Una crónica de la nota roja en México

Por: Leslie Valle

“Alarmadas y complacidas, las multitudes se detienen como ante un escaparate: allí a su alcance la dotación de sangre, traiciones, iniquidades, perversiones, robos”.

Carlos Monsiváis

En los tiempos tan complicados que vivimos la nota roja tuvo que evolucionar, además de desplazarse de las páginas interiores para convertirse en el tema de la primera plana, lo que obliga a meditar acerca la violencia del país.

Una crónica de la nota roja: de Posada a Metinides y del Tigre de Santa Julia al crimen organizado es una compilación de artículos periodísticos, fragmentos de películas y múltiples fotografías que viajan por la historia de los crímenes en México y, principalmente, cómo es que éstos se han convertido en nuestro pan de cada dia.

En la exposición se entrecruzan la historia de la nota roja con la de la nación, es por ello que se reportan sucesos de todo tipo: asesinatos de presidentes, asesinas seriales, accidentes aparatosos, desastres naturales, masacres, narcotráfico, crimen organizado…

Todo a través de los ojos de fotógrafos y cronistas como Carlos Monsiváis y Enrique Metinides, que nos guían por el México que todos conocemos pero que muchos ignoran o intentan ocultar.

La muestra Una crónica de la nota roja: de Posada a Metinides y del Tigre de Santa Julia al crimen organizado se exhibe en el museo del Estanquillo todos los días (excepto los martes) de 10 a 18 horas. Entrada libre.

El hombre que vio demasiado. ¿Por qué el público ríe ante un niño muerto?

Ver lo que tenemos delante de nuestras narices

Requiere una lucha constante.

-George Orwell

Entre carcajadas y silencios el espectador goza de un documental de nota policiaca. Trisha Ziff comenta que en ningún país se aprecia su obra como en México. El protagonista: Enrique Metinides, fotógrafo de La Prensa que gracias a sus particulares obsesiones construyó con el paso del tiempo una obra digna de galería. La película revela los detalles de la mente del artista a través de las anécdotas que éste cuenta a la cámara.

Metinides se abre paso lentamente en la cultura popular mexicana; su figura ha sido ya recreada en la obra de escritores como Bernardo Esquinca y es un referente obligado para todo aquél que desee emplearse en la llamada nota roja. El público descubre conforme avanza el documental la humildad de un hombre que no se aprecia como artista, ni como periodista. El montaje inquieto de la directora enseña otra peculiaridad: el protagonista sabe de memoria cada anécdota que acompaña a cada imagen. El personaje narra ansioso con ilustre profundidad  ante una audiencia fascinada con la napoleónica figura.

Metinides también es un pretexto para abordar el oficio del fotógrafo, mediante él se reconstruyen acontecimientos, se accede a colegas en activo, se consultan a las víctimas y se muestra a los voluntarios de la Cruz Roja. Su voz pasa del soliloquio a un reparto multitudinario, una colectividad que representó en la imagen y que ahora trata de edificar al personaje.


Metinides fue notablemente influenciado por el cine de gángsters de la época, que mostraba persecuciones, balaceras y asesinatos. Si bien El hombre que vio demasiado no recrea el encuentro del artista con dicha cinematografía, sí lo reconstruye a partir de la notable banda sonora de Jacobo Lieberman, que remite a aquellas cintas que el fotógrafo resguarda en una vasta colección en su departamento.

Así, se devela el secreto de su estética: la del mirón. Un capítulo es dedicado a la curiosa fascinación de Enrique por capturar a los metiches que en el México de la época acudían a socorrer a los sobrevivientes o a contemplar los cadáveres. Uno de los aciertos de Trisha fue complementar las instantáneas con sonidos que remiten a su contenido; uno de los momentos climáticos es la narración del estallido de una pipa de gas, cuando nuestro héroe estuvo a punto de morir; el sonido estruendoso de la explosión es acompañado por la imagen, que irrumpe en la pantalla e impresiona al espectador.

De la comparación entre el fotógrafo retirado y sus colegas surge un dilema interesante. ¿Hacia dónde se dirige la prensa sensacionalista mexicana? ¿De dónde proviene la fascinación implícita por la carne mutilada y los encabezados irónicos? Entonces, interviene el extranjero, aquél que depositó la mirada en el hombre y lo encumbró como artista de galería. Las fotografías de Metinides deslumbran y conmueven a los europeos, que compran su obra para colecciones privadas. Pero no dan respuesta.

La única aproximación podría encontrarse en una anécdota. Durante la función, Metinides elucubra sobre los mirones, intenta explicar por qué la gente siente curiosidad ante la cámara, pretende encontrar la respuesta al por qué observan la lente a centímetros del cadáver. Una fotografía ilustra la voz en off de Enrique: en ella aparece un hombre con un niño, en el asiento trasero de un vehículo que acaba de impactarse violentamente, ambos están muertos. A través de la ventana del coche, los metiches observan a la cámara de Metinides, nos miran. El espectador en la butaca por alguna razón se carcajea y de pronto surge una pregunta: ¿Por qué el público ríe ante un niño muerto?

Gerardo Herrera

Guionista, cofundador y editor de Zoom F7

Entrevista con Trisha Ziff:

Entrevistas con Enrique Metinides:

 

Enrique Metinides, anécdotas y fotografías inéditas

En esta segunda parte de la entrevista, Enrique Metinides cuenta algunas de las historias que más se grabaron en su labor como fotógrafo de nota policiaca y a la par, presenta un serie de fotografías inéditas.

Enrique Metinides y la nota policiaca

Durante más de treinta años, el mexicano Enrique Metinides ejerció como fotógrafo de nota policiaca, mayormente del periódico La Prensa. En esta entrevista nos habla sobre el oficio al que comenzó a dedicarse a los nueve años; esto lo convirtió en el fotógrafo más joven del mundo en trabajar en un periódico.

Enrique Metinides: el artista innato

 

Los espejos están llenos de gente.
Los invisibles nos ven.
Los olvidados nos recuerdan.
Cuando nos vemos, los vemos.
Cuando nos vamos, ¿se van?
-Eduardo Galeano 

Poner un pie en casa de Enrique Metinides es encontrarse con la historia, el visitante se transforma en aquello que el artista se afanó en retratar: Un mirón. Los ojos dilucidan para comprender, en el proceso la mirada se encuentra con lo cotidiano meticulosamente ordenado en un caos inefable, al igual que en cada una de sus fotografías, el hombre es su obra.

Cada imagen es una representación simple de lo complejo en lo común. Como obsequio cual juguete recibió una cámara y en el ejercicio del goce capturó toda clase de accidentes con precoz talento. A los nueve se enfrentó a lo que muchos temían, con sobrada soltura propuso una estética sin proponerla, guiado por la curiosidad anduvo demasiado. Demostró una capacidad innata para coleccionar instantáneas. Característica que le llevaría a erigir en su hogar un museo con toda clase de objetos, cuya existencia refiere una cuantiosa cantidad de anécdotas.

A diferencia de varios su voz se mostró desde el principio, no necesitó encontrar un estilo, venía en el paquete. Presionó el disparador diciendo lo que nadie y le escucharon. De la prensa obtuvo el reconocimiento. A bordo de ambulancias recorrió la gran ciudad mapeando con precisión cada sitio. Bajaba del vehículo con la intención de contar a través la cámara con la nobleza de un caballero, respetó la muerte privilegiando el contexto, dio prioridad a los mirones. Evitó el sensacionalismo y de paso brindó una lección mal aprendida por quienes ahora realizan la misma ardua labor.

Sin presunción narra los acontecimientos de cada fotografía, se desplaza del papel a las galerías con humildad como “El niño” que platica el evento del día. Es un entusiasta enérgico y obsesivo con una calma deslumbrante. Su muletilla al hablar es “mire”, palabra clave para entender el por qué de sus inquietudes, él desea ganarse nuestras miradas haciendo del infortunio un arte. Lo logra con creces y aún así se esfuerza por decirlo todo callando aún más.

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Enrique Metinides. Foto: Gerardo Herrera

Él no retrató a las élites ni buscó re-crear la realidad, tampoco se quemó el seso experimentando con el blanco y negro ni trabajó una apócrifa teoría del color. Apresó al pueblo en el dolor y la agonía, también atrapó al México empático, el que ya no existe, ese que desapareció hace años pero se manifestó en sus imágenes. Mostró a la multitud que ayuda, evidenció una sociedad en la cual el policía era el bueno y a falta de recursos el gentío apoyaba. Arriesgó la vida por unos cuantos sin solicitar reconocimiento alguno con el mismo vigor que satura cada una de sus estampas.

El reconocimiento de hoy debió llegar ayer; en vida se le aplaude y eso es importante. Enrique Metinides ejemplifica el caso excepcional del artista innato quien llegó para ser con, por, para y a través de su obra. Un genio humilde que extraordinariamente se mantuvo gracias a la fotografía. Un coleccionista ilustre cuyo fin es buscar en cada objeto un suceso digno de contarse y de éstos… posee miles.

Gerardo Herrera

Guionista, cofundador y editor de Zoom F7

Enrique Metinides, una vida llena de accidentes

Desde 1946, la profesión de Enrique Metinides le permitió recopilar los escenarios que la ráfaga del inevitable cambio urbano se ha llevado. Aunque los paisajes son distintos, hay algo que predomina en sus fotografías: las personas que observan el siniestro. Ahí, donde lo inesperado trastoca la vida, la gente siempre mira, se junta, dialoga, intriga. Se hacen preguntas, se dan respuestas. Se comparten experiencias, y la angustia les dice, aquí estoy. Tienen miedo a ser el que los ojos miran, pero probablemente también disfrutan.

“Todos vinieron a ver, y el vendedor de helados vendió todo.

La gente venía a observar y comprar helado como en el cine.

Enrique Metinides

El autor de estas piezas que hoy se pueden apreciar en el Foto Museo Cuatro Caminos, no sólo es un fotógrafo. Es creador del sistema de claves radiofónicas de rescate que aún se utiliza entre los socorristas de todo el país; coleccionista de recortes de periódicos y de más de cuatro mil mini figuras de bomberos, y sus camiones, médicos, enfermeras, etc. Amante del cine de gángster. El “niño” -como es llamado en el medio- que a los nueve años comenzó a tomar fotografías con una cámara que su padre le obsequió.

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“En la calle en que vivía había tres salas cinematográficas. Las sesiones matinales costaban unos pocos pesos. Me saltaba las clases y me sumergía en las películas de gángsteres, sentado en primera fila y absorbiendo todo lo que veía. Aprendí sobre el drama y la luz viendo aquellas películas. Veo los escenarios de un crimen como si viera una película.” Enrique Metinides

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Resulta llamativo cómo a tan corta edad se familiarizó con la cámara y su presencia se volvió recurrente en los accidentes viales. Pero también es peculiar su espíritu creativo que a sus 83 años continua latente. El ejemplo es cómo arma nuevas imágenes usando de fondo sus fotografías y delante figuras de su colección. Aunque ya se ha retirado de las calles, su pasión no cesa.

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Conforme se recorre la exposición el tema de las fotografías evoluciona. Ya no sólo se trata de accidentes de coches, de aviones, de explosiones de gas. Vemos retratos que aguardan historias, como intentos de suicidio, o crímenes pasionales. Nos acerca a la atmósfera en los panteones o en los hospitales. Pero también nos aproxima a personajes que a los ojos del resto de la sociedad suelen vivir bajo una etiqueta, como un preso en Lecumberri, o un policía, mostrando que tienen otras características además de las prendas que los visten.

En un conjunto de más de 120 piezas, muchas de ellas mostradas por primera vez al público, Enrique Metinides nos presenta el dolor como fenómeno social, cuando el azar deviene en las formas más desgarradoras. Aun con estos escenarios, las imágenes se alejan del exhibicionismo. En palabras de Trisha Ziff e Isabel del Río, curadoras de la exposición, “Metinides es un narrador consumado, sus fotografías están elegantemente compuestas y son mucho menos gráficas que las publicadas en los tabloides de hoy.”

La vida de Metinides está llena de accidentes, no sólo porque los ha vivido a través de otros. Siete costillas rotas, un infarto, y una fractura en los dedos han sido las consecuencias que ha padecido por estar presente, por estar cerca. “He caído en muchas zanjas, pero siempre he conseguido tomar mis fotografías de acción.” ha expresado el hombre que vio demasiado.

La exposición Enrique Metinides, el hombre que vio demasiado. 70 años de historia, se encuentra en el Foto Museo Cuatro Caminos, ubicado en Ingenieros Militares no. 77, Lomas de Sotelo, Naucalpan de Juárez.  Horario: martes a domingo de 11:00 a 18:00 horas.

Leticia Arredondo

Cofundadora y editora de ZOOM F7. Escribo sobre cine y fotografía.