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American Fiction: una sátira mordaz convertida en comedia dramática

American Fiction: una sátira mordaz convertida en comedia dramática

En American Fiction, Cord Jefferson (director) y Jeffrey Wright (actor) conforman una mancuerna creativa extraordinaria en la construcción de un personaje lleno de claroscuros.

El escritor Thelonious ‘Monk’ Ellison (Jeffrey Wright) tiene un problema con la industria editorial: la fascinación de los lectores estadounidenses por apologías de la miseria afroamericana. Enojado por el rechazo de su última novela —por no ser suficientemente “negra”— y el éxito de la escritora Sintara Golden (Issa Rae), Monk decide enviarle a su editor una falsa autobiografía con todos los estereotipos que él odia. Sorpresivamente, la mentira termina saliéndose de control y el libro My Pafology resulta ser un éxito.

Hay un contexto del que debemos partir antes de valorar a esta película: la novela Erasure (publicada en 2001 y editada en español por Blackie Books) de Percival Everett fue una respuesta crítica al éxito comercial del libro Push, cuya adaptación cinematográfica es Precious (2009). Dos décadas después, Monk continúa enfrentándose al mismo mercado cultural dominado por blancos que lucran con las narrativas de los grupos vulnerables. El director Cord Jefferson agrega a la obra de Everett un ingrediente contemporáneo: la corrección política. 

Con ecos de la discusión entre Lydia Tár (Todd Field, 2022) y el estudiante que se niega a interpretar una pieza compuesta por Bach, American Fiction (2023) inicia con la respuesta del profesor Monk (Wright) al reclamo de una alumna por el uso de una palabra racista, pidiéndole “superar” los discursos de odio del pasado y no juzgar dichas ideas mediante valores actuales. Tal escena será el punto de partida para el protagonista en un viaje de descubrimiento sobre su propia ingenuidad, al subestimar el pensamiento antirracista como un accesorio ideológico woke. 

Con una estructura argumental más convencional a la metaficción de Everett, Jefferson construye una sátira ligera sobre lo inmutable de la industria cultural, una burbuja llena de conservadurismo y privilegios que sólo retrata al exterior desde clichés y prejuicios. No obstante, el protagonista también forma parte de esa burbuja y su experimento literario lo llevará a descubrir que únicamente tiene dos caminos como artista racializado: responder a las exigencias del mercado blanco y escribir desde una perspectiva “antirracista” que no comparte o continuar su labor creativa evadiendo los problemas de su entorno, alineándose a la Política de Respetabilidad impuesta por su círculo académico.

Sin embargo, el conflicto no se reduce a un dilema entre “ser o no ser”, pues la batalla del protagonista contra la etiqueta de “literatura negra” oculta otros problemas personales que involucran a su vida familiar y sentimental. A diferencia de la novela (ácida en su crítica hacia la pornografía de la pobreza en la cultura popular), American Fiction se asemeja más a la comedia dramática de Alexander Payne o Jason Reitman, convirtiendo todos los temas rudos y trascendentales del libro en notas al margen de una encubierta autoficción. El director encontró en Monk un alter ego que le permitió ahondar en heridas personales, como la muerte de su madre o su propio pasado periodístico, cuando escribía sobre las historias más violentas y traumáticas de la sociedad afroamericana, una realidad con la que no tendría contacto si no fuera por las exigencias de sus editores, como le sucede al escritor del filme. 

American Fiction critica pelicula

El director y Jeffrey Wright (actor) conforman una mancuerna creativa extraordinaria en la construcción de un personaje lleno de claroscuros. La personalidad naif del protagonista es complementada por un ensamble de fuertes personajes femeninos que dan luz a la maraña de conflictos absurdos en la cabeza de Monk, obsesionado con una idea que ni siquiera forma parte de sus problemas reales. Hermano desapegado, novio testarudo, artista envidioso y otras facetas componen a este hombre en crisis, superado por las responsabilidades afectivas que fallidamente ha intentado evitar.

Lo fácil habría sido remarcar los rasgos patéticos de la mentalidad de Monk, para llegar a una moraleja directa que señale las malas prácticas de esa industria literaria llena de lerdos blancos; pero Jefferson opta por otra vía, al voltear la reflexión hacia la introspección, logrando un diálogo abierto sobre el rol de los mismos artistas negros en los diferentes círculos culturales. 

Aunque los patrones racistas perduran a lo largo de los siglos (hay un guiño a eso al final de la película), bastantes cosas han cambiado desde la publicación de Erasure en la representación de las múltiples identidades afrodescendientes y (sobre todo) las discusiones sobre dichas representaciones dentro de la comunidad. Quizás el rasgo más inteligente del filme sea la no caracterización de Sintara Golden como parodia algún escritor contemporáneo —alejada de la “Juanita Mae Jenkins” del libro— y la incorporación de una escena donde el protagonista y ella confrontan sus diferencias. Al final, American Fiction no llega a ninguna conclusión específica y esa fue la mejor decisión que el director pudo tomar. 

La ópera prima de Cord Jefferson no es un debut por todo lo alto, porque se siente como algo visto en demasiadas ocasiones, pero la simpleza de su propuesta tiene un encanto que no decepciona. Pese a lo usual de su estilo, la película tiene detalles notables, como la metaficción de su desenlace —en la línea de Mujercitas (2019)— o la jazzística banda sonora de Laura Karpman. Además, American Fiction es una adaptación correcta, que toma lo mejor de una novela imprescindible del siglo XXI y lo convierte en algo entrañable y personal… lo que también significa una obra inofensiva y nada mordaz, pero eso es cuestión de paladares. 

American Fiction se estrena en Amazon Prime Video el 27 de febrero


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