Song to Song de Terrence Malick

 

Cuando uno asiste a ver una película de algún director conocido como Tarantino, Scorsese e inclusive como el mismo Malick, sabe que verá un trabajo con la huella del autor. Y contar con un estilo no es tarea fácil, es algo que solo el tiempo logra dar.

Así es el caso de Song to Song (2017) en donde dos historias de amor se viven a través del negocio de la música. Michael Fassbender interpreta a un productor musical avaricioso y cínico llamado Cook, conquistador de mujeres; éste conoce al músico BV (Ryan Gosling) y le ofrece grabar su primer disco.

En grandes rasgos la película se reduce a la asistencia a festivales de música, fiestas exclusivas y a la intimidad en el hogar. A esto se unen las reflexiones de una guitarrista llamada Faye, encarnada por Rooney Mara, quien comienza una relación amorosa con BV.

Vemos a un loco Cook que logra hacer su voluntad; enamora a una mesera hasta convertirla en su esposa. Así, a raíz de sus locuras, ella cumple con lo que siempre deseo: comprar una casa para su madre. Sin embargo esa insana relación la lleva al suicidio.

Terrence Malick desarrolla una visión destructiva del rock y la industria musical con la angustia de las personas que se hallan en ese mundo al no ser lo que quieren. Se presenta la manera en cómo se maneja la industria, las tranzas dentro de ella y cómo se pueden crear estrellas o simplemente dejarlas en el olvido.

Es tan marcado el estilo del director, y más con la mancuerna que ha realizado con el gran cinefotógrafo Emmanuel Lubezki, quien al estar familiarizado con el trabajo del director estadounidense supo a lo que se enfrentaría.

Sí, en un sentido meramente pragmático y superficial, es una película romántica, que marca el inicio, ascenso y destrucción de una relación hasta el regreso de la pareja prometida. Pero con la mano de Mallick esto se convierte en una visión extraña de lo que sientee cada uno de los personajes.

Aunque no le ha ido tan bien en críticas, es una cinta personal que deja sin aliento con la puesta en cámara del mexicano, desde meternos a un slam, hasta el acompañamiento a una pareja por el desierto texano. Pero bien se sabe que una película no se basa puramente en la fotografía. El hecho de que Malick nos presente un filme tan íntimo y quizá personal, en este caso se convierte en desventaja, ya que resulta difícil para los espectadores generar empatía con los personajes, además de los cortes abruptos que no permiten entender o completar lo que se esta viendo.

Cabe resaltar la presencia de variedad de músicos como los Red Hot Chili Peppers quienes juegan en la tierra con Cook, Patti Smith dando consejos de vida mientras toca una vieja guitarra acústica, Iggy Pop hablando sobre la industria musical, The Black Lips y Florence Welch.

Lo mejor de la película es por supuesto el soundtrack que incluye piezas como Never Le Nkemise 2 de Die Antwoord pasando por piezas de Maurice Ravel hasta el último Premio Nobel de Literatura Bob Dylan.

Sebastián Ortiz 

Comunicólogo que habala mucho y escribe (mal) sobre cine, música y ciencia ficción.

 

Los mejores plano secuencia

Las escenas sin cortes se han popularizado al grado de considerarlas una signatura de determinados cineastas y fotógrafos. No obstante, los plano secuencia son tan viejos como el cine mismo, y el número de ellos que hay en el mundo del séptimo arte es tan diverso como la complejidad de su realización.  En este top se conmemoran los plano secuencia de cinco memorables películas que son tan reconocidos como la cinta misma, por su compleja ejecución, duración y la calidad narrativa.

 OldBoy (2003)

Park Chan Wook adapta el manga Oldboy en la cinta que es la tesis de la venganza por antonomasia. Muestra al protagonista de la película Dae Su Ho (Min Sik Choi)  luchando en un pasillo largo contra 20 hombres. El único detalle agregado en la postproducción fue el cuchillo que se le clava en su espalda. El esfuerzo de los actores fue extenuante en una escena que se filmó 17 veces, y el plano dura 2 minutos con 36 segundos.

La idea de filmarlo de izquierda a derecha, enfrentando a una cantidad imposible de adversarios, da la sensación de que el personaje está en un mundo irreal, y lo que está enfrentando en realidad es su propia desesperación. Una obra maestra del director coreano.

The Shining (1980)

Las películas de Kubrick siempre son un must en cualquier top que conmemora la calidad visual y técnica. No podíamos dejar de mencionar el steadyshot de The Shining cuando Danny Torrance pasea tranquilamente en su triciclo a través de los pasillos del Hotel Overlook.  La pulcritud de escenas compuestas siempre en perspectiva frontal, el limpio movimiento de tracking con la cámara detrás del niño, la tranquilidad del lugar, y el silencio con el único sonido de las llantas del triciclo cuando se va moviendo te traslada inmediatamente a un ambiente paranormal.

Aunque la escena no es tan larga como otras, y tiene cortes después de que llega a la habitación 23, genera más expectativa,  y bueno,  ya sabemos lo que sucede después. Simetría casi perfecta.

Touch of Evil (1958)

Esta es una película de referencia académica. Touch of Evil de Orson Welles, traza una escena magistral que establece un punto argumental y dura tres minutos con 20 segundos. El ritmo de la escena y el movimiento de cámara va con los personajes: plasma un mundo que te atrapa desde el segundo uno por las acciones que sucede. Una grúa lleva la cámara, comenzando en un plano detalle de un extraño artefacto en las manos de un hombre, y después empieza a moverse. Calles oscuras y siluetas de gente pasando por todas partes centrando tu atención dentro del plano, pero también fuera de él en una composición brillante de movimiento.

Uno de los mejores comienzos en la historia del cine, una tremenda escena del cine negro que inspiró a muchos cineastas actuales para trazar el ritmo de sus escenas con puntos argumentales.

 Soy Cuba (1964)

La industria cinematográfica rusa tenía la intención de promocionar el comunismo cubano a nivel internacional con el enfoque revolucionario del sistema socialista en plena crisis de los misiles; esto dio como resultado por mano del cineasta soviético Mijail Kalatozov uno de los mejores planos secuencia en la historia del cine en una cinta que con la caída de la URSS se perdió todo conocimiento de ella.

El plano secuencia más memorable es la escena del funeral donde una toma en close up pronto se convierte en un plano general de las calles de la ciudad de La Habana, y pasa desde ángulos altos de un edificio, entrando y saliendo por ventanas, sin perder de vista la marcha fúnebre de un estudiante asesinado.

La cinta está llena de proezas técnicas, y está filmada casi toda con lente gran angular. Rescatada por la distribuidora estadounidense Milestone Films de Nueva York en 1994, Martin Scorsese y Francis Ford Coppola maravillados por su calidad, ayudaron en su presentación y relanzamiento de la película en 35mm.

The Children of Men (2006)

Con muchos elementos y técnicas traídas de directores de antaño, Alfonso Cuaron (director) y Emmanuel Lubezki (fotógrafo) realizaron esta obra maestra llena de planos secuencia  que sin duda supera todavía a otras cintas que el fotógrafo y el director han hecho cada uno por su cuenta.  Siempre se habla de la escena del carro por su calidad y compleja realización, pero el plano secuencia más largo de la película también es magistral.

En medio de una ciudad hundida en la destrucción, Theo Faron (Clive Owen) y sus acompañantes son perseguidos por rebeldes y el ejército en uno de los plano secuencia más complejos que se hayan visto. El número de personajes y elementos incluidos en esta larga escena son extraordinariamente precisos.

La escena dura seis minutos con 18 segundos, pero es casi imperceptible, y el recorrido de los personajes es sumamente largo no tanto por el trayecto sino por la cantidad de acciones. Una persecución y una acción tras otras para un posterior escape de aquel caos en un futuro no tan descabellado, donde terroristas utilizan de escudo a civiles contra un gobierno tiránico y fascista.

Una de las escenas de combate más feroces y mejor logradas de todos los tiempos, destacando que el punto argumental, el epílogo de la película y el clímax están contenidos en este plano secuencia.

En cada escena debe haber una coordinación y organización de elementos vitales para la vida del plano,  una puesta en cámara dinámica, con una buena puesta en escena, creando una diversidad tremenda y focalizando la atención del espectador hacia donde el cineasta desea, donde a veces el resultado es más recordado que el resto de la película.

Luis Zenil Castro 

Productor audiovisual y dibujante.

Emmanuel Lubezki: Las claves para entender su estilo. | Videoensayo

Una mirada a los cinefotógrafos mexicanos

La fotografía llega a México desde mediados del siglo XIX y se va consolidando mediante el dominio de elementos técnicos, con el cual se pretende sacar el mayor provecho de las imágenes y expresar ideas. Después, con la introducción de la cinematografía, tales conocimientos fotográficos sirvieron para afirmar la labor de un realizador especial en colaboración con el Director. No obstante, los primeros mexicanos se afianzaron realmente como camarógrafos y fotógrafos en el cine mudo, desarrollándose en las fotos fijas (stills).

Hasta los años 30, aunque primero extranjeros inspiraron la labor, fotógrafos mexicanos empezaron a sonar, dejando un ejemplo de su trayectoria hasta llegar a la época de oro del cine mexicano. Esta nueva óptica determinó que la profesión resolvía el desarrollo de las imágenes, de la visión del director  y de las películas como tal.

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El compadre Mendoza

Entre ellos Victor Herrera, encargado tanto de la foto fija como de cine foto, empleándose hábilmente con el manejo de media luz en cintas como En un Burro tres Baturros (1939) y El Baisano Jalil (1942). De igual forma, Agustín Jiménez reunió en un principio las facetas de cinefotógrafo y stillman; hizo foto fija con Sergei Eisenstein en ¡Que viva México! (1932) y después se fue especializando en retratar ambientes opacos y sombríos.

También tuvo a su cargo las fotos fijas de El compadre Mendoza (1933), Dos monjes (1934), El escándalo (1943) y El fantasma del convento (1934), y cinefoto en Abismo de Pasión (1953), La sombra del caudillo (1960)  hasta llegar con Carlos Taboada en Hasta el viento tiene miedo (1968).  Otro grande, Alex Philips (de ascendencia canadiense) que participó en más de 50 largometrajes y cuenta con más de 40 años de carrera en los que destaca su arduo trabajo en cintas desde ¡Ay Jalisco no te rajes! (1941) hasta el Castillo de la Pureza (1973). A esto se suman varias colaboraciones en los Estados Unidos.

De igual forma, los hermanos Agustín y Raúl Martínez Solares comenzaron tomando stills, pero pronto ascendieron a la categoría de cinefotógrafos. Los fotógrafos mexicanos en esta etapa muchas veces no contaban con el crédito, que sólo se depositaba en director, escritor y actores, debido a que no era usual mencionar el oficio. Esto cambió notablemente cuando Gabriel Figueroa y otros exponentes comenzaron a crecer como figuras individuales de la profesión, y muchos cinefotógrafos y fotógrafos, empezaron  a diferenciar su trabajo popularizando la labor.

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Enamorada

Gabriel Figueroa, quien primeramente trabajó con los cineastas Emilio “el indio” Fernández, Roberto Gavaldón y posteriormente con Luis Buñuel en la década de los 50, generando clásicos de culto como Los Olvidados (1953), Maclovia (1948) y Macario (1960), por mencionar algunos, posicionándose como el mexicano más reconocido a nivel mundial. Su fotografía destaca por la singular visión para retratar con genialidad el ambiente en blanco y negro,  el diestro manejo de luz y sombras, ya fuera en primeros planos o en planos generales. Con esto, sus imágenes se distinguieron por un estilo delicado y único en el mundo, con lo que ganó la admiración de colegas y directores extranjeros. Figueroa inundó sus vitrinas de premios en las décadas posteriores: 16 premios Ariel  en  mejor fotografía,  lo que lo llevó en parte, a colaborar en Hollywood con el mismo John Ford en El Fugitivo (1947).

Terminada esta etapa del cine mexicano, ya en 1976, Luis Echeverría Álvarez impulsó ciertas leyes para estimular la industria cinematográfica, lo que ayudó para que directores como Arturo Ripstein, Felipe Cazals y Jorge Fons continuaran haciendo películas, y por otra parte funcionó para el cine de ficheras. Así, Alex Philips, Gabriel Figueroa y José Ortiz Ramos, siguieron trabajando con directores de esta etapa distinguiéndose por su calidad y más que todo su continuidad.  En la transición del blanco y negro al color, otros directores de fotografía como Ángel Abad laboraron en México y después emigraron al extranjero, aunque ninguno con tanta trascendencia.

Rodrigo Prieto egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) en 1985, colaboró inicialmente con Daniel Gruener como director de fotografía en Sobrenatural (1996), cinta por la que ganó un premio a mejor cinematografía en el Festival de Cine de Colombia. Después se desempeñó en algunos cortometrajes y largometrajes, hasta que en el 2000 realizó la fotografía de Amores Perros, de Alejandro G. Iñarritu.

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Babel

Prieto se distingue como cinefotógrafo en el ámbito internacional y ha trabajado con reconocidos directores como Martín Scorsese, Spike Lee y Ang Lee. Su estilo visual se basa en retratar con telefotos e ISO alto para darle ruido y textura a la película; también suele manejar fuertes contrastes y  colores desaturados.  Prieto se consideró por largo tiempo el principal colaborador en fotografía de Alejandro G. Iñarritu, y uno de los principales exponentes de la cinematografía mexicana, hasta que llegó el chivo y su gran angular.

No hace falta mencionar que hoy Emmanuel “el Chivo” Lubezki, es el cinefotógrafo mexicano más exitoso de la historia. Tres Premio Óscar de forma consecutiva con The Revenant (2015), Birdman (2014) y Gravity (2013) hablan por sí mismos. Nunca antes  fotógrafo alguno, incluso fuera de México, había logrado tal dominio.

“No creo que el trabajo del fotógrafo sea nadamás dominar la técnica:

decidir qué diafragma usar o dónde van a estar las luces;

el papel del fotógrafo debe ser colaborar con el director para contar una historia.” Emmanuel Lubezki.

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El renacido

Estudió en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), pero decidió dejarlo para comenzar  a desarrollarse por su propia cuenta. Lubezki llevó la claridad y la limpieza visual al cine digital, con serias influencias de Tarkovksy. Un maestro de la luz tanto producida como natural; revolucionó las imágenes, y aunque ya no trabaja en el cine mexicano, introdujo una nueva forma de ver la gran pantalla con sus lentes de gran perspectiva.

Luis Zenil Castro 

Productor audiovisual y dibujante.

The Revenant: El camino del hombre justo

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Por: Rodrigo Garay Ysita

 

“The path of the righteous man is beset on all sides by the inequities of the selfish and the tyranny of evil men”

Jules Winnfield en Pulp Fiction, citando un pasaje inexistente de la Biblia

 

Unos años antes de lanzar su primer largometraje como director, Alejandro González Iñárritu perdió a su hijo recién nacido. El dolor lo ha ido purgando cinematográficamente desde entonces, explorando reiteradamente las relaciones filiales y la ruptura familiar en la vida de sus personajes; ése es el miedo que llevó a Susan y a Richard a Marruecos en Babel (2006) y que atormentaba a Uxbal en Biutiful (2010). En su más reciente trabajo, la destrucción de la familia es el primer golpe para desintegrar a un hombre y otorgarle la muerte del fénix.

Como muchos otros en la historia, el protagonista de The Revenant ha caído en desgracia. Ya todos vimos el ataque de la osa en el trailer. Sus compañeros cazadores lo han abandonado en medio del bosque y a nosotros nos toca ver su viaje de venganza y salvación. Sin embargo, el infortunio de Hugh Glass ya existía desde antes y se nos presenta casi poéticamente a través de flashbacks, como las medusas en Birdman (2014), y entonces esto va más lejos que una simple revancha.

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La espina dorsal de la historia es, fundamentalmente, la de la transformación espiritual de una persona como consecuencia del dolor, presentada a través de una alegoría religiosa y de un conjunto de contradicciones: el colonizador contra los nativos, la raza blanca contra el indio americano, el falso profeta contra el buen samaritano, el hombre contra la naturaleza.

 Leonardo DiCaprio interpreta a alguien que vive en ese espacio que no está ni aquí ni allá, con un pie en la puerta, como observando desde la banca a los que sí están jugando el partido. Aunque Glass es un cazador, su tarea en la compañía del Capitán Henry es la de guía y scout. A pesar de ser caucásico, su esposa y su hijo son pawnees, lo que le provoca el rechazo de algunos de sus compañeros y lo mantiene siempre a la defensiva. Su desgracia y su decisión de seguir viviendo son el punto de partida de una búsqueda de pertenencia.

Para afianzar por completo nuestra empatía de espectadores, Iñárritu coordinó (y puso a prueba en las más inclementes condiciones climáticas del planeta) a una producción que entregó resultados impecables (o casi impecables en el caso de la animación digital) en todos sus departamentos: desde los vestuarios de Jacqueline West, que refuerzan el look monástico de Glass, hasta el sonido del equipo de Randy Thom, que junto al ojo de Emmanuel Lubezki nutren a The Revenant con horrores, belleza e intimidad.

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Por otra parte, hay quizás tantos motivos para detestar al personaje de Tom Hardy como niveles textuales para interpretar y disfrutar The Revenant. John Fitzgerald no sólo es un hombre cuyo egoísmo llevó a la muerte simbólica del protagonista, también es un capataz explotador vehículo del colonialismo que arrasa con todo a su paso; es mentiroso, oportunista, racista e, interesantemente, un fanático religioso que sermonea pero no practica. Hardy está a un paso de convertirse en villano de monóculo y risa macabra, pero la interacción que tiene con el resto del elenco (específicamente con Will Poulter) le hace conservar el grado de complejidad humana suficiente para tomar en serio su papel.

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La escena de la fogata, en donde comparte su comida con el joven Bridger, es una manera elegante de poner su personalidad a la luz. Atento, uno escucha la anécdota de revelación espiritual que Fitzgerald le cuenta a su compañero y puede observar la naturaleza de su carácter: aquel que con el pretexto de la religión (o del trabajo, o del dinero), aprovechará el ambiente para su propio y único beneficio.

The-Revenant_poster_goldposter_com_4Por muy evidente que sea la crítica de Iñárritu, que se permite un par de muestras de simbolismo exageradamente obvio (pero con más sutileza que su compatriota en Gravity [Alfonso Cuarón, 2012]), Fitzgerald, con todas sus características, es esencial para potencializar el mensaje religioso de la película y para contrastar el ascenso de Glass. Que este hombre pronuncie la frase “Yo debería ser como un Dios para ti” es un acto de blasfemia, el colmo del colmo, y castigarlo será la prueba final para que el renacido encuentre la gracia divina.

Afortunadamente, lo que en otras manos se hubiera contentado con ser una película entretenida, o gratuitamente violenta o de superación personal, bajo la dirección de González Iñárritu terminó por ser una obra esencialmente espiritual, construida tan meticulosamente que es deleitable para los ojos, dolorosa para el estómago e interesante para el intelecto. Dígase por último, sin lujo de detalles, que el enfrentamiento culminante entre los enemigos es rematado con una moraleja católica y un acto de violencia brutal. Con un bautizo alegórico en el río helado, Hugh Glass se ha puesto del lado de Dios y se ha distanciado del hombre blanco, que a fin de cuentas parecen no estar en el mismo bando.

 

Trailer

 

Ficha técnica

Dirección: Alejandro González Iñárritu.

Producción: Steve Golin, Alejandro González Iñárritu, David Kanter, Arnon Milchan, Mary Parent, Keith Redmon, James W. Skotchdopole.

Guion: Mark L. Smith, Alejandro González Iñárritu; basado en la novela de Michael Punke

Reparto: Leonardo DiCaprio, Tom Hardy, Domhnall Gleeson, Will Poulter, Forrest Goodluck, Paul Anderson.

Música: Alva Noto, Ryûichi Sakamoto.

Dirección de fotografía: Emmanuel Lubezki.

Edición: Stephen Mirrione.

País: Estados Unidos.

Año: 2015.

Iñárritu y Lubezki, un dúo excepcional

En su momento, nombres como Orson Welles y Gregg Toland con Citizen Kane (1941); Francis Ford Copolla y Gordon Willis con The Godfather; Steven Spielberg y Janusz Kaminski con Schindler’s List (1993) y Saving Private Ryan (1998), representaron una excelente dupla en cuanto a la dirección y fotografía. La historia del cine continúa y desde 2014, Alejandro G. Iñarritu y Emmanuel Lubezki se incluyen a esta lista de parejas que han realizado un trabajo impecable.

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Birdman or (The Unexpected Virtue of Ignorance) es el cuarto largometraje dirigido por Iñárritu. En sus trabajos anteriores (Amores perros, 21 gramos, Babel y Biutiful) la fotografía estuvo a cargo del mexicano Rodrigo Prieto. Sin embargo, con la película que hoy nos atañe, se marca una notable evolución en la propuesta visual del director, y a partir de la colaboración con Emmanuel, se caracteriza por una estética bien definida y un especial ritmo en la narrativa.

La historia se centra en Riggan Thomson, un actor en decadencia que busca ser nuevamente reconocido y respetado. Para ello invierte todo lo que tiene en una obra adaptada, dirigida, producida y protagonizada por él mismo. El fantasma del que fue su personaje más importante, el superhéroe Birdman lo persigue y le recuerda la miseria en la que se ha convertido. Parece que todo a su alrededor es caos y pierde con facilidad el control cuando llega Mike, quien arrebatadamente arruina el primer preestreno de la obra.

Con este filme, Iñárritu demostró la versatilidad en su obra y la impecable ejecución en la manera de contar historias. El manejo de la cámara es impredecible. Los planos sitúan al espectador íntimamente en la acción en tiempo real de la historia y al lado de los personajes, dentro de un azulado New York. La mancuerna Iñárritu-Lubezki logra un escenario conectado dentro y fuera del teatro.

Para lograr la maravillosa puesta en escena fue necesario un arduo trabajo de dirección y minuciosa sincronización de los involucrados, además de una destacada actuación de todo el reparto encabezado por Michael Keaton, quien interpreta a Rigg, personaje que está claramente construido tridimensionalmente y logra involucrar al espectador en su crisis. Mike (Edward Norton) se convierte en el fastidioso actor narcisista al que desearás estrangular más de una vez; contrariamente, Sam (Emma Stone) cautiva con su presencia rebelde. Así, el cast se lleva las palmas al contribuir de una manera exitosa. Asimismo, los personajes secundarios no dejan caer la trama y logran atraer la atención en todo momento.

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La película se empapa de humor negro y utiliza los giros de tuerca con agradable sentido, dotándola de naturalidad. En el tercer acto el personaje cumple con su misión a cuenta gotas y el desenlace se transforma en algo inesperado. El guion logra una espectacular fusión de todos los elementos y los explota eficazmente.

Respecto a la música, “el negro” acertó una vez más al permitir la libre creación de Antonio Sánchez, otro talentoso mexicano, quien sube y baja al son de los planos, aterrizando cuando es necesario. Así, la banda sonora dota de gran virtuosismo a la película, convirtiéndola en una parte imprescindible de la experiencia cinematográfica.

Iñárritu hizo que el mundo pusiera la mira en Birdman. Se atrevió con nuevas técnicas, totalmente distintas a sus realizaciones previas, y generó una total admiración hacia su trabajo. La película fue galardonada con cuatro premios de la Academia: mejor director, mejor guion original, mejor fotografía y mejor película. A casi un año de su premiación, el cineasta pretende arrasar en esta nueva entrega con The revenant (2015). Asimismo, Lubezki podría lograr su tercer Óscar consecutivo; dos de ellos gracias a la colaboración con Alejandro González Iñárritu.

Fan Valdés

Pedagoga de formación pero cineasta por convicción, artista plástica en el tiempo libre.

 

La fotografía de Lubezki: el desarrollo de un legado

El cortometraje Vengeance is Mine (1983), dirigido por Luis Estrada, en el que Alfonso Cuarón fungió como cinefotógrafo y Emmanuel Lubezki como asistente de fotografía, en su momento provocó un choque entre la tradición académica del CUEC (Centro Universitario de Estudios Cinematográficos) y los citados alumnos. Aquellos jóvenes buscaban desarrollarse por todos los ámbitos y a partir de entonces decidieron seguir su desarrollo como realizadores fuera de las aulas. Esto nos recuerda dos puntos: las instituciones no lo son todo y finalmente, los galardones pertenecen a quienes los conciben; a ese artista curioso y perfeccionista innovador, cuyo trabajo podemos empezar a reconocer como legado.

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Al hablar de fotografía, sólo hasta que el mexicano de ascendencia rusa Emmanuel Lubezki comenzó a ganar los premios de la Academia -Mejor fotografía por Gravity (Alfonso Cuarón, 2013), y por Birdman: Or (The Unexpected Virtue of Ignorance) (Alejangro G. Iñarritu, 2015)-, un buen público comenzó a valorar y conocer el trabajo de este departamento, el cual es de los más difíciles de reconocer. El director da los elementos y se pone de acuerdo con el fotógrafo, pero ¿dónde está el sello de quién en la cinta? Unos dirán que en la composición o la luz, quizá en la óptica, otros podrán decir que es una pregunta vana. Sin embargo se debe dar con esta praxis para entender mejor quién es el responsable directo de lo que se está viendo en pantalla.

Birdman

Es necesario decir que el trabajo de El Chivo pasó por un largo proceso, durante el cual fue madurando un método. Y probablemente sólo a partir de Y tu mamá también (Alfonso Cuarón, 2001) se percibe por primera ocasión una convención visual determinada: los planos secuencia con luz natural, característica que no era notoria en cintas que filmó antes; cabe recordar Como agua para chocolate (Alfonso Arau, 1994), o producciones norteamericanas como Twenty Bucks (Keva Rosenfeld, 1993) o Reality Bites (Ben Stiller, 1994). En estos títulos se limitaba a usar la escala de planos: de primer plano para dar intimidad a los personajes pasaba a planos americanos o escalas mayores con la intención de quitar dramatismo o proseguir a otras acciones. La diferencia con Y tu mamá también, se sitúa en cómo filmó (por complacencia de Cuarón) escenas muy largas para explicar las situaciones de sus personajes.

y tu mamá también

Lo anterior exigió gran planeación para cada tiro, además, se dispuso de un tiempo limitado por el uso de la luz natural; en general, fue un tratamiento de ensayo/error, el cual nos enseña que más allá de las reglas, lo que importa son las intenciones y cómo se exploten las herramientas para lograrlo. Y a estas alturas, podemos decir que uno de sus principales aportes por supuesto, son los planos compuestos.

El uso de los grandes angulares

Ahora existe una especie de democratización con el uso de las grandes angulares, o lentes de gran perspectiva (debido a la comercialización en toda clase de productos y aplicaciones), pero no hay que dejar de lado que determinadas técnicas despiertan diferentes sensaciones. Por ejemplo: primeros planos de personajes en grandes angulares (a contramano de las reglas), dan una perspectiva deformada pero más amplia a pesar de la cercanía, incluyendo más objetos detrás del personaje, lo cual genera cierto peso dramático al escenario, (dependiendo de las necesidad del director, esto ayuda a fortalecer la narrativa). Lo dicho es algo que sólo Lubezki se atrevió a homogeneizar. “Él decidió fotografiar escenas muy largas con lentes muy angulares, y utilizar luz natural para acercar al espectador, a una experiencia muy real”, Alfonso Cuarón (Children of Men-The Cinematography of Emmanuel Lubezki).

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Probablemente su mayor colaborador no es otro que el mismo Alfonso Cuarón, y muchos pueden coincidir que el “estilo documental” fue la primera importante contribución, tanto del director como del fotógrafo. Ejemplo de ello es Children of Men (Alfonso Cuarón, 2006), la cual, con planos secuencia muy extensos y cortes fantasma (cortes unidos mediante edición de una acción que parece continua), fue definida como “una experiencia visualmente histórica, de la cual no puedes apartar la vista” (News New York Daily). Asimismo, la crítica la señaló como “una inolvidable y conmovedora adaptación” (Wall Street Journal); Emmanuel Lubezki la recuerda como “un trabajo del cual estoy orgulloso” (Children of Men-The Cinematography of Emmanuel Lubezki).

Probar otros caminos

Denominado como “un artista curioso”, por sus antiguos colaboradores, el Chivo no temió probar en cada ocasión diferentes técnicas, algo natural de su desarrollo como cinefotógrafo. “Educar el ojo y el corazón” decía Martin Scorsese, y quizá así se resume en este caso. Emmanuel, en vez de trazar una perfección en un travel, con impecable composición, reparó más en elaborar un plano muy limpio y compuesto, incluyendo tantos elementos como le eran posibles. La tesitura puede estar en la inspiración que brinda a otros resultados, así como a la distinción que se desprende de otros directores por confiar en su estilo. Muestra de lo mencionado es su trabajo con Alejandro González Iñarritu, quien después de trabajar con Rodrigo Prieto como director de fotografía desde Amores Perros (2000) hasta Biutiful (2010), decidió probar la buena racha de quien hoy es su colaborador.

De momento estamos a la espera de qué es lo que nos ofrecerán al final del año. Finalizando, quizá son las exigencias narrativas del director, o el trabajo del cinefotógrafo, no obstante The Revenant (Alejandro G. iñarritu 2015), tal vez ponga esto en evidencia y podamos tener la certeza de si la cinematografía está abarcando cada vez más las decisiones que le corresponden a la visión del director, o simplemente se está integrando en una brillante homogeneización. Sin embargo, hablar de este Emmanuel Lubezki es referirnos a un perfeccionista ingenioso, el cual nos está dejando una aportación que sin duda se tendría que valorar y agradecer.

Iñarritu y DiCaprio

Luis Zenil Castro 

Productor audiovisual y dibujante.