Almodóvar y los trans

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Por: Leslie Valle

Desde que en la pantalla aparece “EL DESEO presenta UN FILM DE ALMODÓVAR” nos preparamos para ver algo distinto. Y es que los inocentes culpables y los culpables inocentes son escenarios comunes; pero hablar del cómo Almodóvar los presenta es punto y aparte.

A este director se le ha llegado a equiparar como sinónimo de sexo, porque no hay una sola de sus obras que no lo contenga mínimamente. ¿Quién no recuerda el uso tan natural de frases como: “Un hombre puede pasar de besar, pero es muy duro que no te coman la polla” (Los abrazos rotos, 2009), “Hasta cuando me como una polla sé ser discreta” (Todo sobre mi madre, 1999), “¿Lo estáis haciendo por delante o por detrás?” (Los amantes pasajeros, 2013)? ¡En fin!

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De esta forma se vislumbra el tono corrosivo y estridente que, en mayor o menor medida, destila cada una de sus películas. Estamos frente a un fanático de lo “trans”, sí: de lo que transgrede, transita, transmite y trasciende.

La transición

Nacido el 25 de septiembre de 1949 en la provincia de Castilla-La Mancha, España, Pedro Almodóvar Caballero tuvo una formación académica religiosa, incluso formó parte del coro de la iglesia. Pero a los 17 años abandonó esa vida para perseguir su sueño: estudiar cine en Madrid, grabando su primer largometraje Folle… folle… ¡fólleme, Tim! en 1978. Así comenzaría la historia de uno de los cineastas europeos más reconocidos, que hasta la fecha ha grabado 20 películas, la última de ellas, Julieta, que debutó este año en el Festival de Cannes.

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Pero, ¿qué es lo que lo distingue del montón? Sin lugar a dudas su estilo. Aun con su marcada influencia de Luis Buñuel, su forma de contar historias —melodramas generalmente— es única: recrea sin temor alguno todas esas realidades marginales, escandalosas y provocadoras que están en su cabeza, donde el sexo, la religión, las tradiciones españolas y la moral retorcida coexisten creando vínculos paradójicos; ahí, las convencionalidades no existen.

Es por ello que en él se puede aplicar, nunca de mejor forma, la célebre frase de Agrado en Todo sobre mi madre (1999): “uno es más auténtico cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí mismo”.

Transmíteme

La paleta de colores juega un papel muy importante al momento que cada historia cobra vida. Predominan dos escalas: la de los rojos que dota a las imágenes de dinamismo, pasión y agresividad, en combinación con los azules que producen calma, sabiduría y confianza; no hay mejor ejemplo que La piel que habito (2001) que está completamente en los azules o ¡Átame! (1990) que utiliza los rojos al extremo.

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Si bien estos son los colores que destacan, también hallamos con fuerza los amarillos, naranjas y verdes muy brillantes, los cuales dan alegría, vitalidad y frescura a cada fotograma, porque ni en sus obras más oscuras se ha descuidado el brillo cromático. Además de contar con la presencia de los blancos y negros para crear contrastes y dar sofisticación, poder y, ¿por qué no?, jugar desde ahí con el Yin y el Yang que poseen sus historias.

Transgresiones

Así llegamos al verdadero poder de Pedro Almodóvar: crear personajes tridimensionales —con dobleces y verdades ocultas por revelar— de los que uno queda enamorado, aunque sus acciones deberían llevarnos a sentir lo contrario. No importa de dónde vengan, hacia dónde vayan o cómo actúen, siempre terminan conquistando a quien los mira.

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En especial si se trata de mujeres, porque es lo que mejor sabe hacer: los retratos femeninos. No por nada Qué he hecho yo para merecer esto (1984), Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) y Volver (2006), se han convertido en las joyas que encarnan perfectamente la descripción que Manuela (Cecilia Roth, Todo sobre mi madre) hace: “¡Las mujeres somos gilipollas! Y un poco bolleras”.

El punto es trascender

Almodóvar fue considerado un transgresor del arte cinematográfico: tocó los temas que eran tabú para su época —y aún en la nuestra— haciendo una profunda exploración de las pasiones y las miserias humanas, no por nada era conocido como el “niño terrible”.

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Sin embargo, a 35 años de su ópera prima, sus más recientes producciones —Los amantes pasajeros (2013) y Julieta (2016)— no tuvieron la recepción a la que éste estaba acostumbrado; lo que parece indicar que el estilo almodovariano  se estancó e incluso, quizá, está en decadencia.

A pesar de todo lo que se pueda decir en su favor o en su contra, no cabe duda que este director manchego puso en alto el cine español, porque al igual que Lola (Todo sobre mi madre), Almodóvar “no es un ser humano, es una epidemia”.

Stella Cadente o el fugaz reinado de Amadeo

 

It’s a hard job but someone’s gotta do it…

El cineasta catalán Luis Miñarro nos presenta su más reciente obra, Stella Cadente, en la que retrata uno de los momentos más álgidos de la historia de España: el primer intento de instauración de la Monarquía Parlamentaria a cargo de Amadeo I, quien la mayor parte de su reinado estuvo enclaustrado en su Palacio, lleno de lujos y de sirvientes que vivieron una especie de erotismo debido a las diversiones que tenían y la forma en que satisfacían sus necesidades en diversas situaciones.

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En esta ocasión el director de Barcelona nos hace ver la pérdida de poder, así como el liderazgo que nunca tuvo este llamado “Electo”, quien a pesar de vivir en un mundo de lujos, sus propuestas para modernizar España se volvieron añicos ante la presión del pueblo que no quería una monarquía. Asimismo, los representantes del parlamento obligaban al Rey a ser una simple figura sin poder en el estado.

En la puesta en escena de Stella Cadente no se perdió detalle alguno, tal como lo vemos con Àlex Brendemühl, quien encarna al Rey Amadeo I y destaca por su vestuario similar al del monarca: se trata de escenas dignas para una obra que se remonta a la década de 1870.

En cuestiones técnicas, la fotografía se disfruta, ya que juega con las luces de las velas y con muchos de los colores que se tienen dentro del palacio: es una paleta de colores que se antoja para un filme con muchas tomas exteriores y en zonas boscosas. Otro excelente detalle de la película es su diseño de sonido, contextualizando lo que sucede fuera del palacio y mostrando el pesar del rey.

La película recae en diversos momentos en el género de la farsa, ya que muchas de las secuencias parecen no tener coherencia con la trama, o con lo que le sucede al protagonista, además de ciertos detalles que se salen del mundo que se propone al inicio del filme.

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Este filme de origen español, hablado en catalán y español, resulta interesante tomando en cuenta un momento histórico en el país ibérico. Sin embargo no satisface a cualquiera que desee pasar un buen rato viendo una película (muchas personas abandonaron la sala pasada la primera hora).

La estrella fugaz, o Stella cadente en italiano, nos muestra una imagen diferente de lo que se tiene sobre la monarquía, pero a veces también se percibe muy regional a pesar de las referencias sobre el fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo.

Sebastián Ortiz 

Comunicólogo que habala mucho y escribe (mal) sobre cine, música y ciencia ficción.

El apocalípsis de Iglesias

Por: Rodrigo Márquez

Hace unos días, el mundo cinematográfico español perdió a una de sus estrellas: Álex Angulo, de 61 años de edad, quien murió en un accidente vehicular en su natal España. El actor dejó un legado fílmico galardonado, tanto en el viejo continente, como en México. Para recordarlo, repasaremos una de sus películas más entrañables: El Día de la Bestia, dirigida por Álex de la Iglesia.

La historia es la siguiente: un sacerdote ibérico (Álex Angulo) ha estudiado durante varios años el apocalipsis bíblico, llegando a la conclusión que dicho evento ocurrirá en Madrid, con el surgimiento del anticristo, el mismísimo día de Navidad, mientras los católicos celebran el nacimiento de Jesús.

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El cura, decidido a evitar el inicio del fin de los tiempos, comienza a obrar contrariamente a su forma de ser y sigue la filosofía de que el mal atrae al mal. A través de su búsqueda por el lugar exacto, en donde nacerá el hijo de Satán, crea una mancuerna con José María (Santiago Segura), un peculiar metalero quien al parecer no alcanza a comprender la situación a la que se enfrentan.

Asimismo, se relaciona con Cavan (Armando De Razza), un psíquico, estrella de la televisión —al estilo Walter Mercado— quien es consciente de la farsa de su negocio, sin embargo, el viaje que comenzará con el padre y José María, le borrará toda huella de escepticismo.

Una historia de misterio, con toques de terror, que a la vez está impregnada de humor y momentos absurdos, los cuales se conjuntan en película de 103 minutos, funcional y entrañable, en la que permeará el entretenimiento, reiremos en algunas ocasiones, nos preocuparemos en otras, y poco importará la carencia de los efectos especiales, porque entenderemos la sátira dentro de la historia.

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La película fue estrenada el 20 de octubre de 1995 en España y obtuvo 14 nominaciones a los Premios Goya, de los cuales, ganó Álex de la Iglesia como mejor director, Santiago Segura como mejor actor revelación, y los departamentos de sonido, dirección de arte, maquillaje y peluquería, así como efectos especiales, fueron reconocidos con su respectivo busto de bronce.

Considerada como filme de culto, sin duda, la cinta abrió el camino para que los Del Toro, los Morales y los Plaza, tomaran como punto de partida la obra apocalíptica de Álex de la Iglesia.