A 20 años del estreno de ‘Bailando en la oscuridad’ de Lars von Trier

Por: Aylin Colmenero 

Se cumplen dos décadas del estreno de Bailando en la oscuridad, producción dirigida por Lars von Trier y estelarizada por Bjork. ¿Qué hace a este largometraje tan único? La película es una total deconstrucción del musical clásico hollywoodense, la cual sigue siendo efectiva en la actualidad; a lo largo de sus 140 minutos desarma toda la estética visual de los musicales tradicionales. 

La película, estrenada en el año 2000, fue filmada con cámaras de video digitales, y luego se llevó a 35 mm. Esta técnica dio como resultado una imagen con tintes todavía representativos del Dogma 95, movimiento fílmico iniciado en 1995 por  Lars von Trier y Thomas Vinterberg,

En Bailando en la oscuridad, Lars juega con ruidos industriales y otros sonidos incidentales para crear toda una banda sonora que rompió lo que se acostumbraba en los musicales típicos de los años 90. La película crea un ambiente que lleva al espectador a empatizar con la historia, en la cual von Trier muestra cómo, cuando se va perdiendo la vista, se le comienza a dar color a los sonidos de la cotidianidad. 

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A días de su estreno, ocho de septiembre del 2000, medios como The Guardian, Rolling Stone y Empire destacaron la capacidad de Lars von Trier para crear películas que no deberían funcionar, pero que son extraordinariamente poderosas y las cuales, sin duda alguna, se convierten en un punto de partida para comenzar a replantearse características del lenguaje cinematográfico. 

Otro de los puntos más destacables de esta película es, además de la dirección de von Trier, la participación de Bjork, quien recibió el Premio del Festival de Cannes a la Mejor Actriz, no sólo por su performance como Selma, sino por la interpretación que realizó del personaje. Esto no pasó desapercibido por la crítica, quienes llegaron a afirmar que mientras Lars configuró la película desde sus 100 cámaras, Bjork lo hizo desde la mente de Selma. Si bien ambos son las claves del éxito de la película, detrás de cámaras la relación no fue del todo positiva, de acuerdo con las denuncias de Bjork en contra del director en 2017, las cuales evidenciaron la relación tensa entre ellos durante el rodaje.  

La película tiene la cualidad de seguir parámetros propios; vemos un largometraje grabado con cámara en mano, que emula un Estados Unidos de los años 60, pero que fue filmada en Suecia bajo la mirada crítica del director hacia el cine industrializado, lo cual fue una muestra más de que von Trier seguiría con lo explícito en sus discurso al momento de hacer cine. 

Bailando en la oscuridad presenta una analogía en la cual contrapone la ficción y la percepción de la realidad, y resalta cómo van coexistiendo en la mente de la protagonista quien, se ve cegada literal y figurativamente por la ilusión de salvación que los musicales traen a su vida. 

A pesar de quebrantar los esquemas de las películas propias del género musical, la película ha trascendido como uno de los mejores musicales de este siglo, según IMDB. 

La casa de Jack o del Tío Chueco danés

Lars Von Trier es reconocido en el panorama cinematográfico por sus “controversiales” películas, siempre cargadas de chocantes -en el ‘buen’ y el ‘mal’ sentido- recursos para llamar la atención. Ahí se anda echando una disputa con Gaspar Noé para determinar quién es el provocador de provocadores dentro del mainstream (que no lo es tanto).

Cuando presentó La casa de Jack en el Festival de Cannes, los reportes indicaron que “hubo muchas personas que salieron de la sala antes de que acabara la proyección” e incluso se habló de salas vacías. ¿Pues qué tanto contiene su metraje? ¿De verdad es tan duro? Alguien por ahí me dijo: “él es el tipo de director que le pagaría a las personas para que se salieran antes o compraría todos los boletos de una función para dejar la sala vacía, todo con el simple objetivo de llamar la atención”… Vaya.

A manera de una conversación entre Jack (Matt Dillon), un asesino, y Verge (Bruno Ganz), una presencia fantasmagórica-demoníaca, cuya mezcla sugiere que están en un plano no terrenal, este largometraje cuenta el viaje del criminal en su vil transformación hacia un desalmado, combinando reflexiones sobre el arte y la vida en el proceso. Ya saben, Von Trier.

La división episódica del argumento (cinco incidentes) y un epílogo que es, tal cual, el destino final de este monstruo, revela ocasiones aleatorias de los 12 años de asesinatos que este personaje ejecuta aparentemente sin mayor motivo, pero defendidos por una teoría artística y plástica que manifiesta una obsesión de trasfondo, la cual involucra la arquitectura como pretensión de vida negada y la admiración a grandes artistas, quienes virtuosos en la forma, fueron controversiales por las temáticas que tocaban y su exposición. Es decir, siendo autorreferencial, Von Trier explora su trayectoria para autodescribirse como este asesino maniaco en el cine, que no teme cruzar todos los límites para hacer su gran obra. A la par de sus asesinatos, el protagonista busca construir su casa y, trasladado a la realidad, éste sería Von Trier en la edificación de su carrera, dejando cadáveres, sangre y quesque escándalo por doquier.

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Regresando a la trama, el personaje encuentra motivación no para transformarse totalmente en maníaco, pero sí para cierto desdén por el orden establecido e insensibilidad hacia el exterior; todo expresado sádicamente en una escena donde el pequeño Lars, digo Jack, corta la pata de un pato bebé. Este planteamiento de un acontecimiento ocurrido en la infancia como determinante del futuro, es una clara marca del cine psicologista común en la trayectoria de este director.

Ahora que contamos con una justificación narrativa para la violencia posterior, debo decir que su forma escandalosa es solamente eso: un grito con altavoz para hacer una película moderna sobre un desquiciado. Sí, hay una exploración somera a lo que sería un motivo interno para los siguientes atropellos, pero queda demasiado superficial para la cantidad de crueldad que, además, vuelve a centrarse en la declaración semiterapéutica del autor que notoriamente buscaba sacar todo lo que traía dentro, tanto ‘bueno’ como ‘malo’. El gore, decreciente en calidad plástica conforme avanza el filme, confirma la idea de que todo es más por llamar la atención, pues la explicitud cada vez más grande es por incidente y sin mayor justificación que el pasar del tiempo y la profesionalización del demente; no hay otra razón para mostrar tal brutalidad más que el hecho de ser una película de Lars Von Trier.

La casa de Jack es una amplia autoexploración egomaniaca al pasado del cineasta danés, quien aprovecha para alzarse un poco el cuello y responder a ciertas críticas de “misógino” o “sádico” que el tiempo le ha dado. Posiblemente esta sea una visión personal de lo que es una obra culminante, pues la casa que el personaje tanto anhela es la realización personal que el propio realizador persigue. Sí, cierta habilidad técnica y narrativa, pero también una sensación de vacuidad. Hit the road, Lars.

Mauricio Hernández

(R) egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Colaborador en la Revista Encuadres. 

65 Muestra Internacional de la Cineteca Nacional

Desde la polémica ficción La casa de Jack (2018) de Lars von Trier, hasta documentales que presentan el legado de directores clásicos como Ingmar Bergman, la 65 Muestra Internacional de la Cineteca Nacional ofrece la oportunidad de revisar las más actuales y destacadas propuestas del cine de 20 países.

Después de su paso por diversos festivales internacionales, como Cannes, Berlín, Venecia, Toronto, Locarno, San Sebastián, entre otros, los 14 títulos que integran la 65 Muestra se exhibirán del 16 de noviembre al 3 de diciembre.

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Nuevamente en esta edición el público tendrá la oportunidad de ver el trabajo de Nuri Bilge Ceylan, Jean-Luc Godard, Pawel Pawlikowski, Jafar Panahi, Hirokazu Kore-eda y Lars von Trier. A estos ya conocidos cineastas se suman nombres emergentes como Marcelo Martinessi, quien en con su primer largometraje, Las herederas, obtuvo diversos premios en Berlín. La película, que forma parte de esta programación, muestra el temor y el deseo de una mujer que renace frente a las rígidas normas y las desigualdades sociales que coexisten en Paraguay.

También destaca Andrea Pallaoro con Hannah (2017), un retrato íntimo sobre la pérdida de identidad de una mujer que oscila entre la negación y la realidad; anteriormente con su ópera prima Medeas (2013), el italiano destacó por su gran trabajo visual y narrativo, que traslada al espectador a un estremecedor viaje introspectivo.

Una de las sorpresas es la más reciente entrega del director de Malcolm X (1992) y Oldboy (2013), Spike Lee, quien vuelve con El Infiltrado del KKKlan (2018) basada en una historia real que resulta un examen a la realidad de las relaciones raciales en Estados Unidos. La película recibió el Gran Premio del Jurado en el más reciente Festival de Cannes.

Del 23 de noviembre al 15 de diciembre, la programación iniciará su recorrido por otras salas de la Ciudad de México, entre ellas Le cinéma IFAL, La casa del cine y Cinemex.

Aquí la lista completa:

  1. La casa de Jack (The house that Jack built, 2018) Lars von Trier
  2. Las herederas (2017) Marcelo Martinessi
  3. En territorio amigable (Sweet country, 2017) Warwick Thornton
  4. Pájaros de verano (2018) Cristina Gallego, Ciro Guerra
  5. Un asunto de familia (Manbiki kazoku, 2018) Hirokazu Kore-eda
  6. El Infiltrado del KKKlan (Blackkklansman, 2018) Spike Lee
  7. Buscando a Ingmar Bergman (Ingmar Bergman- Vermächtnis eines Jahrhundertgenies, 2018) Margarethe von Trotta, Felix Moeller
  8. Tres rostros (Se rokh, 2018) Jafar Panahi
  9. Los ángeles visten de blanco (Jia Nian Hua, 2017) Vivian Qu
  10. Alanis (2017) Anahí Berneri
  11. Hannah (2017) Andrea Pallaoro
  12. Guerra fría (Cold War, 2018) Pawel Pawlikowski
  13. El libro de imágenes (Le livre d’image, 2018) Jean-Luc Godard
  14. El peral silvestre (Ahlat Agaci, 2018) Nuri Bilge Ceylan