Un monstruo viene a verme, de la fantasía a la realidad

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“Supo que llegaría, y pronto, quizá incluso a las 00:07. El momento en que ella se escurriría de sus manos, por mucho que él la sujetara con todas sus fuerza”

-Patrick Ness-

El poder del inconsciente se alimenta de nuestros peores miedos, así, nos traiciona y nos pone en aprietos en el lugar donde más débiles nos encontramos: los sueños. Para un niño de 12 años, quien tiene que enfrentar batallas que no le corresponden, su imaginación es una herramienta y una poderosa vía de conexión de lo real con lo irreal, y se convierte en la única posibilidad de escapar del mundo que lo tortura, pero también deviene en una pesadilla.

Sus miedos cobran vida y lo orillan a ver la realidad, una verdad oscura y de poco entender para un menor al que las circunstancias han obligado a madurar. Basada en el libro de Patrick Ness, quien también escribió el guion, Un monstruo viene a verme es una película llena de ilusión pero de melancolía a la vez.

Fotograma de Un monstruo viene a verme de J A Bayona

Conor O’Malley (Lewis MacDougall) tiene que luchar con la separación de sus padres, y lidiar con la enfermedad mortal de su madre (Felicity Jones), además, su abuela (Sigourney Weaver) no es precisamente la persona en la que Conor confía, su relación es distante y hostil.

O’malley se encuentra en un choque entre la transición de  su infancia a la adolescencia, en donde su madurez se acelera debido a los problemas externos que lo rodean. Crea así desde su inconsciente a un monstruo un tanto particular: un enorme hombre árbol que lo visita siempre a la misma hora. La misión del personaje aparece cuando el gigante le advierte: contará tres historias y la cuarta será contada por Conor; el pequeño no termina de entender de dónde es que viene el enorme ser y con qué finalidad le cuenta las historias, enojado y preocupado por su entorno, rechaza al monstruo, pero este se niega a aceptar su indiferencia.

Mientras su mamá empeora, Conor enfrenta el abandono de su padre y su mundo cambia de un momento a otro; el ser fantástico le ayudará a descubrir las respuestas que no lograba hallar.

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Este película arrasó en los premios Goya el pasado cuatro de febrero, llevándose nueve estatuillas de las 12 nominaciones para las que compitió, entre ellas Mejor dirección por Juan Antonio Bayona, a quien conocimos por El orfanato, y Mejor dirección artística gracias a la labor del mexicano Eugenio Caballero quien también trabajó en El laberinto del fauno. También ganó dirección de producción, vestuario y maquillaje. Y no es de sorprenderse tal reconocimiento, ya que cada elemento resalta en la película y todo forma el sello y la visión del director, en la que predomina un entorno frío y sobrio, acorde con el mundo y la personalidad de Conor, cuya soledad logra contagiar al público. Los efectos visuales son sutiles y precisos, el gigante de madera impone y no solo por su aspecto, sino por el sonido que lo acompaña.

Música, vestuario, actuaciones, dirección, atmósferas sobrias e historias fantásticas son la sumatoria de cómo SÍ se debe hacer cine.

Trailer:

Calificación:

Dirección: Juan Antonio Bayona

Guion: Patrick Ness

Fotografía: Oscar Faura

Música: Fernando Velázquez

Reparto: Lewis MacDougall, Liam Neeson, Felicity Jones, Sigourney Weaver, Toby Kebbell, Geraldine Chaplin.

 

Rogue One: Un nuevo respiro para la saga

En 1977 un joven cineasta presentó al mundo una película que mostró a las personas de marketing y a los productores una nueva manera de engordar las carteras y generar cantidades obscenas de dinero fuera de las salas de cine. Esa película, como muchos saben es Star Wars, el primer episodio que irónicamente comienza siendo el cuarto (en otra ocasión abordaremos el porqué de esa decisión). Pero el joven George Lucas, aficionado a las carreras de autos y a los cómics, tuvo un trasfondo menos comercial, y que incluso podría ser hasta romántico al momento de concebir esta ópera espacial.

En un concepto más básico, Lucas creó una analogía entre los jóvenes creadores con ganas de cambiar el establishment de las productoras hollywoodenses para llegar a un público con ganas de otro tipo de historias.

Ese puñado de rebeldes representados por Spielberg, De Palma, Scorsese, Coppola y el mismo Lucas se enfrentarían al temido Imperio, que no es más que la visión que el creador de Indiana Jones tenía sobre las grandes productoras de la Meca del cine.

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Lo que sucedió con Star Wars es una historia que la mayoría conocemos y otros, padecemos. Pero en este año 2016, que se antoja lejano en todos sentidos con el 1977 que vio nacer la saga más lucrativa de todos los tiempos; se presenta el primer filme que no pertenece a la línea argumental a la que estamos acostumbrados, es decir nadie tiene que ver con los dilemas y conflictos de la familia Skywalker, pero si ocurre en el mismo universo.

Rogue One: A Star Wars History (Gareth Edwards, 2016) cuenta la historia de un grupo de outsiders de la Alianza Rebelde que logran tener información sobre una arma tan poderosa que puede destruir un planeta entero. La obtención de los planos de esta arma es vital para evitar que el Imperio Galáctico domine la galaxia para siempre.

La historia es protagonizada por Jyn Erso (Felicity Jones) quien sufre una ruptura familiar debido a los planes del imperio por construir la temida estrella de la muerte, cuya construcción es liderada por su padre Galen Erso Capturada por el grupo de inteligencia de la Alianza Rebelde, quienes desesperados por saber qué es esta nueva arma están dispuestos a realizar cualquier acción para lograr detener esta “asesina de planetas”.

La película cuenta con un ritmo audaz que lleva de la mano la acción y las diferentes situaciones que llevaran a este grupo de rebeldes a realizar el plan tan ambicioso. Se siente apresurado el primer acto, justo porque así están las cosas en el Consejo de la Alianza Rebelde.

Al ser el primer largometraje que se desprende de los episodios que integran la saga principal, cuenta con otro formato, por decirlo de alguna manera. Es la historia de un puñado de personas que serían desconocidas, no hay Jedis, son solo rebeldes.

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Las actuaciones son buenas, Jones hace una combinación del sentido de humor ácido de Han Solo con la fortaleza de la Princesa Leia, con Diego Luna que caracteriza al Capitán Cassian Andor quien a pesar de ser reacio al inicio genera empatía con Erso para lograr acceder a los planos de la Estrella de la Muerte. Además cuenta con la excelente actuación de Donnie Yen (Chirrut Imwe) un monje ciego que protege los restos de un antiguo templo Jedi, que cree con mucha devoción en la Fuerza.

Dentro de la trama es interesante como van entrando algunos personajes conocidos, tanto de la primer trilogía (Episodios IV, V y VI) y de personajes que no tienen tanto peso pero que aparecen en el Episodio III y dan pie a lo que ya todos sabemos que sucede en Una Nueva Esperanza.

En el apartado de dirección se siente esa importancia que da Gareth Edwards a la perspectiva, que es lo que ya habíamos visto en Godzilla (Edwards, 2014) y nos da una imagen dimensionando el tamaño de la Estrella de la Muerte. En la música, es notable que no exista un score realizado por John Williams, pero que a pesar de no estar esa pieza fundamental en el universo Star Wars no se sienta de golpe esa falta.

La fotografía y efectos especiales son, digamos, genéricos de la saga, lo sorprendente es el uso del CGI para dar vida a viejos conocidos de la saga.

Esta historia de Star Wars fue un alivio, después del sinsabor que dejó (para el que escribe) Episodio VII. Fue un acierto, a pesar de los problemas de producción que estuvieron a punto de dejarla solo como proyecto. Es emocionante, los personajes aparecen cuando deben y sobre todo, a pesar de que también apela a la nostalgia, no se siente forzada.

Sebastián Ortiz 

Comunicólogo que habala mucho y escribe (mal) sobre cine, música y ciencia ficción.