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‘Heretic’ (‘Hereje’): terror religioso, fe y plagios musicales

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Los creadores de Heretic se esfuerzan por entregarnos algo original (o al menos con identidad propia) que mediante su oscuro argumento desafía la paciencia del espectador hasta el último segundo.

Dos misioneras mormonas son enviadas a realizar una visita informativa al señor Reed (Hugh Grant), quien las convence de entrar a su casa para refugiarse de la lluvia. Las “hermanas” Barnes (Sophie Thatcher) y Paxton (Chloe East) inician una conversación religiosa con el misterioso hombre, discusión que se convierte en un mortal juego de encrucijadas para escapar del lugar. 

Los directores Scott Beck y Bryan Woods pasaron de la literal ausencia de diálogos en Un lugar en silencio (A Quiet Place, 2018) a una película donde “la palabra” es el centro de la acción. El terror religioso de Hereje (Heretic, 2024) se rige más por las normas de un formal discurso teológico (con puntos ideológicos muy específicos) que por las reglas del género cinematográfico, pues la intención del filme es que el espectador también caiga en las garras del maniático monstruo de la historia: un hombre erudito con carisma de comedia romántica. 

Similar al señor mojigato interpretado por Stellan Skarsgård en Ninfomanía (Nymphomaniac, 2013), el personaje de Hugh Grant utiliza las digresiones académicas (algunas surgidas desde el prejuicio) para persuadir a sus jóvenes cautivas de modificar sus creencias. Las “notas al margen” escritas por Beck y Woods son dignas de convertirse en referentes memorables de la cultura pop, porque sintetizan conceptos teóricos –como las convergencias entre religiones abrahámicas– en ingeniosas analogías sobre juegos de mesa o plagios musicales. No obstante, lo mejor es que a pesar de su intencional ambigüedad en la ficción, la producción es convincente y lúcida en su subtexto teológico. 

Crítica de Heretic Hereje
‘Heretic’ (2024)

Heretic: la mejor propuesta de la spooky season de este año

Es fácil utilizar la religión para explotar las excentricidades del fanatismo —como en Saint Maud (2019) o The Lodge (2019), por poner ejemplos—, pero invertir el arquetipo hacia el ateísmo es poco frecuente. Desde la conversación sobre “pornografía conmovedora” (en referencia al éxtasis de Santa Teresa) queda claro que la convicción religiosa de Barnes y Paxton no es simple adoctrinamiento, a diferencia del señor Reed y su enferma obsesión por “la verdad”.

Como sucede con el Phoenix Buchanan de Paddington 2 (2017), Grant aporta al personaje una capa de sugestivo encanto que lo aleja de la efectiva antipatía del villano genérico. La misión (bien lograda) es llevar al público a simpatizar con los pensamientos del psicópata sobre las “iteraciones” religiosas, pasando a segundo plano el horror psicológico del cautiverio.

La tensión y el suspenso dependen directamente de las creencias del propio espectador, ya que los diálogos dan una lectura de las religiones como posturas ideológicas por encima de la existencia de dioses, tratándose de algo abstracto que escapa a nuestra razón. Al final, el largometraje convierte a todos los dogmas y al descreimiento en una gran “banda de Möbius”, donde el entendimiento de la religión lleva al ateísmo y la angustia de estar solo en el universo conduce al pensamiento mágico.

Teniendo como base “el sueño de la mariposa” de Chuang-Tzu, los directores traducen al lenguaje cinematográfico la incertidumbre sobre el más allá. La discordancia entre secuencias hace que la película sea una experiencia nada complaciente, principalmente durante el último acto. ¿Se trata de una simulación, un milagro o el sueño de un moribundo? Los creadores toman el arriesgado camino de lo subjetivo, construyendo un provocativo cuento existencialista que se vuelve aún más abrumador con las lecturas de los posibles significados de la historia. Es decir, la trama es un laberinto de deliberadas contradicciones narrativas, no importando si dichas ambigüedades atentan contra la legibilidad y el ritmo del filme. 

Estéticamente, Hereje es igual de compleja en sus imágenes. La fotografía de Chung-hoon Chung aporta a la producción su característico estilo de “sofocante calidez” —presente en varias colaboraciones con Park Chan-wook o su trabajo en El misterio de Soho (Last Night in Soho, 2021)—, dando a las habitaciones una pesada densidad visual que eleva a otro nivel las virtudes del diseño de producción; porque además, el filme cuenta con la participación de Philip Messina, responsable de la casa-paraíso en ¡Madre! (Mother!, 2017). Ambos departamentos complementan las altas expectativas del guion, llevando al espacio físico la podredumbre en la mente del siniestro señor Reed.

Beck y Woods se esfuerzan por entregarnos un producto original o al menos con identidad propia, que mediante su oscuro argumento desafía la paciencia del espectador hasta el último segundo, porque el entretenimiento no es prioridad para los guionistas. El primer visionado es confuso y poco placentero, debido a varios momentos inverosímiles o faltos de sutileza, como la rebuscada secuencia de “La Profeta” y la tarta. Sin embargo, todo adquiere sentido cuando llega su impresionante desenlace, ya que Hereje se desvía cautelosamente a otros terrenos más serios y trascendentales del terror, convirtiéndose en la mejor propuesta cinematográfica de la spooky season de este año.

Heretic está en cines de México 

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