‘Ares’ la próxima película de Sci-Fi de Robert Zemeckis

Robert Zemeckis, director de populares entregas como Forrest gump y la trilogía Volver al futuro, está en negociaciones finales para dirigir y producir un thriller de ciencia ficción titulado Ares; esto bajo el sello de Warner Bros.

El proyecto, con guion original de Geneva Robertson-Dworet (Capitana Marvel), es sólo uno de los próximos trabajos de Zemeckis, ya que todo indica que dirigirá para Disney la adaptación live action del clásico Pinocho. Actualmente, el cineasta estadounidense también realiza la posproducción de La Maldición de las brujas, una adaptación de la novela de Roald Dahl, igualmente para Warner Bros. 

La historia de Ares es descrita como “la historia de un astronauta que ante un choque de cápsulas espaciales aterriza en un desierto africano. Cuando se apresura a reunirse con su familia, se revela que la misión fue parte de una conspiración más grande y que puede estar llevando un secreto que podría cambiar el mundo para siempre”.

Fuente: THR

 

 

High Life: sensaciones en el vacío

“No somos nada” es una frase que puede escucharse en los funerales. Se le dice a los familiares o personas cercanas al fallecido para expresar condolencias. Este tipo de expresiones, comúnmente huecas y vacías, suelen cargar con significados más amplios de lo que aparentan y con posibilidades de aplicarse en otros contextos.

Por ejemplo, queda perfecta para referirnos a High Life (2018), décimo sexto largometraje salido de la peculiar cosmovisión de Claire Denis. La película cuenta sobre un grupo de criminales peligrosos, quienes son mandados a una misión de descubrimiento al espacio, con la casi total certeza de que nunca volverán. Cruel manera de reinsertarles a la vida útil. Dentro de ese conjunto destaca el protagonista Monte (espléndido Robert Pattinson). 

Si un grupo de personas estuvieron decididas -casi forzadas, según nos cuentan- a embarcarse en una misión suicida por un proyecto del que no había seguridad alguna más que la tecnológica, entonces ¿qué son? ¿Conejillos de indias? ¿Desechos humanos? Los apestados de la sociedad, es decir, prácticamente nada. Esta reducción de la cualidad humana tras ser expulsados a la fuerza de su planeta en el nombre de la ciencia es reforzada por la voz en off de Monte, quien lamenta su situación al saberse parte de un capricho engendrado por alguien que quiso descubrir el espacio, o sea, la nada. Igualmente, en varias líneas del resto de la tribu.

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Ahora, este clan habita una nave espacial que provee todas sus necesidades básicas, las cuales son amenazadas cada 24 horas si no hay un reporte de avances. El contacto con el otro se reduce únicamente a las mismas personas por años -terrestres-, medida de tiempo insuficiente para el cosmos. En ese caso, ¿siguen siendo humanos? Si el contrato social se suprime casi por completo, lo suficiente para que el instinto predomine en su comportamiento, pero no tanto como para olvidar el lenguaje, ¿en qué punto están? La mitad que puede traducirse en ninguna parte. De nuevo, la nada.

La semiabrogación del carácter humano queda adjetivada en dos escenas clave: la violación de una mujer por su compañero criminal, quien no puede contener más sus impulsos al verse insatisfecho sexualmente, y la violación de Monte, llevada a cabo por Dibs (potente Juliette Binoche), la doctora encargada de la “salud” de la comunidad, pero especialmente encomendada a concebir un bebé mediante la inseminación de las mujeres a bordo. Ella carga con el trauma de haber asesinado a sus hijos, mostrando su obsesión por cumplir la tarea para fungir como madre postiza de la criatura ante su incapacidad reproductiva. Los impulsos de ambos perpretadores fueron los catalizadores de sus actos, omitiendo por completo el comportamiento aceptado hacia el prójimo. ¿Qué es quien actúa guiado por nada más que su instinto o bien, una naturaleza construida por su entorno?

Al mostrar una violación de una mujer hacia un hombre y tras ser cuestionada por no poner “roles femeninos positivos” o “fuertes”, la directora respondió con molestia: “…no soy una trabajadora social”. Fuera de tratarse de una respuesta que denota una agilidad impresionante, es una línea que exhibe congruencia discursiva. El argumento de la película no gira alrededor del género, aun si las lecturas que permite lo involucran de alguna manera. Es la reducción de la condición humana en un entorno astral que, sí, da para interpretaciones múltiples, pero que no se reduce a un plano de agenda unidimensional. La visión de la autora se impone a lo que rodea a la película.

Este cúmulo de discursos (posibles) y sensaciones queda representado con grandiosas composiciones plásticas del espacio inexistente para nosotros, imaginario para todos -en la realidad-, pero común para los personajes. Las imágenes del cosmos son excelentes para enseñar el absorbente negro y los brillantes colores contrastantes. Para capturar las acciones de la nave, se opta mucho por el close-up que fragmenta los cuerpos, enfoca emociones como tristeza, enojo, desesperación… todas propias de enfrentar el vacío.

High Life, debut en el idioma inglés para la realizadora, aun con su desarrollo parsimonioso, es una compleja analogía sobre la vida y su fragilidad, sobre la gran inmensidad de la nada. Una pieza expedida de la brillantez de Denis que reduce al espectador a un mundo donde predomina la sensación ante la razón. El todo fílmico y la nada discursiva.

Mauricio Hernández

(R) egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Colaborador en la Revista Encuadres.

Black Mirror 5: ¿alejada de la esencia?

El giro esencial de la más reciente temporada de Black Mirror es un contenido en el que la tecnología se desempeña como un medio y se aleja de ser el centro del argumento. ¿A dónde nos lleva este vehículo de la virtualidad? A evidenciar nuestros vicios a partir de algo que paradójicamente está para ayudarnos, para hacernos la vida más fácil. Y en ese sentido, la serie británica continúa apegada a su esencia. Sin embargo, el hecho de que la tecnología haya dejado de explorar futuros de tonos más fatalistas no ha sido de total agrado para los fans.

Una de las cualidades que ha perdido esta quinta entrega es la de apegarse a la dimensión desconocida de esa virtualidad, característica que los propios creadores llegaron a señalar como indispensable, tomando sus declaraciones al menos hasta la tercera temporada. En esta ocasión no se alimenta significativamente al imaginario de tono distópico y futurista creado por Charlie Brooker…¿es razón suficiente para terminar una de las series más destacadas de ciencia ficción?

Mientras intentamos responderlo, revisemos cada uno de los capítulos.

Striking Vipers

Protagonizado por Danny (Anthony Mackie) y Karl (Yahya Abdul-Mateen II), establece su línea temática desde el principio y se mueve dentro de ella: el deseo sexual. Lo que continúa es el desarrollo de un guion que cuida muy bien sus elementos y fija la pauta que seguirá el resto de los episodios: la tecnología, y sobre todo sus consecuencias, son reflejo de la persona que la consume. En este caso el videojuego es el lugar libre donde se desenvuelven los deseos, donde los personajes escapan de la represión que puede llegar a significar, en este caso, el matrimonio, la monotonía…y la monogamía.

La posible homosexualidad y un videojuego como detonante, el cual no establece barreras en las sensaciones físicas, son los medios que los creadores utilizan para construir un relato basado en la tensión. No es uno de los mejores capítulos de la serie, sin embargo técnicamente destaca por su calidad al ejecutar equilibradamente el apartado de guion (Charlie Brooker) y dirección (Owen Harris).

Smithereens

¿Cómo podría sorprendernos la tecnología de una fecha ya pasada? El capítulo que curiosamente es el más convencional en cuanto al tópico tecnológico, resulta ser el mejor, ya que potencia hasta desgarradoras consecuencias las costumbres que ya conocemos respecto a nuestra relación con las plataformas sociales. El gancho lo logra a partir del misterio de un personaje interpretado por el irlandés Andrew Scott, cuyo desempeño se inscribe entre las mejores actuaciones de toda la serie. Nuevamente se recurre a la tensión como en el primer capítulo, teniendo un mejor resultado gracias a la dirección de Owen Harris, quien también fue responsable del gran San Junipero en la tercera temporada.

De la cierta indiferencia por la necesidad, y necedad, ante el personaje que busca hablar con el magnate creador de Smithereens (claramente “LA red social”), se pasa a un total estado de alerta y ya no estamos sólo al pendiente por si sucederá o no la llamada, sino por el cómo. Destaca una gran construcción psicológica del personaje principal, un antihéroe que incluso comparte rasgos con Travis Bickle. En el capítulo se separan los hilos y los mantienen en espera para entrar en acción y para ir reforzando una historia que arrincona al espectador en diversas emociones.

Rachel, Jack y Ashley Too

A partir de una estrella del pop de nombre Ashley Too, interpretada por Miley Cirus y cuya actuación fue la que tuvo más foco previo al estreno, conocemos tanto las inseguridades de Rachel (Angourie Rice), una fan adolescente que perdió a su madre, como las de la cantante, quien tampoco cuenta con la figura materna. La forma de conectar a ambos personajes es por medio de una muñeca robot, réplica de Ashley Too.

Los tópicos intimistas y hasta cierto punto oscuros se diluyen en un relato que se desvía por el camino de lo amigable, lo cual en sí no es un problema, la decaída viene por cómo se llega ahí: salidas fáciles, apresuradas y deus. Este último capítulo, que para mostrar la amenaza de la especie de Alexa recurre a la sobre explicación, resulta abrumado por sus propias intenciones, abandonando todos los contraste planteados en un inicio.

Aquí nuestro comentario en Cine para todos 

Leticia Arredondo

Cofundadora y editora de ZOOM F7. Escribo sobre cine y fotografía.

A propósito de Blade Runner 2049

Este fin de semana llega a las pantallas Blade Runner 2049, dirigida por Denis Villeneuve. Al igual que en Blade Runner (1982) veremos a Harrison Ford en el papel de Rick Deckard. Y a propósito de tal estreno, recordamos los aportes del clásico de la ciencia ficción dirigido por Ridley Scott.

Donnie Darko

Una de las películas de culto de inicio de este siglo, cumple 15 de su estreno este 2017. Protagonizada por Jake Gyllenhaal y escrita y dirigida por Richard Kelly,  Donnie Darko sigue a un joven con problemas psicológicos y que cuenta con un amigo imaginario, quién lo hace despertar en lugares inverosímiles y lo más importante, le indica la fecha del fin del mundo.

Es en términos no clásicos, una película de ciencia ficción que se camufla bastante bien en una especie de melodrama preparatoriano. Más allá de filosofar sobre su contenido, vamos a enfocarnos a lo interesante y propositivo, en términos dramáticos, del soundtrack.

Después de despertar sobre una carretera, Donald Darko se encamina hacia su casa. Ahí, su familia suburbana vive (aparentemente) tranquila y se discute sobre las próximas elecciones de 1988. Acompañamos a Donnie con la canción Killing Moon de Echo & The Bunnymen, una de las bandas favoritas de Richard Kelly y la cual nos contextualiza en la época, finales de los ochenta.

Si bien el score no es rimbombante para una historia épica de ciencia ficción, es atinado para que el público perciba los problemas que aquejan al protagonista, y lo que sufre o disfruta al obedecer las ordenes de Frank, el amigo imaginario con disfraz de conejo.

Como en el caso de Danny Boyle, la música es usada como un conductor de la historia y como una manera de llevar el montaje. Un ejemplo de esto es con la canción del dúo Tears for Fears: Head Over Heels; la duración del track nos da tiempo para conocer el mundo donde se desenvuelve Donnie: la escuela, presentada en dos planos secuencia en los que se alterna el aceleramiento de cámara, time lapse y cámara lenta. Recursos utilizados para que conozcamos a los habitantes del mundo que está a punto de acabar.

En este maravilloso soundtrack también se halla Notorious de Duran Duran, que es parte del baile que hace Sparkles, el grupo de la hermana menor del protagonista, así como el clásico single de Joy Division, Love Will Tear Us Apart, la cual es usada en la fiesta de aceptación de Elizabeth Darko a la universidad y en la que Donnie y Gretchen tienen su primera relación sexual.

Canciones que marcaron un momento, tal vez alternativo de finales de los ochenta, pero que funcionan exquisitamente en una película a que quizá se le defina como una “teen movie” boba, pero destaca la forma en que la temática, junto con la música, nos lleva a saber más sobre lo que sucede con Donnie y Frank, y cómo todo esto se junta con teorías de física cuántica, agujeros de gusano e impensables viajes en el tiempo.

El filme acaba con la intervención de Mad World, original de Tears for Fears pero reinterpretada por Michael Andrews y Gary Jules, como acompañamiento melancólico a la tragedia de la familia Darko.

Plano secuencia

Baile Sparkles

Sebastián Ortiz 

Comunicólogo que habala mucho y escribe (mal) sobre cine, música y ciencia ficción.

 

Life: vida intrascendente

La ciencia ficción nos permite viajar al futuro, lidiar con supuestos tecnológicos que atentan contra la humanidad, aventurarnos en busca de vida inteligente, etc. Esta necesidad de explorar el espacio ha sido ilustrada en cientos de películas, lo cual complica la originalidad de retratarle en los filmes más recientes y en los venideros. En el caso de Hollywood, advertimos una decadencia de creatividad: tramas que carecen de profundidad en sus personajes, en sus acciones y planteamientos.

Retomar el tema de alienígenas asesinos no es una aventura que se pueda hacer sin regresar a esos referentes que fueron, son y serán trascendentes en la historia del cine como Alien (Ridley Scott, 1979), la cual marcó a toda una generación y configuró una franquicia en el género que difícilmente será superada y que sigue estrenando películas después de casi 40 años.

Pero Life no es tan afortunada; y muy pocos de nosotros la recordaremos. Su referente inmediato es Alien (porque es la más chida), quisieron mejorarlo y aumentarlo, pero solo crearon un cúmulo de pistas para predecir secuencia tras secuencia, clichés y elementos sacados de la manga que en vez de atrapar al espectador, lo alejan (porque la audiencia ya no se cree todo).

La historia es muy sencilla: un grupo de científicos ha encontrado unas muestras en Marte y pretenden analizarlas. Su investigación parece no correr peligro hasta que el espécimen, que primero era una célula, ahora se ha multiplicado y ha desarrollado un sentido de supervivencia que provocará deshacerse de los humanos que tripulan la nave.

Life -Pelicula Daniel Espinosa

Aquel ser es una especie de calamar baboso, se desliza hasta por los espacios más estrechos. Es superpoderosa, súper inteligente, adaptable a cualquier ambiente y además se alimenta de los humanos que va matando. A todos les espera un final infeliz.

Todo va al grano, la odisea es salir vivo de la estación espacial. Mantiene el suspenso y en las escenas climáticas no hay espacio para la imaginación, el espectador sufre por la tortura de la infame criatura hacia los personajes, pero su destino se vuelve predecible a cada minuto.

Por la temática y el lugar en el que Life se desarrolla, Daniel Espinosa y su departamento de fotografía a cargo de Seamus McGarvey optaron por la frialdad en la paleta de colores (acertada para este tipo de historias), que crea la sensación de lejanía y soledad en el espacio. Los planos se vuelven genéricos y se agrega uno que otro plano secuencia con la intención de mostrarnos el recorrido del resbaladizo ser, o la arquitectura espacial interna de la nave, así como para generar desesperación durante las persecuciones desventajosa que sufren los tripulantes.

El CGI es más que evidente y en muchas escenas provoca salirse de la ficción, sin embargo el diseño de la criatura es en un inicio una forma que no ocasiona ninguna intimidación, pero que su evolución te hará desear no querer toparte nunca con ella.

Las actuaciones no son maravillosas pero tampoco decepcionan, a pesar de que tienen su propia biografía y el director solo trata de mostrar un poco, no profundiza en ninguno de ellos, su misión está bien definida, pero hasta ahí. Life es totalmente palomera, nada profunda, y recomendable para aquellos que no esperan una historia fascinante.

Fan Valdés

Pedagoga de formación pero cineasta por convicción, artista plástica en el tiempo libre.

 

Eyes Wide Shut: la última película de Kubrick

 

El talento de Stanley Kubrick es sin duda indiscutible, desde el manejo de la cámara, las adaptaciones de diversos libros polémicos y sumamente interesantes, así como su paso por diversos géneros; lo recordamos de la ciencia ficción sofisticada a la comedia negra y después un filme con una fuerte carga sexual que pudo recibir la clasificación X. Me refiero a su última película, que en términos estrictos dejó inconclusa, ya que falleció durante el proceso de montaje.

En Eyes Wide Shut, el matrimonio de moda de Hollywood, Nicole Kidman y Tom Cruise interpreta a una pareja que vive en la zona más exclusiva de Manhattan; él, un médico prestigiado y ella una ama de casa, por así decirlo, que está al pendiente de su hija y de lo necesario para la Navidad (momento en el que se desarrolla la historia). Al parecer, una familia que lo tiene todo, pero con inseguridades basadas en la sexualidad de los dos personajes.

Para los especialistas en el tema, el proceso de rodaje aceleró la posterior separación de la pareja, ya que aun estando atenidos a un guion, se abordaban temas bastante polémicos que podrían generar estrés y  revelar la manera en cómo este matrimonio podría vivir sus propios demonios.

El filme es un retrato de las perversiones, fantasías y fetiches que rondan en una gran ciudad, que se presentan a través de las aventuras que vive el Dr. Harford (Tom Cruise) al atender a un difunto y descubrir una serie de eventos que ponen en duda aspectos de su vida. Y no sólo se trata de fantasmas personales: halla un submundo en la noche neoyorquina; prostitutas, seres deleznables que comercializan sexualmente con una menor, y un encuentro casual que lo lleva a una gran orgía, en la que pone en riesgo a su propia familia.

La escena de la orgía es intensa, polémica y sobre todo censurada, debido a la solemnidad con la que comienza, y por presenciar todo tipo de relaciones sexuales entre los presentes.

La manera en que el cineasta originario del Bronx lleva este thriller erótico es inquietante. La curva descendente que sufre el personaje de Tom Cruise es pura psicología. Latente es el terror de haber llegado a una fiesta prohibida, donde cualquier crimen podría quedar impune ante el poder de los asistentes.

Para algunos críticos, es uno de los trabajos de Stanley Kubrick con menos elogios. La que más se aleja del estilo del realizador. Siendo una película que aborda al ser humano desde su sexualidad y las inseguridades que esto ocasiona, es una imagen muestra la sofisticación de las personas, pero que en un pequeño detalle cómo es las relaciones con otros seres humanos y todo lo que conlleva y nos tiene con un temor ante lo que hacemos en la intimidad.

Sebastián Ortiz 

Comunicólogo que habala mucho y escribe (mal) sobre cine, música y ciencia ficción.