Little Joe: humor negro que se pasa de blanco

Por: Irving Javier Martínez (@IrvingJavierMtz)

Alice (Emily Beecham) desarrolla un proyecto científico llamado “Little Joe”, una flor alterada genéticamente para producir con su aroma “felicidad” a sus propietarios. Violando las normas del laboratorio donde trabaja, Alice se lleva un ejemplar de la planta a casa. A partir de entonces, Joe (Kit Connor), el hijo adolescente, comenzará a tener un abrupto cambio de personalidad. ¿Será el aroma de la flor la razón por la que todos a su alrededor actúan diferente?

A inicios de la década, en la TV comenzaron a desarrollarse contenidos con mirada pesimista sobre los vacíos éticos de las innovaciones científicas y tecnológicas (como los experimentos genéticos, las redes sociales y la inteligencia artificial). Estos productos audiovisuales han estandarizado la estética sobre el futuro: distopías “luminosas” con una pesimista (y aleccionadora) visión del futuro digitalizado.

Lo anterior viene a colación de que un comentario común acerca de Little Joe es su parecido con el universo de Black Mirror (en especial al episodio Nosedive), lo cual es absolutamente cierto. La nueva película de Jessica Hausner tiene los lugares comunes de este tipo de series, pero excesivamente estilizados y con agujeros de trama graves que sólo sirven para alargar el thriller (si la planta es tan psicópata, ¿por qué carajos tarda tanto en deshacerse de Alice y Bella (Kerry Fox)?). La suma de varios tropiezos narrativos afecta el desarrollo del suspenso anunciado por la música a cada rato.

El largometraje es apantalla-“intelectuales”. Con dos o tres diálogos sobre ingeniería genética cubre la vasta cuota de temas científicos que debería tener (lo mismo sucede en las últimas temporadas de la serie Charlie Brooker). Ya sea con Cronenberg o Dupieux, el cuento del objeto-frankensteinizado de Hausner ya lo hemos visto en demasiadas ocasiones y con mejores formatos narrativos. La directora juguetea con el slasher y la comedia negra pero sin terminar de apropiárselos, únicamente reproduce fórmulas en beneficio de su crítica hacia la felicidad.

Si algo destacó a Amour Fou (2014) fue su caricatura ácida del “romanticismo” (con una perspectiva feminista entrelineas). En Little Joe, dejando de  lado su estridente y vacío intento por hacer “terror” experimental, la realizadora plantea una inteligente lectura sobre la imposición occidental de la felicidad como estado de bienestar. Antes de que la planta haga de las suyas, los empleados del centro científico toman cierta distancia de Bella –una científica que ya ha padecido depresión–; posteriormente, cuando todos son “infectados” de alegría, el melancólico personaje de Kerry Fox termina siendo excluido por “non grato”.

La música (con toques asiáticos) potencializa la atmósfera semi hostil que caracteriza a la realizadora, remarcado por el sofocante enclaustramiento que provocan los impolutos escenarios interiores (tan iluminados y fríos como la caja de un ratón de laboratorio). Similar al modelo de películas que cuestionaban el American Way tardío en los 90s (tipo Belleza Americana o Happiness), la hipocresía generalizada desata un rechazo inherente de todo “lo anormal”.

Como el forzado romance entre el poeta y la musa en Amour Fou, la felicidad en Little Joe es un estado emocional “artificial”. En los testimonios de los voluntarios del proyecto, una niña dice que después de oler la esencia de la planta comenzó a sentirse en una obra interpretándose a sí misma. El “letargo” producido por el olor los lleva a ser indolentes y simuladores de “parsimonia” (versión más dinámica de las premisas de Ulrich Seidl sobre los placebos emocionales).

No obstante, la trama “chistosona” de la planta infecciosa hace que el drama perturbador prometido y la crítica mordaz contra los antidepresivos jamás lleguen a un contundente término. Al tener una estructura ligera, la película no puede darse el lujo de ahondar demasiado en el drama (lo cual se agradece); en consecuencia, lo que debería ser siniestro resulta frío y sin suspenso. Little Joe es un híbrido de géneros con un ambiguo objetivo: denunciar la hipocresía de una sociedad obsesionada con la perfección.