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The Smashing Machine: Safdie explora las cosas buenas que vienen con la derrota

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The Smashing Machine  no reinventa la fórmula de otros biopics deportivos, pero sí embellece los clichés del género en un drama personal sobre el fracaso y la frustración como escenarios edificantes

Enajenado por el consumo de opioides y una complicada relación con su novia Dawn (Emily Blunt), el campeón Mark Kerr (Dwayne Johnson) tiene su primera derrota como luchador de la emergente UFC. Con el apoyo de Mark Coleman (Ryan Bader) y su entrenador (Bas Rutten), Kerr abandonará sus adicciones y retomará el entrenamiento profesional para recuperar lo perdido en el ring.

Ahora que los autores de Diamantes en bruto (Uncut Gems, 2019) dirigen en solitario, resulta evidente quién aportaba la visión decadente y fatalista en los proyectos del dúo creativo, ya que Benny Safdie aprovecha las anécdotas de Mark Kerr para desarrollar un drama personal sobre el fracaso y la frustración como escenarios edificantes.

En la línea de las mejores biografías deportivas, The Smashing Machine (2025) viene acompañada por un estudio de personaje que va más allá de la banal búsqueda del triunfo y la gloria, pues el protagonista se enfrenta a un duro viaje hacia la aceptación de su propia fragilidad e imperfección. 

El argumento tiene como punto de partida la negación de la derrota, un conflicto que es todavía más amargo cuando se trata de deportes que giran en torno a la violencia. Sin llegar al espiral autodestructivo de otros clásicos del género, The Smashing Machine nos muestra cómo el luchador transforma su crisis profesional en aprendizajes, como descubrir  que las personas a su alrededor son más valiosas que los campeonatos. En un esfuerzo por producir filmes sin tanto pesimismo, Safdie construye un biopic austero y unidimensional que intenta capturar el “buen corazón” y la integridad moral de su protagonista. 

Por momentos, la trama peca de naif y simplista, pero los toques melodramáticos del filme aportan profundidad al caos en la mente de Kerr (Johnson), tan rota por el fracaso como el tazón kintsugi que el personaje regala a su novia. Aunque el respeto a la privacidad de los involucrados no permitió adentrarse sin reservas en la personalidad del luchador, Safdie logró profundizar en algunos estragos de los excesos y las derrotas en sus relaciones afectivas, derivando en una amistad desigual con Coleman (Bader) y los arrebatos emocionales de Dawn (Blunt).

'The Smashing Machine' (Benny Safdie, 2025)
‘The Smashing Machine’ (Benny Safdie, 2025)

La gran epifanía viene cuando Mark acepta que también puede ser feliz con el triunfo de un amigo o preocupándose por el bienestar de su futura esposa, ya que no siempre se puede ganar, ni ser protagonista en la vida de los otros. Para bien y para mal, la producción omite los episodios oscuros en la vida de Mark Kerr, lo cual resta atractivo e intensidad a la historia, pero evita las perspectivas autocompasivas al narrar el malogrado ascenso deportivo del protagonista.

En cambio, el director (quien también editó el largometraje) pone la carga emotiva en momentos tan anodinos como la visita a una feria con juegos mecánicos, donde al ritmo del Jungleland (de Bruce Springsteen) podemos disfrutar el derroche de preciosismo neón que se espera del cineasta. Dichas secuencias elevan los valores de producción en una historia sobre caídas y redenciones que es tan vieja como el cine mismo. 

Tendiendo como base el documental homónimo dirigido por John Hyams (The Smashing Machine: The Life and Times of Extreme Fighter Mark Kerr, 2002), Benny Safdie recrea a la perfección el ocaso del siglo XX, donde el protagonista personifica la atmósfera decadente del momento histórico. El biopic pudo ser otro producto al servicio de las exigencias narcisistas de Dwayne Johnson, no obstante, el realizador se apoyó en la cálida cinematografía de Maceo Bishop (The Curse), el amateurismo del elenco y la ambientación para explotar el desmesurado camp de la época.

A pesar del protagonismo de Johnson en la producción del proyecto, Safdie llevó el argumento a terrenos conocidos, como las relaciones tóxicas en Heaven Knows What (2014), las hermandades callejeras de Good Time (2017) o la fascinación por el mal gusto de Diamantes en bruto. El cineasta no reinventa la fórmula, pero sí embellece los clichés del género en momentos específicos, como el entrenamiento con My Way de fondo, donde el espectador recibe la misma dosis de opioides que el entrenador Bas (Rutten) en forma de imágenes y sonido. 

El exceso de optimismo no obstruye la mirada desencantada del director, quien representa la obsesión por el triunfo y el éxito como otra droga con alta demanda en Estados Unidos. Incluyendo un cameo del verdadero Mark Kerr, The Smashing Machine nos recuerda constantemente que perder no es el fin del mundo, pues los “triunfos” son simples placebos que apaciguan nuestro miedo existencial a descubrir que todos somos insignificantes. El biopic no es tan espectacular como Good Times o Diamantes en bruto, pero conserva la esencia radical y propositiva que convirtió a los hermanos Safdie en grandes promesas del cine alternativo.

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