‘Ares’ la próxima película de Sci-Fi de Robert Zemeckis

Robert Zemeckis, director de populares entregas como Forrest gump y la trilogía Volver al futuro, está en negociaciones finales para dirigir y producir un thriller de ciencia ficción titulado Ares; esto bajo el sello de Warner Bros.

El proyecto, con guion original de Geneva Robertson-Dworet (Capitana Marvel), es sólo uno de los próximos trabajos de Zemeckis, ya que todo indica que dirigirá para Disney la adaptación live action del clásico Pinocho. Actualmente, el cineasta estadounidense también realiza la posproducción de La Maldición de las brujas, una adaptación de la novela de Roald Dahl, igualmente para Warner Bros. 

La historia de Ares es descrita como “la historia de un astronauta que ante un choque de cápsulas espaciales aterriza en un desierto africano. Cuando se apresura a reunirse con su familia, se revela que la misión fue parte de una conspiración más grande y que puede estar llevando un secreto que podría cambiar el mundo para siempre”.

Fuente: THR

 

 

High Life: sensaciones en el vacío

“No somos nada” es una frase que puede escucharse en los funerales. Se le dice a los familiares o personas cercanas al fallecido para expresar condolencias. Este tipo de expresiones, comúnmente huecas y vacías, suelen cargar con significados más amplios de lo que aparentan y con posibilidades de aplicarse en otros contextos.

Por ejemplo, queda perfecta para referirnos a High Life (2018), décimo sexto largometraje salido de la peculiar cosmovisión de Claire Denis. La película cuenta sobre un grupo de criminales peligrosos, quienes son mandados a una misión de descubrimiento al espacio, con la casi total certeza de que nunca volverán. Cruel manera de reinsertarles a la vida útil. Dentro de ese conjunto destaca el protagonista Monte (espléndido Robert Pattinson). 

Si un grupo de personas estuvieron decididas -casi forzadas, según nos cuentan- a embarcarse en una misión suicida por un proyecto del que no había seguridad alguna más que la tecnológica, entonces ¿qué son? ¿Conejillos de indias? ¿Desechos humanos? Los apestados de la sociedad, es decir, prácticamente nada. Esta reducción de la cualidad humana tras ser expulsados a la fuerza de su planeta en el nombre de la ciencia es reforzada por la voz en off de Monte, quien lamenta su situación al saberse parte de un capricho engendrado por alguien que quiso descubrir el espacio, o sea, la nada. Igualmente, en varias líneas del resto de la tribu.

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Ahora, este clan habita una nave espacial que provee todas sus necesidades básicas, las cuales son amenazadas cada 24 horas si no hay un reporte de avances. El contacto con el otro se reduce únicamente a las mismas personas por años -terrestres-, medida de tiempo insuficiente para el cosmos. En ese caso, ¿siguen siendo humanos? Si el contrato social se suprime casi por completo, lo suficiente para que el instinto predomine en su comportamiento, pero no tanto como para olvidar el lenguaje, ¿en qué punto están? La mitad que puede traducirse en ninguna parte. De nuevo, la nada.

La semiabrogación del carácter humano queda adjetivada en dos escenas clave: la violación de una mujer por su compañero criminal, quien no puede contener más sus impulsos al verse insatisfecho sexualmente, y la violación de Monte, llevada a cabo por Dibs (potente Juliette Binoche), la doctora encargada de la “salud” de la comunidad, pero especialmente encomendada a concebir un bebé mediante la inseminación de las mujeres a bordo. Ella carga con el trauma de haber asesinado a sus hijos, mostrando su obsesión por cumplir la tarea para fungir como madre postiza de la criatura ante su incapacidad reproductiva. Los impulsos de ambos perpretadores fueron los catalizadores de sus actos, omitiendo por completo el comportamiento aceptado hacia el prójimo. ¿Qué es quien actúa guiado por nada más que su instinto o bien, una naturaleza construida por su entorno?

Al mostrar una violación de una mujer hacia un hombre y tras ser cuestionada por no poner “roles femeninos positivos” o “fuertes”, la directora respondió con molestia: “…no soy una trabajadora social”. Fuera de tratarse de una respuesta que denota una agilidad impresionante, es una línea que exhibe congruencia discursiva. El argumento de la película no gira alrededor del género, aun si las lecturas que permite lo involucran de alguna manera. Es la reducción de la condición humana en un entorno astral que, sí, da para interpretaciones múltiples, pero que no se reduce a un plano de agenda unidimensional. La visión de la autora se impone a lo que rodea a la película.

Este cúmulo de discursos (posibles) y sensaciones queda representado con grandiosas composiciones plásticas del espacio inexistente para nosotros, imaginario para todos -en la realidad-, pero común para los personajes. Las imágenes del cosmos son excelentes para enseñar el absorbente negro y los brillantes colores contrastantes. Para capturar las acciones de la nave, se opta mucho por el close-up que fragmenta los cuerpos, enfoca emociones como tristeza, enojo, desesperación… todas propias de enfrentar el vacío.

High Life, debut en el idioma inglés para la realizadora, aun con su desarrollo parsimonioso, es una compleja analogía sobre la vida y su fragilidad, sobre la gran inmensidad de la nada. Una pieza expedida de la brillantez de Denis que reduce al espectador a un mundo donde predomina la sensación ante la razón. El todo fílmico y la nada discursiva.

Mauricio Hernández

(R) egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Colaborador en la Revista Encuadres.

Black Mirror 5: ¿alejada de la esencia?

El giro esencial de la más reciente temporada de Black Mirror es un contenido en el que la tecnología se desempeña como un medio y se aleja de ser el centro del argumento. ¿A dónde nos lleva este vehículo de la virtualidad? A evidenciar nuestros vicios a partir de algo que paradójicamente está para ayudarnos, para hacernos la vida más fácil. Y en ese sentido, la serie británica continúa apegada a su esencia. Sin embargo, el hecho de que la tecnología haya dejado de explorar futuros de tonos más fatalistas no ha sido de total agrado para los fans.

Una de las cualidades que ha perdido esta quinta entrega es la de apegarse a la dimensión desconocida de esa virtualidad, característica que los propios creadores llegaron a señalar como indispensable, tomando sus declaraciones al menos hasta la tercera temporada. En esta ocasión no se alimenta significativamente al imaginario de tono distópico y futurista creado por Charlie Brooker…¿es razón suficiente para terminar una de las series más destacadas de ciencia ficción?

Mientras intentamos responderlo, revisemos cada uno de los capítulos.

Striking Vipers

Protagonizado por Danny (Anthony Mackie) y Karl (Yahya Abdul-Mateen II), establece su línea temática desde el principio y se mueve dentro de ella: el deseo sexual. Lo que continúa es el desarrollo de un guion que cuida muy bien sus elementos y fija la pauta que seguirá el resto de los episodios: la tecnología, y sobre todo sus consecuencias, son reflejo de la persona que la consume. En este caso el videojuego es el lugar libre donde se desenvuelven los deseos, donde los personajes escapan de la represión que puede llegar a significar, en este caso, el matrimonio, la monotonía…y la monogamía.

La posible homosexualidad y un videojuego como detonante, el cual no establece barreras en las sensaciones físicas, son los medios que los creadores utilizan para construir un relato basado en la tensión. No es uno de los mejores capítulos de la serie, sin embargo técnicamente destaca por su calidad al ejecutar equilibradamente el apartado de guion (Charlie Brooker) y dirección (Owen Harris).

Smithereens

¿Cómo podría sorprendernos la tecnología de una fecha ya pasada? El capítulo que curiosamente es el más convencional en cuanto al tópico tecnológico, resulta ser el mejor, ya que potencia hasta desgarradoras consecuencias las costumbres que ya conocemos respecto a nuestra relación con las plataformas sociales. El gancho lo logra a partir del misterio de un personaje interpretado por el irlandés Andrew Scott, cuyo desempeño se inscribe entre las mejores actuaciones de toda la serie. Nuevamente se recurre a la tensión como en el primer capítulo, teniendo un mejor resultado gracias a la dirección de Owen Harris, quien también fue responsable del gran San Junipero en la tercera temporada.

De la cierta indiferencia por la necesidad, y necedad, ante el personaje que busca hablar con el magnate creador de Smithereens (claramente “LA red social”), se pasa a un total estado de alerta y ya no estamos sólo al pendiente por si sucederá o no la llamada, sino por el cómo. Destaca una gran construcción psicológica del personaje principal, un antihéroe que incluso comparte rasgos con Travis Bickle. En el capítulo se separan los hilos y los mantienen en espera para entrar en acción y para ir reforzando una historia que arrincona al espectador en diversas emociones.

Rachel, Jack y Ashley Too

A partir de una estrella del pop de nombre Ashley Too, interpretada por Miley Cirus y cuya actuación fue la que tuvo más foco previo al estreno, conocemos tanto las inseguridades de Rachel (Angourie Rice), una fan adolescente que perdió a su madre, como las de la cantante, quien tampoco cuenta con la figura materna. La forma de conectar a ambos personajes es por medio de una muñeca robot, réplica de Ashley Too.

Los tópicos intimistas y hasta cierto punto oscuros se diluyen en un relato que se desvía por el camino de lo amigable, lo cual en sí no es un problema, la decaída viene por cómo se llega ahí: salidas fáciles, apresuradas y deus. Este último capítulo, que para mostrar la amenaza de la especie de Alexa recurre a la sobre explicación, resulta abrumado por sus propias intenciones, abandonando todos los contraste planteados en un inicio.

Aquí nuestro comentario en Cine para todos 

Leticia Arredondo

Cofundadora y editora de ZOOM F7. Escribo sobre cine y fotografía.

A propósito de Blade Runner 2049

Este fin de semana llega a las pantallas Blade Runner 2049, dirigida por Denis Villeneuve. Al igual que en Blade Runner (1982) veremos a Harrison Ford en el papel de Rick Deckard. Y a propósito de tal estreno, recordamos los aportes del clásico de la ciencia ficción dirigido por Ridley Scott.

Donnie Darko

Una de las películas de culto de inicio de este siglo, cumple 15 de su estreno este 2017. Protagonizada por Jake Gyllenhaal y escrita y dirigida por Richard Kelly,  Donnie Darko sigue a un joven con problemas psicológicos y que cuenta con un amigo imaginario, quién lo hace despertar en lugares inverosímiles y lo más importante, le indica la fecha del fin del mundo.

Es en términos no clásicos, una película de ciencia ficción que se camufla bastante bien en una especie de melodrama preparatoriano. Más allá de filosofar sobre su contenido, vamos a enfocarnos a lo interesante y propositivo, en términos dramáticos, del soundtrack.

Después de despertar sobre una carretera, Donald Darko se encamina hacia su casa. Ahí, su familia suburbana vive (aparentemente) tranquila y se discute sobre las próximas elecciones de 1988. Acompañamos a Donnie con la canción Killing Moon de Echo & The Bunnymen, una de las bandas favoritas de Richard Kelly y la cual nos contextualiza en la época, finales de los ochenta.

Si bien el score no es rimbombante para una historia épica de ciencia ficción, es atinado para que el público perciba los problemas que aquejan al protagonista, y lo que sufre o disfruta al obedecer las ordenes de Frank, el amigo imaginario con disfraz de conejo.

Como en el caso de Danny Boyle, la música es usada como un conductor de la historia y como una manera de llevar el montaje. Un ejemplo de esto es con la canción del dúo Tears for Fears: Head Over Heels; la duración del track nos da tiempo para conocer el mundo donde se desenvuelve Donnie: la escuela, presentada en dos planos secuencia en los que se alterna el aceleramiento de cámara, time lapse y cámara lenta. Recursos utilizados para que conozcamos a los habitantes del mundo que está a punto de acabar.

En este maravilloso soundtrack también se halla Notorious de Duran Duran, que es parte del baile que hace Sparkles, el grupo de la hermana menor del protagonista, así como el clásico single de Joy Division, Love Will Tear Us Apart, la cual es usada en la fiesta de aceptación de Elizabeth Darko a la universidad y en la que Donnie y Gretchen tienen su primera relación sexual.

Canciones que marcaron un momento, tal vez alternativo de finales de los ochenta, pero que funcionan exquisitamente en una película a que quizá se le defina como una “teen movie” boba, pero destaca la forma en que la temática, junto con la música, nos lleva a saber más sobre lo que sucede con Donnie y Frank, y cómo todo esto se junta con teorías de física cuántica, agujeros de gusano e impensables viajes en el tiempo.

El filme acaba con la intervención de Mad World, original de Tears for Fears pero reinterpretada por Michael Andrews y Gary Jules, como acompañamiento melancólico a la tragedia de la familia Darko.

Plano secuencia

Baile Sparkles

Sebastián Ortiz 

Comunicólogo que habala mucho y escribe (mal) sobre cine, música y ciencia ficción.

 

Life: vida intrascendente

La ciencia ficción nos permite viajar al futuro, lidiar con supuestos tecnológicos que atentan contra la humanidad, aventurarnos en busca de vida inteligente, etc. Esta necesidad de explorar el espacio ha sido ilustrada en cientos de películas, lo cual complica la originalidad de retratarle en los filmes más recientes y en los venideros. En el caso de Hollywood, advertimos una decadencia de creatividad: tramas que carecen de profundidad en sus personajes, en sus acciones y planteamientos.

Retomar el tema de alienígenas asesinos no es una aventura que se pueda hacer sin regresar a esos referentes que fueron, son y serán trascendentes en la historia del cine como Alien (Ridley Scott, 1979), la cual marcó a toda una generación y configuró una franquicia en el género que difícilmente será superada y que sigue estrenando películas después de casi 40 años.

Pero Life no es tan afortunada; y muy pocos de nosotros la recordaremos. Su referente inmediato es Alien (porque es la más chida), quisieron mejorarlo y aumentarlo, pero solo crearon un cúmulo de pistas para predecir secuencia tras secuencia, clichés y elementos sacados de la manga que en vez de atrapar al espectador, lo alejan (porque la audiencia ya no se cree todo).

La historia es muy sencilla: un grupo de científicos ha encontrado unas muestras en Marte y pretenden analizarlas. Su investigación parece no correr peligro hasta que el espécimen, que primero era una célula, ahora se ha multiplicado y ha desarrollado un sentido de supervivencia que provocará deshacerse de los humanos que tripulan la nave.

Life -Pelicula Daniel Espinosa

Aquel ser es una especie de calamar baboso, se desliza hasta por los espacios más estrechos. Es superpoderosa, súper inteligente, adaptable a cualquier ambiente y además se alimenta de los humanos que va matando. A todos les espera un final infeliz.

Todo va al grano, la odisea es salir vivo de la estación espacial. Mantiene el suspenso y en las escenas climáticas no hay espacio para la imaginación, el espectador sufre por la tortura de la infame criatura hacia los personajes, pero su destino se vuelve predecible a cada minuto.

Por la temática y el lugar en el que Life se desarrolla, Daniel Espinosa y su departamento de fotografía a cargo de Seamus McGarvey optaron por la frialdad en la paleta de colores (acertada para este tipo de historias), que crea la sensación de lejanía y soledad en el espacio. Los planos se vuelven genéricos y se agrega uno que otro plano secuencia con la intención de mostrarnos el recorrido del resbaladizo ser, o la arquitectura espacial interna de la nave, así como para generar desesperación durante las persecuciones desventajosa que sufren los tripulantes.

El CGI es más que evidente y en muchas escenas provoca salirse de la ficción, sin embargo el diseño de la criatura es en un inicio una forma que no ocasiona ninguna intimidación, pero que su evolución te hará desear no querer toparte nunca con ella.

Las actuaciones no son maravillosas pero tampoco decepcionan, a pesar de que tienen su propia biografía y el director solo trata de mostrar un poco, no profundiza en ninguno de ellos, su misión está bien definida, pero hasta ahí. Life es totalmente palomera, nada profunda, y recomendable para aquellos que no esperan una historia fascinante.

Fan Valdés

Pedagoga de formación pero cineasta por convicción, artista plástica en el tiempo libre.

 

Eyes Wide Shut: la última película de Kubrick

El talento de Stanley Kubrick es sin duda indiscutible, desde el manejo de la cámara, las adaptaciones de diversos libros polémicos y sumamente interesantes, así como su paso por diversos géneros; lo recordamos de la ciencia ficción sofisticada a la comedia negra, en incluso con un filme distinguido por una fuerte carga sexual que pudo recibir la clasificación X. Me refiero a su última película, que en términos estrictos dejó inconclusa, ya que falleció durante el proceso de montaje.

En Eyes Wide Shut (1999), el matrimonio de moda de Hollywood, Nicole Kidman y Tom Cruise interpreta a una pareja que vive en la zona más exclusiva de Manhattan; él, un médico prestigiado y ella una ama de casa que está al pendiente de su hija y de lo necesario para la Navidad (momento en el que se desarrolla la historia). Al parecer, una familia que lo tiene todo, pero con inseguridades basadas en la sexualidad de los dos personajes.

Para los especialistas en el tema, el proceso de rodaje aceleró la posterior separación de la pareja, ya que aun estando atenidos a un guion, se abordaron temas bastante polémicos que podrían generar estrés y  revelar la manera en cómo este matrimonio podría vivir sus propios demonios.

El filme, adaptación del libro Relato soñado de Arthur Schnitzler, es un retrato de las perversiones, fantasías y fetiches que rondan en una gran ciudad y las cuales se presentan a través de las aventuras que vive el Dr. Harford (Tom Cruise) al atender a un difunto y descubrir una serie de eventos que ponen en duda aspectos de su vida. Y no sólo se trata de fantasmas personales: halla un submundo en la noche neoyorquina; prostitutas, seres deleznables que comercializan sexualmente con una menor, y se enfrenta a encuentro casual que lo lleva a una gran orgía, en la que pone en riesgo a su propia familia.

La escena de la orgía es intensa, polémica y sobre todo censurada, debido a la solemnidad con la que comienza, y por presenciar todo tipo de relaciones sexuales entre los presentes.

La manera en que el cineasta originario del Bronx lleva este thriller erótico es inquietante. La curva descendente que sufre el personaje de Tom Cruise es pura psicología. Latente es el terror de haber llegado a una fiesta prohibida, donde cualquier crimen podría quedar impune ante el poder de los asistentes.

Para algunos críticos es uno de los trabajos de Stanley Kubrick con menos logros, el que más se aleja del estilo del realizador. En Entertainment Weekly se señaló que: “Al final se reduce a ofrecer una serie de revelaciones que no llegan a ningún sitio”. Sin embargo, otros críticos, entre ellos Robert Ebert, le dio una puntuación de 3.5 de 4, y la definió como “una hipnotizante fantasía sexual que sirve como alegoría para el público adulto”.

Eyes wide shut, que obtuvo más éxito en taquilla que el resto de las películas del director, encuentra su valor como una entrega que aborda al ser humano desde su sexualidad y las inseguridades que esto ocasiona; cómo las relaciones con otros seres humanos, y todo lo que conlleva, nos puede causar un temor ante lo que hacemos en la intimidad.

Sebastián Ortiz 

Comunicólogo que habla mucho y escribe (mal) sobre cine, música y ciencia ficción.

 

 

Pasajeros: El camino bifurcado

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Por: Rodrigo Garay Ysita

Por culpa del producto hollywoodense más bipolar de este año (y no por el responsable de escribir estas líneas), el lector se encuentra ante el camino bifurcado. Un sendero a su izquierda y otro a su derecha, o uno por delante y otro por detrás, o uno en el párrafo de arriba y otro en el párrafo de abajo —las cuestiones de espacio establecidas por un texto en internet son más bien caprichosas y ya sabrá usted acomodarse ante las dos opciones que estoy por presentarle. Como el héroe, armado de valor y sabiduría, escoja el camino que prefiera tomar, o, para dejar el juego más claro, la película que preferiría ver:

sz2vph41. Una travesía intergaláctica, luminosa y energética que, a pasos discretos, se acerca al terror psicológico. Estelarizada por las dos caras bonitas del momento, Chris Pratt y Jennifer Lawrence, aprovecha la apariencia inocente y optimista de ambos para enganchar a su público devorador de palomitas, pero no desperdicia los defectos implícitos en esas personalidades tan engolosinadoras: Pratt, como el niño en cuerpo de adulto que representa en todos sus papeles, es peligrosamente irresponsable e inseguro, y cuando no soporta más la soledad en la opulenta nave espacial Avalon —pues su cápsula de hibernación, por un error técnico fatal, lo despertó 90 años antes de llegar a su planeta de destino y ahora es el único tripulante despierto, sin manera de volver al congelamiento y sabiendo perfectamente que pasará el resto de sus días en el espacio—, cede ante los impulsos más románticos y egoístas de su corazón desesperado y comete la atrocidad de sabotear otra cápsula (que funcionaba de maravilla) para despertar a una tripulante voluptuosa y forzarla, prácticamente, a compartir su vida condenada al encierro; Lawrence, a su vez, no sólo presume su joven cuerpo en trajes de baño diminutos, sino que se enamora del hombre que selló su destino (y que no tuvo la decencia de confesárselo) como se enamoran las mujeres más fuertes y solitarias, es decir, con una bola de fuego en las entrañas lista para explotar sobre el amante traicionero con histérica e incontrolable violencia. Su agresividad potencial es la espada de Damocles que pende sobre el protagonista, ahora desolado por la perdición de su alma, que cambió por una vida con la chica de sus sueños.

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El vacío del espacio sideral es el ambiente óptimo, como lo ha sido en las mejores cintas de ciencia ficción, para orillar a una persona al borde de sus angustias latentes y enfrentarla contra el horror de la existencia. El confinamiento extraterrestre está engalanado, además, no con el humor hueco de The Martian (Ridley Scott, 2015), sino con el dinamismo visual y la simpatía de Moon (Duncan Jones, 2009) que, no obstante la ligereza de sus personajes, llevó el delirio de la clonación, el engaño y el distanciamiento hasta el final. Lo que inicia como un misterio aventurero, puede terminar como una oscura tragedia que castiga los vicios del protagonista o como una oscura comedia que lo ayuda a corregir sus errores después de hacerlo pasar un infierno (en cualquier caso, se cumpliría satisfactoriamente un arco dramático).

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Una carrera contra el reloj para salvar a 5 mil cristianos de UNA EXPLOSIÓN INMINENTE. La nave espacial Avalon está en peligro y la raza humana depende de la bravura de Chris Pratt, siempre fuerte y carismático, dispuesto a sacrificarse gracias a su heroísmo innegable y a la terrible culpa que siente por haber despertado a Jennifer Lawrence, siempre soberbia y melodramática, dispuesta a olvidarse de que el hombre al que ama la asesinó virtualmente. Los terrores pasados no importan porque existe el amor invencible, que dota de fuerza sobrehumana a los pulmones de la heroína para no morir ahogada en una piscina en 0-G, a los músculos (y la piel) del salvador para no morir carbonizado por un torrente de llamas y a las sonrisas de los espectadores cínicos para no morir de risa cada vez que Laurence Fishburne sale a cuadro.

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La tensión en esta historia de acción trepidante está marcada y remarcada por el score ensordecedor de Thomas Newman, que indica claramente cuando una escena debe sentirse cómica (como en sus composiciones juguetonas en las dos películas de Finding Nemo), emotiva (como en Wall-E o Scent of a Woman) o intensa (como en sus trabajos para las últimas entregas de James Bond). La ilustración, efectiva, corre a cargo del cinefotógrafo mexicano Rodrigo Prieto, que, a pesar de ser ligeramente rebasado por el espectáculo de efectos visuales, sigue demostrando el talento que ya está inmortalizado en The Wolf of Wall Street y en sus colaboraciones con Alejandro González Iñárritu.

***

Aquél que haya favorecido alguna de las dos visiones podría decepcionarse al encontrar que Pasajeros (Passengers, 2016) intenta ser ambas películas, pero no completa ninguna; plantea, de forma sorpresiva para su industria, la primera opción y la remata cobardemente con la segunda. Como respondiendo a una demanda de un productor nervioso que teme por la seguridad de sus cheques gigantes, el director Morten Tyldum abandona el conflicto moral/criminal de la pareja en la última media hora y lo reemplaza con la resolución bombástica que le asegure más clientes y ganancias en taquilla.

Según los productores, el público no va al cine para angustiarse con dilemas éticos imaginarios. Según el público, no sé. El lector sabe si tienen razón.

Trailer:

Ficha técnica

Dirección: Morten Tyldum.

Guion: Jon Spaihts.

Producción: Stephen Hamel, Michael Maher, Ori Marmur, Neal H. Moritz.

Reparto: Chris Pratt, Jennifer Lawrence, Michael Sheen, Laurence Fishburne, Andy Garcia, Vince Foster.

Dirección de fotografía: Rodrigo Prieto.

Edición: Maryann Brandon.

Música: Thomas Newman.

País: Estados Unidos.

Año: 2016.

¿De qué hablamos cuando decimos “ciencia ficción”?

El proto cine o la experimentación de diversos procedimientos previos a la fotografía y al cine se enfocaban al método científico. Uno de esos ejemplos es el revolver fotográfico del astrónomo francés Pierre Janssen, el cual usó con poco éxito en el Tránsito de Venus de 1874, pero logró un primer recurso narrativo visual: el timelapse.

El cronofotógrafo o revolver fotográfico fue uno de los precursores de lo que a finales del siglo XIX se conoció como cinematógrafo. Justo este aparato registró un evento astronómico importante y el cual sin querer fue inspiración para que en 1902 Georges Méliès filmará la adaptación de la novela de Julio Verne: El viaje a la luna, también inspirada en Los primeros hombres en la luna de H.G. Wells.

La película muestra un viaje fuera de la tierra y una serie de aventuras que tuvieron un impacto sumamente fuerte en las personas que la vieron el año de estreno. A partir de esto, vemos cómo en género literario se convirtió en uno cinematográfico y no se ha dejado de desarrollar a lo largo de la historia del cine.

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En 2013, el cineasta mexicano Alfonso Cuarón presentó Gravity, su segunda película de ciencia ficción y que aborda un tema que para el cúmulo de naciones encargadas de la Estación Espacial Internacional (EEI) resulta muy preocupante: la basura espacial.

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En más de 100 años, la visión de George Méliès quedó corta en comparación de lo que Cuarón e hijo plantearon en Gravity, en la vida real, la exploración espacial ya es algo común en países desarrollados, no a la velocidad que hubieran querido Arthur C. Clarke y Stanley Kubrick, pero es ya una realidad.

A su vez, la ciencia ficción no sólo se ha relacionado con el espacio, hay corrientes que derivan de este género o se complementan. Como el punk (Cyberpunk, steampunk, dieselpunk, atompunk, por mencionar algunas). Éstos obedecen a las tendencias científicas de las épocas, como el positivismo, el desarrollo de los motores de combustión interna, el inicio de la era atómica y la democratización de las computadoras como herramientas comunes.

image4A lo largo de la historia del cine se han presentado películas de ciencia ficción con una carga narrativa impecable, efectos especiales y temáticas universales. Por ejemplo: Metrópolis (Fritz Lang, 1923) la cual aborda tópicos inconcebibles para la época en la que vio la luz, o Wall E (Andrew Stanton, 2008) donde el asunto es la polución provocada por los hábitos de consumo.

Es en este tipo de temáticas donde se sustenta uno de los valores principales del género: la desesperanza para el ser humano. Tal es el caso de uno de los autores favoritos de Hollywood: Philip K. Dick, quien refleja la perdida de aquello que nos caracteriza como humanos.

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Pero no toda la ciencia ficción es así, hay casos como el de Star Wars, la saga que creó George Lucas, en la que a pesar de ser una alegoría de muchos héroes de la mitología griega, termina con un final feliz o complaciente para el público. Pero hay filmes que entrarían como subgénero y a las cuales no se les reconoce como como tal, y me refiero principalmente a las película de superhéroes, tan en boga hoy en día.

Desde mediados de la década pasada, la empresa Marvel ha plagado las carteleras del mundo con su Universo Cinematográfico, donde presentan las historias de héroes conocidos como Iron Man, Capitán América etcétera y que hasta hace pocos años compiten contra Detective Comics; pero esa es una historia que abordaremos después.

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¿Porque a los superhéroes no se les considera ciencia ficción?, ¿Hay algo que no sepamos que los separa del grupo? Si revisamos Captain América: Civil War (Russo Brothers, 2015) observamos que comparte elementos que la narrativa de la ciencia ficción ha utilizado, por ejemplo personas con poderes que no caracterizan a ningún ser humano común y corriente; los efectos especiales, mundos paralelos…en fin, diversos conceptos que entrarían dentro del género que nos ocupa, pero por alguna razón no se le considera dentro de tal.

La ciencia ficción ha formado la visión del futuro, con algunos aciertos o no. Ahora, cuando en la vida común contamos con la tecnología que era impensable para Méliès o los Lumiere, imaginar el futuro es tan común como revisar este texto en una página de internet.

Sebastián Ortiz 

Comunicólogo que habala mucho y escribe (mal) sobre cine, música y ciencia ficción.

La llegada: Invasión en los sueños de Casandra

1024_2000Por: Rodrigo Garay Ysita

Casandra sufría la carga dolorosa, escupida y premonitoria, visión nebulosa la de los terrores futuros. Si ella hubiera podido elegir, se habría alejado de los sueños y adivinaciones: Casandra, la bruja, la profeta que nadie en Troya quería escuchar. Por más que ella intentó prevenir a su gente, Troya ardió de todas formas.

Amy Adams es una Casandra pelirroja y de tristes ojos azules en La llegada (Arrival, 2016), el nuevo largometraje del director canadiense que acaba de justificar con creces la realización de la secuela de Blade Runner que corre a su cargo: Denis Villeneuve. Mientras que Blade Runner 2049 pinta para ser un festín de grandilocuencia y efectos visuales, su nueva película utiliza el concepto de la invasión alienígena como vehículo para llevar las pasiones y los horrores del género a un plano interior. Secreto.

la-llegadaHay que aclarar, ahora que aún no es tarde, que la protagonista de La llegada no se llama Casandra, se llama Louise, y que poco tiene de bruja o de profeta en realidad. Ella es una experta lingüista a la que su docencia universitaria no ha tratado nada mal (si la suntuosidad de la casa que vemos desde el primer plano fuera un testigo fiable) y que revive, en tiempo presente, la pérdida de su hija en las garras de una enfermedad letal. Louise es mecánica y adormecida hasta que —cambio escandaloso— llegan los aliens.

Como esto no es un blockbuster de ciencia ficción, la intervención de una profesional en lingüística no será, lógicamente, para taladrar aeronaves a balazos o conducir vehículos militares a toda velocidad. Su función es descifrar el lenguaje de nuestros nuevos inquilinos para poder entablar, con la menor violencia posible, las relaciones diplomáticas que nos separan de los animales. Sin embargo, comprender un lenguaje implica procesos cerebrales que van más allá de los puntos y las comas.

Esa enorme responsabilidad la sobrelleva gracias al apoyo incondicional (suertudos somos los que hemos sabido encontrarlo en alguna parte) de su colaborador enamorado Ian, interpretado con simpática sutileza por un entrañable Jeremy Renner. En el ejercicio de ver The Hurt Locker (Kathryn Bigelow, 2008) antes o después de La llegada, uno no reconocería al mismo hombre. Su sensibilidad y apertura con Louise son reflejos del respetuoso tacto con el que ambos tratan a los (casi) arácnidos extraterrestres ante la tensión militar que los rodea. Naturalmente, sólo ellos tendrán acceso al regalo cósmico de la comunicación sobrehumana.

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La ofrenda espacial la recibe agresivamente la psique de la heroína, como gracia divina que transforma, y la enfrenta inmediatamente a un arraigo que sufre principalmente como madre. Una de las tantas lecciones que pueden leerse aquí es, como dicen los insoportables, “más vale amar y perder que no haber amado”, o, en otras palabras, que es mejor vivir para morir que no vivir nunca. Mejor aún sería vivir para seguir viviendo, pero La llegada no se ocupa de la trascendencia metafísica que era materia de Interstellar (Christopher Nolan, 2014), sino que deja que el caso de una mujer excepcional represente los límites de las bondades humanas en secreto. Interstellar, comparación obligada, es también una película más cursi.

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Aprovechando el espacio que este tipo de textos suelen dedicar al indispensable y minucioso estudio comparativo, no sobra mencionar que la filmografía de Villeneuve tiene el atributo, hasta el momento, de no repetirse demasiado. Su exploración del thriller, de una narrativa siempre interesante, ha pasado por la tragedia pecaminosa en Incendies (2010), la cacería policial en Prisoners (2013), el laberíntico lenguaje saramaguiano en Enemy (2013) y la ruptura psicológica fronteriza en Sicario (2015). Si hubiera que apuntar a alguna de ellas, es seguro decir que su más reciente entrega es del corte enigmático de Enemy, de donde, por cierto, canibaliza uno de sus mejores planos y lo adapta a la anatomía de sus monstruosos vecinos intergalácticos (¿o viceversa?).

El breve autoplagio no es nada que cause alarma por el momento ni un detrimento para la ilustración efectiva de una mentalidad que ha logrado superar las limitaciones de la jaula humana. Entre naves espaciales y tentáculos escribanos, La llegada nos habla del poder comunicativo y del dolor eterno en una persona que, así como Dave Bowman en 2001: A Space Odyssey (Stanley Kubrick, 1968), abre su tercer ojo.arrival-5

Predispuesta al ardor de Troya, Louise se separa del mito al encarar una decisión compleja y resolverla, en silencio, con una abnegación lo suficientemente esperanzadora como para transformar en encantos los futuros terrores, los de la nebulosa visión, premonitoria y escupida, dolorosa carga la sufría Casandra.

Trailer

Ficha técnica

Dirección: Denis Villeneuve

Guión: Eric Heisserer, basado en el cuento Story of Your Life de Ted Chiang

Producción: Dan Levine, Shawn Levy, David Linde, Aaron Ryder

Reparto: Amy Adams, Jeremy Renner, Michael Stuhlbarg, Forest Whitaker, Tzi Ma

Edición: Joe Walker

Dirección de fotografía: Bradford Young

Música: Jóhann Jóhannsson

País: Estados Unidos

Año: 2016