida, es un grupo de personas que buscan un bien común.

Tan solo un año después, Eisenstein nos regalaría El Acorazado Potemkin, un filme de características similares a Huelga, pero mejorando su propia técnica, marcando un antes y un después en la historia del cine.

3.La Edad de Oro (Luis Buñuel. Francia, 1930)

 

En este punto debemos quizás considerar de manera conjunta a Un Perro Andaluz y La Edad de Oro, ambas óperas primas del director español, la una en cortometraje y la otra en largometraje. De cualquier manera, en ambas Buñuel maneja las mismas intenciones y desglosa lo más trascendental dentro de su cine: su aportación al cine surrealista.

Buñuel revoluciona al cine y extiende uno de sus brazos mediante un giro radical a lo que se conocía previamente dentro del surrealismo en el cine. Ya Germaine Dulac y Man Ray habían puesto los cimientos cinematográficos del dadaísmo y del cine experimental que se puede considerar como surrealista, pero Buñuel le daría autenticidad y lo diferenciaría de lo anterior hecho mediante un manejo propio del estilo.

En La Edad de Oro, el aragonés fortalece las características propias del surrealismo como lo son el profundo y extremo simbolismo de las imágenes, una forma metafórica de tratar los conceptos a niveles filosóficos; personajes, objetos, acciones y hasta locaciones se presentan cual metáforas que se extienden dentro del consciente y el subconsciente del espectador a niveles incontrolables.

Superficialmente, pareciera que La Edad de Oro es una absurda comedia romántica, la historia de dos amantes que dan rienda suelta a su amor nada convencional. Sin embargo abarca temas como la decadencia de la iglesia, los fetichismos y las desinhibiciones sexuales, la crítica a los convencionalismos románticos y pasionales, la crítica a la clase burguesa y aristocrática, etcétera.

Un par de ejemplos, la pareja se encuentra separada geográficamente, cada uno por su parte sufre del anhelo de encontrarse con su ser amado. Un dedo vendado en la mano de ella aunado a una vaca recostada sobre su cama, serán la representación de su carencia afectiva y sexual que la llevan a la masturbación.

Luis Buñuel por medio de su aportación al cine surrealista, ofreció una nueva y excepcional manera de ver y hacer películas, de usar las imágenes presentadas en pantalla, dotándolas de múltiples significados

4.Ciudadano Kane (Orson Welles. EUA, 1941)

 

El director norteamericano ya se encontraba muy bien plantado dentro del panorama teatral y dramatúrgico, y ya había causado revuelo con la emisión de su novela radiofónica La Guerra de los Mundos, basada en la novela de H. G. Welles. Ya bien conocido dentro del medio artístico se le fue otorgada una buena cantidad de dinero y se le dio total libertad creativa para dirigir su primera película.

Ciudadano Kane es considerada por millares de críticos y especialistas del cine como la mejor película de la historia, otros consideran esto una exageración y acusan a esta denominación como una omisión al panorama cinematográfico fuera de Estados Unidos; sin embargo, nadie puede desmentir las notables aportaciones de Welles a la cinematografía.

Bien dicen muchos que Welles “no inventó nada, pero mezcló lo que había y le dio forma al cine”. Partiendo del lenguaje que Griffith marcaría en El Nacimiento de una Nación e Intolerancia, consistente en un inteligente y argumentado uso de los planos y el montaje de varias acciones en paralelo; Welles retoma estos conocimientos y los perfeccionó.

Ciudadano Kane es conocid por sus planos contrapicados (para exaltar la figura de su protagonista), sus movimientos de cámara (apoyados favorablemente mediante el uso de dollys y travellings), su profundidad de campo, los diversos efectos ópticos (como filmar dos escenas distintas en diferentes planos y luego yuxtaponerlas para que aparezcan al mismo tiempo en pantalla haciendo parecer que se llevaron a cabo las acciones en el mismo momento), así como el constante uso de flashbacks o diversos manejos del montaje para representar las elipsis.

Otras aportaciones interesantes son el uso acertado del maquillaje que contribuye a mostrarnos más de 30 años de la vida del protagonista, y el uso de la música y el sonido en razón de crear ambientes y emociones a cada una de las escenas y secuencias del metraje. La ópera prima de Orson Welles es un “must” para cualquier realizador audiovisual y es una joya que debe estar en la filmoteca de todo cinéfilo.

5.La Canción del Camino (Satyajit Ray. India, 1955)

A diferencia de los directores antes mencionados, Satyajit Ray, era un joven hindú desconocido totalmente dentro del medio artístico, quien, con un bajísimo presupuesto reunió a un equipo inexperto y a un reparto conformado por artistas aficionados, filmó su primera película.

Inmiscuido en la situación política y social de su época, Ray, relata la historia de Apu y su humilde familia, su travesía cotidiana por ese camino que llamamos vida.

La Canción del Camino es una película contada de manera lineal, sin arriesgados manejos de cámara ni innovaciones técnicas, pero que es ahí, en su sencillo y recatado estilo, donde guarda su potencial: la poesía de sus imágenes. Ni un ritmo acelerado ni innecesarios usos de cámara deben desconcentrarnos de la belleza que emiten los rostros, las risas, los llantos, la naturaleza, las miradas. Sólo una preciosa fotografía y un soundtrack memorable serán los recursos que el director hindú aprovechará para darle fuerza a una historia cuya fortaleza está en los detalles más mínimos.

La Canción del Camino es la primera de las tres películas que conformarán la Trilogía de Apu, influenciadas por el cine de Jean Renoir y del neorrealismo italiano, pero convergiendo de una manera que lo que aportó al cine fue una mirada más intimista y contemplativa de las imágenes.

Recibiría en 1956 en el Festival de Cannes el premio a Mejor Documento Humano y Akira Kurosawa comentaría sobre ella “No puedo nunca olvidarme del entusiasmo [que sentía] en la cabeza después de haberlo visto. Es el tipo de cine que fluye con la serenidad y nobilidad de un gran río”.

 

Los mejores plano secuencia

Las escenas sin cortes se han popularizado al grado de considerarlas una signatura de determinados cineastas y fotógrafos. No obstante, los plano secuencia son tan viejos como el cine mismo, y el número de ellos que hay en el mundo del séptimo arte es tan diverso como la complejidad de su realización.  En este top se conmemoran los plano secuencia de cinco memorables películas que son tan reconocidos como la cinta misma, por su compleja ejecución, duración y la calidad narrativa.

 OldBoy (2003)

Park Chan Wook adapta el manga Oldboy en la cinta que es la tesis de la venganza por antonomasia. Muestra al protagonista de la película Dae Su Ho (Min Sik Choi)  luchando en un pasillo largo contra 20 hombres. El único detalle agregado en la postproducción fue el cuchillo que se le clava en su espalda. El esfuerzo de los actores fue extenuante en una escena que se filmó 17 veces, y el plano dura 2 minutos con 36 segundos.

La idea de filmarlo de izquierda a derecha, enfrentando a una cantidad imposible de adversarios, da la sensación de que el personaje está en un mundo irreal, y lo que está enfrentando en realidad es su propia desesperación. Una obra maestra del director coreano.

The Shining (1980)

Las películas de Kubrick siempre son un must en cualquier top que conmemora la calidad visual y técnica. No podíamos dejar de mencionar el steadyshot de The Shining cuando Danny Torrance pasea tranquilamente en su triciclo a través de los pasillos del Hotel Overlook.  La pulcritud de escenas compuestas siempre en perspectiva frontal, el limpio movimiento de tracking con la cámara detrás del niño, la tranquilidad del lugar, y el silencio con el único sonido de las llantas del triciclo cuando se va moviendo te traslada inmediatamente a un ambiente paranormal.

Aunque la escena no es tan larga como otras, y tiene cortes después de que llega a la habitación 23, genera más expectativa,  y bueno,  ya sabemos lo que sucede después. Simetría casi perfecta.

Touch of Evil (1958)

Esta es una película de referencia académica. Touch of Evil de Orson Welles, traza una escena magistral que establece un punto argumental y dura tres minutos con 20 segundos. El ritmo de la escena y el movimiento de cámara va con los personajes: plasma un mundo que te atrapa desde el segundo uno por las acciones que sucede. Una grúa lleva la cámara, comenzando en un plano detalle de un extraño artefacto en las manos de un hombre, y después empieza a moverse. Calles oscuras y siluetas de gente pasando por todas partes centrando tu atención dentro del plano, pero también fuera de él en una composición brillante de movimiento.

Uno de los mejores comienzos en la historia del cine, una tremenda escena del cine negro que inspiró a muchos cineastas actuales para trazar el ritmo de sus escenas con puntos argumentales.

 Soy Cuba (1964)

La industria cinematográfica rusa tenía la intención de promocionar el comunismo cubano a nivel internacional con el enfoque revolucionario del sistema socialista en plena crisis de los misiles; esto dio como resultado por mano del cineasta soviético Mijail Kalatozov uno de los mejores planos secuencia en la historia del cine en una cinta que con la caída de la URSS se perdió todo conocimiento de ella.

El plano secuencia más memorable es la escena del funeral donde una toma en close up pronto se convierte en un plano general de las calles de la ciudad de La Habana, y pasa desde ángulos altos de un edificio, entrando y saliendo por ventanas, sin perder de vista la marcha fúnebre de un estudiante asesinado.

La cinta está llena de proezas técnicas, y está filmada casi toda con lente gran angular. Rescatada por la distribuidora estadounidense Milestone Films de Nueva York en 1994, Martin Scorsese y Francis Ford Coppola maravillados por su calidad, ayudaron en su presentación y relanzamiento de la película en 35mm.

The Children of Men (2006)

Con muchos elementos y técnicas traídas de directores de antaño, Alfonso Cuaron (director) y Emmanuel Lubezki (fotógrafo) realizaron esta obra maestra llena de planos secuencia  que sin duda supera todavía a otras cintas que el fotógrafo y el director han hecho cada uno por su cuenta.  Siempre se habla de la escena del carro por su calidad y compleja realización, pero el plano secuencia más largo de la película también es magistral.

En medio de una ciudad hundida en la destrucción, Theo Faron (Clive Owen) y sus acompañantes son perseguidos por rebeldes y el ejército en uno de los plano secuencia más complejos que se hayan visto. El número de personajes y elementos incluidos en esta larga escena son extraordinariamente precisos.

La escena dura seis minutos con 18 segundos, pero es casi imperceptible, y el recorrido de los personajes es sumamente largo no tanto por el trayecto sino por la cantidad de acciones. Una persecución y una acción tras otras para un posterior escape de aquel caos en un futuro no tan descabellado, donde terroristas utilizan de escudo a civiles contra un gobierno tiránico y fascista.

Una de las escenas de combate más feroces y mejor logradas de todos los tiempos, destacando que el punto argumental, el epílogo de la película y el clímax están contenidos en este plano secuencia.

En cada escena debe haber una coordinación y organización de elementos vitales para la vida del plano,  una puesta en cámara dinámica, con una buena puesta en escena, creando una diversidad tremenda y focalizando la atención del espectador hacia donde el cineasta desea, donde a veces el resultado es más recordado que el resto de la película.

Luis Zenil Castro 

Productor audiovisual y dibujante.

Cuando Orson Welles llevó a la pantalla grande a Kafka

Es 1962, la legislación, el poder y la ley son algo inquebrantable que más temprano que tarde nos alcanzará a todos. Al parecer un mundo sin ellas sería inconcebible, por lo menos dentro del pensamiento griego antiguo occidental, en el que su ejercicio tácito posee la naturaleza de generar una organización coherente con una intención noble, pero la codicia del hombre le ha llevado solamente a una apropiación más del poder. Esta es la afirmación de Orson Welles en El proceso (The Trial 1962); el joven brillante tomó la obra de otro admirable: Franz Kafka.

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No sucedía desde Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941) quizás, pero El proceso se convirtió en una de las obras maestras de este grande del séptimo arte, en la cual, la introducción es una sublime animación directa de la literatura, donde fotogramas aislados representan implícitamente lo que es el hombre ante la ley.

Todo comienza con la puerta, aquella que permanece inmóvil con su Guardia por delante. Un hombre llega y después de que el guardia se niega a dejarlo pasar, le pregunta si puede permanecer ahí sentado hasta poder ingresar. El Guardia accede, y tras día, lluvia y noche, el hombre con el tiempo se vuelve un anciano. Justo antes de morir hace una última pregunta ¿por qué nadie más se presentó aquí si el hombre siempre intenta alcanzar la ley? El Guardia le responde: “esta puerta fue hecha solo para ti, y ahora que morirás la cerraré”.

El mítico Anthony Perkins interpreta al sugestivo Josef K. que en un temático arcano, se escabulle entre un montón de enigmáticos individuos para esclarecer las misteriosas razones de su inevitable juicio. El compás del Adagio de Albinoni en sol menor acompaña en todo momento las fases de ambigüedad y de tensión, que se conjuntan abrazando al personaje con sus actos en una especie de marcha fúnebre. La consecución de escenas no siguen un montaje coherente, aunque la narrativa tiene un diseño interesante ya que transcurre como tiempo real, pero el espacio es irreal, no por su dimensión sino por su síntesis.

Rodado como un filme clásico, empero la cinta está plagada de extensos planos secuencia en líneas de perspectiva y enorme profundidad que son excelsos. Todos tienen una intención que en razón de la tesis, denota la rara soledad, el camino sin salida y el interminable limbo donde se encuentra divagando el hombre.

el-proceso

Josef se hallaba en su apartamento cuando su soñolencia es interrumpida por tres detectives que lo hacen trastabillar tras informarle de su arresto abierto. El enigma de su culpabilidad es presumiblemente descubierto cuando se presenta ante su jefe, quien le informa sobre su supuesta fechoría con su propia prima. Posteriormente, el protagonista acude a una sala de audiencias completamente repleta, donde burlado por la comedia e ironía de sus espectadores, falla al tratar de esclarecer los hechos y la declaración de su exoneración. Después es llevado por recomendación de un familiar con un abogado peculiar, Hastler, interpretado por el mismo Orson Welles, quien sólo recibe a sus clientes en su lecho y son puestos a prueba con la promiscua enfermera que les atiende.

the trial 2

Josef intenta eludir al prepotente abogado, pero sus pretensiones son fallidas: por el nerviosismo, sus verdaderos valores como hombre y su arrogancia quedan expuestos. Así, Hastler se da cuenta de la importancia de la culpabilidad, mostrando que todos somos culpables de algo en algún momento, y aduce que Josef, quien tiene un aura enigmática de misticismo, es culpable.

En el embarque de las acciones, Josef es recomendado con un artista que tiene influencias en los tribunales, y después de atravesar un tramo surrealista, en el que alimentado por su propia paranoia se ve perseguido por un montón de niñas autómatas, logra zafarse y llega a la casa del pintor; sin embargo éste no le ofrece ninguna resolución definitiva. Entre tanto, el artista lo invita a salir por una puerta trasera que lo llevará directamente a los tribunales, nuevamente.

Josef K. se encuentra atrapado, y expresado en montaje, el corte de una escena a otra tras atravesar una puerta se convierte sencillamente en un laberinto sin salida donde queda expuesto ante una nueva situación a confrontar. Todo esto es una analogía de la pesadilla en la que se ha convertido la burocracia.

La banalidad de los momentos que se vuelven en un sueño revertido, en el cual todo comienza en el instante del despertar. La realidad parece más bien una pesadilla absurda (al puro estilo de Kafka) que sólo terminará al momento en el que se le revela su fatídico epílogo. Josef es consciente ahora, se detiene ante el sacerdote y después con Hastler entiende la historia del hombre y el Guardia, y de que todo es absurdamente inevitable en su búsqueda de aquel inalcanzable precepto. La pesadilla que terminará ante sus nuevos captores al llevarlo a una fosa, donde la muerte por mano propia es la última y única muestra de bondad. No hay vuelta atrás, solamente el dogma que asesina a Josef K.

Luis Zenil Castro 

Productor audiovisual y dibujante.