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Top Gun Maverick: retorno al clásico discurso patriotero

Top Gun Maverick: retorno al clásico discurso patriotero

Top Gun Maverick nos enseña que la fórmula clásica del blockbuster (iniciada con Tiburón en 1975) aún no muere. Lo dice el cálido acogimiento que recibió su estrella protagónica Tom Cruise, quien aún llama la atención por sus hazañas sin recurrir a los dobles ni a excesivos efectos por computadora, así como la estructura simple en la que se cimienta la película, diseñada para mostrar una serie de secuencias emocionantes y divertidas insertadas en una trama sobre segundas oportunidades, cuyo ritmo y ejecución superan a su antecesora, y, por supuesto, su propaganda implícita del ejército estadounidense trae ese carácter patriotero idílico de los ochentas, pero desde una propuesta un tanto más sutil.

El más reciente trabajo del director Joseph Kosinski revisita a los personajes creados por Jim Cash y Jack Epps Jr. hace cuatro décadas, pero ahora insertos en un siglo XXI cuando el avance tecnológico amenaza con dejar obsoleta la carrera de los pilotos aviadores. El capitán Pete Mitchell (el hiper celebrado señor Cruise mejor conocido como ‘Maverick’) se rehúsa a ceder su lugar a los drones, y en los primeros minutos del filme dejará en claro el porqué sigue siendo el mejor piloto de la fuerza aérea. Su insubordinada personalidad lo llevará a mentorear a un selecto grupo de jóvenes y talentosos aviadores de Estados Unidos, entre los que se encuentran Bradley “Rooster” Bradshaw (el atlético pero con cara de niño Miles Teller), hijo de Goose, el mejor amigo de Maverick, cuya muerte en la pasada entrega aún es fuertemente resentida.

El retrato de la amistad masculina en Top Gun (1986) fue tan peculiar que entró en el imaginario popular la teoría de que, entre líneas, el filme realmente trata la aceptación de la homosexualidad por parte de su varonil protagonista; su batalla contra los aliados de la Unión Soviética sería entonces una metáfora de su lucha interna en su identidad sexual. Teoría planteada desde la jocosidad por Quentin Tarantino en la escena más recordada (y rescatable) de Sleep With Me (Rory Kelly, 1994). Tanto trascendió esta forma de ver el clásico ochentero que cuando se le preguntó al respecto al editor Chris Lebenzon, aseguró que nunca se planeó de esta manera, pero aceptó que Tarantino podría tener razón al pensar en lo homoeróticas que resultan escenas como el juego de voleibol en la playa y otras similares.

Este componente de amistad masculina en cuya rivalidad se asoma el deseo no está presente en Top Gun Maverick. En un inicio pareciera insinuarse la posibilidad, pero inmediatamente se hace a un lado para centrarse en la reconciliación generacional y, por tanto, la liberación de ataduras emocionales del pasado. Maverick y Rooster tienen una relación más parecida a padre e hijo que a un dúo de camaradas, y la evolución de su conflicto resuelve con mayor elegancia el duelo por Goose torpemente abordado en Top Gun. El desarrollo de este par se mueve en sintonía con los cambios generacionales, rescatando la efectividad de “la vieja escuela” frente al avance vertiginoso.

Algunos críticos han señalado este componente como un comentario metanarrativo sobre la industria de Hollywood, cuyo sistema de blockbuster y efectos prácticos caen en desuso ante las nuevas tecnologías que suponen la automatización de múltiples procedimientos, así como la sustitución incluso de las tradicionales ventanas de exhibición. El hecho que sea Tom Cruise el protagonista —y que continúe abrazando la temeridad— supone incluso un homenaje a la carrera de una de las últimas estrellas de la gran industria cuyo nombre sigue atrayendo al público a las salas. Ciertamente, este visionado para el filme le brinda un aura de añoranza, pues su forma de abordar la nostalgia se despega bastante del gran resto de remakes y reboots que poco aportan a la revisita de sus filmes originales.

Top Gun Maverick: retorno al clásico discurso patriotero

Top Gun vs Top Gun Maverick 

Tony Scott le imprimió una esencia publicitaria a la original del 86: sus escenas de tonificados dorsos bañados por la luz crepuscular parecían estar a punto de promocionar algún producto para el uso exclusivo de varones. Por su parte, Kosinski regresa con su fotógrafo de confianza, Claudio Miranda, y actualizan la esencia publicitaria a la pulcritud de los modelos de aviones actuales y exploran más los tonos fríos sin despegarse de los emblemáticos atardeceres de la primera.

Por otra parte, también se actualiza el involucramiento de los personajes femeninos con mayor participación, sin embargo, la presencia de las mujeres no tiene gran peso significativo en la trama principal. Si bien Penny Benjamin (la absurdamente bella Jennifer Connelly) no se siente como una mera adhesión para recordar la heterosexualidad del protagonista como ocurría con Charlotte Blackwood, su papel sigue limitado a ser el interés romántico en turno y darle un empujoncito a Maverick para que enfrente lo que realmente le interesa: la reconciliación con el hijo de su mejor amigo.

Aún así, Penny recibe un mejor tratamiento que el resto de pilotos del grupo de pupilos de Maverick, quienes parecen estar ahí para acompañar y reaccionar a lo que sucede al elenco principal. Aunque estén involucrados en las secuencias más emocionantes, su trabajo luce más cuando explican por qué es sumamente increíble lo que hace su maestro; y si llegan a ser recordados será por características particulares como ‘el que usa anteojos’ o ‘la chica ruda’.

Finalmente, una peculiaridad que no puede hacerse a un lado es el componente propagandístico. El productor Jerry Bruckheimer es conocido en la industria por su buena relación con el ejército de Estados Unidos; con Top Gun logró convencer a la fuerza aérea de utilizar sus instalaciones e incluso permitir que los actores se montaran en jets de combate (aunque conducidos por profesionales). Y como ya es típico de los militares gringos, facilitaron la producción del blockbuster, pero ejercieron un control masivo en las decisiones creativas. En ocasión el ejército recibió con los brazos abiertos la secuela del emblemático filme de Cruise, pues como señala David L. Robb en el libro Operación Hollywood, la primera parte engrosó hasta en un 500 % las filas de las fuerzas armadas, salvando al ejército estadounidense de una fuerte crisis de reclutamiento originada por el fiasco en Vietnam. La secuela obviamente no se despega de servir como una herramienta de propaganda que idealiza la vida militar.

En esta ocasión la amenaza soviética no es el enemigo a vencer, pero sí remite a sus herederos, a la nueva identidad del enemigo de la libertad y a la democracia. Los villanos en este filme no poseen cara ni tampoco nombre, pues no importa en la visión bélica de la película; basta con exponer que un país enemigo es el que incumple con los acuerdos de la OTAN. Se vuelve también irónico que la forma de ilustrar el territorio enemigo sea desde un terreno ártico y de acceso complicado…es difícil no ver a Rusia en estos enemigos, y aunque la película se atrasó  por la pandemia previamente a la invasión a Ucrania por parte de Rusia, las tensiones del gobierno de Putin con la OTAN ya estaban mediáticamente presentes desde 2014. Además, si bien la postura oficial del gobierno estadounidense ha sido apoyar indirectamente al estado ucraniano sin entrar en conflicto con Rusia, Top Gun Maverick cumple con las fantasías occidentales de ver un enfrentamiento por parte de los ejércitos prozelenski contra la tiranía de Vladimir.

Considero que el comentario de Tarantino en Sleep With Me es sólo una broma genuinamente divertida por las coincidencias, y si bien Top Gun sí carga con un obvio componente homoerótico, a la hora de la verdad fue una herramienta funcional para el ejercito estadounidense. En este caso, Top Gun Maverick es un divertidísimo blockbuster que se permite alardear de espectaculares y tensas secuencias de vuelo, mientras que su historia puede ser interpretada como una metáfora del viento de los cambios en la industria del cine e incluso ampliarla  a otros terrenos donde la automatización amenaza con sustituir a los trabajadores. Pero, a fin de cuentas, sigue siendo un título que utiliza la estética publicitaria y los discursos maniqueos para enaltecer a las fuerzas armadas estadounidenses. Un retorno al clásico discurso patriotero pero aderezado con nostalgia bien lograda.

Tráiler Top Gun Maverick 

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Crítica

Miguel Portal Ver todo

Soy de los que meten salchipulpos al cine. No me arrepiento.

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