El cine de Issa López: desde la comedia hasta el terror

Por: Angélica Mejía (@lilithchance)

En 2017, una película nacional conmovió como pocas veces: Vuelven. Con el tiempo, internacionalmente se ha ido reconociendo su valor; figuras como Stephen King y Guillermo del Toro hicieron comentarios positivos sobre ella. “Es una película excelente, dura y conmovedora. En dos minutos ya estaba bajo su hechizo”, expresó en Twitter el maestro del terror. Su directora, Issa López, no era novata en el cine, aunque sí se trataba de su primera producción de terror después de dedicarse a las comedias.

Issa Laura López tuvo un breve pasado como estudiante de arqueología antes de dedicarse al guionismo, cuyo primer destacado crédito lo tuvo en la telenovela Laberintos de pasión (1999). Su debut como guionista en largometrajes fue con Ladies night (2003), y a partir de ahí trabajó escribiendo otras 10 películas, entre las que se encuentran: Niñas mal (2007), Amor a primera visa (2013) y 600 millas (2015), la cual obtuvo una nominación al premio Ariel por Mejor Guion.

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Nació y creció en la Ciudad de México, perdió a su mamá cuando era muy joven, lo cual contribuyó a que tuviera, como ella los llama, demonios internos que han ido apareciendo a lo largo de sus películas, en especial en las que dirige. 

Su ópera prima como directora es Efectos secundarios (2006), en la que se narra la historia de cuatro ex compañeros de preparatoria (Marina, Mimí, Adán e Ignacio) quienes se reencuentran en una reunión. Marina, la protagonista (interpretada por Marina de Tavira), se halla estancada desde la fiesta de graduación porque piensa que Ignacio (Pedro Izquierdo) está enamorado de ella, pues evitó que se ahogara en una piscina. Adán es alcohólico, y Mimí tiene resentimiento porque durante la misma fiesta se rompió una pierna por culpa de Adán y arruinó su carrera de actriz. Poco a poco se presentan los aconteceres de la fiesta de graduación y cómo sus protagonistas han construido su vida alrededor de ellos, creando una crisis de “mediana edad”.

Efectos secundarios se apoya en un humor negro sin caer en lo ofensivo; además, ofrece una propuesta interesante del amor, casi absurda pero que combina perfecto con las circunstancias irreverentes que viven los protagonistas, quienes, aunque ya tienen más de 30 años, siguen comportándose como adolescentes. En comparación con sus siguientes producciones, esta sí se ve como un primer trabajo comercial, aunque no deja de valer la pena repasarla. 

En el 2008 dirigió Casi divas, producción en la cual se evidencia la preocupación de Issa por mostrar la violencia y discriminación en México. Cuatro mujeres entran a una competencia para interpretar a la próxima María Enamorada, famoso personaje de telenovelas. Conocemos a Francisca (Maya Zapata), una joven oaxaqueña que vive en una zona rural; Ximena (Ana Layevzka), originaria de Guadalajara e hija de un banquero; Yesenia (Daniela Schmidt), hija mayor de una familia de seis; y Catalina (Diana García), de Ciudad Juárez y quien ha sido testigo de la violencia de género y feminicidios de la zona. 

No sólo se ve una burla a las producciones televisivas de las que Issa ya había sido parte, también una severa crítica a las exigencias de éstas a partir de Ximena, quien lleva cuatro cirugías plásticas y ha sido internada dos veces a raíz de un evidente trastorno alimenticio, o Eva (Patricia Llaca), la María Enamorada original que está obsesionada con su edad. También, tal señalamiento se manifiesta en el hecho de que los productores le piden “favores” a las actrices emergentes. 

El racismo que sufre Francisca por su color de piel y su estado de origen es otra vertiente de la película, así como la transexualidad de Yesenia y, por supuesto, la situación tan compleja de Ciudad Juárez, que es la principal razón por la cual Catalina se va de ahí. Casi divas es una representación de sororidad y sensibilidad ante la opresión y discriminación; prueba de cómo Issa López puede aprovechar cualquier género para abordar temas serios.

Años más tarde, Issa siguió su propio corazón geek y se alejó temporalmente de la comedia para incursionar en el terror con Vuelven (2017), cuyo título en inglés es Tigers are not afraid. Se trata de un cuento de hadas terrorífico y conmovedor que sigue la historia de Estrella, una niña de 10 años que vive al norte del país en una zona altamente afectada por la delincuencia. Su mamá desaparece, lo cual la obliga a integrarse a un grupo de otros niños, quienes, al igual que ella, han quedado solos: Shine, Tucsi, Pop y Caco. Por otro lado, un grupo de narcotraficantes (el mismo que se llevó a la mamá de Estrella) está detrás de Shine, pues él les robó un celular. 

Esta versión de niños perdidos de Peter Pan tiene su propio villano: el crimen organizado y la corrupción de las autoridades. Los fantasmas y entes que aterrorizan a Estrella son sólo un agregado a un horror más grande: la violencia del país está dejando niños solos, a su suerte. Los tres deseos que le son otorgados al inicio de la película son, probablemente, su esperanza de vivir en un sitio mejor para ella y su mamá. 

Cada detalle de Vuelven revela un aspecto de la descomposición social de México; apenas han pasado unos minutos de la película cuando hay un tiroteo en la escuela de Estrella. La película es también una representación de la infancia que debe oscilar entre la cruda realidad y la inocencia imaginativa que no evita que los niños jueguen en una casa abandonada, aunque un cártel los esté persiguiendo. 

Un aspecto relevante es el elenco, conformado casi en su totalidad por niños. Issa contó con la asesoría de Fátima Toledo, coach actoral que había participado en Ciudad de Dios (Fernando Meirelles, Kátia Lund, 2002). Juan Ramón López, quien interpretó a Shine, hizo un excelente trabajo y fue ganador del premio Ariel a revelación masculina. También cuenta con la participación de Tenoch Huerta, quien ya había trabajado con la directora en Casi divas

Para su último trabajo, Issa López regresó a la comedia, esta vez con ciertos tintes de acción: Todo mal (2018), donde seguimos la historia de tres primos con personalidades distintas. Uno de ellos, Fernando, se va a casar el mismo día que recibirá el penacho de Moctezuma (como un préstamo de Austria). La novia (Viviana) lo deja plantado, por lo que él, despechado, roba el penacho. El resto es la aventura de los dos primos, Matías y Dante, quienes tratarán de regresarlo. 

Todo mal no es una comedia romántica en su totalidad, pero sí logra retratar las consecuencias de un amor poco sincero, así como de una infancia descuidada que deviene en problemas que sólo podrían resolverse en terapia. 

La carrera de Issa López demuestra que tiene la capacidad de hacer reír a la audiencia, pero también la distingue la versatilidad y el talento para, entre líneas, tocar temas serios y realistas, sea con comedia o terror. Todo apunta a que su próximo proyecto será con el terror, de la mano de la casa productora Blumhouse, basado en el reportaje ‘The Haunting of Girlstown’ de Daniel Hernández. 

Comedias románticas mexicanas | Top 5

Hablar de los géneros a través de la historia del cine es una discusión bastante amplia, pero si nos acotamos al cine mexicano, notamos que es una industria siempre imposibilitada de terminar su construcción. Ya sea por falta de apoyo gubernamental, la mala operación de las cabezas a cargo de su crecimiento o un convenio económico que amarra a las cintas nacionales en favor de las majors extranjeras -principalmente estadounidenses-, el cine nacional ha tenido que recurrir a diferentes estrategias de realización para no desvanecerse ante los blockbusters del Tío Sam. Una de esas es reducir su producción a géneros probados ante el público, en un caso totalmente atípico y fortuito: la comedia/comedia romántica y Nosotros los Nobles (Gary Alazraki, 2014), película con la que empezó esta ola del tres o cuatro veces “nuevo” cine mexicano.

Así como sucediera en los años 40-50 con el melodrama ranchero, actualmente el cine mexicano dedica buena parte de su producción a la comedia romántica, un formato trasladado desde el contenido televisivo, muy similar a los argumentos de las telenovelas (¡orgullo nacional!), y con cierta legitimación del público fiel a las salas del duopolio de exhibición. Sin embargo, este apoyo que recibe de las productoras no se ve justificado en pantalla.

Sobra decir que este género no ha entregado ninguna obra mayor como sí sucedió con el melodrama ranchero -ejemplos sobran- y quizás ni siquiera algo cercanamente similar. De hecho, los primeros exponentes de la comedia romántica exhibían terribles carencias formales y ni qué decir de las narrativas. Digo, no es como que la situación haya cambiado abismalmente, pero el canon ha ido refinándose para entregar filmes más cercanos a la virtud. Aquí dejo, sin orden particular, algunas comedias románticas mexicanas que merecen reconocimiento:

Todos queremos a alguien (Catalina Aguilar Mastretta, 2017)

A mi parecer, la mejor de su rama en 2017 y uno de los más sólidos exponentes recientes. La película gira alrededor de Clara Barrón (Karla Souza), quien es una exitosa ginecóloga cuyas consultas suelen contener consejos sobre el corazón, mismos que no puede aplicar en su vida. Para una boda, ella le pide a un compañero de trabajo hacerse pasar por su novio para evitar el escrutinio de las tías, pero se encuentra con su exnovio estrella y querido por su familia (José María Yazpik).

Desde aquí, la trama elabora el conflicto amoroso entre los sentimientos encontrados por su colega y el viejo cariño. Una trama para nada compleja, pero logra crear con provecho la farsa del desarrollo esquemático y aún gracioso, incluso con ciertas notas altas en realización.

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Todo mal (Issa López, 2018) 

No, no es una película autorreferencial. Sí, esa Issa López que merecía el Ariel a Mejor Dirección por Vuelven (2017), dirige con solvencia a Osvaldo Benavides, Martín Altomaro y Alfonso Dosal en una historia que involucra el penacho de Moctezuma, un hombre destrozado y enloquecido por haber sido plantado en el altar y una comedia con muchas licencias creativas para, de nuevo, aprovechar su farsa y crear un desarrollo ameno y eficaz.

Me estás matando, Susana (Roberto Sneider, 2016)

Basada en la novela Ciudades desiertas de José Agustín, este filme recrea la odisea de Eligio por recuperar a Susana, el amor de su vida que un día desaparece sin más. Una breve pero congruente exploración a la idiosincrasia machista mezclada con una grata comedia que deja muchas postales con franca chispa y frases memorables que no adelantaré. Valor agregado (supongo), es protagonizada por Gael García Bernal, el muchacho de oro del cine nacional.

La boda de Valentina (Marco Polo Constandse, 2018)

En otra patraña bien construida y sostenida, la película cuenta sobre Valentina (Marimar Vega), una mujer plena cuyo mundo se ve aturdido por la propuesta de matrimonio de su novio (Ryan Carnes). Ella teme mostrar su linaje, pues su familia es una de las más poderosas en la rama política mexicana, común a los escándalos por corruptelas. Además, se encuentra con Ángel (Omar Chaparro con decencia), su expareja, quien hará dudar a Valentina de su compromiso.

Aparte de la gracia ya mencionada, la cinta hace una pintoresco resumen sobre las virtudes y lo absurdo de la mexicaneidad como las máquinas de toques en los bares, donde -literalmente- grupos de gente pagan por sufrir una descarga eléctrica, costumbre adjetivada en una de las mejores escenas que ha visto este género.

No sé si cortarme las venas o dejármelas largas (Manolo Caro, 2013) 

Por supuesto que Manolo Caro debía aparecer en esta lista, pues a pesar de las exageradas comparaciones que se le hacen con cierto realizador español, Caro ha sabido sacar provecho del nicho de la comedia romántica, desconociendo el fracaso -hasta ahora- en cuanto a aceptación popular. Con matices de dramedy, esta película relata los vaivenes en las relaciones entre vecinos de un conjunto departamental tras la llegada de Félix, un nuevo inquilino que agitará todo. Con un fluido manejo de actores -la principal virtud del director-, este filme consigue recrear un atrayente desarrollo con decentes picos dramáticos y un humor astuto.

Comprendo el recelo -muchas veces justificado- que hay contra este género, actual estandarte de la producción nacional del espectro “comercial” (por llamarlo de alguna manera). Al respecto, me permito referir a Fernanda Solórzano en su comentario sobre la película Belzebuth. En este fragmento, ella habla sobre el género de terror, pero considero que también aquí.

“Hay razones que justifican el escepticismo del público mexicano hacia el cine mexicano, pero también hay un punto en el que esa desconfianza se puede convertir en prejuicio. Creo que ese es el punto, por ejemplo, en el que si a uno le gusta una película, de inmediato desconfía si ese gusto es legítimo. Yo me pregunto, ¿por qué le damos tanto beneficio de la duda a tantas películas de terror que llegan a México y que no tuvieron tanta resonancia en su países. (…) La pregunta aquí es: ¿por qué les damos el beneficio de la duda? Porque no interfiere el prejuicio”.

Dar oportunidades, le dicen.

Mauricio Hernández

(R) egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Colaborador en la Revista Encuadres.