La momia meets misión imposible

 

 

Libera a los que marchan a la muerte;

salva a los que están por ser ejecutados.

Proverbio egipcio.

 

Los reboots están de moda, eso lo sabemos todos, pero qué mejor manera de llenar las taquillas que con una de las películas más reproducidas (recuerdo) durante los fines de semana en televisión nacional.

Un remake de La momia (1932) se estrenaba a finales de los noventa; su éxito fue inminente en las salas, recaudando cientos de millones de dólares alrededor del mundo, sin embargo la crítica la rechazó. Pero como los billetes valen más que la opinión de los expertos, comenzó así la franquicia que hasta el día de hoy sigue en el negocio.

Aventura, expediciones, dos historias cursis paralelas y egipcios regresando del más allá, son los ingredientes predominantes en estas realizaciones; fórmula efectiva para atraer a público joven y adulto, pero repetitiva en cada nueva entrega.

Definitivamente la crisis creativa no es un hecho aislado ni particular del filme en cuestión, pero sí una constante en el cine de nuestros días.

Esta vez se trata de una resurrección más, con los mismos conflictos y personajes interpretados sólo por actores diferentes, mostrando las mismas motivaciones y habilidades y los mismos villanos (o sea algo así como: es lo mismo pero no es igual) ¿será que a los escritores ya se les acabaron las ideas?

La momia pelicula 2017

La momia se aferra a aquellas historias recicladas para trasladarlas al aquí y ahora. La mezcla entre Indiana jones y misión imposible no funciona ni convence.

La trama parte de un robo de antigüedades frustrado que encabeza Nick Morton (Tom Cruise) que lo lleva a descubrir una tumba egipcia llena de tesoros y maldiciones. La princesa Ahmanet fue enterrada en aquel lugar maldito, Morton, en un arranque instintivo y poco racional libera la tumba de la princesa egipcia y firma así su sentencia.

Perseguido por la mujer que ha traído de la muerte, experimenta situaciones inverosímiles que pecan de exageradas y que al espectador le parecerán absurdas. No las cree ni el más ingenuo.

Eso sí, cuando a la historia le conviene, muestran a un Nick un mortal, pero cuando no, es el todopoderoso que salva el día (algo así bien incongruente).

Jenny Halsel (Annabelle Wallis) es una antropóloga que ha dedicado su vida al estudio de la cultura egipcia y que trabaja para el mismísimo Dr. Jekyll (Russell Crowe) personaje algo ine

sperado pero que seguramente tomará relevancia en películas venideras. La investigadora sexy es el personaje pivote para la curva dramática de Morton y por supuesto su principal motivación.

Ahmanet (Sofia Boutella), la momia resucitada (y sexy también), es quien se ha llevado los reflectores y muchos ojos ya le han puesto encima. Es la villana de la historia que enferma de ira y venganza, clama traer a Seth, dios de la muerte, al mundo de los vivos con el propósito de gobernar e impregnar a la humanidad de maldad. El elegido para tal enmienda es Nick por liberarla de su tumba; y Ahmanet no descansará hasta cumplir su misión.

Zombies, tormentas de arena y aviones estrellándose forman parte de este nuevo comienzo en “Dark Universe” el nuevo universo cinematográfico de dioses y monstruos.

La cinta es en general entretenida, sus aciertos son la fotografía, que optó por  las sombras duras y una escala cromática dirigida hacia los azules, a pesar de los cálidos del desierto. Pero no podemos decir que el cast es un punto a favor de esta realización pues no hay nada rescatable. Un Tom Cruise sin chiste como el que siempre vemos en las películas de acción, Annabelle Wallis nada memorable y Sofía Boutella con una actuación no brillante pero sí por encima de los demás protagonistas.

Por los efectos especiales, no hay muchos inconvenientes, sabemos que están ahí pero fueron acertadamente disfrazados con la fotografía. En general, es entretenida y buena opción para pasar el rato.

Fan Valdés

Pedagoga de formación pero cineasta por convicción, artista plástica en el tiempo libre.

 

Pasajeros: El camino bifurcado

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Por: Rodrigo Garay Ysita

Por culpa del producto hollywoodense más bipolar de este año (y no por el responsable de escribir estas líneas), el lector se encuentra ante el camino bifurcado. Un sendero a su izquierda y otro a su derecha, o uno por delante y otro por detrás, o uno en el párrafo de arriba y otro en el párrafo de abajo —las cuestiones de espacio establecidas por un texto en internet son más bien caprichosas y ya sabrá usted acomodarse ante las dos opciones que estoy por presentarle. Como el héroe, armado de valor y sabiduría, escoja el camino que prefiera tomar, o, para dejar el juego más claro, la película que preferiría ver:

sz2vph41. Una travesía intergaláctica, luminosa y energética que, a pasos discretos, se acerca al terror psicológico. Estelarizada por las dos caras bonitas del momento, Chris Pratt y Jennifer Lawrence, aprovecha la apariencia inocente y optimista de ambos para enganchar a su público devorador de palomitas, pero no desperdicia los defectos implícitos en esas personalidades tan engolosinadoras: Pratt, como el niño en cuerpo de adulto que representa en todos sus papeles, es peligrosamente irresponsable e inseguro, y cuando no soporta más la soledad en la opulenta nave espacial Avalon —pues su cápsula de hibernación, por un error técnico fatal, lo despertó 90 años antes de llegar a su planeta de destino y ahora es el único tripulante despierto, sin manera de volver al congelamiento y sabiendo perfectamente que pasará el resto de sus días en el espacio—, cede ante los impulsos más románticos y egoístas de su corazón desesperado y comete la atrocidad de sabotear otra cápsula (que funcionaba de maravilla) para despertar a una tripulante voluptuosa y forzarla, prácticamente, a compartir su vida condenada al encierro; Lawrence, a su vez, no sólo presume su joven cuerpo en trajes de baño diminutos, sino que se enamora del hombre que selló su destino (y que no tuvo la decencia de confesárselo) como se enamoran las mujeres más fuertes y solitarias, es decir, con una bola de fuego en las entrañas lista para explotar sobre el amante traicionero con histérica e incontrolable violencia. Su agresividad potencial es la espada de Damocles que pende sobre el protagonista, ahora desolado por la perdición de su alma, que cambió por una vida con la chica de sus sueños.

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El vacío del espacio sideral es el ambiente óptimo, como lo ha sido en las mejores cintas de ciencia ficción, para orillar a una persona al borde de sus angustias latentes y enfrentarla contra el horror de la existencia. El confinamiento extraterrestre está engalanado, además, no con el humor hueco de The Martian (Ridley Scott, 2015), sino con el dinamismo visual y la simpatía de Moon (Duncan Jones, 2009) que, no obstante la ligereza de sus personajes, llevó el delirio de la clonación, el engaño y el distanciamiento hasta el final. Lo que inicia como un misterio aventurero, puede terminar como una oscura tragedia que castiga los vicios del protagonista o como una oscura comedia que lo ayuda a corregir sus errores después de hacerlo pasar un infierno (en cualquier caso, se cumpliría satisfactoriamente un arco dramático).

2.

Una carrera contra el reloj para salvar a 5 mil cristianos de UNA EXPLOSIÓN INMINENTE. La nave espacial Avalon está en peligro y la raza humana depende de la bravura de Chris Pratt, siempre fuerte y carismático, dispuesto a sacrificarse gracias a su heroísmo innegable y a la terrible culpa que siente por haber despertado a Jennifer Lawrence, siempre soberbia y melodramática, dispuesta a olvidarse de que el hombre al que ama la asesinó virtualmente. Los terrores pasados no importan porque existe el amor invencible, que dota de fuerza sobrehumana a los pulmones de la heroína para no morir ahogada en una piscina en 0-G, a los músculos (y la piel) del salvador para no morir carbonizado por un torrente de llamas y a las sonrisas de los espectadores cínicos para no morir de risa cada vez que Laurence Fishburne sale a cuadro.

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La tensión en esta historia de acción trepidante está marcada y remarcada por el score ensordecedor de Thomas Newman, que indica claramente cuando una escena debe sentirse cómica (como en sus composiciones juguetonas en las dos películas de Finding Nemo), emotiva (como en Wall-E o Scent of a Woman) o intensa (como en sus trabajos para las últimas entregas de James Bond). La ilustración, efectiva, corre a cargo del cinefotógrafo mexicano Rodrigo Prieto, que, a pesar de ser ligeramente rebasado por el espectáculo de efectos visuales, sigue demostrando el talento que ya está inmortalizado en The Wolf of Wall Street y en sus colaboraciones con Alejandro González Iñárritu.

***

Aquél que haya favorecido alguna de las dos visiones podría decepcionarse al encontrar que Pasajeros (Passengers, 2016) intenta ser ambas películas, pero no completa ninguna; plantea, de forma sorpresiva para su industria, la primera opción y la remata cobardemente con la segunda. Como respondiendo a una demanda de un productor nervioso que teme por la seguridad de sus cheques gigantes, el director Morten Tyldum abandona el conflicto moral/criminal de la pareja en la última media hora y lo reemplaza con la resolución bombástica que le asegure más clientes y ganancias en taquilla.

Según los productores, el público no va al cine para angustiarse con dilemas éticos imaginarios. Según el público, no sé. El lector sabe si tienen razón.

Trailer:

Ficha técnica

Dirección: Morten Tyldum.

Guion: Jon Spaihts.

Producción: Stephen Hamel, Michael Maher, Ori Marmur, Neal H. Moritz.

Reparto: Chris Pratt, Jennifer Lawrence, Michael Sheen, Laurence Fishburne, Andy Garcia, Vince Foster.

Dirección de fotografía: Rodrigo Prieto.

Edición: Maryann Brandon.

Música: Thomas Newman.

País: Estados Unidos.

Año: 2016.