Como medida desesperada, los directores de dos compañías de ballet (Luke Kirby y Luke Kirby) acuerdan el intercambio de su talento estelar para incentivar la taquilla. A Nueva York arriba la virtuosa (pero conflictiva) bailarina Cheyenne Toussaint (Lou de Laâge), mientras en París deben soportar los arrebatos del coreógrafo Tobias Bell (Gideon Glick). Ambos movimientos son financiados por Crispin Shamblee (Simon Callow), un ambicioso empresario sin interés por la danza.
Tras firmar una carta contra el discurso de Jonathan Glazer en los Oscars (nunca está de más recordarlo), Amy Sherman-Palladino regresa a Prime con Étoile, una comedia coral que profundiza sobre el virtuosismo, su naturaleza egocentrista y la necesidad de afectos diferentes al amor propio. Superficialmente, se trata de otra serie de nicho, pero aborda algunos temas que nos obligan a prestar mayor atención a su retrato del decadente arte culto.
Evocando al humor ácido de Ruben Östlund, la serie pone al centro de su sátira la occidental disyuntiva de preservar tradiciones poco rentables o explotar el valor comercial de las expresiones artísticas, bajo riesgo de convertirlas en vacíos souvenirs. Similar al personaje de Claes Bang en The Square (2017), las crisis de Jack (Luke Kirby) y Geneviève (Charlotte Gainsbourg) son el resultado de ir en contra de sus principios éticos y deseos personales. Ambos protagonistas son conscientes de la frivolidad que los rodea, pero están obligados a satisfacer caprichos y ambiciones de las élites que dirigen sus compañías.

Así como el patriarcado era un obstáculo para que La maravillosa Sra. Maisel (Prime) encontrara su vocación, el capitalismo es el causante del declive de las academias artísticas, un mal representado por Crispin (Callow), la madre de Mishi (Isabelle Candelier), los socios, la burocracia, los anunciantes o el mismo público, que solo reacciona cuando algo satisface sus placeres inmediatos. Por ende, la danza debe competir con otros “espectáculos” de ocasión, pues su valor estético es anulado por el libre mercado.
Y en medio de tanta avaricia y banalidad están las arquetípicas étoiles Cheyenne Toussaint y Tobias Bell, tan llenos de soberbia como vacíos de generosidad. La serie cuenta con demasiados estereotipos y clichés, pero los showrunners (Daniel Palladino y Amy Sherman-Palladino, quien estudió ballet en su juventud) justifican el exceso mediante una profunda reflexión sobre la disciplina y el virtuosismo, conceptos que no tienen mucha importancia sin otros ingredientes: los sentimientos.
En un tono cursi que coquetea con Emily en París (Netflix), los intercambios culturales de Cheyenne (con piernas de la bailarina Constance Devernay-Laurence) y Tobías establecen una lectura doble sobre la perfección como simple capricho de enfants terribles, ya que la verdadera “magia” se encuentra en lo errático, impredecible y salvaje de las expresiones artísticas. Lo anterior hace que los momentos impulsivos de ambas “estrellas” sean el mayor atractivo de la serie, como la coreografía montada por Tobias sobre el escenario, pues son arranques creativos que están a medio camino entre el prodigio y la rabieta de niño privilegiado.
Al otro extremo, los guionistas utilizan a Mishi (Taïs Vinolo) como contrapeso al hostil narcisismo de Cheyenne y Tobías, quien se atreve a preguntarle a David Byrne si tiene algo “grande” en su carrera. El deseo de la bailarina por conectar con el mundo exterior la lleva a establecer una hermosa relación con la señora Toussaint (Marie Berto), subtrama que nos habla sobre el abandono y la soledad entre la multitud. Aunque la visión de los Palladino es muy naif, destaca cómo exploran en la banalidad de los círculos artísticos, donde el viaje de todos los personajes termina en el mismo punto: aprender a ceder para descubrir nuevas emociones que incentiven su potencial creativo.
Los guionistas también incluyen una delgada capa de crítica social mediante Susu (LaMay Zhang), quien entrena con las clases que su madre graba clandestinamente, pues las puertas del arte no están abiertas para todas las clases sociales. Las reacciones contra Mishi (hija de una ministra francesa) son resultado del choque entre el actual progresismo y las viejas “aristocracias” culturales. El problema no es la falta de talento, sino el nepotismo, clasismo y otros factores extraestéticos que conforman una impenetrable muralla para quienes no cuentan con cierto grado de privilegio.
Aunque Étoile no es tan vanguardista como La maravillosa Sra. Maisel, destacan los ingeniosos diálogos que transforman la arrogancia de sus personajes en encanto. El show tiene otros valores más llamativos que su argumento, como el montaje lleno de paralelismos, los aportes coreográficos o el vestuario, departamentos que exaltan magistralmente la brecha cultural entre la compañía francesa y la estadounidense. Se idealiza demasiado a Nueva York y París, pero ese toque de ingenuidad es parte fundamental en su involuntaria burla al esnobismo “primermundista”.
Étoile es una comedia con referencias tan importantes como Frederick Wiseman, y donde la danza se encuentra en primerísimo plano.
Étoile es una comedia con referencias tan importantes como Frederick Wiseman, y donde la danza se encuentra en primerísimo plano. Con la asesoría de Marguerite Derricks (coreógrafa y productora), la serie posee una especie de “realismo” tras bambalinas que va en paralelo al fantasioso melodrama, visible en los créditos finales y los cameos de renombrados bailarines, rasgo que convierte a la ambiciosa propuesta de los Palladino en algo valioso por encima de su ficción.
La bellísima coreografía final de Christopher Wheeldon al ritmo de Sparks o ver a Charlotte Gainsbourg descalza por las calles son detalles que dan color a una fascinante producción que mezcla lo dulce del feel-good francés con el pop mainstream de Center Stage (1999). El único riesgo para Étoile es que la trama se estanque y redunde en los mismos tópicos, como sucede en todos los productos creados por Sherman-Palladino, lo cual sería una pena, porque la primera temporada es un inesperado deleite audiovisual que puede ir a mejor.
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