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Crítica de ‘Thunderbolts*’: no revoluciona el género, pero sí revitaliza al actual UCM

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Thunderbolts* no es es la versión marvelita de The Boys, pues sigue la línea comercial e infantil de la franquicia, pero al menos ofrece un sustituto decente a los retirados Guardianes de la Galaxia de James Gunn.

Con el objetivo de destruir todos los registros que la vinculan al proyecto Sentry, Valentina Allegra de Fontaine (Julia Louis-Dreyfus) le tiende una trampa a Yelena Belova (Florence Pugh), Fantasma (Hannah John-Kamen) y John Walker (Wyatt Russell), capturándolos en una bóveda con la evidencia y un misterioso testigo llamado ‘Bob’ (Lewis Pullman). Junto con Bucky (Sebastian Stan) y Guardián Rojo (David Harbour), el equipo intentará detener los planes de la malévola directora de OXE

Queda claro el caos al interior de Marvel desde la presentación del logo, sin el típico  montaje que compilaba escenas de todas las fases, ya que el actual estado de la franquicia no resulta tan atractivo para el público promedio. Tratando de levantar el entusiasmo de cara a Doomsday, Thunderbolts* (2025) era anunciada como la versión A24 de los Avengers, lo cual es una locura, porque los productores pusieron a la calidad cinematográfica como el valor añadido de esta película, cualidad que debería estar en todos los productos de la compañía. 

Thunderbolts*,  una refrescante propuesta marvelita

Al final, Thunderbolts* no revolucionará el cine de superhéroes, pero sí es un aceptable reformateo de los estándares del estudio, que por primera vez pone genuina atención al trasfondo psicológico de sus protagonistas. Dejando de lado la desgastada fórmula del villano desechable, como Dar-Benn o Gorr, la producción optó por una amenaza más abstracta: la melancolía. Entre tristeza y aburrimiento, la crisis emocional de Yelena (Pugh) es un leitmotiv que va creciendo en paralelo a la transformación de Bob en Sentry, conduciéndonos hacia una de las secuencias más emotivas y catárticas de todo el UCM. 

Lo llamativo de esta producción es la presencia de auténticos conflictos “humanos”, puesto que “El Vacío” es una entidad alimentada por el dolor de sus víctimas y no otro “blip” circunstancial a menor escala, dirigiendo la acción hacia el terreno de lo sentimental. La transformación de Sentry (Pullman) nos entrega el siniestro break down que Doctor Strange en el Multiverso de la Locura (2022) nos quedó a deber con Wanda (Elizabeth Olsen), especialmente porque la consecuencias de dicho colapso son catastróficas para “los civiles” y no eventos aislados en Kamar-Taj o Wundagore, mostrándonos a los Thunderbolts “salvando vidas” (el máximo acto superheroico), en lugar de llevarlos a otra intrascendente misión galáctica o multiversal. 

Con pequeños ajustes a la fórmula, la producción desarrolla un convincente reveal de su protagonista, pues aunque conocemos la identidad del introvertido “Bob”, la progresiva transformación del Centinela logra cierto impacto mediante el meticuloso diseño de la aflicción del Guardián Dorado, con escenas que recuerdan a Chronicle (2012) o Jupiter’s Moon (2017).

No obstante, la tristeza desbordada por las calles de Nueva York adquiere mayor complejidad gracias al trabajo actoral de Florence Pugh, dando a su Viuda Negra la misma delicadeza dramática del resto de su filmografía. Sin recurrir al exagerado desaliño de Thor en Avengers: Endgame (2019), la culpa de Yelena por sus crímenes y el deseo de convertirse en una “buena chica” nos regala la conmovedora redención que Natasha (Scarlett Johansson) no tuvo en Black Widow (2021).

'Thunderbolts' (2025, Jake Schrerier)
‘Thunderbolts’ (2025, Jake Schrerier)

A nivel de guion, los diálogos siguen siendo “bobos”, pero de una forma orgánica con la historia, jugando con la ternura de este conjunto de patéticos mercenarios en decadencia. Con un escritor de casa (Eric Pearson) y otra multipremiada (Joanna Calo de Beef o The Bear), el equipo de guionistas inyecta emoción al cruce de personajes secundarios, sin importar lo mediocre de sus producciones de origen, aportando humor al escape de la bóveda o la persecución en el desierto sin caer en la exageración waititiana.

Muchos aciertos en Thunderbolts* se deben a la acertada síntesis argumental sugerida por Joanna Calo, dando protagonismo al journey de Bob y Yelena, en lugar de mostrar las “habitaciones” de cada personaje, además de reducir las conexiones con la actual “Saga” a una simple escena postcréditos. Como resultado, toda la acción se concentra en una sola aventura, sin intrusivos easter eggs relacionados con el multiverso o tramas abiertas que jamás tendrán continuidad. No es la versión marvelita de The Boys (Prime Video), pues sigue la línea comercial e infantil de la franquicia, pero al menos ofrece un sustituto decente a los retirados Guardianes de la Galaxia de James Gunn.

Pese a lo refrescante de la propuesta, la película también repite errores técnicos de sus predecesoras, evidentes durante la pelea en la Torre de los Vengadores, donde se aprieta el acelerador para llegar a situaciones que requerían de un desarrollo argumental más elaborado. El apartado visual tiene mejoras, particularmente en el diseño de “El Vacío” o la confrontación de Bob con su lado oscuro (que recuerda al concepto de Noah Hawley para Legion), pero la ejecución de los efectos especiales y el CGI sigue siendo mediocre en comparación con el cine de acción producido por otros estudios, sin importar cuántos making of comparta Marvel para testimoniar el trabajo práctico. 

Sin embargo, Thunderbolts* tiene más logros que errores, siendo la primera película o serie que permite vislumbrar el futuro del UCM sin que todo parezca una improvisación. Aunque la taquilla no responda en proporción a la calidad del largometraje, es innegable lo cálido y entrañable que resulta este team de personajes alternativos, algo que no se puede decir de la mayoría de películas surgidas durante la actual sequía creativa en Marvel. A la espera del arribo de Los Cuatro Fantásticos, son los únicos superhéroes que justifican una nueva reunión de los Avengers.



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