Películas filmadas en Nueva York

Desayuno con diamantes: la mujer posmoderna

Desayuno con diamantes (Breakfast at Tiffany’s, Blake Edwards, 1961) la película basada en la novela del controvertido y célebre Truman Capote, es en realidad una historia más profunda de lo que parece; lleva la feminidad a su máxima expresión gracias a la interpretación de la bellísima Audrey Hepburn como Holly, pero al mismo tiempo rompe con clichés perpetuados hasta la década de los sesenta, los cuales encerraban a la mujer en un determinado rol: la mujer sumisa, enclaustrada y débil.

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También ataca a la moral, representada de manera sarcástica por el Señor Yunioshi (Mickey Rooney), vecino de Holly quien le reclama sus impertinencias y “faltas” a las buenas costumbres. De manera irónica, a Yunioshi el camino no le resulta del todo favorable; simboliza al súper yo y el deber ser, pero genera la burla de la audiencia y culmina con una crítica hacia la misma moral.

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La protagonista es la típica chica neoyorquina; se enmascara en una mujer frívola, encantadora pero un tanto inocente y desprotegida, aparentemente sin sentimientos, que sólo busca a los hombres adinerados para sacarles provecho. Es acechada por los varones a pesar de que están conscientes que no obtendrán nada de ella.

Temerosa de la rutina, se rehúsa a formalizar cualquier tipo de relación. Su belleza y juventud son sus mejores herramientas. El porte lo enaltece con un elegante estilo: el negro de sus vestidos estilizan su figura y las perlas decorando su delgado cuello crean un conjunto perfectamente refinado. Esta imagen se logró gracias a un elaborado diseño de producción y un vestuario digno de las tendencias de la época, que sin duda continúan siendo inspiración de marcas y causando suspiros entre las fanáticas de la moda.

Holly actúa de manera orgánica, respondiendo naturalmente con sus mecanismos de defensa hasta que Paul (George Peppard) interviene como un incentivo externo, llevándola a su realidad; ahí es cuando ella desiste y se encuentra a sí misma.

“Cuando leí el guión, me gustó mucho. Sentí mucha alegría desde el principio de la filmación de Desayuno con diamantes porque amaba bastante la novela de Truman Capote, aunque para la adaptación al cine debía cambiar algunos detalles.” 

Blake Edwards

Con todo esto la cinta ilustra a la mujer posmoderna, con su esencia y su delicada personalidad, y sobretodo la debilidad ante el verdadero amor. Nos muestra que para ser una mujer libre no necesita de estandartes ni de salir a las calles a rebelarse contra una sociedad.

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Capote depositó mucho de sí mismo en el papel de Holly, quien se convirtió con sobradas razones en su personaje favorito. Audrey Hepburn es recordada por esta interpretación y se consolidó como todo un ícono de la moda desde ese momento y hasta nuestros días.

Fan Valdés

Pedagoga de formación pero cineasta por convicción, artista plástica en el tiempo libre.

Un affaire de película: la vital relación entre la moda y el cine

Por: Orianna Martínez/ @ori_ori

Audrey Hepburn baja de un taxi frente a la exclusiva joyería Tiffany’s ubicada en la Quinta Avenida y se abre paso al escaparate principal usando un clásico vestido negro de Givenchy, gafas oscuras, guantes de satín y un collar de perlas.

Con diminutos pasos, se acerca para contemplar las pequeñas piezas en exhibición mientras saca de una bolsa de papel un frugal desayuno: café y una pieza de pan danés. La secuencia continúa mientras ella rodea la tienda observando la perfecta construcción de las piedras preciosas al mismo tiempo que le da un sorbo a su bebida y un par de bocados a su panecillo.

Por supuesto, la  memorable escena de la que hablo es la encargada de abrir la película Breakfast at Tiffany’s, de 1962 dirigida por Blake Edwards. Cada uno de sus elementos está ahí por una razón: los planos generales, la sutil iluminación, la música de Henry Mancini, el lujoso vestuario de Audrey, etc. Juntos forman una introducción audiovisual perfecta y ninguno de ellos es más importante que el otro. Hago énfasis en este punto porque es muy común no apreciar la relevancia que tiene la moda en el mundo del cine.

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Imaginemos de nuevo esta escena pero ahora con una Audrey usando pantalones de mezclilla, tenis de lona y una camiseta blanca. El resultado sería completamente distinto, porque cada momento en pantalla tiene una necesidad particular.

El vestuario transforma al actor en personaje, le da credibilidad y lo complementa. En las producciones cinematográficas, quien se encarga de esta particular unión es el equipo de diseño de vestuario. Pero su trabajo no es nada fácil, hay todo un proceso de investigación para encontrar el atuendo correcto, se necesita estudiar cómo se vestían las personas en determinada época, ya sea La Edad Media, La Guerra Civil, La Era del Jazz o el año pasado. Además, hay que conocer completamente al personaje, saber cuál es su propósito en la historia, qué necesita proyectar, y por supuesto, advertir qué tipo de colores y cortes le quedan.

Y el reto no es menor cuando se trata de historias futuristas, tan sólo recordemos la segunda parte de Volver al Futuro, en la cual, en un posible 2015 hay lugar para chamarras y tenis autoajustables, sombreros, gorras y camisetas con estridentes estampados que no están muy alejados a lo que hoy se presenta en las pasarelas. Blade Runner es otro claro ejemplo, en esta distopía del cyberpunk se utilizaron estilos eclécticos; un poco de gótico con tintes militarizados y vaporosos abrigos de piel que complementaron la narrativa fílmica a la perfección.

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A fin de cuentas el eterno romance entre la moda y el cine es algo indiscutible, su influencia es recíproca, se han encargado de hacer atuendos inolvidables y juntos han creado prendas icónicas que marcaron toda una época.