Los que se quedan: un nuevo clásico navideño ha llegado
Los que se quedan es una película entrañable y emotiva a partir de escenarios poco convencionales en el cine comercial.
El profesor de historia Paul Hunham (Paul Giamatti) es asignado como el vigilante de los alumnos que pasarán las vacaciones de invierno en el instituto. Finalmente, Angus Tully (Dominic Sessa) es el único adolescente que no puede volver a casa y deberá celebrar las fiestas decembrinas con el solitario docente y Mary (Da’Vine Joy Randolph), la jefa de cocina que vivirá la primera Navidad sin su hijo fallecido en Vietnam.
Un tópico recurrente en las películas navideñas es la soledad y el encuentro de compañía en los lugares menos esperados, como el romance de una dependienta con su antipático jefe en El bazar de las sorpresas (The Shop Around the Corner, 1940) o la añoranza por una familia en Mientras dormías (While You Were Sleeping, 1995). Alexander Payne (director) y David Hemingson (guionista) parten de esa línea temática para hacer de Los que se quedan (The Holdovers, 2023) un tierno coming of age que explora el abandono desde tres perspectivas diferentes: el aislamiento social por elección, el duelo por una pérdida y la temprana expulsión del núcleo familiar; porque Navidad no es otra cosa que un catalizador de aflicciones y remordimientos.
Los que se quedan es una deliciosa feel-good movie para pasar el rato, pero también posee un subtexto más trascendental. Gracias a su verosímil toque vintage, el filme se siente cercano a clásicos contraculturales como Harold y Maude (Hal Ashby, 1971) o Un sabor a miel (Tony Richardson, 1961), donde los lazos afectivos más fuertes y genuinos provienen de interacciones que desafían al status quo. En películas próximas al movimiento hippie había un interés por mostrar cómo los marginados sociales se encontraban en el camino y desarrollaban ideologías y estilos de vida fuera de las normas sociales.
El aislamiento les permite a los protagonistas (Paul, Angus y Mary) conocerse más allá de sus roles académicos, los cuales les obligan a despreciarse o ignorarse cuando se cruzan en los pasillos de la escuela. El “milagro navideño” es esa interrupción temporal de las normas y protocolos impuestos por el capitalismo, ya que –al ser un colegio privado– las divisiones sociales forman parte del tronco común en la educación del privilegiado alumnado. Por unos días, Paul deja de ser un antipático y tiránico maestro y Mary puede compartir la mesa con sus comensales.
El personaje de Paul Giamatti es la antítesis del docente maquiavélico interpretado por Matthew Broderick en Election (1999), pese a que la personalidad de ambos tiene su origen en una profunda frustración profesional y personal. Simbólicamente, el señor Hunham (Giamatti) representa el lado amable de la educación tradicional. Mientras la actual brecha entre adultos y las generaciones Z y Alfa se hace cada vez más grande, debido a la incomunicación entre ambos extremos, Los que se quedan ofrece una mirada al desaparecido mundo académico del siglo XX, cuando el diálogo intergeneracional constituía (para bien y para mal) la principal herramienta educativa. Era un sistema severo e inflexible, pero lograba dejar huella en las nuevas generaciones y las despertaba de su aletargamiento adolescente. En palabras del señor Hunham: “la adversidad forja el carácter”.
Como en los anteriores road trips del director, la integridad moral juega un papel importante en las acciones de sus protagonistas, que al inicio son presentados como perdedores, pero terminan demostrando valentía en la medida de sus posibilidades. En la línea de Al Pacino en Perfume de mujer (1992), el señor Hunham ayuda a Angus a encontrar el sentido de la vida, tempranamente afectada por su disfuncional familia y la falta de cualquier tipo de afecto. Al final, el aprendizaje en las aulas es solo un añadido al verdadero objetivo de la educación: evitar convertirse en una persona de mierda cuando se llegue a la adultez.
El guion de David Hemingson (inicialmente escrito como piloto para una serie) completa la remembranza juvenil con Mary (aportación del director), un personaje que permite abordar el lado B de las generaciones perdidas por la Guerra de Vietnam. Mientras la trama principal ofrece el luminoso viaje de descubrimiento emocional de Angus, la subtrama de Mary nos recuerda que ese “crecimiento personal” es un privilegio al que no aspiran todos los jóvenes. El duelo por la muerte de Curtis es comparable con la aparición de Bruce Dern en El regreso (Coming Home, 1978) de Hal Ashby –principal referencia de Payne–, una cucharada de pesimismo y crítica social para no empalagarse con tanta fantasía hollywoodense.
La película no es un bloque narrativo convencional, sino el conjunto de episodios que sugieren una continuación posterior al desenlace: el filme es solo un fragmento en el tiempo. Al igual que Nebraska (2013) y Entre copas (Sideways, 2004), el largometraje es entrañable y emotivo a partir de escenarios poco convencionales en el cine comercial y más cercanos a la cotidianeidad del espectador, como la sombría vida escolar o el día a día en nuestros monótonos empleos. Los que se quedan es algo más que una comedia nostálgica con ecos del Nuevo Hollywood, es una obra que tiene todo lo necesario para convertirse en futuro clásico navideño.
Los que se quedan se estrena en México el 18 de enero
Categorías
Un comentario sobre "Los que se quedan: un nuevo clásico navideño ha llegado" Deja un comentario ›