La lista de Schindler: quien salva una vida, salva al mundo entero

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Por: Leslie Valle

Septiembre de 1939: el Partido Nacionalsocialista invade Polonia. Judíos son asesinados a diestra y siniestra. Los sobrevivientes son internados en guetos o enviados a los campos de concentración donde realizan trabajos forzados.

En tal situación el empresario alemán Oskar Schindler (Liam Neeson) ve la ocasión perfecta para cumplir su sueño: prosperar económicamente; por ello se inmiscuye en las fiestas y asuntos del Partido Nazi —del cual es miembro—. Esto le permite crear una fábrica de artículos para cocina;  todo con la ayuda de un contable judío Itzhak Stern (Ben Kingsley), quien se convierte en el verdadero encargado del negocio. ¿La mano de obra? Ningún problema: toda proveniente de judíos polacos del gueto de Cracovia, la cual era la forma más barata y sencilla de conseguir trabajadores. De algo debían servir los contactos en las SS, ¿no?

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Poco a poco, lo que comienza como la oportunidad lucrativa perfecta, se transforma en todo lo contrario, ya que el corazón de Schindler se conmueve y no le importa quedarse en la ruina y arriesgar su futuro con tal de salvar alrededor de mil 100 judíos de manos del despiadado Amon Goeth (Ralph Fiennes) de ser enviados a Auschwitz —donde les esperaba un destino terrible—.

Basada en hechos reales, La lista de Schindler (Steven Spielberg, 1993) destaca de entre todas las de su tipo. Y es que, en un mundo plagado de películas sobre el Holocausto y la Segunda Guerra Mundial, ¿qué tiene ésta que la hace tan especial? Sencillo, la pulcritud con que se llevó a cabo: es una obra donde, en más de tres horas, nada sobra ni está de más (no por nada la Academia la honró con siete premios).

Dentro de los elementos más destacables de la cinta se encuentran el sonido y la fotografía:

La banda sonora (a cargo de John Williams) traslada y conmueve. No se trata ya sólo de las imágenes en pantalla, la música desgarra por sí misma y toma el lugar de un profundo lamento, materializando el dolor, hiriendo profundamente.

Por su parte, la fotografía (bajo la dirección de Janusz Kaminski) con los diversos planos utilizados, permite observar la situación tanto desde afuera como desde adentro, la diferencia en las tomas muestra cómo vivían pero también cómo se sentían todos los implicados. Además la utilización del blanco y negro, junto con los títulos indicando fechas y ubicaciones dan la impresión de que, por momentos, se trata de un verdadero documental.

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En este apartado destaca la utilización del color, y es que aunque la película está completamente rodada en blanco y negro existe un elemento a color en la escena del desalojo del gueto de Cracovia: una niña pequeña vestida con un abrigo rojo se pasea entre la furia de los miembros de las SS y los montones de muertos y judíos asustados; de esta forma, junto al personaje principal, el espectador se conmueve y la realidad le golpea la cara y sacude la conciencia. No podemos hacer otra cosa: quedamos prendados a ese abrigo que, posteriormente, se reconoce entre una montaña de cadáveres. Ese tinte rojo se convierte en el parteaguas de la historia, es lo que marca el antes y el después del proceder de Oskar Schindler: muestra que aun en las peores situaciones se esconden vestigios de humanidad.

El filme cierra con broche de oro: con un epílogo que muestra cómo Schindler y su lista con los nombres de 1100 judíos permitieron la vida de muchísimas generaciones; enfatizando que “quien salva una vida, salva al mundo entero”.

Trailer:

Ficha técnica

Dirección: Steven Spielberg.

Guión: Steven Zaillian.

Reparto: Liam Neeson, Ben Kingsley, Ralph Fiennes, Caroline Goodall, Jonathan Sagall,        Embeth Davidtz.

Música: John Williams.

Fotografía: Janusz Kaminski.

Año: 1993.

 

Paraíso en Auschwitz, ¿un documental más del Holocausto?

Paraíso en Auschwitz (2016) presenta una historia contada por un puñado de sobrevivientes pertenecientes a los “Niños de Terezín”, una población en la actual República Checa de la que fueron deportados gran cantidad de judíos al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. El productor y realizador judío Aarón Cohen realiza este documental en colaboración con Sabina Berman como guionista, ganadora cuatro veces del premio nacional de Dramaturgia del INBA, y su esposa Esther Cohen como productora.

Los realizadores buscan renovar el tema tomándolo desde otra perspectiva: la supervivencia  de los niños de Terezín, y Fredy Hirsch, quien protegió a los infantes del campo acondicionando su sección de barraca en un lugar apaciblemente diferente al resto. Su relato se desconoce ya que después de haber muerto, al finalizar la guerra Checoslovaquia se convirtió en una república comunista, y conociéndose la homosexualidad de Hirsch, se le tomó como una figura aberrante y colaboracionista de los nazis. Por su parte, los más pequeños que dibujaban dentro de las barracas del campo de concentración actualmente son artistas en diferentes países.

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Aunque han transcurrido 75 años desde el Holocausto, y pueda considerarse un contexto que ya no es vigente, se logra el objetivo: contar una historia conmovedora dentro del campo de concentración polaco.

Lo malo

El relato se pierde ya que el contexto del documental te hace pensar que se centra en las experiencias de un testimonio, el cual es Bedrich Steiner (porque así lo anuncia en el titulo), para después aclarar que se trata de una serie de testimonios que se refieren a otro personaje, quien es trascendente para la historia. Entonces Bedrich Steiner actúa como una especie de McGuffin, ya que adquiere un protagonismo (fue compañero y conocido de los Cohen)  pero su participación no llega a ser sobresaliente como para considerarlo un eje del relato, y al fin termina siendo  uno más de los entrevistados.

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Lo bueno

Es un acierto retomar el tema del holocausto desde la perspectiva del paraíso en el infierno, debido a que genera un contraste interesante. Hay una escena que cumple con el ambiente de la época, y pretende recrear la atmósfera de lo que era un campo de concentración. Por otra parte los dibujos son un apoyo argumental importante, ya que son diseños originales recuperados de los niños de Tezerín durante su estancia en Auschwitz.

Paraíso en Auschwitz trata de redimir la imagen de un personaje muerto hace más de 70 años. Hablar del olvido de un personaje por ser homosexual también puede ser importante. Finalmente la historia se renueva generando sustancialmente una idea que no se tenía de los campos de concentración y de un contexto gastado pero alterno, que en unos años,  se dejaran de contar de primera mano.

Para concluir, uno entiende que la comunidad judía quiera renovar el testimonio de su llamado Segundo Éxodo, convirtiéndolo en un tema de reflexión por siempre,  tomando la intolerancia y el racismo como temas vigentes,  no obstante incluir testimonios sin dirección y porque sí, puede derivar en un problema de síntesis.

Hay elementos ajustician directamente al documental de Áaron y Esther Cohen en el discurso, hay razones suficientes para considerarlo relevante al mostrar una faceta diferente de esa historia, pero lamentablemente se queda en un documental más del holocausto.

Luis Zenil Castro 

Productor audiovisual y dibujante.