Boda Sangrienta 2: buena jugada, siempre y cuando sea la última
Boda sangrienta 2 es una buena secuela siempre y cuando sea el final definitivo para Grace.
Tras una larga separación, Grace (Samara Weaving) recibe la visita de su hermana Faith (Kathryn Newton) en el hospital, mientras se investiga su responsabilidad en el exterminio de la dinastía Le Domas. No obstante, el reencuentro es interrumpido por la pelea de varias familias poderosas que desean la “bendición” del señor Le Bail, disputa que convierte a las hermanas en presas de una nueva cacería.
No hay nada tan satisfactorio como la mirada de una final girl después de vencer al enemigo, sobre todo si el escenario tiene paralelismos con las desigualdades causadas por el capitalismo salvaje. Como en los finales de The Menu (2022) o Knives Out (2019), la derrota de la burguesía representaba una simbólica revancha que equilibraba la balanza en favor de una víctima nacida en la base de la pirámide social. Por tal motivo, el saber que Grace (Weaving) regresaba al cadalso mermaba la placentera sensación que generaba el final de Boda sangrienta (Ready or Not, 2019).
Al inicio de Boda sangrienta 2 (Ready or Not 2: Here I Come, 2026) nos encontramos con lo predecible: cláusulas arbitrarias, giros argumentales predecibles y millonarios arquetípicos con pocos herederos, los justos para llenar el metraje con sus muertes. Aunque la primera parte de la secuela trae algunos momentos gratos, como el cameo de David Cronenberg o la presentación del “contacto de emergencia” de Grace, el nuevo “juego” se limita a repetir una fórmula que depende íntegramente de la imbecilidad de los personajes. Por consiguiente, se trata de una sátira demasiado ingenua sobre las élites que rigen el mundo.
Debido a que la “originalidad” de Abigail (2024) no resultó tan exitosa, los directores (Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett) y guionistas (Guy Busick y R. Christopher Murphy) decidieron ir a la segura con personajes unidimensionales, olvidando que lo efectivo en la primera película era la ambivalente caracterización de los Le Domas, donde los pesos histriónicos de Andie MacDowell, Adam Brody o Mark O’Brien aportaron claroscuros a las personalidades de los villanos. Salvo la endeble rivalidad de los Danforth (Sarah Michelle Gellar y Shawn Hatosy), los nuevos asesinos son un puñado de roles cómicos que solo benefician a la trama cuando son aniquilados por las hermanas MacCaullay.

La depuración de personajes a la mitad del filme deja espacio para profundizar en lo verdaderamente importante: la fracturada hermandad de las protagonistas. La incorporación de tal conflicto les permite a los guionistas remarcar la diferencia entre ambición y deseo de bienestar. Mediante emotivos diálogos, descubrimos una separación forzada por la marginalidad de dos huérfanas que conservan en la adultez el miedo al abandono y la miseria. Afortunadamente, la secuela llena los vacíos argumentales de Boda sangrienta (2019) respecto al pasado de Grace y sus motivos para unirse a una familia que no conocía, más allá de su evidente fortuna.
A manera de fábula adulta, el filme construye una moraleja sobre los peligros del poder absoluto, especialmente porque no existe riqueza acumulada sin maldad ni sangre de por medio. Algún villano llega a argumentar que “no existen buenos ni malos, solo se trata del sistema”, confundiendo la codicia con sobrevivir al capitalismo, lo cual es una cuestión moral que el guion de Busick y Murphy lleva hasta sus últimas consecuencias. El placentero desenlace en el templo del señor Le Bail pone a “la renuncia del poder” como un gesto virtuoso que los directores explotan con lo mejor de su estética barroca, compensando el malogrado humor negro de la primera parte del largometraje.
A manera de fábula adulta, Boda sangrienta 2 construye una moraleja sobre los peligros del poder absoluto, especialmente porque no existe riqueza acumulada sin maldad ni sangre de por medio.
La película mejora considerablemente cuando muestra seriedad en sus reflexiones sobre la avaricia o los traumas de las hermanas MacCaullay. Esa “base de realidad emocional” mencionada por Guy Busick le permite a los Radio Silence filmar un emotivo desenlace que nos lleva a imaginar un final feliz para las protagonistas, el cual no debería ser arruinado por otra experiencia traumática que anule el triunfo de Grace.
La violenta secuencia al ritmo de Total Eclipse of the Heart marca la separación entre lo genérico del inicio y un ingenioso suspenso que es coronado por una boda negra que no está exenta de cuestionables “lagunas legales”. Incluyendo el trabajo de rotoscopia para unir el inicio con la última escena de Boda Sangrienta (2019), los efectos especiales, el diseño de producción y la edición convierten al filme en un producto notable, con valores artísticos que se encuentran a la altura de las expectativas generadas por la anterior entrega.
Sin embargo, el mayor acierto fue incluir en el reparto a Kathryn Newton, quien posee un perfil humorístico que logra dar réplica a la fuerza combativa de la protagonista, porque el talento actoral de Samara Weaving es el único pretexto válido para regresar al siniestro juego del señor Le Bail. En conclusión, Boda sangrienta 2 es una buena secuela siempre y cuando sea el final definitivo para Grace, pues la fórmula depende completamente de la sobrevivencia de su heroína, pequeño detalle que limita los recursos argumentales de los guionistas. Quizás un cambio de novia le vendría bien a una franquicia que probablemente tendrá más capítulos.
Categorías