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Eric: el monstruo que todos llevamos dentro

Eric: el monstruo que todos llevamos dentro

La miniserie Eric utiliza el pasado para mostrarnos que los aterradores monstruos en nuestro interior no cambian con el paso de las décadas.

El detective Michael Ledroit (McKinley Belcher III) investiga la desaparición del hijo de Vincent Anderson (Benedict Cumberbatch), el exitoso creador de Good Day Sunshine, un programa de puppets financiado por el vicealcalde de Nueva York. Aunque la investigación apunta hacia una red de prostitución infantil en el barrio, el inspector también sospecha del propio Vincent, quien se ha obsesionado con el diseño de Eric, un monstruo imaginario creado por su hijo para el show televisivo

En el filme Hardcore (1979), un padre se adentra al peligroso mundo de la pornografía para rescatar a su hija desaparecida. Al final, el personaje de George C. Scott descubre que la joven escapó de su  indiferencia y la conservadora educación en casa. De igual forma, la miniserie Eric (Netflix) logra capturar en su argumento el declive del patriarcado durante los años 80, crítica presente en la película de Paul Schrader y otras producciones del crepuscular Nuevo Hollywood; una reflexión alimentada por la descomposición social que tenía su origen en los hogares de la “América” más próspera.

Los Anderson (Gaby Hoffmann y Benedict Cumberbatch) podrían ser los vecinos de Ted y Joanna en Kramer v Kramer (Robert Benton, 1979), ya que la serie también cuestiona a la familia nuclear y cómo dicho modelo reproduce las violencias normalizadas por el patriarcado de generaciones anteriores, incluso de forma involuntaria. Al igual que en la antes mencionada Hardcore, el misántropo Vincent Anderson se adentra a los rincones más oscuros y decadentes de Nueva York en la búsqueda de su hijo desaparecido, aunque en realidad se trata de un viaje autodestructivo para romper con los tóxicos patrones de crianza que heredó de su propio padre (John Doman), un despótico y ambicioso magnate inmobiliario. 

Eric: el monstruo que todos llevamos dentro
‘Eric’ (2024)

La guionista y showrunner Abi Morgan agrega a la desintegración familiar una referencia a Plaza Sésamo y la hipócrita moralidad que difundían los contenidos televisivos de aquella época, cuando sus creadores y productores formaban parte de élites llenas de vicios, corrupción y abusos. La creadora logra con Eric (la botarga azul) una ingeniosa metáfora sobre la crisis paternal del protagonista, quien descubre de buenas a primeras que la relación con su hijo no es del todo sana como él suponía. Aunque la fragilidad mental de Vincent complica su redención, el reencuentro padre-hijo no es del todo imposible; una oportunidad de cambiar el destino trágico que no está al alcance de todas las personas.

La historia de los Anderson es sólo la superficie melodramática (y blanca) de una sórdida subtrama sobre desigualdades sociales y sectores donde es imposible escapar del crimen. La búsqueda paralela de Marlon Rochelle —un chico afroamericano desaparecido 11 meses antes que el hijo de los protagonistas— o las vicisitudes del detective Ledroit en un entorno racista y homofóbico van restando gravedad al drama central, dejando al descubierto otras capas de impunidad que siempre apuntan al sistema judicial como el origen de todos los problemas.

La miniserie es cruda en sus contrastes narrativos, particularmente en el sexto episodio, cuando a la desoladora imagen de la madre de Rochelle (Adepero Oduye) en la comisaría le antecede un cinematográfico reencuentro a mitad de una manifestación, como si se tratara del insensible comercial de Pepsi protagonizado por Kendall Jenner. Por lo visto, la misión de la showrunner era crear un final “incómodo”, pero llega un punto en el que la historia de Vincent (Cumberbatch) y su botarga se vuelve irrelevante si se compara con el quiebre emocional de Cassie Anderson (Hoffmann) o con la montaña de corrupción que revela la investigación de Ledroit (Belcher III). El desenlace cargado de ingenuidad “esperanzadora” es un tanto frustrante, por la insistencia de resaltar el tour de force del desbordado Benedict Cumberbatch sobre el resto de personajes.

La gran revelación es McKinley Belcher III, el verdadero protagonista de Eric. El policía Michael Ledroit es un vehículo perfecto para remontarse a la Nueva York de Sidney Lumet o William Friedkin, una ciudad en caída libre hacia la decadencia, pero que lo oculta tras una fachada de fiesta sin fin. Abi Morgan aborda de forma sobresaliente la obsesión occidental por la “limpieza social”, construyendo una extraordinaria visión general con todas las paranoias y discursos de odio del estadounidense blanco promedio. Incluso personajes empáticos como los Anderson prefieren asumir que personas racializadas o en situación de calle fueron los plagiarios de su hijo, antes de mirarse a sí mismos como responsables del problema. 

La producción también es una solemne mirada a los años más duros durante la pandemia del VIH y sus consecuencias en la posterior estigmatización de la comunidad LGBT+; todo a través de la mirada del detective Ledroit, quien también vive su propio duelo en silencio, porque ni siquiera tiene el derecho a exteriorizarlo como el resto de los personajes. Pese a que el show pueda decepcionar a quienes esperaban un thriller convencional de Netflix, la escritura de Abi Morgan posee una sensibilidad excepcional en la construcción de personajes discriminados, invisibilizados o hasta criminalizados por pertenecer a grupos vulnerables. En conclusión, la miniserie Eric utiliza el pasado para mostrarnos que los aterradores monstruos en nuestro interior no cambian con el paso de las décadas, sin importar lo progresista que se asuma la sociedad en la que vivimos. 

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