Annette: la próxima película de Leos Carax

Por: Karla León (@klls_luu)

Tras varios años de ausencia del cine, Leos Carax ya se encuentra trabajando en la postproducción de Annette (2020), un drama musical que ha generado grandes expectativas por su rodaje tan postergado, así como por la mezcla experimental y poética que el francés imprimirá en la que será su primera película en inglés.

El proyecto, retomado en el verano de 2019 y el cual resaltó por un reparto incierto integrado por figuras como Rooney Mara -quien próximamente participará en Nightmare Alley de Guillermo Del Toro -, Michelle Williams y Rihanna, tiene como protagonistas al recién multi nominado Adam Driver y a Marion Cotillard, ganadora del Oscar a Mejor actriz por su interpretación de la legendaria cantante Edith Piaf en La vida en rosa (2007).

La historia, escrita por los miembros de la banda de rock estadounidense Sparks, Ron y Russell Mael, relata la vida de un comediante de stand-up (Adam Driver), quien intenta lidiar con la muerte de su esposa, una reconocida cantante de ópera (Marion Cotillard), así como con el misterioso y extraordinario don de su hija Annette.


A la par de la trama, los hermanos Mael se sumaron a la composición de las canciones que, aseguran, no se apegan al estilo de los musicales clásicos de Broadway. La producción musical está a cargo de Marius de Vries, quien trabajó en cintas como La La Land (2016), Amor en rojo (2001) y la tan criticada Cats (2019), además de diversos artistas entre quienes destacan Bjork, David Bowie, U2, Madonna y Massive Attack.

Por su parte, Carax, cuyo último largometraje fue la intrigante Holy Motors (2012), decidió llevar la producción a locaciones muy particulares en Los Ángeles, Alemania y Bélgica, asimismo, se rumora el posible uso de algunas marionetas de Charlesville – Mézières, localidad francesa especializada en este tipo de artesanías a donde el también director de Boy Meet Girl (1984) viajó para su creación.

Mucho se ha hablado sobre el compromiso del productor Charles Gillibert de CG Cinema para impulsar la película que, además, tiene el respaldo de Amazon Studios. De acuerdo con información de IndieWire, la estrategia de lanzamiento se determinará una vez que los ejecutivos vean el último corte, sin embargo, es un hecho que se estrenará en Estados Unidos.

Al igual que todas las cintas del director, los cinéfilos más fervientes se mantienen expectantes sobre si será -o no- proyectada en Cannes 2020, de no ser así, Annette se unirá a Mauvais Sang (1986) y se convertirán en la dupla de Leos no estrenada, hasta ahora, en uno de los festivales más importantes alrededor del mundo. Lo que es un hecho, es que Carax  se arriesga con una experiencia cinematográfica totalmente diferente y, sobre todo, desapegada de los musicales modernos. los cuales últimamente han dejado mucho que desear.

Las hijas de Abril: Los tristes desenlaces del canibalismo maternal

Por: Rodrigo Garay Ysita

 

Casi como una parodia de esa ansiedad dulce que algunas abuelitas tienen por reanimar el impulso materno en sus años presentes, menos fértiles, y poner el ala protectora renovada sobre sus nietos, la trama escandalosa de Las hijas de Abril desenvuelve los pliegues psicológicos de una madre hambrienta, recién convertida en abuela, a base de golpes de guion (y si no se escribió “madrazos de guion” fue por pudor verdadero, que ya muy lejos han llegado los abusos del humor involuntario que acompaña siempre a nuestro argot mexicano): los arranques violentos a los que su autor, Michel Franco, ya nos tiene muy acostumbrados.

La transformación de Valeria, hija menor de Abril, de embarazada prematura a defensora aguerrida de su descendencia ocurre de manera tan superficial como el martirio de Alejandra en Después de Lucía (también de Michel Franco, 2012); el protagonismo reducido a un mero dispositivo de la narración —un prop, prácticamente— para darse gusto con las fuerzas antagónicas: como la sorda recepción de abusos que el personaje en blanco de Tessa Ia soportaba para exponer la naturaleza maligna de la juventud, hasta reventar, Valeria es otra víctima predestinada a sufrir la maldad del mundo hasta el momento en que el guionista decide, quizás arbitrariamente, tirarle un gancho a los nervios de la audiencia en un par de ocasiones.

Los giros sorpresivos a los que se orilla a los personajes, menos frecuentes y de menor intensidad que en las películas anteriores del cineasta, vienen a astillar un planteamiento familiar agudo y con fundamentos enormes, casi universales. El elemento más notable entre ellos, ya se adivina, es Abril —gratamente interpretada por Emma Suárez, no hace mucho protagonista de otro telenovelón llamado Julieta (Pedro Almodóvar, 2016)—, quien, antes de convertirse en la villana de proporciones desmesuradas que usurpa a su nieta con jugadas macabras, es invocada en Puerto Vallarta como una encarnación de la sexualidad feroz de las madres primordiales, las madres mitológicas. Abril inyecta de forma inmediata un aire de vida en la casa y se conduce como una mujer controladora y abundante en varios sentidos (gran símbolo de la fertilidad con sus coloridos vestidos de flores); su fuerza sexual se va vinculando poco a poco, mientras sube el tono de su perseverancia, con otra figura literaria que nunca ha dejado de estar muy presente en el imaginario colectivo de Occidente: el vampirismo.

Para delinear ese carácter de monstruosidad acaso está el personaje de Clara (y para ninguna otra cosa, en realidad). La hija sumisa, en su pasividad y estado de nerviosismo perpetuo, es una muestra frígida de la víctima irremediable de este vampiro metafórico, la mujer asexuada a la que se le ha robado la juventud y se le ha dejado seca, sin un ápice de libido y, por lo tanto, sin voz ni voto en el desarrollo de los hechos espectaculares de la película. Aunque sea por unos pocos años de diferencia, Clara ha sufrido la voracidad de su madre más tiempo que su hermana y se nota en su presencia cansada.

De este modo, Abril vuelve de las tinieblas por el segundo aire que puede robarle a la más joven, la heroína Valeria, bajo el pretexto de que ésta es demasiado inmadura, imprudente e irresponsable para hacerse cargo de su nuevo bebé. El proceso en que la madre devora a suhija (alegóricamente, desde luego, pues ya se había establecido que Las hijas de Abril es más mesurada que sus antecesoras y no tiene cabida para imágenes cruentas) y la despoja del fruto de su feminidad (¿hay un símbolo menos obvio del pulso vital que un recién nacido llorón?) pudo haberse llevado por una línea que explorara los roles de la mujer en la familia contemporánea o las adversidades rituales que forman el carácter de una joven en su paso hacia la adultez o el virus genealógico, degradante y oscuro, de la histeria reventada en esquizofrenia o megalomanía o, incluso, los juegos convencionales de un nuevo thriller nacional (y no tan chilango). Todos estos perfiles y sus posibles desenlaces tienen semillas en la primera mitad de un relato que decide, en su afán de apelar a un bajo común denominador en la audiencia, ignorarlos para optar por la inverosimilitud liviana del factor-impacto —un ejemplo de varios: el plano fijo que sostiene el abandono de un personaje, no por suspense ni por sátira como en planos similares de Yorgos Lanthimos en Kynodontas (2009) y The Lobster (2015) o en la película de Roy Andersson que prefiera el lector, sino por el puro gusto de “formar personajes” a través del shock.

La parálisis en el desarrollo de las figuras femeninas en Las hijas de Abril es también la de la imagen, situación un tanto irónica, que en su fría y muy limpia precisión europea (Yves Cape, director de fotografía que ha trabajado con artistas de alto calibre como Bruno Dumont y Leos Carax, está otra vez irreprochable técnicamente) se coloca demasiado lejos como para atravesar la superficie histérica del griterío entre Abril y Valeria, y permanece en la observación aséptica de una toxicidad que de seguro hubiera sido más expresiva con un toque de candor.

Trailer:

Ficha técnica

Dirección: Michel Franco.

Guion: Michel Franco.

Producción: Michel Franco, Lorenzo Vigas, Moisés Zonana.

Reparto: Emma Suárez, Ana Valeria Becerril, Enrique Arrizon, Hernán Mendoza, Joanna Larequi.

Fotografía: Yves Cape.

Edición: Michel Franco, Jorge Weisz.

País: México.

Año: 2017.

Ni el cielo sabe qué…

Ni el cielo sabe que pelicula

Por: Rafael Ramírez III

Tras la separación amorosa entre Harley (Arielle Holmes) e Ilya (Caleb Landry Jones), dos supuestos vagabundos residentes en Nueva York, en Ni el cielo sabe qué… (Heaven Knows What) seguiremos durante una hora y media a Harley: su forma de ganarse la vida pidiendo dinero en las calles, robando, buscando hospedaje casi gratuito en casa de una anciana, su encuentro con otros amigos sin hogar, su relación codependiente amorosa-sexual-drogadictoria con su dealer y amigo Mike (Buddy Duress)…, en fin, el día a día del bajo mundo de la ciudad de los rascacielos.

De guion basado en una novela autobiográfica de Arielle Holmes, el primer problema de esta película radica en la trama: se carece tanto de conflicto como de hilo conductor; el que pareciera ser el “incidente incitador” – el intento de suicidio de Harley por culpa del abandono de Ilya – no tiene efecto alguno en la vida de la protagonista, ni trasciende en los sucesos siguientes. Asimismo, las apariciones del supuesto coprotagonista, Ilya, son totalmente intrascendentes.

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El filme se caracteriza por un conjunto de acciones inconexas y no logra causar el impacto, por ejemplo, que logra La vie d’Adèle (Abdellatif Kechiche, 2013), en la que se disfrutan los eventos diarios en la vida de las protagonistas, sin esperar una resolución a los problemas que poco a poco surgen.  En Heaven Knows What, además, los personajes no son empáticos para con la audiencia y la película en general termina siendo desechable.

No hay un tratamiento que se acerque a lo profundo al tema de los vagabundos neoyorkinos, tampoco al tópico de la drogadicción callejera, ni siquiera a los amores suburbanos. Aun con ello, el tráiler presume de manejar un ritmo en constante in crescendo y culminar brutalmente en un éxtasis de emociones. Al final ni una cosa ni la otra.

Son rescatables las actuaciones y habrá quienes aplaudan el hecho de que Arielle Holmes pasó de junkie a actriz, pero veremos si su trabajo frente a las cámaras se inscribe con éxito en la historia o no.

La fotografía es de calidad, pero los tonos rojiazules ya clásicos de “película independiente” se sienten totalmente hipstercomplacientes. Parece ser el recurso más viable y a la mano de muchos cineastas actuales para escudar un mal guion y una dirección prescindible; lamentablemente una considerable parte de la audiencia cae en la trampa.

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El cielo sabe que…ya fue suficiente

Fue suficiente si recordamos que en 1997 Harmony Korine nos presentó Gummo, una película que retrataba la Norteamérica real, cruda, desnuda y sin disfraces, a manos del que fuera el director mesías y líder de lo conocido como cine independiente. Gummo exhibió la otra cara de un país que gusta de presentarse con máscaras de engrandecimiento, y con ello, mostró otra forma de hacer cine, ad hoc con su discurso. Mismo caso se dió en 2015 con la llegada de Tangerine (Sean Baker), aportando una visión actualizada de la Norteamérica callejera, sucia de drogas y prostitución, pero realizada con teléfonos móviles y con no-actores transexuales reales.

Fue suficiente con Leos Carax y Les amants du Pont-Neuf (1991), en la cual vimos un hermoso relato de dos vagabundos parisinos y su relación sentimental en ese bajo mundo habitado por los “clochards”. En resumen una obra intimista, magna y única.

Fue suficiente si miramos la historia del cine y nos detenemos en el tema de las drogas abordados desde puntos de vista salvajes y desgarradores. Ya sea desde un ángulo “positivo” pro-drogas (Fear and Loathing in Las Vegas, Terry Gilliam, 1998; Crank, Neveldine-Taylor, 2006; Spring Breakers, Korine, 2012.), o desde un ángulo negativo anti-drogas (Drugstore Cowboy, Gus Van Sant, 1989; Trainspotting, Danny Boyle, 1996; Requiem For a Dream, Darren Aronofsky, 2000), o, finalmente, desde un ángulo neutral (A Scanner Darkly, Linklater, 2006; Enter The Void, Gaspar Noé, 2009).

Fuesuficiente porque en los últimos años, Cliff Martinez y Tom Holkenborg aka Junkie XL nos han brindado, en filmografías completas, soundtracks llenos de sonidos electrónicos a la EDM.

En resumen, Heaven Knows What se olvidará rápidamente. Y hoy por hoy, hacer películas dentro de dicha línea, resulta un acto innecesario. Calificación 2/5

En cartelera en:

http://www.cinetecanacional.net/

http://cinetonala.mx/

Trailer:

Ficha técnica

Dirección: Joshua Safdie y Benny Safdie.

Guion: Joshua Safdie y Ronald Bronstein, basados en la novela Mad Love in New York City de Arielle Holmes.

Producción: Oscar Boyson y Sebastian Bear McClard.

Reparto:  Arielle Holmes (Harley), Caleb Landry Jones (Ilya), Buddy Duress (Mike), Ron Braunstein Necro (Skully), Eléonore Hendricks (Erica).

Fotografía: Sean Price Williams.

Edición: Benny Safdie y Ronald Bronstein.

Música: Ariel Pink y Paul Grimstad, con música adicional de Isao Tomita, Headhunterz, Burzum y Tangerine Dream.

País:  Estados Unidos.

Año: 2014.