Gracie (Julianne Moore) y Joe (Charles Melton) intentan llevar una vida familiar convencional, aunque ella fue a prisión por tener relaciones sexuales con él cuando aún tenía 13 años. Una tarde reciben la visita de Elizabeth Berry (Natalie Portman), la actriz que interpretará a Gracie en un drama televisivo sobre el escándalo mediático. Sin embargo, la investigación de Elizabeth será un catalizador de la crisis matrimonial cocinada a fuego lento durante veinte años.
Los mejores proyectos de Todd Haynes son aquellos que naufragan en el exceso y la vulgaridad. De haberse filmado en los 80, May December sería una firme candidata a todos los premios Razzie, porque lo tiene todo: un tema polémico abordado con cínico morbo, prestigiosas actrices entregadas a la sobreactuación y una inverosímil elegancia rancia que es coronada con ese leitmotive que desespera a la tercera repetición. No obstante, esta película es superior a otras del realizador, ya que supone un homenaje al mal gusto y la amoralidad más jocosa.
Es gracioso leer a usuarios de redes sociales desconcertados sobre cómo abordar esta película. ¿Es comedia? ¿Es una apología de la pederastia? ¿Sobre qué se está humorizando realmente? El motivo de esa desorientación es porque el filme tiene más del joven Todd Haynes —el de Poison (1991) o Superstar: The Karen Carpenter Story (1988)— que del consagrado y sofisticado realizador de Carol (2015). El new queer cinema más radical sobrevive en May December como un virus pudriendo todo desde dentro, restregándonos en la cara nuestro oculto conservadurismo.
Inspirándose en el caso sensacionalista de Mary Kay Letourneau, Samy Burch (guionista) escribió una comedia negra ingeniosa sobre la fascinación americana por el true crime televisivo y cómo este tipo de contenidos morbosos despojan a los testimonios de toda profundidad emocional y psicológica. Es el ojo queer de Todd Haynes lo que convierte a May December en una experiencia desconcertante para el espectador común, porque se encuentra a medio camino entre crítica mordaz y frivolidad ofensiva.
Incluso durante la supuesta “dictadura de lo correcto”, la visión de toda una audiencia puede nublarse frente a perversas narrativas bien edulcoradas. Un ejemplo es la amplia aceptación de Call Me by Your Name (2017) como epítome del libre amor gay, cuando no está lejos del perturbador cine de Alberto Lattuada o Liliana Cavani. En May December sucede lo contrario; Todd Haynes abraza la incorrección y remarca las características malsanas de la historia, como si el Franco Zeffirelli de Endless Love (1981) o el Adrian Lyne de Propuesta Indecorosa (1993) estuvieran detrás de cámara. El objetivo es no dejar espacio para la empatía, ni dobles lecturas: Gracie es una depredadora con gusto por la caza y Joe continúa atrapado en su tardía adolescencia. Hasta la partitura de Michel Legrand para El mensajero (The Go-Between, 1971) —otra película sobre abuso psicológico infantil— acentúa lo retorcido de toda la trama.
En lugar de filmar un drama edificante y convencional —como Dark Waters (2019)—, Todd Haynes hace aun más grotesco el guion de Samy Burch para jugar con la moralidad del espectador y, también, con sus propios ideales sobre libertad afectiva plasmados en Lejos del cielo (2002) y Carol. ¿En realidad el amor puede ser tan libre como presume el progresismo? Lo cierto es que May December es un bombazo sensacionalista deliberado que no debe tomarse en serio por su temática, porque el verdadero corazón del filme es otro: Natalie Portman.
La película resume en Elizabeth Berry lo mejor del cine de divas: una actriz sin escrúpulos enferma de sí misma (Anne Baxter en Todo sobre Eva), pero también ignorante sobre su mediocridad actoral (Gloria Swanson en El crepúsculo de los dioses) y al mismo tiempo lleva su personalidad al límite (Liv Ullmann en Persona). No hay nada más disfrutable que una actriz demostrando todo su potencial interpretativo mediante una actuación embriagada de exageración. El histrionismo de Portman es la cereza del pastel; un toque camp que intensifica el sentido irónico del duelo entre “villanas” que juega con Julianne Moore. En consecuencia, la escena de la “lectura” en primer plano podría ser su mejor demostración actoral hasta el momento, principalmente por su conexión con la última secuencia del largometraje.
Aunque parezca una producción a menor escala, May December es un filme magistral sobre ingenuidad y manipulación, desde la visión excéntrica de Todd Haynes. También es un rescate de la sordidez cinematográfica perdida en algún momento de los 2000, cuando Atom Egoyan podía evocar todo y nada con un baile al ritmo de Leonard Cohen o Sam Mendes contenía toda la hipocresía estadounidense en las fantasías sexuales de un padre de familia. Es lógico que el público compare a May December con Tár (2022), porque ambas películas redondean un mismo concepto: la miseria humana en las dinámicas de poder. Si bien Carol es la indiscutible obra maestra de Haynes, May December es su proyecto más arriesgado, un salto a la incorrección política que pudo resultar en tragedia.
May December está en el catálogo de Netflix USA
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