Desde allá

El rechazo, miedo o repudio hacia quien se ha enamorado de alguien de su mismo sexo siguen latentes; la persona es perseguida, estigmatizada y muchas veces condenada. Todo debido a los tabúes (creados por la sociedad) que señalan a alguien que sólo ama y es amado. “Yo tenía un amigo en Venezuela a quien mataron en condiciones de homofobia. También Guillermo Arriaga, quien colaboró en el guion, tenía un amigo mexicano al que mataron en las mismas condiciones. Esas dos personas nos ayudaron a entender mucho sobre el personaje de Armando; sobre el contexto de homofobia en Latinoamérica” comentó el director Lorenzo Vigas en entrevista. El director originario de Venezuela estrena en salas nacionales el largometraje Desde Allá (2015) que lo hizo acreedor al León de Oro en el Festival internacional de Cine de Venecia.

LEER TEXTO COMPLETO EN F.I.L.M.E 

Fan Valdés

Pedagoga de formación pero cineasta por convicción, artista plástica en el tiempo libre.

Las hijas de Abril: Los tristes desenlaces del canibalismo maternal

Por: Rodrigo Garay Ysita

 

Casi como una parodia de esa ansiedad dulce que algunas abuelitas tienen por reanimar el impulso materno en sus años presentes, menos fértiles, y poner el ala protectora renovada sobre sus nietos, la trama escandalosa de Las hijas de Abril desenvuelve los pliegues psicológicos de una madre hambrienta, recién convertida en abuela, a base de golpes de guion (y si no se escribió “madrazos de guion” fue por pudor verdadero, que ya muy lejos han llegado los abusos del humor involuntario que acompaña siempre a nuestro argot mexicano): los arranques violentos a los que su autor, Michel Franco, ya nos tiene muy acostumbrados.

La transformación de Valeria, hija menor de Abril, de embarazada prematura a defensora aguerrida de su descendencia ocurre de manera tan superficial como el martirio de Alejandra en Después de Lucía (también de Michel Franco, 2012); el protagonismo reducido a un mero dispositivo de la narración —un prop, prácticamente— para darse gusto con las fuerzas antagónicas: como la sorda recepción de abusos que el personaje en blanco de Tessa Ia soportaba para exponer la naturaleza maligna de la juventud, hasta reventar, Valeria es otra víctima predestinada a sufrir la maldad del mundo hasta el momento en que el guionista decide, quizás arbitrariamente, tirarle un gancho a los nervios de la audiencia en un par de ocasiones.

Los giros sorpresivos a los que se orilla a los personajes, menos frecuentes y de menor intensidad que en las películas anteriores del cineasta, vienen a astillar un planteamiento familiar agudo y con fundamentos enormes, casi universales. El elemento más notable entre ellos, ya se adivina, es Abril —gratamente interpretada por Emma Suárez, no hace mucho protagonista de otro telenovelón llamado Julieta (Pedro Almodóvar, 2016)—, quien, antes de convertirse en la villana de proporciones desmesuradas que usurpa a su nieta con jugadas macabras, es invocada en Puerto Vallarta como una encarnación de la sexualidad feroz de las madres primordiales, las madres mitológicas. Abril inyecta de forma inmediata un aire de vida en la casa y se conduce como una mujer controladora y abundante en varios sentidos (gran símbolo de la fertilidad con sus coloridos vestidos de flores); su fuerza sexual se va vinculando poco a poco, mientras sube el tono de su perseverancia, con otra figura literaria que nunca ha dejado de estar muy presente en el imaginario colectivo de Occidente: el vampirismo.

Para delinear ese carácter de monstruosidad acaso está el personaje de Clara (y para ninguna otra cosa, en realidad). La hija sumisa, en su pasividad y estado de nerviosismo perpetuo, es una muestra frígida de la víctima irremediable de este vampiro metafórico, la mujer asexuada a la que se le ha robado la juventud y se le ha dejado seca, sin un ápice de libido y, por lo tanto, sin voz ni voto en el desarrollo de los hechos espectaculares de la película. Aunque sea por unos pocos años de diferencia, Clara ha sufrido la voracidad de su madre más tiempo que su hermana y se nota en su presencia cansada.

De este modo, Abril vuelve de las tinieblas por el segundo aire que puede robarle a la más joven, la heroína Valeria, bajo el pretexto de que ésta es demasiado inmadura, imprudente e irresponsable para hacerse cargo de su nuevo bebé. El proceso en que la madre devora a suhija (alegóricamente, desde luego, pues ya se había establecido que Las hijas de Abril es más mesurada que sus antecesoras y no tiene cabida para imágenes cruentas) y la despoja del fruto de su feminidad (¿hay un símbolo menos obvio del pulso vital que un recién nacido llorón?) pudo haberse llevado por una línea que explorara los roles de la mujer en la familia contemporánea o las adversidades rituales que forman el carácter de una joven en su paso hacia la adultez o el virus genealógico, degradante y oscuro, de la histeria reventada en esquizofrenia o megalomanía o, incluso, los juegos convencionales de un nuevo thriller nacional (y no tan chilango). Todos estos perfiles y sus posibles desenlaces tienen semillas en la primera mitad de un relato que decide, en su afán de apelar a un bajo común denominador en la audiencia, ignorarlos para optar por la inverosimilitud liviana del factor-impacto —un ejemplo de varios: el plano fijo que sostiene el abandono de un personaje, no por suspense ni por sátira como en planos similares de Yorgos Lanthimos en Kynodontas (2009) y The Lobster (2015) o en la película de Roy Andersson que prefiera el lector, sino por el puro gusto de “formar personajes” a través del shock.

La parálisis en el desarrollo de las figuras femeninas en Las hijas de Abril es también la de la imagen, situación un tanto irónica, que en su fría y muy limpia precisión europea (Yves Cape, director de fotografía que ha trabajado con artistas de alto calibre como Bruno Dumont y Leos Carax, está otra vez irreprochable técnicamente) se coloca demasiado lejos como para atravesar la superficie histérica del griterío entre Abril y Valeria, y permanece en la observación aséptica de una toxicidad que de seguro hubiera sido más expresiva con un toque de candor.

Trailer:

Ficha técnica

Dirección: Michel Franco.

Guion: Michel Franco.

Producción: Michel Franco, Lorenzo Vigas, Moisés Zonana.

Reparto: Emma Suárez, Ana Valeria Becerril, Enrique Arrizon, Hernán Mendoza, Joanna Larequi.

Fotografía: Yves Cape.

Edición: Michel Franco, Jorge Weisz.

País: México.

Año: 2017.

Desde allá, o la tragedia de los que no saben sentir

image

Por: Stephanie Valdés Govantes (@fan_nekobasu)

¿Cómo amar en la adultez cuando en nuestros primeros años carecimos de cariño? A esta reflexión nos lleva el director venezolano Lorenzo Vigas mediante una historia llena de realismo, con matices en las actuaciones y un intrigante ritmo en el montaje. De esta forma, Desde allá desemboca en un entramado de desamor, obsesión, frialdad y frustración.

Su estética plagada de bokehs (desenfoques) denota aspectos importantes de la trama y del personaje principal, Armando, quien se pierde en la densa capa de difuminados; no lo vemos definido, pero sabemos que vaga por ahí. Está desconectado del mundo, pero enfocado en el suyo.

14165-H-1

Así, el cineasta trata la obsesión de un hombre incapaz de generar sentimientos hacia otras personas. Encuentra el refugio sexual en el voyeurismo y disfruta de observar primero a jóvenes para después llevarlos a su casa ofreciéndoles dinero, como buscando el peligro al deambular por las favelas de Caracas.

Vigas no pudo utilizar a mejores actores; Armando es interpretado por el chileno Alfredo Castro, quien hace un espectacular y crudo papel; sus vaivenes enfatizan su inestabilidad emocional, no exagerando, sino con una interpretación neutra. Cuenta con algunos momentos llenos de paternalismo y otros anteponiendo el rechazo; ambivalente, con el rostro caído todo el tiempo provocando un giro que inteligentemente el director lleva hasta el desenlace. Para Luis Silva el mérito también es grande, ya que es la primera película en la que actúa. Él interpreta a Elder, un adolescente ladrón callejero que despierta en Armando una fuerte atracción. Totalmente contrario a Armando, Elder, con cierto aprecio construido en sus tres dimensiones es un personaje intenso y fuerte.

Existen varios momentos en los que ambos convergen en una latente pulsión de muerte. Son profundos y contrastantes: la pasividad y la agresividad en un mismo plano. Sin duda, generar tal tensión actoral es obra de un excelente trabajo de dirección.

Además, el ingenio del realizador encaminó un exquisito diseño de producción. Destaca la utilización de desenfoques que hacen ver a Armando como un fantasma caminando entre las coloridas calles de Caracas y las cálidas paletas de colores durante su voyeurismo.  Los colores neutros que decoran su casa, y hasta los azules dentro de su lugar de trabajo en su oficio como técnico dental, forman una parte esencial del rompecabezas de la narrativa.

La ópera prima del director fue acreedora al León de Oro en Venecia, convirtiéndose en el primer filme latinoamericano en lograr el máximo reconocimiento en este festival.

Trailer