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¡La Novia!: el “ataque cerebral” no es tan subversivo como se esperaba

¡La Novia! Maggie Gyllenhaal crítica

¡La Novia! es un producto más sólido que la fallida Joker: Folie à Deux (2024), puesto que ambas producciones comparten (además del estudio y el director de fotografía) la misma intención argumental: crear un arrebato anarquista lleno de música y extravagancia visual.

Asesinada por la mafia de Chicago, Ida (Jessie Buckley) es devuelta a la vida por la doctora Euphronius (Annette Bening) para convertirse en la novia de Frank (Christian Bale), el monstruo de Frankenstein, quien sueña con vivir un romance como en las películas hollywoodenses. Tras una serie de homicidios, Myrna Malloy (Penélope Cruz) comienza la persecución de los enamorados con la esperanza de lograr un ascenso en su departamento de policía.

En un pasado cercano, las adaptaciones alternativas de clásicos literarios no se convertían en éxitos comerciales, como la versión de Orgullo y prejuicio con zombies, puesto que eran producciones que exigían cierto grado de seriedad por parte del espectador, al mismo tiempo que ponían a Elizabeth Bennet y al señor Darcy a cazar muertos vivientes. Posteriormente, el público se ha vuelto tolerante con la hipermodernidad y los productos artísticos más alejados de los cánones académicos. 

En esta ocasión le tocó la profanación cultural al Frankenstein de Mary Shelley, porque Maggie Gyllenhaal dedujo que al gótico literario le venía bien algunas gotas de noir clásico. A simple vista, es difícil valorar si ¡La Novia! (The Bride!, 2026) es efectiva con su mezcla de géneros y tópicos tan variados, especialmente porque todo está desarrollado con total desmesura y sin una trama ingeniosa que le dé armonía a las inesperadas ocurrencias de la directora. Al terminar el filme, queda la sensación de haber visto una fallida lluvia de ideas que ni siquiera tiene relación con la tradición literaria.

Debido a que no estaba tan familiarizada con la obra de Shelley, la directora decidió enlazar la ficción con sus propias referencias culturales –el cine de gánsteres, la música punk o el feminismo contemporáneo–, esperando que su ecléctica visión fuera aceptada por el público mainstream. Sin embargo, ¡La Novia! tampoco se siente como un proyecto personal que esté relacionado con los intereses artísticos de Gyllenhaal, ocasionando que el estilo anacrónico del largometraje luzca azaroso y banal, debido a que muchas ideas pierden continuidad a lo largo de la historia y otros recursos estéticos aparecen sin justificación aparente, como ese rarísimo momento musical al ritmo de Fever Ray. 

No obstante, a pesar del caos narrativo, ¡La Novia! entrega un sólido homenaje al cine de los años 30, principalmente en su forma de iniciar la historia con una «posesión», pero no en términos del horror contemporáneo, sino desde la perspectiva amoral del cine pre-code. La decadencia, el vicio y la violencia que rodean a La Novia (Buckley) despiertan al espíritu de Mary Shelley como el gérmen de una revolución feminista que dará justicia a las víctimas de la mafia y la corrupción policial. 

¡La Novia! Maggie Gyllenhaal crítica
‘¡La Novia!’ (Maggie Gyllenhaal)

¡La Novia! entrega un sólido homenaje al cine de los años 30, principalmente en su forma de iniciar la historia con una «posesión», pero no en términos del horror contemporáneo, sino desde la perspectiva amoral del cine pre-code.

Mediante el visceral discurso de su heroína, Gyllenhaal plantea que el crimen organizado (de ayer y hoy) es una de las caras más siniestras del machismo, idea que ya estaba presente en las vacaciones del personaje de Olivia Colman en La hija oscura (The Lost Daughter, 2021). Pese a que el mensaje es irregular en su desarrollo, tal subtexto de violencia e impunidad justifica a la perfección la desbocada actuación de Jessie Buckley, la cual imita los códigos arquetípicos del primer cine criminal, con toda la libertad sexual y moral que existía antes de que Hollywood se volviera tan puritano.  

En cierto sentido, las actuaciones de Buckley y Penélope Cruz desenpolvan el histrionismo desinhibido y escandaloso de Mae West (She Done Him Wrong, 1933), Jean Harlow (Red Dust, 1932) o Barbara Stanwyck (Baby Face, 1933) en sus primeras películas. Mientras tanto, el “monstruo” de Frankenstein de Christian Bale vive obsesionado con la espectacularidad del cine de Fred Astaire y el entretenimiento posterior al Código Hays, razón por la que sus ideales son más ingenuos que la sórdida perspectiva de Ida. Dicho contraste ejemplifica la disparidad entre realidades, ya que, mientras los hombres tienen el privilegio de soñar con fantasías románticas y eróticas, las mujeres deben luchar contra el constante acecho de depredadores. 

Por tal contexto, ¡La Novia! es un producto más sólido que la fallida Joker: Folie à Deux (2024), puesto que ambas producciones comparten (además del estudio y el director de fotografía) la misma intención argumental: crear un arrebato anarquista lleno de música y extravagancia visual. Desafortunadamente, la violencia que llegó al corte final no es suficiente para construir una crítica trascendental hacia el machismo, apenas representada mediante las breves escenas de un capo sometido o la muerte de algún policía. La separación entre la insurgencia feminista y la persecución de los protagonistas provoca que el discurso sobre la violencia de género se vuelva genérico;  casi un agregado protocolario para justificar posturas políticas. 

Al final, el “ataque cerebral” liderado por La Novia es desplazado a un segundo plano, dando como resultado un thriller más parecido a Thelma & Louise (1991), donde el mensaje gira en torno a lo desproporcionado de la justicia cuando se trata de criminalizar a quienes son “diferentes” o inadaptados en la sociedad. Al igual que el detective Hal Slocumb de Harvey Keitel, el rol de Myrna Malloy (Cruz) sirve como guía moral en esta reinterpretación fallida del noir clásico. Por desgracia, la directora no encontró la forma orgánica de explotar el talento de Penélope Cruz en una huida que pierde potencia y lógica mientras más se acerca a su desenlace. 

A nivel visual, la “geometría desobediente” de Gyllenhaal no será tan provocativa como se esperaba, pero al menos salva a su filme de lo anodino y lo trivial. Aunque siempre retorna al rigor técnico de una producción comercial, el largometraje tiene breves momentos en los que la cineasta explora su lado experimental con la fotografía monocromática o los números musicales. Igual de arriesgado es el abigarrado lenguaje en los diálogos de Buckley, quien saca adelante un personaje que habría sido un suicidio profesional para cualquier celebridad sin el talento suficiente para llegar a ese frenesí actoral. 

Tras la delicada caracterización de Jacob Elordi, tenemos otra adaptación alternativa de Frankenstein que solo utiliza al “monstruo” como mero recurso fantástico, desaprovechando toda la crueldad existencial que envuelve al universo creado por Mary Shelley. Como menciona la propia Gyllenhaal, el estudio intervino en la omisión de buena parte de la violencia gráfica que formaba parte del primer montaje, escenas eliminadas que se llevaron consigo la crudeza que sorprendió al público en los test screenings. En consecuencia, ¡La Novia! resulta menos “rebelde” de lo que plantea su premisa, convirtiéndose en una obra inofensiva que no cumple con sus expectativas subversivas. 



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Irving Javier Martínez Ver todo

Licenciado en Comunicación. Redactor especializado en cine.

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