‘Rashomon’ de Akira Kurosawa tendrá serie de televisión

Amblin Television y HBO Max se asociaron para el desarrollo de una serie basada en una de las obras maestras del legendario cineasta japonés Akira Kurosawa: Rashomon, emblemática cinta de misterio de 1950 protagonizada por Toshiro Mifune. De acuerdo con Slash Film, no se tratará directamente de una adaptación, sin embargo, se respetarán los puntos clave de la trama y el uso de la narrativa, basada en la fragmentación de un evento por distintos puntos de vista.

La serie es escrita por Oscar Billy Ray, ganador del Oscar a Mejor Guion Adaptado por Capitán Phillips (2013), y también Virgil Williams, nominado en la misma categoría por Mudbound: el color de la guerra (2017). La producción de la serie se llevará a cabo por Leigh Ann Burton, David Hopwood, Mark Canton y los presidentes de Amblin Television Darryl Frank y Justin Falvey. Estos últimos, declararon en un comunicado a medios que su versión honrará “el trabajo original y explorará el antiguo concepto de verdad objetiva contra perspectiva subjetiva en nuestros tiempos modernos”.

Hasta ahora, lo que se conoce de la trama es que, al igual que la original, el misterio girará entorno a un asesinato acompañado de un asalto sexual, con la diferencia que los testimonios estarán segmentados por episodios y transcurrirá en el contexto actual de la era de la posverdad, donde las redes sociales y los noticieros serán un elemento crucial en esta nueva versión.

Kurosawa se basó un cuento homónimo del escritor Ryunosuke, así como en otro del mismo autor llamado En el bosque. La historia ambientada en el siglo XII, cuenta el asesinato de un samurái y la violación de su esposa narrado a través de cuatro testimonios en flashback que presentan diferentes perspectivas, pero coherentes entre sí. Este recurso narrativo se popularizó a tal grado que recibió el nombre de efecto Rashomon, el cual ha sido ocupado en películas occidentales como el western Cuatro confesiones (1964) del cineasta Martin Ritt y los thrillers El club de la pelea (1999) y Perdida (2014) del director David Fincher. Incluso, dicho efecto fue referenciadofue referenciado en uno de los chistes más ingeniosos de la décima temporada de Los Simpsons.

Un año después de su estreno en su país de origen, Rashomon ganó el León de Oro en el Festivak de Venecia, siendo la primera película que no viene ni de Europa ni de Estados Unidos en conseguir dicho galardón. Además, en 1952 fue reconocida con el premio Oscar a Mejor Película Extranjera.

Yojimbo: Kurosawa, el western de Ford…y Sergio Leone

Por: Miguel Sandoval 

Yojimbo, filme estrenado en 1961, cuenta la historia de un mercenario en busca de encargos que llega a un pueblo corrupto. Para comprender la cinta y su repercusión, es necesario acudir a una de las influencias del propio Kurosawa, quien tuvo muy cerca al cine occidental. Entre los altos nombres que el cineasta admiró se encuentra John Ford. Conocido por su maestría en el western, Ford cautivó a Kurosawa, quien en sus años de estudiante analizó ampliamente la filmografía del estadounidense. Tiempo después, el reto consistiría en adaptar la influencia fordiana al Japón feudal predilecto del director.  

Como gran aprendiz, Kurosawa imprimió en sus películas el legado visual de su maestro: desde los planos que muestran al personaje en un ángulo contrapicado sumado a otros rostros, hasta los casi infinitos y áridos paisajes atravesados por sus actores. No obstante, el trabajo del nipón incorporaría también los duelos de pistoleros como marco idóneo para el ajuste de cuentas. La transformación de la puesta en escena se efectuaría en Yojimbo mediante un duelo de samuráis al mediodía.

Pero, ¿qué tienen en común los samuráis de Kurosawa y los forajidos del western? Son el arquetipo del individuo solitario que huye de su pasado, negándose a tener un nombre y una historia. Son hombres que, tras perder el honor, deambulan errantemente buscando cómo ganarse la vida.

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Durante el Japón feudal, los samuráis que caían en desgracia con sus amos debían cumplir un ritual de suicidio. Sin embargo, aquellos que abandonaban su promesa eran deshonrados y ganaban el mote de rōnin. Los rōnin eran hombres entrenados y de gran habilidad con la espada, a quienes contrataban como mercenarios en pueblos pequeños.

Los forajidos, por su parte, constituyen el mito del hombre del viejo oeste perseguido por la ley, cuyo andar en la frontera de Estados Unidos con México significaba sospechas de saqueo y robo. Grandes ejemplos en la filmografía de Sergio Leone (de quien hablaremos más adelante), abundan en la construcción de este imaginario.

Ahora bien, el rōnin de Kurosawa es un guerrero de mediana edad que llega a un pueblo disputado por dos líderes bandidos. La suerte está de su lado, pues lo contratan rápidamente. Sin embargo, un giro de tuerca lo pone en aprietos cuando intenta hacer justicia. Aquí figura uno de los elementos esenciales que el director japonés pone de moda y que retoma el spaguetti western: la lucha del bien contra el mal que culmina en violencia. Grandes efectos especiales y coreografías en Yojimbo crearon un efecto de verdadera batalla moral como no se había filmado hasta el momento en Japón.

Durante el clímax de la película se gesta el duelo entre los dos combatientes más poderosos. Es el momento en el cual el protagonista se enfrenta a un joven samurái armado con una pistola como en el viejo oeste. El homenaje de Kurosawa a las cintas de John Ford se convierte entonces en una marca indiscutible del género gracias a la tierra levantándose con el viento y al aproximarse cauteloso a quienes están por ajustar cuentas.

Tres años más tarde, el italiano Sergio Leone estrena un remake de la cinta, titulado A Fistful Of Dollar y ambientado en la frontera sur de Estados Unidos. Como consecuencia, los productores de Yojimbo inician una pelea legal por los derechos del filme, alegando un más que evidente plagio; este hecho se consumaría con una carta que el propio Kurosawa envió a Leone, cuya sentencia final fue la siguiente: “He visto tu película, es muy buena. Desafortunadamente es mi película”.

Aun con ello, así arrancaba Leone su Trilogía del Dólar, una de las más aclamadas en la historia del cine, con un joven Clint Eastwood protagonista y alter ego del personaje interpretado originalmente por Toshiro Mifune. La obra del italiano es una de las tantas en donde vive la influencia de Kurosawa, considerando otras producciones como la saga de Star Wars y el trabajo de su compatriota Takashi Miike en 13 asesinos (2010).

Entre la propaganda y el nacionalismo: así fueron los inicios de Kurosawa

Por: Rubí Sánchez (@rubynyu)

Akira Kurosawa, uno de los máximos exponentes del cine japonés y quien vivió fuertemente influenciado por el cine occidental, consolidó su carrera con cintas bellamente realizadas, desde peleas samuráis, sueños imposibles y misterios a tres voces, en donde cada detalle fue cuidadosamente elegido. En esta ocasión nos concentraremos en sus primeros trabajos, los cuales estuvieron marcados por la posguerra y el afán nacionalista japonés.   

Después de ser seguidor del entretenimiento occidental y de acercarse al cine gracias su hermano mayor Heigo, Akira se adentró en la realización como ayudante de dirección en 1936 en la Photo Chemical Laboratories (PCL) donde conoció al director Kajiro Yamamoto, quien le permitió también ser montador y guionista.

En 1937 la compañía se fusionó con otras y se formó la productora de cine Toho, que aunque era reconocida por sus cintas de monstruos radiactivos y luchas marciales, poco a poco se convirtió en una productora eclética. Contaba con directores enfocados a crear todo tipo de historias, desde cine muy comercial hasta cinta más introspectivas, como a veces llegaría a ser la obra de Yamamoto; un ejemplo es Uma (1941), la historia sobre el campo japonés y la relación de una chica con el caballo que ha cuidado toda su vida. Durante los años 40 llegaron al éxito con el trabajo de Yamamoto, tanto con la antes mencionada Uma y con Hawai Marei Oki Kaisen (1942), la explicación japonesa de los sucesos de Pearl Harbor.  Otro de sus éxitos fue Son goku: Monkey Sun (1940) la mítica historia del dios mono japonés. 

En mayor o menor medida el cine japonés de esa época tenía la necesidad de presentar una idea romantizada de Japón. Kurosawa participó con trabajos que retomaban épocas épicas o retratando su tiempo a través de una mirada dulcificada. Su primer trabajo como director fue Sanshiro Sugata (1943), una historia de judo y del aprendizaje de un alumno, quien debe vencer retos para formarse. El cineasta llegó a esta historia a través de la novela del escritor Tsuneo Tomita. En esta primera entrega prefirió alejarse de temas escabrosos como los de sus anteriores guiones, los cuales habían sido censurados, siguiendo una línea nacionalista en la que exaltaba los valores japoneses y la Era Meij. Por esto recibió el Premio Nacional de Cine de manos del primer ministro

Sanshiro Sugata

Después le siguió The most beautiful (1944), que seguía a varias chicas, quienes a pesar de sus heridas sufridas en la guerra, trabajaban arduamente en una fábrica. Llena de propaganda imperialista, Kurosawa consiguió dejar su estilo en ella a partir de la búsqueda de hacer un docudrama  al estilo ruso de Eisentein, sobre todo en el uso de planos cortos de la maquinaria. 

Su siguiente labor fue retomar la historia de Sanhiro Sugata y hacer una secuela. Si bien la primera exaltaba la moral japonesa y lo espiritual del judo, esta llevó más allá la idea de la propaganda al enfrentar al protagonista con un boxeador americano, a quien vence sin dudar. Aun con ello la cinta tiene escenas memorables, como una batalla sobre una ladera cubierta de nieve, una imagen hermosamente presentada, siguiendo lo que Kurosawa le había aprendido a John Ford. Un poco en el mismo tenor hizo The Men Who Tread on the Tiger’s Tail (1945), en la que retoma una historia clásica de 1185 sobre el enfrentamiento de dos hermanos; cuenta con la participaron de Susumu Fujita y Denjiro Okochi, ambos actores constantes en esta primera parte de la carrera de Kurosawa. 

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En 1946 trabajó en dos películas retomando su visión del Japón de la época, sin embargo contrastantes. La primera Those who make tomorrow, en colaboración con Hideo Sekigwa y Kajiro Yamamoto; en momentos se creyó perdida, puesto que el mismo Kurosawa renegó de ella: era otra cinta de propaganda, en este caso a favor de las huelgas de trabajadores. La segunda fue No Regrets for Our Youth, que narra la historia de Hotsumi Ozaki, único japonés que sufrió la pena de muerte por traición durante la Segunda Guerra Mundial/ Se enfoca en la historia de la amada del espía y su búsqueda de expiar las faltas de su amor, asimismo eleva la idea del trabajo al servicio de la nación. Dos maneras de apreciar la valía del japonés y sus deseos de sacar adelante su país. 

No Regrets for Our Youth

En un tono más afable se desarrolla One Wonderful Sunday (1927), la cual narra una salida de pareja, que con poco dinero planea tener un día maravilloso. Sin dejar de ser optimista  vemos las dificultades de una ciudad ocupada durante la guerra. Un elemento interesante es que hacia el final, uno de los protagonistas rompe la cuarta pared, muy diferente al estilo posterior del director. La cinta es considerada la última de su primer etapa.

Su siguiente trabajo y último, por un tiempo en Toho, fue Drunken Angel (1948) que representa un quiebre con sus anteriores trabajos. Más cercana al thriller y al noir, en la que un medico se relaciona con el jefe de la mafia luego de extraerle una bala. La construcción del personaje principal, el médico, nos presenta las bases de los personajes que Kurosawa presentaría a lo largo de su filmografía: virtuosos con defectos y vicios, en este caso alquien que no busca benéficos económicos y es alcohólico. Cosa interesante es que fue su primera colaboración con Toshiro Mifune, su fiel actor. 

Akira Kurosawa consiguió alejarse de la censura y del cine de propaganda con sus siguientes trabajos que lo llevaron a experimentar con la narrativa y la fotografía, sin alejarse de la influencia occidental, combinando sus orígenes orientales para crear grandes obras maestras. 

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Adiós a Mifune

Por: Rodrigo Garay Ysita

El Emperador trabajó arduamente durante dos años. El fruto de sus esfuerzos: un complejo retrato de idealismo moralizador casi imposible, un personaje tan admirable, tan alto (éticamente hablando) e incorruptible que serviría como un faro de luz para el resto de los personajes de esa magnífica producción que resultó en Barbarroja (Akahige, Akira Kurosawa, 1965). La edificación de un hombre tan completo también significó la destrucción de una vieja amistad, pero esos son los precios que paga el artista, habremos de suponer.

Como era de esperarse, Kurosawa le dio el papel del inmaculado doctor Kyojō “Barbarroja” Niide a su mejor actor, su inseparable Toshiro Mifune. Era su décimo sexta colaboración y la culminación de una especie de escala axiológica involuntaria que el cineasta había estado trabajando hasta entonces. Y es que cada personaje de Mifune, en términos muy generales, había ido creciendo moralmente respecto al anterior.

Todo comenzó en esa audición masiva que organizó Toho Studios en búsqueda de nuevos talentos (y que describe Paul Tatara en su artículo para Turner Classic Movies), un evento al que Kurosawa por poco no asiste. Ahí conoció al actor, que lo atrajo inmediatamente por su impaciencia y su violencia reprimida, o, en palabras del cineasta, porque “era tan atemorizante como observar a una bestia herida tratando de liberarse”.tumblr_mc41fhmeKJ1r9p706o1_500

Ese carácter bestial fue el que caracterizó a Tajōmaru en Rashōmon (1950) y a Kikuchiyo en Los siete samurai (Shichinin no Samurai, 1954). Mifune, como bandido en la primera y como falso samurái en la segunda,  es muy notorio por su explosividad, por sus arranques candorosos, sus vaivenes iracundos y la mirada rabiosa que los acompaña. Tajōmaru y Kikuchiyo son fuerzas de la naturaleza, casi imparables, pero al mismo tiempo divertidos y simpáticos, pues era la labor de Kurosawa encontrar el centro de bondad en sus sujetos y llevarlos por buen camino a final de cuentas. Sobre todo en Los siete samurai, Kikuchiyo halla el camino a la grandeza a pesar de haber sido impulsivo, ladrón y mentiroso.

El momento más oscuro para las interpretaciones dramáticas de Mifune-Kurosawa fue shakespeariano. La terquedad irredimible del Macbeth japonés en Trono de sangre (Kumonosu-jō, 1957) tenía que culminar de manera sanguinaria por diseño y, a diferencia del anagnórisis orgulloso que tiene el personaje en la obra original, el comandante Washizu solamente se entrega al horror provocado por sus propias imperfecciones.

Trono de sangre está perfectamente arraigada a sus orígenes dramáticos, aprovechando la sobriedad del teatro nō (en la puesta en escena del castillo del nuevo rey) para ocultar la suciedad que la avaricia tóxica de Lady Washizu impregna en el alma del protagonista.

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Sin embargo, a pesar de la imposibilidad de salvación, el mensaje aleccionador de Kurosawa en su adaptación de Macbeth está fundamentado en las intenciones moralizadoras de la tragedia clásica y, por lo tanto, Mifune es una vez más portador humanístico y representante del crecimiento metaficcional del Dr. Niide.

Luego de la templanza de Yojimbo (Yōjinbō, 1961) y Sanjuro (Tsubaki Sanjūrō, 1962) —cuya influencia en el spaghetti western de Sergio Leone, nutrida por la filmografía también humanista de John Ford, no requiere de análisis posterior en este texto para conservar su brevedad—, Kurosawa y Mifune encontraron su punto de quiebre: Barbarroja finalmente los rompió.

Según los rumores de los biógrafos que Kurosawa no estaba contento con su actuación. Que la barba que Mifune se dejó para el papel titular le impidió conseguir otros papeles durante los dos años que duró la producción. Y es que cómo pudo atender las demandas para un papel tan idealizado, el doctor perfecto estaba muy lejos de la fiereza del bandido. Se pelearon y nunca volvieron a trabajar juntos.

Casi treinta años después, en 1993, se reencontraron en el funeral de Ishirō Honda. Dicen que se vieron el uno al otro fríamente por un largo rato. Luego se abrazaron con fuerza.

Directores que nunca ganaron el Oscar

 

Directores que nunca recibieron la estatuilla del Óscar. Se trata de cineastas ejemplares y que marcaron la historia del cine mundial, lo cual demuestra que los premios pasan a segundo plano cuando el talento cinematográfico luce por sí mismo.