Películas para adentrarte al cine de Jacques Tati

Aunque su trayectoria es corta, Jacques Tati tiene un lugar en la historia del cine francés. Heredero de la gran tradición kinésica de los maestros silentes y mimo por entrenamiento, el cine de este director capturó la atención por la utilización de la comedia física (slapstick) y situacional mediante gags pequeños y la exageración de ciertas situaciones.

Con seis créditos como director y uno más como guionista (sin contar los cortos o miniseries para televisión) sus películas destacan individualmente como obras que poseen un encanto peculiar, pero en todas demostrando un gran oficio en la planeación escénica.

Aquí dejo unas cuantas palabras sobre las cinco cintas fundamentales para conocer a Jacques Tati:

1. Playtime (1967)

Comencemos fuerte con lo mejor de Jacques Tati. Como le sucedió a otros realizadores importantes, este filme, pináculo en la carrera, no fue valorado en su momento y, de hecho, llevó a su realizador a la ruina económica y emocional por el fracaso que resultó.

Se sigue al personaje predilecto de Tati, el Señor Hulot (interpretado por él mismo), quien pasea alrededor de un París futurista y dominado por la modernidad. El hombre luce confundido por todo lo que le rodea, lo cual es parte de la personalidad de esta figura: el ser extraño en un entorno desconocido e incontrolable, lo que suele provocar situaciones graciosas.

Es una excelente sátira sobre el modo de vida capitalista que gira por el dispendio y la innovación. El director construyó especialmente el set y aprovechó cada detalle para colocar circunstancias chuscas para los transeúntes desubicados e inmersos en una mole de colores grises que los domina por completo. En 2012, el British Film Institute la posicionó en el puesto 43 de las 50 mejores películas de la historia.

2. Las vacaciones del Señor Hulot (1953)

Cinta que marca el debut cinematográfico de su famoso personaje de sombrero y pipa, el Señor Hulot. Como el título indica, vemos al sujeto tomando unas vacaciones en una playa francesa que concentra a burgueses regordetes, jóvenes marxistas que critican al capitalismo y familias que andan por ahí. Todos caen víctimas de la inocencia y torpeza de este hombre que no da paso sin gag.

Desde esta película se puede observar el gran dominio kinésico y escénico de Tati para la comedia simple, basada casi por completo en el movimiento y la estructuración de los chascarrillos en pantalla. El diálogo se omite para dejar a las figuras desenvolverse. El argumento es casi inexistente, pues los distintos puntos graciosos se perciben como sketches cortos unidos, pero de gran efectividad.

3. Mi tío (1958)

El Señor Hulot es tío del pequeño Gérard, quien vive con sus padres en un departamento carísmo de París (je, je) que posee un diseño ultramoderno, pero extrañamente poco funcional. Es un fastidio para este hombre simple, quien sólo quiere habitar tranquilamente y convivir con su sobrino, pero sus familiares tratan de absorberlo al estilo de vida francés.

Aunque en su anterior película ya se vislumbraban ciertos matices satíricos al modo de vida francés aburguesado que fue propiciado por la recuperación económica de la posguerra, visto tanto en aquellos que disfrutan ir de vacaciones como en aquellos que no, acá el comentario va hacia los entornos comunes de los ciudadanos, quienes en un afán de apariencia complican su vida innecesariamente. Esta película le valió a Tati el Oscar a Mejor Película de Habla No Inglesa.

4. Tráfico (1971)

Esta es la última aparición de Tati como el Señor Hulot, quien ahora es el diseñador principal de una compañía automotriz. Su más reciente creación es un coche con un montón de características raras, el cual sería mostrado en una exposición, pero eso se va complicando.

La crítica chistosa ahora va hacia el modo de vida automatizado y automotriz, con varias bromas que hacen mofa del diseño de nuevos aparatos extraños y, de nuevo, poco funcionales. A pesar de que no posee el esplendor de Playtime, Tati todavía se muestra muy virtuoso para la comedia situacional y para el manejo completo del set y el cuadro, colocando gags en el fondo del plano. Además, esas imágenes de gente picándose la nariz en el tráfico son absolutamente atemporales.

5. El ilusionista (Sylvain Chomet, 2010)

Si bien, esta película no fue dirigida por él, fue creada con base en un guion que el director nunca realizó. En el año 2000, Sophie Tatischeff, la hija de Jacques Tati, le entregó el libreto a Sylvain Chomet poco antes de morir. Sin embargo, se cree que esta historia es en realidad una dedicatoria a Helga Marie-Jeanne Schiel, una hija no reconocida y abandonada por el realizador.

Hay puntos que podrían sustentar esta teoría, pues el argumento va sobre un mago de edad avanzada que ha perdido el estrellato y se presenta como acto secundario mayormente. Viajando a Edimburgo se encuentra con una joven que queda impresionada por sus trucos y se convence de que tiene poderes reales. El señor siente una suerte de obligación para con ella, dándole regalos y manteniéndola.

Controversias aparte, esta es una cinta animada de enorme valor por la belleza de sus cuadros y porque sirve de homenaje a un hombre que era prácticamente un mago en una era donde ya no se creía en eso. Un convencido de la efectividad del slapstick cuando esa tradición ya iba quedando atrás. Además, es un relato melancólico que rompe con esa extraña creencia de que los filmes de animación deben ser totalmente alegres.

 

https://www.youtube.com/watch?v=3IWqrwC8Ntk

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