La casa de Jack o del Tío Chueco danés

Lars Von Trier es reconocido en el panorama cinematográfico por sus “controversiales” películas, siempre cargadas de chocantes -en el ‘buen’ y el ‘mal’ sentido- recursos para llamar la atención. Ahí se anda echando una disputa con Gaspar Noé para determinar quién es el provocador de provocadores dentro del mainstream (que no lo es tanto).

Cuando presentó La casa de Jack en el Festival de Cannes, los reportes indicaron que “hubo muchas personas que salieron de la sala antes de que acabara la proyección” e incluso se habló de salas vacías. ¿Pues qué tanto contiene su metraje? ¿De verdad es tan duro? Alguien por ahí me dijo: “él es el tipo de director que le pagaría a las personas para que se salieran antes o compraría todos los boletos de una función para dejar la sala vacía, todo con el simple objetivo de llamar la atención”… Vaya.

A manera de una conversación entre Jack (Matt Dillon), un asesino, y Verge (Bruno Ganz), una presencia fantasmagórica-demoníaca, cuya mezcla sugiere que están en un plano no terrenal, este largometraje cuenta el viaje del criminal en su vil transformación hacia un desalmado, combinando reflexiones sobre el arte y la vida en el proceso. Ya saben, Von Trier.

La división episódica del argumento (cinco incidentes) y un epílogo que es, tal cual, el destino final de este monstruo, revela ocasiones aleatorias de los 12 años de asesinatos que este personaje ejecuta aparentemente sin mayor motivo, pero defendidos por una teoría artística y plástica que manifiesta una obsesión de trasfondo, la cual involucra la arquitectura como pretensión de vida negada y la admiración a grandes artistas, quienes virtuosos en la forma, fueron controversiales por las temáticas que tocaban y su exposición. Es decir, siendo autorreferencial, Von Trier explora su trayectoria para autodescribirse como este asesino maniaco en el cine, que no teme cruzar todos los límites para hacer su gran obra. A la par de sus asesinatos, el protagonista busca construir su casa y, trasladado a la realidad, éste sería Von Trier en la edificación de su carrera, dejando cadáveres, sangre y quesque escándalo por doquier.

Te puede interesar: Lars Von Trier, las claves para entender su estilo 

Regresando a la trama, el personaje encuentra motivación no para transformarse totalmente en maníaco, pero sí para cierto desdén por el orden establecido e insensibilidad hacia el exterior; todo expresado sádicamente en una escena donde el pequeño Lars, digo Jack, corta la pata de un pato bebé. Este planteamiento de un acontecimiento ocurrido en la infancia como determinante del futuro, es una clara marca del cine psicologista común en la trayectoria de este director.

Ahora que contamos con una justificación narrativa para la violencia posterior, debo decir que su forma escandalosa es solamente eso: un grito con altavoz para hacer una película moderna sobre un desquiciado. Sí, hay una exploración somera a lo que sería un motivo interno para los siguientes atropellos, pero queda demasiado superficial para la cantidad de crueldad que, además, vuelve a centrarse en la declaración semiterapéutica del autor que notoriamente buscaba sacar todo lo que traía dentro, tanto ‘bueno’ como ‘malo’. El gore, decreciente en calidad plástica conforme avanza el filme, confirma la idea de que todo es más por llamar la atención, pues la explicitud cada vez más grande es por incidente y sin mayor justificación que el pasar del tiempo y la profesionalización del demente; no hay otra razón para mostrar tal brutalidad más que el hecho de ser una película de Lars Von Trier.

La casa de Jack es una amplia autoexploración egomaniaca al pasado del cineasta danés, quien aprovecha para alzarse un poco el cuello y responder a ciertas críticas de “misógino” o “sádico” que el tiempo le ha dado. Posiblemente esta sea una visión personal de lo que es una obra culminante, pues la casa que el personaje tanto anhela es la realización personal que el propio realizador persigue. Sí, cierta habilidad técnica y narrativa, pero también una sensación de vacuidad. Hit the road, Lars.

Mauricio Hernández

(R) egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Colaborador en la Revista Encuadres. 

Películas Found Footage

El género cinematográfico documental se ha diseccionado con el paso del tiempo y los continuos avances tecnológicos. A través de la manipulación directa del material, diversos realizadores han explorado la tierra fértil de dicha rama del cine. Quien asegure que el documental es objetivo, vive en los tiempos de Lumiére y Brighton.

Una de sus categorías es el denominado found footage, mina de oro del cineasta independiente, claro ejemplo de ello es la infame saga Actividad paranormal que costó unos cuantos miles de dólares y recaudó unos tantos millones. El subgénero es pretexto, se volvió popular con la inolvidable La bruja de Blair a finales del siglo pasado que propició al menos un centenar de filmes burdos y desechables. Sin embargo hay algunas joyas que han dignificado el formato.

 5. Noroi (Kôji Shiraishi, 2005)

Situada en Japón, el relato gira en torno a Masafumi Kobayashi, una suerte de analista de lo paranormal a la usanza del difunto Juan Ramón Sáenz. El investigador, descubre el vínculo que hay entre una entidad demoníaca y una serie de sucesos que entrelazan a varios personajes.

El filme contiene una trama narrada en dos actos, a diferencia del estilo estadounidense, en Noroi el drama se cuece lento, no hay screamers ni momentos de sorpresa, empero el suspense aumenta conforme avanza la historia, la paciencia es clave para arribar a un clímax que se extiende por un lapso de más de veinte minutos.

Noroi-708x350

La ruptura con respecto a otras películas del mismo corte se da con el ritmo, complementado por actuaciones y un diseño de arte minimalista, característico del teatro Noh japonés, quizá, una de las principales influencias estéticas.

Aun con sus virtudes, la cinta no se libra de circunstancias inverosímiles en donde el afán por grabar, se impone a la imperiosa necesidad de salvar una vida. Noroi adolece de lo más esencial, la construcción y desarrollo de escenas, siendo éstas, disonantes y desequilibradas.

4. Lake Mungo (Joel Anderson, 2001)

Alice Palmer, una joven de dieciséis años aparece muerta a las orillas de un lago, su familia sufre el proceso de duelo mientras se investigan una serie de acontecimientos aparentemente paranormales, que se suscitaron a raíz de su fallecimiento. Tal es el relato desarrollado por el director Joel Anderson, quien invita a escépticos y creyentes en el fenómeno fantasmagórico por igual a disfrutar de una trama con múltiples giros de tuerca que contribuyen al desarrollo de los personajes.

lakemungo

Si bien Lake mungo no se trata de una película netamente found footage, está filmada al estilo de un documental falso, en donde el metraje “hallado” forma parte de la estructura dramática, es fundamental para develar el misterio del ahogamiento.

La cinta contiene escenas atemorizantes que mantendrán al espectador tenso, secuencias tan bien logradas que uno logra involucrarse en el dilema familiar, a pesar de ser a veces incongruentes el luto les conduce a sacar lo peor de sí mismos.

¿Existen los fantasmas? ¿de dónde provienen? ¿qué quieren? Para responder aquellas cuestiones, el público deberá soportar el ir y venir del misterio de la muerte hasta la secuencia de créditos, que sin duda les dejará más preguntas que respuestas, y que al mismo tiempo le eriza la piel a más de uno.

Película completa: http://bloghorror.com/2010/01/lake-mungo-2009.html

3. Rec 2 (Jaume Balagueró, Paco Plaza, 2002)

La temática zombie ha sido explotada hasta el cansancio, raro es mirar una propuesta refrescante, ese fue el caso de REC (2007) dirigida por el dúo Balagueró-Plaza, que repitieron y de hecho mejoran la hazaña con la secuela, ambientada de nuevo en el interior de un edificio en la ciudad de Barcelona.

La incursión de la fuerza policial en el conflicto permite licencias estéticas como el empleo de planos sobre los rifles, plagio de los videojuegos shooter que funciona a la perfección. Dicho elemento provoca un cambio del punto de vista original, se pasa del pasivo (Ángela Vidal) al activo (escuadrón de rescate). El ingenio, no para ahí.

Rec-2-Quad_682_1050345a

Ahora se añade una explicación al “virus” de carácter religioso, un sacerdote infiltrado investiga a una de las criaturas más emblemáticas del nuevo milenio: La niña Medeiros, poseída por un ente demoníaco capaz de transferir una parte de su esencia; los zombies, están poseídos no infectados. Esta explicación fue una de las principales herramientas para que la crítica le apaleara, a veces, darle un giro al mito es arriesgado y REC 2 es el caso.

2. La bruja de Blair (1999)

Daniel Myrick y Eduardo Sánchez decretaron los ingredientes de la fórmula; financiamiento independiente, cámara en mano, minimalismo audiovisual y un grupo de personajes dedicados a “investigar” un fenómeno sobrenatural. La bruja de Blair fue el parteaguas, el banderazo de salida a un nuevo milenio en donde los medios tal y como lo predijo Dogma 95, se democratizaron, cualquiera con ansias de contar, cámara en mano puede hacerlo.

blair_witch_project

El principal acierto de los realizadores fue dejar todo a la imaginación del espectador, esto provocó el terror que la hizo legendaria ¿qué hay más horrible que aquello que proviene de nuestro interior? La bruja es el pretexto para adentrarnos en el bosque y sufrir, como sus protagonistas.

El guión peca por lento, sin embargo a partir del segundo acto la trama cobra fuerza, las situaciones se complejizan y el método de filmación resulta efectivo, como si no hubiera otra manera de contar esa historia. Cabe preguntar qué habría resultado de haberse filmado de manera tradicional, el found footage al parecer era la ÚNICA manera.

1. Holocausto Caníbal (1980)

Filme capital del found footage o lo que es lo mismo, el padre del subgénero. Relata el andar de un grupo de documentalistas poco experimentados en el amazonas. Dirigida por Ruggero Deodato, la película causó controversia durante la década de los ochenta por su contenido violento; de la destrucción de comunidades aborígenes a la castración, Holocausto brilla por retratar la descomposición del ser humano moderno y el abuso de poder.

holocausto canibal

Entre sus imágenes se encuentra la mutilación de una tortuga en cámara, sin embargo está plenamente justificada, ya que define a los personajes, les construye y sobre todo, sirve de parangón entre los naturales del Brasil y los visitantes modernos, aunque se revelará que a la postre, ambos son en esencia, violentos.

Holocausto caníbal no es un filme tolerable por cualquiera pero debe ser vista por todos, ya que literal y metafóricamente se introduce a las entrañas del ser humano, para revelarnos, para mostrarnos de qué somos capaces. Cuestiona, muestra y enseña cuáles son nuestros instintos más básicos, descubre el velo: diversión y violencia son grandes amigas que van de la mano.

Gerardo Herrera

Guionista, cofundador y editor de Zoom F7

¿Por qué el cine es un arte?

Por: Rodrigo Márquez 

El cine es considerado el séptimo arte, sin embargo muy pocos saben por qué. “¿No me digas que las películas de Adam Sandler son arte?” me reclamó alguna vez un amigo, y con razón: no todas las películas son obras de arte, así como no todos los libros son literatura.

Sin embargo, primero se debe definir qué es el arte, y aquí surge el primer problema, pues desde los griegos como Platón y Aristóteles se ha estudiado este fenómeno y se han dado diferentes acepciones de la palabra. Platón, en su República, asegura que el arte es una apariencia respecto a la realidad, y él mismo sostenía que los buenos poetas hacían sus obras conociendo a fondo su tema a tratar, de lo contrario, eran simples imitadores.

Por su parte, Aristóteles trató el arte como una representación imitativa con varios elementos de la realidad: a través de colores, la voz, rimas y demás componentes se encarnaba el día a día de ciertos pasajes humanos.

Ante lo anterior, podemos afirmar que un buen cineasta,  o por lo menos aquel que se jacte de hacer arte, conoce las formas, métodos e instrumentos necesarios para realizar filmes, como en el caso de las diversas expresiones artísticas que cuentan con su respectivo conjunto de técnicas y reglas: en la pintura hay métodos al óleo, reglas de composición, conocimientos de geometría; en la escultura, estudios de anatomía, cinceles; etc.

El cine, al ser el arte más novedoso, tomó reglas y preceptos de otras disciplinas: elementos de composición de la pintura y arquitectura, historias de la literatura, etc. Tales elementos demuestran lo dicho por Aristóteles, pues se usan herramientas y compendios para nutrir al cine en su necesidad de expresar.

acine1

Retomando el idealismo platónico, sabemos que la ficción en el cine es representada con alegorías y símbolos a la realidad. Un ejemplo muy claro son las películas de Kubrick, en las cuales hay introspecciones y reflexiones que rozan la filosofía, transmitidas de manera muy armoniosa con imágenes.

Al recurrir a Immanuel Kant, quien refuerza la idea de que el arte debe ser una representación producto del trabajo humano, resulta necesario que las historias del séptimo arte tengan de fondo un mensaje, el cual se pueda hallar a través de la reflexión y la interpretación.

Kant también trata la belleza, cualidad de toda arte. El filósofo europeo define (a grandes rasgos) la belleza, como aquello que produce placer, proveniente de dos orígenes: de las sensaciones (arte agradable) o de la reflexión (arte bello). El cine provoca ambas. La primera es evidente cuando se analiza la dirección de arte de las películas: uno disfruta los paisajes del Señor de los Anillos o el interior del teatro en el Fantasma de la Ópera; quedamos impactados con la tenebrosidad de un campo de concentración en la Lista de Schindler o morimos de ganas por visitar un planeta como el de Avatar.

En cuanto al arte bello, está presente en la intención del equipo que realiza la película al momento de conjuntar los elementos necesarios para hacer un trabajo reflexivo y digno de apreciarse. Esta cualidad es perceptible para aquellas personas que están conscientes de las valorizaciones necesarias para determinar lo bueno o malo de un filme.

Captura de pantalla 2014-07-13 a las 21.28.46

Por otra parte, el húngaro Georg Lukacs, estudia al arte desde la literatura, como una estructura coherente de principio a fin ─con conexiones sólidas entre la historia, los personajes y los elementos que encierran a la obra, que al final revelarán el mensaje implícito de la misma─, que representa la realidad con un fin diferente al de la ciencia, es decir, contar la realidad a través de una imagen y no explicarla en relaciones de causa y efecto.

Este aspecto tratado por Lukacs es visible en los guionistas, pues utilizan metodologías que dan orden y lógica. Hablamos desde la estructura más simple (introducción, desarrollo y conclusión) hasta las necesidades dramáticas de los personajes, análisis actanciales, puntos climáticos, intermedios, entre otras herramientas.

Cuando surgió el cine en 1895, los hermanos Lumiere no hicieron un estudio minucioso de las artes ya existentes para generar un lenguaje cinematográfico que diera a los filmes el estatus de artístico. Conforme el cinematógrafo se fue expandiendo por el mundo, Méliès, los ingleses, rusos, franceses, italianos y norteamericanos hicieron del cine lo que ahora es, dándole la categoría de arte, distinguiéndose así del teatro, “su familiar más cercano”.

Según Béla Balàzs, el surgimiento del nuevo arte se da por la variación del tamaño de una escena con relación al teatro, ya que la perspectiva del espectador cambia (lo que antes presenciaba con sus ojos, ahora lo atestigua a través de una cámara) y las imágenes aisladas (cuadros) son dotadas de lógica y sentido gracias al montaje. De igual forma, existen más elementos del lenguaje cinematográfico como la profundidad de campo, los encuadres, movimientos de cámara y planos.

cropped-6a00d83452d45869e20133f4e861a5970b-800wi1

También como en la pintura o literatura, existen movimientos artísticos en el cine, por ejemplo, el Impresionismo francés son sus vanguardias, el Expresionismo alemán, el Dogma 95, etcétera.

En conclusión, el cine es un arte debido a que es una producción humana que se vale de diversos elementos para hacer representaciones de la realidad a través de símbolos que despiertan una satisfacción en el espectador, y que a través del tiempo, ha perfeccionado su lenguaje para la mejora de sus causa.