Rodrigo Prieto: las claves para entender su estilo

En esta ocasión les traemos un videoensayo que desglosa las características de la cinematografía del mexicano.

Antonio Reynoso: archivo de un cinefotógrafo

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Por: Leslie Valle

Todo buen cinefotógrafo debe saber poner sus ojos al servicio de las ideas de otros y eso es algo que, sin duda, Antonio Reynoso supo hacer, pero imprimiendo siempre su sello personal en cada imagen.

Antonio Reynoso nació en Toluca, Estado de México, en el año de 1923 y tuvo una formación artística que se vería reflejada en su obra fotográfica, ya que su manejo de luces y contrastes era excepcional: sabía hacer gritar a las luces pero también creaba un silencio abismal entre las sombras. Por ello su producción es clave para ejemplificar la transición que hubo entre los fotógrafos del siglo XIX y XX.

A lo largo de su trabajo resaltan las enseñanzas de Manuel Álvarez Bravo y ciertas similitudes con Henri Cartier-Bresson, pero es innegable su gran capacidad para generar las mejores imágenes con los mínimos recursos, logrando un realismo casi poético en metrajes como Fando y Lis, Tajimara, El despojo, entre muchos otros.

Es por ello que en la exposición Antonio Reynoso: archivo de un cinefotógrafo, se presentan todas las obsesiones visuales que éste tenía por el campo desfolklorizado, los umbrales, los desnudos y las mujeres; que sirvieron como puente para que varios artistas de la talla de Alejandro Jodorowsky, Juan José Gurrola y Juan Rulfo vieran hechas realidad sus ideas e historias.

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Esta muestra es el resultado del Primer Seminario de Investigación y curaduría: tecnología, medios audiovisuales y experimentación artística del Centro de la Imagen —a través de dos colecciones principales: el Archivo Antonio Reynoso y la Filmoteca de la UNAM—; en la cual se busca enmendar todos los años en que Reynoso ha estado en el olvido.

El resultado es un compendio fotográfico y cinematográfico junto con documentos y testimonios del autor que estará disponible para todo público hasta el 31 de Agosto en el Centro de la Imagen, ubicado en la Plaza de la Ciudadela 2 en el Centro Histórico (a un costado del metro Balderas).

Horarios: miércoles a domingo de 12:00 a 19:00 horas.

Entrada libre.

Una mirada a los cinefotógrafos mexicanos

La fotografía llega a México desde mediados del siglo XIX y se va consolidando mediante el dominio de elementos técnicos, con el cual se pretende sacar el mayor provecho de las imágenes y expresar ideas. Después, con la introducción de la cinematografía, tales conocimientos fotográficos sirvieron para afirmar la labor de un realizador especial en colaboración con el Director. No obstante, los primeros mexicanos se afianzaron realmente como camarógrafos y fotógrafos en el cine mudo, desarrollándose en las fotos fijas (stills).

Hasta los años 30, aunque primero extranjeros inspiraron la labor, fotógrafos mexicanos empezaron a sonar, dejando un ejemplo de su trayectoria hasta llegar a la época de oro del cine mexicano. Esta nueva óptica determinó que la profesión resolvía el desarrollo de las imágenes, de la visión del director  y de las películas como tal.

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El compadre Mendoza

Entre ellos Victor Herrera, encargado tanto de la foto fija como de cine foto, empleándose hábilmente con el manejo de media luz en cintas como En un Burro tres Baturros (1939) y El Baisano Jalil (1942). De igual forma, Agustín Jiménez reunió en un principio las facetas de cinefotógrafo y stillman; hizo foto fija con Sergei Eisenstein en ¡Que viva México! (1932) y después se fue especializando en retratar ambientes opacos y sombríos.

También tuvo a su cargo las fotos fijas de El compadre Mendoza (1933), Dos monjes (1934), El escándalo (1943) y El fantasma del convento (1934), y cinefoto en Abismo de Pasión (1953), La sombra del caudillo (1960)  hasta llegar con Carlos Taboada en Hasta el viento tiene miedo (1968).  Otro grande, Alex Philips (de ascendencia canadiense) que participó en más de 50 largometrajes y cuenta con más de 40 años de carrera en los que destaca su arduo trabajo en cintas desde ¡Ay Jalisco no te rajes! (1941) hasta el Castillo de la Pureza (1973). A esto se suman varias colaboraciones en los Estados Unidos.

De igual forma, los hermanos Agustín y Raúl Martínez Solares comenzaron tomando stills, pero pronto ascendieron a la categoría de cinefotógrafos. Los fotógrafos mexicanos en esta etapa muchas veces no contaban con el crédito, que sólo se depositaba en director, escritor y actores, debido a que no era usual mencionar el oficio. Esto cambió notablemente cuando Gabriel Figueroa y otros exponentes comenzaron a crecer como figuras individuales de la profesión, y muchos cinefotógrafos y fotógrafos, empezaron  a diferenciar su trabajo popularizando la labor.

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Enamorada

Gabriel Figueroa, quien primeramente trabajó con los cineastas Emilio “el indio” Fernández, Roberto Gavaldón y posteriormente con Luis Buñuel en la década de los 50, generando clásicos de culto como Los Olvidados (1953), Maclovia (1948) y Macario (1960), por mencionar algunos, posicionándose como el mexicano más reconocido a nivel mundial. Su fotografía destaca por la singular visión para retratar con genialidad el ambiente en blanco y negro,  el diestro manejo de luz y sombras, ya fuera en primeros planos o en planos generales. Con esto, sus imágenes se distinguieron por un estilo delicado y único en el mundo, con lo que ganó la admiración de colegas y directores extranjeros. Figueroa inundó sus vitrinas de premios en las décadas posteriores: 16 premios Ariel  en  mejor fotografía,  lo que lo llevó en parte, a colaborar en Hollywood con el mismo John Ford en El Fugitivo (1947).

Terminada esta etapa del cine mexicano, ya en 1976, Luis Echeverría Álvarez impulsó ciertas leyes para estimular la industria cinematográfica, lo que ayudó para que directores como Arturo Ripstein, Felipe Cazals y Jorge Fons continuaran haciendo películas, y por otra parte funcionó para el cine de ficheras. Así, Alex Philips, Gabriel Figueroa y José Ortiz Ramos, siguieron trabajando con directores de esta etapa distinguiéndose por su calidad y más que todo su continuidad.  En la transición del blanco y negro al color, otros directores de fotografía como Ángel Abad laboraron en México y después emigraron al extranjero, aunque ninguno con tanta trascendencia.

Rodrigo Prieto egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) en 1985, colaboró inicialmente con Daniel Gruener como director de fotografía en Sobrenatural (1996), cinta por la que ganó un premio a mejor cinematografía en el Festival de Cine de Colombia. Después se desempeñó en algunos cortometrajes y largometrajes, hasta que en el 2000 realizó la fotografía de Amores Perros, de Alejandro G. Iñarritu.

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Babel

Prieto se distingue como cinefotógrafo en el ámbito internacional y ha trabajado con reconocidos directores como Martín Scorsese, Spike Lee y Ang Lee. Su estilo visual se basa en retratar con telefotos e ISO alto para darle ruido y textura a la película; también suele manejar fuertes contrastes y  colores desaturados.  Prieto se consideró por largo tiempo el principal colaborador en fotografía de Alejandro G. Iñarritu, y uno de los principales exponentes de la cinematografía mexicana, hasta que llegó el chivo y su gran angular.

No hace falta mencionar que hoy Emmanuel “el Chivo” Lubezki, es el cinefotógrafo mexicano más exitoso de la historia. Tres Premio Óscar de forma consecutiva con The Revenant (2015), Birdman (2014) y Gravity (2013) hablan por sí mismos. Nunca antes  fotógrafo alguno, incluso fuera de México, había logrado tal dominio.

“No creo que el trabajo del fotógrafo sea nadamás dominar la técnica:

decidir qué diafragma usar o dónde van a estar las luces;

el papel del fotógrafo debe ser colaborar con el director para contar una historia.” Emmanuel Lubezki.

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El renacido

Estudió en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), pero decidió dejarlo para comenzar  a desarrollarse por su propia cuenta. Lubezki llevó la claridad y la limpieza visual al cine digital, con serias influencias de Tarkovksy. Un maestro de la luz tanto producida como natural; revolucionó las imágenes, y aunque ya no trabaja en el cine mexicano, introdujo una nueva forma de ver la gran pantalla con sus lentes de gran perspectiva.

Luis Zenil Castro 

Productor audiovisual y dibujante.