Natalia Beristain da voz a los familiares de mujeres asesinadas en México

Por: Angélica Mejía (@lilithchance)

Todos los días nueve mujeres son asesinadas en México. Los familiares de éstas mantienen heridas abiertas; sangran al darse cuenta que los casos no se resolverán mientras las autoridades sean indiferentes. Nosotras, cortometraje documental dirigido por Natalia Beristain (Los Adioses, 2017) llega a la plataforma El Día Después como herramienta para formar conciencia social alrededor de esta problemática que cada año crece. 

Para tal propósito se buscó a las personas que han resentido la violencia de género más que cualquiera: sobrevivientes y familiares de mujeres asesinadas o desaparecidas, quienes cada mañana despiertan con la ausencia de sus seres queridas y con la conciencia de la injusticia. Representan a cientos de madres, quienes siguen esperanzadas a que les digan dónde están sus hijas o quién las mató. 

El cortometraje de 23 minutos refuerza su mensaje al acercarnos también a mujeres que día a día son testigos o víctimas de acoso sexual, así como a aquellas que han logrado salir de un ambiente violento. 

Otra de las aristas son los familiares que, tras su experiencia de perder a una hija a manos de la violencia feminicida, reflexionan sobre cómo no vemos el problema hasta que nos sucede. Tales testimonios se nutren con la opinión de especialistas, quienes han tratado de encontrar la solución a estos hechos que forman parte de una cadena de actos violentos que concluyen en el asesinato. 

Los participantes de este proyecto tienen algo muy claro: el problema es cultural, México es un país acostumbrado a ser violento con las mujeres y cambiar eso tomará un largo camino, pero son optimistas. 

Nosotras no explica qué es un feminicidio o qué es violencia de género, sino que muestra las consecuencias de estos fenómenos. Es un trabajo similar al visto en Sin tregua (Diego Rabasa, 2019), documental que toca el tema de las personas desaparecidas en México. Ambos títulos son producidos por El Día Después, una iniciativa de Diego Luna que busca visibilizar el trabajo de diversas fundaciones. 

Beasts of No Nation: la guerra vista desde la infancia

 

Años de lucha fratricida empujan cada vez más a una marea de refugiados rebeldes y a sus persecutores militares en toda la región hasta llegar al pueblo donde vive Agu (Abraham Attah) y su familia. El furioso ambiente que pronto atraviesa el protagonista y sus consanguíneos transforma su vida por completo.

Con un dominio en demostrar las carencias y la vulnerabilidad de los núcleos más marginados en una sociedad, Cary Fukunaga regresó de la exitosa serie de HBO True Detective al cine con Beasts of No Nation.

Después de cintas con el mismo tipo de temática como Sin Nombre (2009) coproducida con Diego Luna y Gael García en Guatemala y México, Fukunaga muestra la crueldad de la inhumanidad en una guerra civil  a partir de la adaptación  de la novela de Uzodinma Iweala, Beasts of No Nation, retomando el fenómeno desde la perspectiva de los más débiles y su supervivencia.

Lo primero que percibes del filme es cómo se dibujan los paisajes del oeste africano. La paleta de color del director y también fotógrafo Cary Fukunaga se asegura de mentalizar al público en la realidad de esta no tan ficticia historia en una especie de documental. Al mismo  tiempo, la familia de Agu ve cómo su mundo es hundido de un zarpazo y él se une a una banda de mercenarios. Inicialmente, Agu no tiene opciones y utiliza a sus indeseables compañeros como ruta de escape para poder encontrar a su madre, pero el duro Comandante (Idris Elba) lo cambia para siempre.

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Agu teme a su líder y a muchos de los hombres que le rodean, su floreciente infancia ha sido arrebatada brutalmente por la furiosa guerra que atraviesa la nación como a una ola de destrucción. A su primer desgarro entre la revulsión del conflicto y la fascinación, Agu representa la mecánica de la guerra, sin timidez por lo explicito, visceral o por el detallado dibujo en una compleja y difícil imagen como un niño soldado.

Abraham Attah trasciende categóricamente y su presencia permanece tan demandante que emana durante toda la película, marcando inclusive el equilibrio de Idris Elba. La transformación del personaje es solo uno de las excepcionales hazañas de la narrativa en Beasts of No Nation. No hay mucho dialogo en la cinta, pero cuando lo hay es brillante.

Idris Elba da un intenso performance como el comandante oficial y eventual figura paterna; su personaje viene como un monstruo, pero va demostrándose vulnerable conforme la historia avanza.  Fukunaga muestra las situaciones más precarias completamente ajenas para la mayor parte de la audiencia, para después volverlas tan familiares en una narrativa convincente y honesta.

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Cuando la violencia rompe y entra, es brutal y mortal. El joven actor Attah es feroz en simpatía e inocencia todavía, y así aterriza las secuencias de batalla. La riesgosa creatividad de Fukunaga toma estas escenas de proxenetismo, pero teniendo sentido cinematográfico y formándose como poesía de acción. Hay cierto lirismo para la guerra en los pueblos y junglas del continente, siendo hermoso e inolvidable.

Al final, el innombrable comandante y su ideología se vuelve tan claras como el devenir de la cinta, y ambos alcanzan un clímax perturbador.  El director estadounidense lo contrasta con la inicial inocencia y los dos (Attah e Idris) guardándose respeto el uno al otro. El resultado es un rítmico trabajo de arte con una de las mejores caracterizaciones jóvenes del momento. Un emocionante relato de la guerra moderna vista a través de los ojos de un niño. La cinta simplemente catalogada como una de las mejores en el 2015, y con un nombre para considerar en el devenir de los años tanto en el cine como en la televisión, Cary Fukunaga.

Luis Zenil Castro 

Productor audiovisual y dibujante.

 

 

 

 

Rogue One: Un nuevo respiro para la saga

En 1977 un joven cineasta presentó al mundo una película que mostró a las personas de marketing y a los productores una nueva manera de engordar las carteras y generar cantidades obscenas de dinero fuera de las salas de cine. Esa película, como muchos saben es Star Wars, el primer episodio que irónicamente comienza siendo el cuarto (en otra ocasión abordaremos el porqué de esa decisión). Pero el joven George Lucas, aficionado a las carreras de autos y a los cómics, tuvo un trasfondo menos comercial, y que incluso podría ser hasta romántico al momento de concebir esta ópera espacial.

En un concepto más básico, Lucas creó una analogía entre los jóvenes creadores con ganas de cambiar el establishment de las productoras hollywoodenses para llegar a un público con ganas de otro tipo de historias.

Ese puñado de rebeldes representados por Spielberg, De Palma, Scorsese, Coppola y el mismo Lucas se enfrentarían al temido Imperio, que no es más que la visión que el creador de Indiana Jones tenía sobre las grandes productoras de la Meca del cine.

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Lo que sucedió con Star Wars es una historia que la mayoría conocemos y otros, padecemos. Pero en este año 2016, que se antoja lejano en todos sentidos con el 1977 que vio nacer la saga más lucrativa de todos los tiempos; se presenta el primer filme que no pertenece a la línea argumental a la que estamos acostumbrados, es decir nadie tiene que ver con los dilemas y conflictos de la familia Skywalker, pero si ocurre en el mismo universo.

Rogue One: A Star Wars History (Gareth Edwards, 2016) cuenta la historia de un grupo de outsiders de la Alianza Rebelde que logran tener información sobre una arma tan poderosa que puede destruir un planeta entero. La obtención de los planos de esta arma es vital para evitar que el Imperio Galáctico domine la galaxia para siempre.

La historia es protagonizada por Jyn Erso (Felicity Jones) quien sufre una ruptura familiar debido a los planes del imperio por construir la temida estrella de la muerte, cuya construcción es liderada por su padre Galen Erso Capturada por el grupo de inteligencia de la Alianza Rebelde, quienes desesperados por saber qué es esta nueva arma están dispuestos a realizar cualquier acción para lograr detener esta “asesina de planetas”.

La película cuenta con un ritmo audaz que lleva de la mano la acción y las diferentes situaciones que llevaran a este grupo de rebeldes a realizar el plan tan ambicioso. Se siente apresurado el primer acto, justo porque así están las cosas en el Consejo de la Alianza Rebelde.

Al ser el primer largometraje que se desprende de los episodios que integran la saga principal, cuenta con otro formato, por decirlo de alguna manera. Es la historia de un puñado de personas que serían desconocidas, no hay Jedis, son solo rebeldes.

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Las actuaciones son buenas, Jones hace una combinación del sentido de humor ácido de Han Solo con la fortaleza de la Princesa Leia, con Diego Luna que caracteriza al Capitán Cassian Andor quien a pesar de ser reacio al inicio genera empatía con Erso para lograr acceder a los planos de la Estrella de la Muerte. Además cuenta con la excelente actuación de Donnie Yen (Chirrut Imwe) un monje ciego que protege los restos de un antiguo templo Jedi, que cree con mucha devoción en la Fuerza.

Dentro de la trama es interesante como van entrando algunos personajes conocidos, tanto de la primer trilogía (Episodios IV, V y VI) y de personajes que no tienen tanto peso pero que aparecen en el Episodio III y dan pie a lo que ya todos sabemos que sucede en Una Nueva Esperanza.

En el apartado de dirección se siente esa importancia que da Gareth Edwards a la perspectiva, que es lo que ya habíamos visto en Godzilla (Edwards, 2014) y nos da una imagen dimensionando el tamaño de la Estrella de la Muerte. En la música, es notable que no exista un score realizado por John Williams, pero que a pesar de no estar esa pieza fundamental en el universo Star Wars no se sienta de golpe esa falta.

La fotografía y efectos especiales son, digamos, genéricos de la saga, lo sorprendente es el uso del CGI para dar vida a viejos conocidos de la saga.

Esta historia de Star Wars fue un alivio, después del sinsabor que dejó (para el que escribe) Episodio VII. Fue un acierto, a pesar de los problemas de producción que estuvieron a punto de dejarla solo como proyecto. Es emocionante, los personajes aparecen cuando deben y sobre todo, a pesar de que también apela a la nostalgia, no se siente forzada.

Sebastián Ortiz 

Comunicólogo que habala mucho y escribe (mal) sobre cine, música y ciencia ficción.