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La chica zurda: un debut poderoso que dialoga con el cine de Sean Baker

critica de la pelicula la chica zurda

Una familia de tres mujeres entra a su nuevo departamento en Taipéi. Comienzan a revisar, a adaptarse… a encontrar los desperfectos de su nueva vivienda recién rentada. La cámara de un iPhone 13 comienza a deambular por el lugar y toma diferentes puntos de vista para después enfocarse en uno: el de I-Jing (Nina Ye), una pequeña niña zurda que, junto a madre (Shu-Fen) y su hermana (I-Ann) comenzarán una nueva vida a través de un pequeño local de comida en el centro de esta bulliciosa urbe.

La chica Zurda es un drama familiar que se estrenó en la Semana de la Crítica de Cannes 2025. Marca el debut en solitario como directora de la estadounidense-taiwanesa Shih-Ching Tsou, nombre que constantemente hemos escuchado en el mundo del cine gracias a su trabajo con Sean Baker (ganador del Oscar por Anora) como actriz y productora (Tangerine, Red Rocket y El proyecto Florida), como productora (Starlet) e incluso como codirectora (Take Out, película que marcó el inicio de la colaboración entre esta singular dupla de cineastas).

Crítica de la pelicula La chica zurda Shih-Ching Tsou
‘La chica Zurda’ (2025)

En múltiples ocasiones, tanto Tsou como Baker se han declarado influidos fuertemente por el Dogma 95, la corriente impulsada por el danés Lars von Trier que surgió como una corriente “anti-Hollywood”. El objetivo era hacer un cine crudo y realista, sin grandes presupuestos, prescindiendo de los efectos especiales y con historias de gente real. En este sentido, La chica Zurda parece ser una declaración de cómo la cineasta taiwanesa entiende la idea del Dogma 95, sin que ello implique dejar de imprimir su sello personal.

En primera instancia vemos a una familia de mujeres que padecen en carne propia de los estragos de vivir en una sociedad patriarcal, recalcitrantemente machista, mística y salvaje. Se les asocia a lo zurdo, a lo maligno, a lo de la izquierda. Este carácter “zurdo y maligno” no es solo de manera literal; recordemos que, de manera metafórica, Taiwan puede entenderse como el hijo zurdo y no reconocido de China, y que la relación entre ambas naciones suele ser de amor-odio, una relación en la que ni unos ni otros se reconocen, pero se saben parte de un mismo génesis. De esta manera, las familias retratadas en La chica Zurda parecen ser una alegoría de dichos vínculos tradicionales y políticos.

Las mujeres en escena también se definen a través de las relaciones con sus madres, ya sea de opresión, de apoyo o de indiferencia. Además, por momentos todas parecen estar inmiscuidas en algo ilegal: desde la abuela que trafica personas hasta la niña que roba en los puestos del mercado. Tsou no tiene miedo en atribuir estas características a sus personajes femeninos, ni en colocar a un hombre (Johnny) como un soporte emocional para este grupo de mujeres, y en especial para Shu-Fen.

‘La chica Zurda’ (2025)

Retomando la idea del Dogma 95, queda clara la decisión de Tsou de grabar con un iPhone. El objetivo, en sus propias palabras, era lograr meterse en los mercados de Taipéi sin introducir grandes cámaras, y así poder capturar la esencia de esos barrios y ambientes. El resultado son imágenes vertiginosas que en ocasiones hacen remembranzas al cine de Wong Kar-Wai, además de un constante intercambio de puntos de vista de los personajes. Haciendo eco de El proyecto Florida, en varias ocasiones la directora se centra en la forma en que I-Jing percibe el mundo; los colores vibrantes y la cámara a la altura de la visión de una niña de cinco años permiten sentir la opresión de un mundo que, además de parecer enorme, se presenta incomprensible. Sin embargo, el mensaje de la realizadora es esperanzador, ya que en I-Jing reside el hecho de romper el ciclo de las maternidades viciadas y violentas, y dar lugar a la ternura y la comprensión.

No está de más mencionar que la película está editada, coproducida y coescrita por Sean Baker. Y es justamente el guion donde radica una maestría notable de ambos autores por la forma en que las historias de las tres mujeres se entrelazan y conviven, cada una de ellas con sus problemáticas y sus soluciones. Se construyen relatos particulares que al final se unen en un manojo narrativo por el tema de la maternidad y del crecimiento personal desde lo femenino. Esto último suaviza lo crudo de los escenarios y los contextos en los que dichas historias se desarrollan. También resultan interesantes algunos vasos comunicantes entre la filmografía de Sean Baker y Shih-Ching Tsou: la visión infantil de El proyecto Florida o los personajes precarizados, marginales e hipersexualizados de Anora (2024). Incluso, algunas tomas de las vendedoras de la nuez de betel parecen tener remembranzas de Tangerine (2015). Ante esto cabe la pregunta ¿es el eco de Baker en la obra de Tsou o es la mano de Tsou la que observamos en la obra de Baker?

La chica Zurda tuvo su recorrido por festivales internacionales, obteniendo el premio a Mejor Película del 20th Rome Film Festival, así como diversas nominaciones y premios a su elenco, entre los que destacan aquellos para el talento emergente de Nina Ye. La película también fue seleccionada para representar a Taiwan en la carrera por el Oscar, aunque no logró ninguna nominación. Finalmente, hay que decir que se trata de un debut inmejorable para la cineasta Shih-Ching Tsou.

La chica Zurda está en Netflix 

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