Pluribus es una espectacular sátira sobre la imbecilidad del Norte Global, donde los científicos más brillantes pueden desencadenar el fin del mundo, solo por demostrar su capacidad intelectual.
A partir de un mensaje extraterrestre, los científicos recrean una secuencia de ARN que sincroniza a toda la humanidad en una sola entidad pensante. Debido a una anomalía genética, la escritora Carol Sturka (Rhea Seehorn) es inmune al patógeno, así que buscará la forma de salvar a la humanidad, antes de que “los otros” encuentren la forma incorporarla a la mente colmena.
Hay un momento perturbador durante el Tercer Impacto de The End of Evangelion (1997) donde los personajes comienzan a fundirse en un mar naranja de LCL, quedando todas las almas fusionadas en una homogénea materia cósmica. Con sugestivo surrealismo, la secuencia lleva al extremo la idea utópica de aniquilar la individualidad como solución práctica para los problemas colectivos. Cuando Shinji renuncia a la instrumentalización concluye una alegoría sobre la aceptación de la condición humana, con toda la amargura que acarrea la existencia.
La protagonista de Pluribus (Apple TV+) se enfrenta a un escenario similar, pero parece que Carol (Seehorn) no tiene claro el porqué debe proteger su autonomía, pues su desesperación proyecta una egoísta defensa de los privilegios que ha perdido con la pandemia. Previo a la presentación de Manousos (Carlos-Manuel Vesga), la serie es un auténtico delirio anticomunista, especialmente por las estereotipadas identidades de “los trece”, siendo Carol la única que “entiende” el valor de la democracia, la justicia y demás conceptos que (vaya casualidad) no comparte con ninguno de los inmunes “extranjeros”.
Con el transcurso de los episodios, descubrimos que la visión prejuiciosa de Vince Gilligan (creador y showrunner) tiene como objetivo burlarse de la hipocresía estadounidense mediante la arrogancia de Carol, una (anti)heroína que se esfuerza por imponer ideales progresistas, pese a que sus acciones se oponen a la voluntad de “los trece” y la unificada humanidad. Sustituyendo el crimen por ciencia ficción, Gilligan desarrolla un fantasioso exterminio del individuo por una amenaza alienígena que podría sustituirse por sectas meritocráticas o ideologías de extrema-derecha, ya que sin diversidad no hay movimientos sociales, lo que asegura el funcionamiento de la gran maquinaria capitalista.
Es válida la conexión que el público ha encontrado con la Inteligencia Artificial (IA), pero la serie va más allá de la simple metáfora a una tendencia digital. Entre comedia negra y horror apocalíptico, Pluribus es una espectacular sátira sobre la imbecilidad del Norte Global, donde los científicos más brillantes pueden desencadenar el fin del mundo, solo por demostrar su capacidad intelectual. El primer episodio nos muestra que la mente colmena no trajo muchos cambios a la humanidad, pues los infectados y los fans de Wycaro comparten la misma carencia de voluntad. Por lo tanto, ya sea IA o un virus de laboratorio, la humanidad está condenada a provocar su propia extinción.
Sin hipérboles exageradas, los guionistas y la producción diseñaron escenarios ingeniosos que sintetizan la ilusión de autonomía que el capitalismo ha implantado en la mente de los consumidores; incluso, la protagonista llega a exclamar que es “autosuficiente”, pero no puede alimentarse sin movilizar a toda la humanidad para abastecer un supermercado. La soledad de Carol en realidad es un malestar por la robotización de un sistema preexistente, aunque dicha incomodidad se desvanece cuando la simulación comienza a materializar sus deseos. Tal amoralidad es lo que vuelve tan placenteros los arranques paranoicos de Carol, cuya misantropía es disfrazada de buena voluntad y heroísmo.

La introducción de “El Paraguayo” (Vesga) aporta la perspectiva del otro hemisferio, pues el personaje ve en la unificación otra batalla que no se diferencia de las dictaduras o una guerra civil. Gilligan y sus guionistas no sabrán de geografía o antropología, pero sí de dignidad latinoamericana y resistencia contra el intervencionismo extranjero, pues Manousos trae consigo un cambio de tono que abre la puerta a una realidad todavía más cruda, donde la comunicación persuasiva de la mente colmena no tiene ningún efecto. La primera temporada deja un margen amplio de tópicos por explorar, siendo el drama personal del protagonista colombiano una mina de oro para los siguientes episodios.
A grandes rasgos, Pluribus se mantiene en el terreno de la libre fantasía, con una ficción llena de licencias respecto a la realidad que se busca referenciar. La propia ingenuidad de Carol es reflejo de la producción, que filma en Canarias (España) todo lo que no es Albuquerque. Con fines discursivos, el nuevo show de Gilligan cae en los típicos lugares comunes a la hora de retratar Sudamérica como una región indeterminada y marginal, con una cinematografía que se adecúa al exotismo de la vieja escuela.
Algunos temas como la condición migrante de Manousos o el backstory de Mr. Diabaté (Mr. Diabaté) son justificaciones poco convincentes a dichos estereotipos, además de ser aclaraciones posteriores al estreno de la trama, lo cual merece una pulida en la próxima entrega de capítulos.
Pluribus es un éxito gracias a tres grandes pilares: sus protagonistas (Seehorn, Vesga y Karolina Wydra), el diseño de producción que da continuidad al Albuquerque de Better Call Saul (AMC) y la ralentización de la acción en el meridiano de la temporada. Es en los momentos de mayor soledad que el espectador puede encariñarse con Carol y dejar de pensar en las endebles reglas que fundamentan el comportamiento de “los otros”, como su extrema honestidad o la falta de contrapuntos en esa mente colmena. No obstante, lo original de la premisa amerita que se pasen por alto algunas inconsistencias en la historia.
El futuro de la serie dependerá del desarrollo que den a la “amistad” de Carol y Manousos, pues será interesante descubrir cómo los guionistas explotan la distancia ideológica entre ambos protagonistas, más o menos vislumbrada en los últimos episodios. Por el momento, Vince Gilligan asegura tener un plan para cuatro temporadas de Pluribus y varios finales barajados, aunque el universo de Breaking Bad es suficiente garantía de que el showrunner llevará por buen camino esta fascinante defensa del individuo y la humanidad.
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