Desierto: poco argumento y gran publicidad

“La diversidad étnica no debe convertirse en un peligro con el que perforar nuestros corazones.” Nelson Mandela

 En su segundo largometraje, Jonás Cuarón carga una gran responsabilidad al llevar el apellido de uno de los realizadores más importantes de los últimos años, su padre Alfonso Cuarón. A esto se une la expectativa que despierta la premiación de Desierto en el 40° Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF), la muy buena publicidad ofrecida por los medios de comunicación y su exhibición en 400 salas mexicanas. Ante todo esto, Jonás se quedó corto con una historia que no es más que un conjunto de clichés predecibles.

La película se desarrolla en el desierto de Sonora y la ecuación se vuelve sencilla y superflua: un conjunto de migrantes varados se encuentra con un gringo (Jeffrey Dean Morgan) cowboy con “síndrome de Trump” desquiciado y xenófobo, que empezará a dispararles a diestra y siniestra con ayuda de su pastor alemán perfectamente entrenado que disfruta de matar gente y mostrar su odio racial.

desierto-the-guilty-codeGael García Bernal interpreta a uno de los miembros del grupo, él se ha quedado atrás con otras personas que atestiguan a lo lejos el primer ataque del cazador. Así comienza el escape, la persecución, y con ello las predicciones que se cumplen puntualmente.

Todo se convierte en una pesadilla para los migrantes, que funcionan como personajes incidentales y mueren uno a uno ante el target del rifle del sociópata, a quien, como en un videojuego, jamás se le acaban las balas y aun con su maravillosa puntería falla casualmente al dispararle a Gael en varias ocasiones. Así anticipa el cierre, avisando al espectador que el sobreviviente siempre es el “guapo” del grupo.

Sus principios son típicos del thriller de terror hollywoodense y sus personajes carecen de profundidad, en especial Jeffrey Dean Morgan, quien se asimila más a un autómata sin motivaciones, esclavo del instinto y la víscera.

Un excelente diseño de sonido y una suave dirección fotográfica no logran provocar la tensión necesaria con tal narrativa, ni con las actuaciones. Todo se resume en una fastidiosa persecución de 90 minutos que cansa, desgasta y aburre al espectador.

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La inmigración siempre ha sido un tema que envuelve muchos factores: desde decesos por las condiciones geográficamente hostiles, la violencia generada por los cárteles más peligrosos, hasta las extremas acciones por parte de la patrulla fronteriza.  Si bien la historia toca una tópico significativo; lo cinematográfico se queda olvidado en el árido argumento.

Es difícil pensar que del guión de Desierto haya nacido Gravity (2013) película por la cual Alfonso Cuarón se llevó la estatuilla de la Academia, y con la que marca una distancia abismal entre el trabajo entre padre e hijo.

Fan Valdés

Pedagoga de formación pero cineasta por convicción, artista plástica en el tiempo libre.

Psicosis, la mente de Alfred

“Mi afición es disecar cosas. Ya sabe, la taxidermia.”

Norman Bates

Psicosis es quizá la obra más conocida de uno de los mejores realizadores en la historia del cine, quien tuvo su primer acercamiento formal al séptimo arte realizando los rótulos de las películas mudas. Innovador no sólo en la técnica sino en la narrativa, Hitchcock  se posicionó como el pionero del  suspense y thriller psicológico. A su popularidad también se sumaron sus famosos, y en muchas ocasiones cómicos cameos; además, el programa Alfred Hitchcock presenta (el cual generó en mí una gran pasión por el cine) se convirtió en todo un ícono de la pantalla.

El cineasta nacido en Londres marcó una gran diferencia en su forma de indagar en la psique del espectador y construir ambientes tanto de tensión como ansiedad. Se caracterizó por catalizar las reacciones con una anticipación al peligro como instinto humano, además de involucrar a la audiencia con planos subjetivos, rompiendo la barrera espacial. Hitchcock alerta pero engancha con un morbo seductor.

El guión de Psicosis es una adaptación de Joseph Stefano de la novela homónima escrita por Robert Bloch. Juega con la “inocencia” de una  hermosa mujer, y crea todo un proceso que aparentemente se desarrolla como una trama policiaca. Un desliz es lo que lleva a la protagonista a un recóndito lugar en donde su menor preocupación deberá ser el dinero que de manera impulsiva robó.

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La culpa de una mujer intachable, su desesperada situación económica y amorosa,  la búsqueda de la redención y el castigo a cargo de un ángel de la muerte, son la base de uno de los McGuffins más elegantes en la historia del cine.

La justicia en las manos de un verdugo como Norman Bates (Anthony Perkins) virtuoso actor cuya actuación le valió el respeto y la memoria, pero no por eso la nominación al Óscar. La tensa banda sonora a cargo de Bernard Hermann, titulada El asesino; asociada y etiquetada desde entonces con el peligro, la muerte, el terror; como miles de tendones contraídos al son de los chirridos de los violines que se sienten en el cuello, en las palmas de las manos, como una puñalada directo en el estómago, para terminar con un grito atrapado, unísono.

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Desde el título, Psicosis es toda una atmósfera de intriga. La casa al fondo del plano, el escape, un motel solitario, una mujer angustiada y un hombre con un aire demente: elementos necesarios para un suspenso exitoso. Los etéreos giros de tuerca llevan a la cima y nos ubica en una de las escenas más emblemáticas del mundo del cine.

Los planos cerrados calcando la expresión de Marion Crane (Janet Leight), el detalle a sus manos y a su ojo en la escena del asesinato, están montados con maestría para dejar la mayoría a la imaginación del espectador.

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Hitchcock como buen cineasta; virtuoso voyeur y exhibicionista, no dejó de plasmar en su obra aquel que mira y aquel que exhibe, de manera consciente o inconsciente, el complejo de Edipo no resuelto, la obsesión y el amor de un hijo hacia su madre que detona en esquizofrenia, en psicosis, en obsesión.

Las figuras psicoanalíticas se presentan de carácter real y ficticio llevando a los personajes al borde de su condición humana, a un punto de quiebre, al abismo, ahí en donde la mente no entiende ni da razón, en donde el sentido común, la conducta y el superyó se transforman en formas superfluas en la configuración de los personajes.

Fan Valdés

Pedagoga de formación pero cineasta por convicción, artista plástica en el tiempo libre.

Gaspar Noé vuelve a la pantalla con “Love”

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En Love (2015), Gaspar Noé (cineasta nacido en argentina, pero radicado en Francia) se pierde en un lío entre su ya marcado sello y las ganas de volver a impresionar al público. En la historia conocemos a Murphy y Electra, una pareja destructiva que intenta experimentar sus fantasías sin miedos ni ataduras. Todo se viene abajo cuando Murphy embaraza a Omi, una chica con la que forman un trío en uno de sus tantos encuentros sexuales. Murphy ahora se tiene que hacer cargo de una familia, pero el recuerdo de Electra aún no logra desvanecerse.

Aquí nuestra video-reseña

 

La cumbre escarlata | Crítica

 

¿Qué es un fantasma? Un evento terrible condenado a repetirse una y otra vez, un instante de dolor quizás, algo muerto que parece por momentos vivo aún, un sentimiento suspendido en el tiempo.

Un fantasma, eso soy yo.

-El espinazo del diablo

Guillermo Del Toro se halla más próximo a Bruno Bettelheim que a Hitchcock, conoce la estructura del cuento mejor que cualquier parte de su cuerpo. Ésta ocasión extrae de la novela gótica el entramado de su filme más reciente y además lo dota de un trasfondo psicológico perturbador.

Edith Cushing, una mujer independiente y culta, se dedica a la escritura de cuentos de terror, constantemente rechazada por ser una dama, encuentra en los brazos de Sir Thomas Sharpe un escaparate para abandonar el mundo que le oprime, sin embargo, pronto descubrirá que el apuesto caballero esconde un sin fin de secretos en la temible mansión que habita. Esa es en breve, la sinopsis de La cumbre escarlata.

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Destaca en primera instancia el trabajo en el departamento de diseño de producción, difícilmente realizadores pasados y futuros lograrán emular la genial labor mostrada en la cinta, la mansión es fundamental para comprender el pasado de los personajes, para encarcelarlos y al mismo tiempo unirlos en una mímesis eterna, una vez más Del Toro demuestra con sobrada brillantez que somos ahí donde se vive, que el ambiente es un simple reflejo de lo oculto, el hogar de los hermanos Sharpe, es el ser más sobresaliente del filme y quizá también se volverá un icono de la cultura cinematográfica por venir.

La fotografía no hace más que destacar la labor de diseño, el alto contraste y la penumbra son los principales elementos; artífices utilizados lo mismo para el espanto que para el romance. El color se emplea con maestría, principalmente el rojo escarlata, tonalidad usada para bautizar la película, también es el principal acompañante de las apariciones que tanto fascinan al director, resolución novedosa a un recurso encasillado en el cliché, seres y estructura tomados de la mano.

Sería impensable un filme del cineasta Jalisciense sin la precisión milimétrica de los movimientos de cámara, una vez más el montaje se destaca por ser minucioso, la planeación del trazo, la iluminación y el bloqueo dramático se nota a leguas, la cámara se mueve con delicadeza, el cine de Guillermo es una actualización de los preceptos Hitchcockianos y sigue siendo una clase maestra de cómo suavizar un corte.

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La música no otorga un tema memorable, como en el caso de su filme anterior: Pacific Rim; es una solución para elevar el conflicto a niveles insospechados, cumple y provoca que el espectador salte cuando menos lo espera, el diseño de sonido propicia el efecto, no el recuerdo.

Es innegable el talento del cast, sin embargo los actores están atados al punto flojo de La cumbre… el guión. El texto subsiste gracias en primera instancia a una serie de pistas que conducirán al irremediable punto de no retorno, pero es tan marcada la inocencia de la protagonista que roza en imbecilidad, de ser ligeramente más sabia el conflicto se culmina en mitad del segundo acto. Es por ello que los personajes se traicionan con frecuencia, las motivaciones no siempre son necesarias, en eso estamos de acuerdo, sin embargo al plantearlas escuetamente el desarrollo se siente así, incompleto. O todo o nada. El cast luce en la medida de lo posible, brilla con luz propia la antagonista interpretada maravillosamente por Jessica Chastain, sin duda, el único elemento destacable del reparto.

La cumbre escarlata es una obra maestra del diseño de producción, referencia necesaria para futuros realizadores, empero es una mala película de Guillermo Del Toro en el sentido de que abandonó uno de sus puntos más fuertes, el desarrollo narrativo a tal grado que mi acompañante aseveró con sobrado disgusto: “Pasó de ser una película de fantasmas a lo que callamos las mujeres.”

Gerardo Herrera

Guionista, cofundador y editor de Zoom F7