Song to Song de Terrence Malick

 

Cuando uno asiste a ver una película de algún director conocido como Tarantino, Scorsese e inclusive como el mismo Malick, sabe que verá un trabajo con la huella del autor. Y contar con un estilo no es tarea fácil, es algo que solo el tiempo logra dar.

Así es el caso de Song to Song (2017) en donde dos historias de amor se viven a través del negocio de la música. Michael Fassbender interpreta a un productor musical avaricioso y cínico llamado Cook, conquistador de mujeres; éste conoce al músico BV (Ryan Gosling) y le ofrece grabar su primer disco.

En grandes rasgos la película se reduce a la asistencia a festivales de música, fiestas exclusivas y a la intimidad en el hogar. A esto se unen las reflexiones de una guitarrista llamada Faye, encarnada por Rooney Mara, quien comienza una relación amorosa con BV.

Vemos a un loco Cook que logra hacer su voluntad; enamora a una mesera hasta convertirla en su esposa. Así, a raíz de sus locuras, ella cumple con lo que siempre deseo: comprar una casa para su madre. Sin embargo esa insana relación la lleva al suicidio.

Terrence Malick desarrolla una visión destructiva del rock y la industria musical con la angustia de las personas que se hallan en ese mundo al no ser lo que quieren. Se presenta la manera en cómo se maneja la industria, las tranzas dentro de ella y cómo se pueden crear estrellas o simplemente dejarlas en el olvido.

Es tan marcado el estilo del director, y más con la mancuerna que ha realizado con el gran cinefotógrafo Emmanuel Lubezki, quien al estar familiarizado con el trabajo del director estadounidense supo a lo que se enfrentaría.

Sí, en un sentido meramente pragmático y superficial, es una película romántica, que marca el inicio, ascenso y destrucción de una relación hasta el regreso de la pareja prometida. Pero con la mano de Mallick esto se convierte en una visión extraña de lo que sientee cada uno de los personajes.

Aunque no le ha ido tan bien en críticas, es una cinta personal que deja sin aliento con la puesta en cámara del mexicano, desde meternos a un slam, hasta el acompañamiento a una pareja por el desierto texano. Pero bien se sabe que una película no se basa puramente en la fotografía. El hecho de que Malick nos presente un filme tan íntimo y quizá personal, en este caso se convierte en desventaja, ya que resulta difícil para los espectadores generar empatía con los personajes, además de los cortes abruptos que no permiten entender o completar lo que se esta viendo.

Cabe resaltar la presencia de variedad de músicos como los Red Hot Chili Peppers quienes juegan en la tierra con Cook, Patti Smith dando consejos de vida mientras toca una vieja guitarra acústica, Iggy Pop hablando sobre la industria musical, The Black Lips y Florence Welch.

Lo mejor de la película es por supuesto el soundtrack que incluye piezas como Never Le Nkemise 2 de Die Antwoord pasando por piezas de Maurice Ravel hasta el último Premio Nobel de Literatura Bob Dylan.

Sebastián Ortiz 

Comunicólogo que habala mucho y escribe (mal) sobre cine, música y ciencia ficción.

 

Assassin’s Creed: un salto al vacío

We work in the dark to serve the light. We are assassins.

-Cal Lynch

Del videojuego a la pantalla grande, Assassin’s Creed hace un atrevido salto de fe. La famosa franquicia que en 2007 invadía las consolas, ahora sorprende con una paupérrima realización a la que ni siquiera Fassbender salva. Y desde la más humilde pluma de quien escribe, puedo asegurar al lector que al terminar estos párrafos es probable que sus ganas por verla se esfumen. Hollyweed (como hace poco fue modificado el icónico letrero) parece que se encuentra en una carrera por ver quién muestra las realizaciones menos trascendentales.

Callum (Fassbender) es un asesino condenado a ser ejecutado; al despertar de la amarga inyección letal, se encuentra en las instalaciones de  Abstergo, una institución encargada de la búsqueda y recuperación de “la manzana del edén”, artefacto que concede el libre albedrío al hombre. Cal, ahora está bajo el cuidado de la doctora Sophia Rikkin (Marion Cotillard).

DF-01042 – Through a revolutionary technology that unlocks his genetic memories, Callum Lynch (Michael Fassbender) experiences the adventures of his ancestor, Aguilar, in 15th Century Spain with Maria (Ariane Labed). Photo Credit: Kerry Brown.

En cinco segundos se le es explicado su pasado, su presente, y se determina también su futuro. Condenado por sus antepasados, Cal tendrá que viajar al siglo XV (España en plena Inquisición) a través de un dispositivo llamado “Animus”, para encontrar el artefacto deseado al lado de una chica, que por cierto, solo sirve para rellenar la trama.

El primer acto llega en buen momento, pero conforme avanzan los minutos todo se diluye en una carencia de sentido. Las secuencias de acción son verdaderamente rápidas y aunque ante el ojo humano nos son perceptibles los bruscos cortes en el montaje, gran cantidad de ellos parecen no tener una razón y resultan confusos.

El “elemento Fassbender sin camisa” llega cuando la trama ha caído y ya no encuentra más pilares; entre muchos de los diálogos del personaje y sus acciones, hay una grave falta de coherencia. Agreguémosle el complicado acento español que con dificultad trata de imitar Michael Fassbender.

Uno de los aciertos es el vestuario y la recreación de la España en la inquisición, sin embargo, el uso desmedido del CGI, es lamentablemente notable. Aun con esto se establece el contexto, resulta difícil aceptarlo como una posible realidad. También es complicado encontrar una conexión entre los personajes, y el último acto se vuelve tedioso; aparenta ser un apuro para llegar al final.

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Sí, querido lector, Assassin’s Creed nos ha decepcionado no solo con la historia, que nada tiene que ver con el videojuego, y eso lo entendemos porque ambos (pantalla grande y consola) dan posibilidades narrativas e interacciones diferentes; pero no podemos perdonar una película tan corta de aspiraciones.

La mezcla entre ciencia ficción e historia parecían prometedoras como para perdurar en la memoria de los cinéfilos, pero la millonaria producción se quedó muy por debajo de las expectativas.

Fan Valdés

Pedagoga de formación pero cineasta por convicción, artista plástica en el tiempo libre.

 

Steve Jobs, una revolución a toda costa

En Steve Jobs, Danny Boyle y Aaron Sorkin presentan a un personaje para el cual la imagen es primordial. Los anuncios publicitarios, la apariencia de una computadora, la portada de una revista, la puntualidad; pero también lo es el control. El control sobre los anhelos tecnológicos de la sociedad, sobre el trabajo de sus compañeros y sobre la madre de su hija. Sin embargo, las decisiones de un consejo directivo, la economía del mercado de las computadoras y la tenacidad de una niña de apenas cinco años, se imponen a los cometidos de Steve Jobs.

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La cinta se enfoca en lo anterior y así resalta una de sus virtudes: es concreta. No se trata de una película que abarca la vida del personaje, sino de cómo su ámbito laboral estuvo estrechamente relacionado con el familiar y personal, tomando momentos puntuales y personajes específicos que revelan sus facetas de padre y creativo. Así, la historia no se dispersa en otros aspectos, en lo cual sería fácil caer al hablar de alguien emblemático y lleno de matices como Jobs, el encargado de crear el puente entre la vida cotidiana y los sistemas computacionales.

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En la película el auditorio siempre está listo para presentar aquel producto que las personas “no saben que necesitan hasta que lo ven”. La primera Macintosh en 1984, el Cube de NeXT en 1988, y la iMac en 1998. Pero a Jobs (Michael Fassbender) no lo vemos en el escenario, sino detrás de éste, acompañado de Steve Wozniak (Seth Rogen), cofundador de Apple y John Sculley (Jeff Daniels), el director ejecutivo. También observamos a Chrisann Brennan (Katherine Waterston), madre de Lisa Brennan-Jobs. El mayor lazo se desarrolla con esta última y con Joanna Hoffman (Kate Winslet), la ejecutiva de marketing y quien permaneció con Steve incluso cuando éste salió de Apple.

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Con cada uno de los personajes Steve Jobs desarrolla un conflicto, y el más punzante es con Lisa, a quien inicialmente niega como su hija. Sin embargo, la misión de ésta es muy clara sin importar su edad: quiere estar cerca del hombre que tal vez nombró a una computadora con su mismo nombre, o no. Lisa se aferra sin importar las palabras que el magnate ha lanzado y las cuales la marcarán.

A excepción de un par de golpes de efecto que se tornan forzados en el primer acto, el trabajo del director (Trainspotting) y el guionista (The social network)  es impecable. Asimismo, el desarrollo es lineal, pero el hecho de estar filmada en tres formatos diferentes la dotan de dinamismo. Es un viaje a tres distintas épocas tanto en la historia como en la pantalla, en el que la transformación va de 16 mm a 35 mm y finalmente a HD Digital.

El guión se basó en una biografía publicada por Walter Isaacson en 2011, año en que falleció Jobs. En pantalla, el relato resulta una carga de adrenalina gracias a las actuaciones, a diálogos veloces y a una dirección frenética.

Steve Jobs, que fue presentada en el Festival de Cine Telluride y también cerró el Festival de Cine de Londres, es una cinta que muestra las consecuencias de allanar el camino para que todo resulte como uno lo desea.

Leticia Arredondo

Cofundadora y editora de ZOOM F7. Escribo sobre cine y fotografía.