La última película de Agnès Varda se presentará en el FICM

Por: Angélica Mejía (@lilithchance)

Se acerca la 17 edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) y uno de sus platos fuertes es el estreno de la última película de Agnès Varda: Varda por Agnes, un trabajo introspectivo en el que aborda su vida y sus experiencias como directora, desde su primer cortometraje en 1954 hasta Rostros y lugares (2018); todo filmado con su característico ingenio.

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El documental, presentado en el pasado Festival de Berlín, es un manifiesto sobre el paso de los años, ante el cual ya se han dado las primeras críticas, las cuales aplauden este trabajo final, al que han señalado como una continuación de Las playas de Agnès (2008).

“La directora ofrece ahora el empático contraplano de quien siempre entendió el cine como instrumento para comprender al otro.”

El País  

Además de tal proyección, se realizará un homenaje a la carrera de la mítica cineasta con la exhibición de cuatro títulos más, los cuales serán presentados por Rosalie Varda, la hija de Agnes Varda. El programa es resultado de una colaboración entre la Embajada de Francia, Unifrance y el FICM. 

Los títulos son:

Cléo de 5 a 7 (1962)

Una talentosa y joven cantante llamada Cléo debe enfrentarse a sus grandes temores cuando una adivina le dice, a partir de las cartas, que podría morir a causa de un cáncer. Es una reflexión sobre la humildad, la pérdida simbólica de la belleza y el miedo. 

Una canta, la otra no (1977)

La trama transcurre durante un movimiento feminista francés en 1970 (en el que la misma Varda participó). Vemos a dos mujeres (Pomme y Suzanne) quienes entablan una amistad luego de que Pomme ayuda a Suzanne a abortar. Las mujeres se separan para reencontrarse una década después y demuestran que siguen unidas y comparten conflictos relacionados con sus identidades femeninas. 

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Sin techo ni ley (1985)

A partir de que es encontrado el cuerpo de Mona, Varda reconstruye su historia a esta una adolescente vagabunda a través de flashbacks, los cuales muestran su relación con el mundo, donde ella era una marginada social. En esta cinta se dibuja una difusa línea entre la ficción y el documental.

Los espigadores y la espigadora (2000)

En este documental, la realizadora experimenta por primera vez con el digital. Se trata de un recorrido por Francia a partir del acercamiento a los espigadores, personas que, por necesidad o por azar, se dedican a la recolección de basura. Para esta producción Varda se ve a sí misma como una espigadora: recolectando entre cientos de imágenes. 

 

Cinco grandes películas de Agnès Varda

Por: Brenda Hernández (@lalelilolupita)

Su visión progresista y curiosidad inagotable le permitieron indagar en la vida de personas comunes, así como desarrollar un especial interés en contar historias de trabajadores y mujeres. Es el cine de Agnès Varda, un cine feminista que se valió de las mujeres y sus luchas como detonantes de las tramas. 

“Sugerí a las mujeres que estudiasen cine. Les dije: Salid de las cocinas, de vuestras casas, haceos con las herramientas para hacer películas.”

Agnès Varda

Además de ser un referente del cine hecho por mujeres, su obra se destaca por el carácter social y realista, que la llevó a experimentar por diversos géneros en los que difuminó la distancia entre ficción y documental. No sólo es una de las cineastas más sobresalientes de la historia por ser la única mujer dentro de la Nueva Ola Francesa, si no por ser precursora de ésta.

Semanas antes de su fallecimiento, en marzo pasado a los 90 años de edad, recibió el Premio Honorífico del Festival de Berlín 2019, en reconocimiento a su trayectoria que abarcó seis décadas. También se estrenó Varda by Agnes, un recuento de sus trabajos a partir de una recopilación de charlas que ofreció durante sus últimos años.

A continuación te presentamos algunas de sus películas imperdibles.

La Pointe-Courte (1954)

Un título obligado no sólo en la filmografía de Varda, sino como antecedente de la Nueva Ola, con el que la entonces joven de 26 años de edad hace su debut como directora. Narra la historia de un matrimonio que decide si continuar juntos o no a partir de una introspección en su relación, a la par que desarrolla el retrato realista de un pequeño pueblo de pescadores al sur de Francia. Para ello utiliza la locación real e incorpora actores no profesionales, habitantes de la pequeña villa La Pointe-Courte. 

El autofinanciamiento de este primer proyecto le permitió la libertad de trabajar al margen de la industria y encontrar una propuesta estética y narrativa única, que sirvió de gran influencia para los jóvenes críticos de Cahiers du cinéma, quienes en los años siguientes cambiarían la historia del cine.

Cleo de 5 a 8 (1962)

Sin lugar a dudas se trata de su obra más relevante, un filme icónico del cine francés que presenta la historia de Cleo (Corinne Marchand), una hermosa cantante impaciente por conocer los resultados de sus exámenes médicos para descubrir si tiene cáncer o no.

Durante su espera visita a una adivina para que le lea las cartas, quien le revela una serie de predicciones que se irán cumpliendo a lo largo de la cinta. La angustia la hace recorrer sin aparente rumbo la ciudad de París, mientras se cuestiona constantemente sobre la salud, el amor en pareja y hace hincapié en su propia belleza. En este recorrido conoce a un joven soldado, a punto de partir para hacer el servicio militar en Argelia. 

Su llamada “obra maestra” le valió para competir por la Palma de Oro en el Festival de Cannes. En ella, Varda hace una reflexión acerca de el cuerpo femenino y las exigencias de la modernidad a las mujeres en un mundo dominado por la mirada masculina, además, muestra la transformación de Cleo, quien en un par de horas pasa de ser el objeto observado por todos, a un sujeto que decide que mirar.

 Las playas de Agnès (2008)

Varda protagoniza un documental en el que interpreta “el papel de una ancianita gordita y habladora que cuanta su propia vida”. Así, visita las playas que la marcaron y recrea algunos momentos sobresalientes de su infancia por medio de instalaciones que incluyen elementos como espejos, los cuales le permiten ilustrar sus propios recuerdos.

Esta autobiografía sumerge al espectador en los episodios trascendentales de su vida; desde su infancia en el mar de Bélgica y la casa donde nació, su etapa escolar, la guerra, su adolescencia en París, hasta su matrimonio con Jacques Demy, el nacimiento de sus hijos, y por supuesto, la creación de sus cintas.

Con el apoyo de material de archivo y fragmentos de sus filmes, es posible profundizar en las inquietudes y búsquedas de esta artista, así como conocer mejor sus procesos creativos y su visión acerca de el cine, el cual describe como su hogar. 

Sin techo ni ley (1985) 

La desgarradora historia de una mujer que pone su autonomía por encima de cualquier otro cosa. Al estilo de falso documental, se recrean los últimos momentos antes de que Mona Bergeron (Sandrine Bonnaire), una joven vagabunda, sea encontrada muerta. Se muestra su vida partir de flashbacks y entrevistas a las personas que la conocieron durante sus últimos meses.

La protagonista hace un recorrido hacia la nada, en donde no hace más que sobrevivir. Con ello permite reflexionar acerca de la represión social hacia las mujeres y muestra la insatisfacción generalizada de una sociedad en decadencia. Con esta cinta, Varda obtuvo el León de Oro en el Festival de Venecia y Bonnaire ganó el César a Mejor actriz.

Rostros y lugares (2017)

Un documental que retrata la inusual amistad de Varda y el co-directo J.R., un joven fotógrafo y artista urbano quien considera que la mejor galería de arte es la calle. Si bien la película no es autobiográfica, sí hace referencia a la vida de la autora, quien se encuentra en un momento de introspección y confiesa el miedo que siente por perder la vista a causa de una enfermedad que padece en los ojos.

Su mayor temor es perder la capacidad de conocer personas y observar rostros nuevos, es así que deciden hacer un viaje “antes de que sea demasiado tarde”. Con ello recorremos distintas localidades francesas a bordo de un camión que funciona como cabina fotográfica, el cual les permite imprimir a gran escala dichas imágenes. 

A través de la mirada realizan un tributo a aquellos lugares que sirvieron de inspiración para la directora. Retratan a personas invisibles, a las que Agnès siempre buscó representar en sus obras, especialmente mujeres. Ambos cuestionan la relación contemporánea de la imagen y su relación con el espacio, así como con el espectador. 

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También nos adentra en una reflexión acerca de la muerte, el tiempo y la vida misma; temas recurrentes en su obra, pero que son abordados desde el punto de vista de una mujer que descubre en el envejecimiento nuevas posibilidades creativas. 

La llamada “Abuela de la Nueva Ola” recibió en 2017 un Óscar honorífico por su importante trayectoria y la convirtió en la primera mujer en recibir tal distinción. Construyó un gran legado para la cinematografía mundial que resulta imprescindible para cualquier apasionado del séptimo arte. 

Cortometrajes de grandes cineastas

Al cortometraje comúnmente se le relaciona con los primeros pasos de la realización, y también se suele reducir su importancia a un experimento que a la distancia resulta curioso observar por la figura que el autor representa en la actualidad. Sin embargo, no siempre resulta una convención en los inicios de los cineastas ni responde a un mero ejercicio de prueba de las habilidades cinematográficas, tal como lo demuestran los siguientes títulos, los cuales abordan una variedad de temáticas y representan diversas formas de realización:

Réponse de femmes: Notre corps, notre sexe (Agnès Varda, 1975)

La cineasta francesa dirige la cámara a una variedad de rostros de mujeres, de diferentes edades y físico, pero con algo en común: una voz que exige a la sociedad abandonar la visión que reduce al cuerpo femenino a un objeto de consumo. Son mujeres que nos orillan a reflexionar sobre cuestiones como la maternidad y las contradicciones en las que se basa la idea del cuerpo perfecto. Es un grito feminista que todavía cuatro décadas después, desafortunadamente, resulta necesario.

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El año de su realización fue designado como el Año Internacional de la Mujer, por lo que el canal francés Antenne 2 convocó a cineastas a la realización de un cortometraje, en este caso un agit-prop, que partiera de la pregunta ¿Qué es ser mujer?.

Hotel Chevalier (Wes Anderson, 2007)

En la convención visual que distingue su trabajo, una paleta de colores casi monocromática, uso de planos estáticos, paneos y ocasionalmente una óptica anamórfica, el director nos introduce en una atmósfera impregnada por el deseo del reencuentro de dos amantes. En un cuarto de un hotel parisino, Anderson logra exaltar la intimidad de dos personas, de quienes poco sabemos pero mucho es lo que sentimos.

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El misterio es el gancho en este cortometraje, en el que la música de Peter Sarstedt explota la fugacidad e intensidad de esta cita, en la que la aparente resistencia del personaje que interpreta Jason Schwartzman y la seguridad de ella (Natalie Portman), crean una mancuerna que mantiene la atención hasta el final. El relato gira en torno al lazo, quizá, inquebrantable que hay entre dos personas. Con un final abierto, Anderson afirma una vez más una pulcra estética, la imposibilidad y la potencia del amor.

Victoria para Chino (Cary Fukunaga, 2005)

En su segundo cortometraje, galardonado en el Festival de Cine de Sundance, Fukunaga logra condensar la desesperación y claustrofobia a partir de la travesía de un grupo de migrantes que parte de la frontera de México con destino a Estados Unidos. El cineasta explora las más incómodas sensaciones físicas que experimenta el grupo al permanecer encerrados en la parte trasera de un trailer. Mediante una tragedia, Fukunaga revela una problemática social y económica que sigue afectando a la población mexicana.

The big shave (Martin Scorsese, 1967)

En las paredes de un baño y con sólo un personaje que no emite palabra alguna, Scorsese logra sumergir al espectador en un vaivén de sensaciones que deriva en una profunda inquietud, y reflexión, respecto al dolor.

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La pulcritud de los planos iniciales se verá transformada por la ansiedad del personaje que lo orilla a un acto de violencia. Se trata de un cortometraje que Martin Scorsese realizó como proyecto final de la clase de cine en la Universidad de Nueva York, con el cual demuestra lo punzante que con pocos elementos una historia puede llegar a ser.

Leticia Arredondo

Cofundadora y editora de ZOOM F7. Escribo sobre cine y fotografía

 

Rostros y Lugares: la sabiduría de los años

JR hace lo que más deseo: fotografiar nuevos rostros

para que no se pierdan en el olvido de mi memoria. Agnès Varda

 

Este tren visitará lugares a los que tú nunca irás. JR

No se conocieron en una carretera, ni en una parada de autobús, y tampoco en una panadería, aun así, ninguno olvidaba las imágenes del otro.

Debo admitir que para mí en la contienda “representantes de la Nouvelle vague”, nombres como Truffaut o Godard le habían ganado al nombre de Agnès Varda. Fue hasta Rostros y Lugares (2017), que hice un acercamiento a su cine.

Llegar tarde a la obra de un artista quizá solo sea conocerla a la inversa. Como Agnès en sus playas, caminando hacia atrás, recorrí su trabajo. En su última producción, a sus más de 80 años, hallé a la misma Agnès de La Pointe Courte (1955); sigue en ella un cine social que no pretende ser retratado; no abandona la cámara y deja que las cosas pasen, si es parte de la Nueva ola francesa, tenía que haber algo artificioso. De entrada, la voz omnisciente que propone una poética de lo decible, de lo audible más allá de los ruidos incidentales. Le aplaudo que en su momento confesó haber pensado que el cine eran imágenes con palabras y en su andar se había dado cuenta que no es así, pese a tantos años de esa primera impresión, mantiene esa voz unida a las imágenes no para describirlas, sino para potencializarlas y viceversa.

¿Por qué habría de unirse al camino de Varda un artista 55 años menor que ella? El arte de JR también responde a su contexto. Joven parisino interesado en el arte callejero, toma la fotografía y la ciudad como medio y espacio de expresión.

Si Agnès vivió la Segunda Guerra Mundial, él observó los conflictos entre Israel y Palestina.

Ella, los movimientos feministas. Él, las mujeres de Brasil y Sierra Leona.

Ella, los murales de Los Ángeles. Él, las enormes fotografías en paredes de todo el mundo.

Ambos buscan, desde lo artístico, poner un bloque que detenga lo que la gente continúa haciendo sin darse cuenta. Como en el proyecto Face to face, JR coloca el retrato de un palestino a lado del de un israelí. Nadie sabe reconocer quién es quién. Agnès, en las playas de su documental autobiográfico, puso espejos que permiten ver cómo va y viene la ola y en algún punto choca contra ese espejo. Si la ola tuviera conciencia, se daría cuenta qué es lo que hizo, cómo llegó hasta allá. El arte se convierte en reflejo que da profundidad y al mismo tiempo pone un muro de contención

Rostros y lugares pierde la sonoridad de su nombre original, pero en la simpleza conserva la vastedad de su contenido: recorramos Francia, encontremos rostros nuevos y construyamos memoria desde las arrugas y las grietas. Las personas habitan los lugares, peros son éstos los que moldean a las personas. Al llegar a cada nuevo sitio, Agnès y JR reavivan las paredes y las avenidas con los rostros gigantes de quienes han sido cercados por esos espacios.

La producción francesa es un buen punto de partida para conocer y reencontrar a sus realizadores. Aunque la película no tenga una veta social tan marcada como los antiguos proyectos de cada uno, sí se alinea a sus preocupaciones e intereses: crear historias desde la imagen, la fotografía, el muralismo urbano y la voz narrativa.

El documental establece una luz diurna, juega poco con la cámara, lo importante es enmarcar la interacción de las personas y no hay por qué perder la naturalidad y el realismo del que parten sus obras. Sin embargo, es en la introducción y en las transiciones donde se fragua la parte artificiosa porque ahí se devela a los protagonistas. Si bien los personajes que le dan relleno al documental son los rostros nuevos, azarosos, los personajes principales se encuentran en esas transiciones; uno es testigo de esas charlas, cuando él no quiere quitarse las gafas, cuando ella se lo vuelve a pedir, de nuevo se presenta la artificiosidad que permite una narrativa interesante.

Aunque con cada una de esas pláticas atisbamos sus principales puntos de encuentro, cuando hay una disonancia se entiende con mayor claridad por qué trabajan juntos. Agnès, en cada filme, deja algo suyo, la ciudad donde vive, la gente que conoce, su amor por Jacques. Ella parte de lo íntimo. De JR no sabemos su verdadero nombre, jamás se quita las gafas, no se deja ver cuál es. Hay aquí un encuentro entre partes disímiles, entre la intimidad que ella busca y expone y la distancia de la que él parte. A manera de obsequio, para Agnès y para nosotros, JR en esta ocasión muestra una parte importante de su vida. Es entonces, que lo que podría ser un motivo de discordia se vuelve amalgama. Quizá Agnès ya no pueda guardar nuevas caras, pero la acompañará JR para conservarlas por ella.

Solo me queda, siguiendo la línea intimista de Agnès Varda, cerrar el texto imitando el regalo de JR, cediendo un poco de mí. Jamás he ocultado mi temor a la vejez. Mis cercanos sabrán que no se debe a los miedos comunes. No me veo siendo vieja porque no sabría qué hacer cuando lo que conozca me rebase. Por el contrario, a Agnès, como copiloto del pequeño estudio fotográfico, no le pesa la sabiduría de los años, me di cuenta que a cada lugar podía agregarle una anécdota, esto me recuerda a tal persona, esto lo vi en alguien más. Envejecer no significa saber tanto, sino tener muchas más historias que contar.

Denise Roldán

Talents press FICG 2019. Por indecisa, soy locutora, guionista y cantante de karaoke. Pero siempre regreso a la escritura, ¡siempre!