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Crítica de ‘Emilia Pérez’: entre lo extraño, lo insensible y el estereotipo

Critica Emilia Perez Jacques Audiard karla Sofia Gascon zoomf7

Por: Carlos Carrizales

Acerca de Emilia Pérez bien podría decirse que es un gran ejemplo de una película que intenta tener “buenas intenciones”, pero le falta toda la sensibilidad necesaria para expresarlas. Que es el equivalente fílmico de esa condescendencia de quien dice hasta tengo un amigo así, refiriéndose a alguna minoría. Con eso podría resumirse bastante de su propuesta, pero vamos por partes.  

El largometraje del realizador francés Jacques Audiard, uno de los estrenos más polarizantes de tiempos recientes, presuntamente se sitúa en México. Un narcotraficante conocido como ‘El manitas’, cuyo deseo es transicionar a ser mujer. Para ello, tiene que encargarse de poner a salvo a su esposa Jessi (Selena Gómez) y a sus hijos, movilizar su dinero, encontrar quien se encargue de las cirugías, poner en orden sus asuntos y fingir su muerte. Busca a Rita Mora Castro (Zoe Saldaña), una abogada cansada de defender a feminicidas, y le ofrece una suma multimillonaria a cambio de que se encargue de todo. ‘El manitas’  renace como Emilia Pérez (Karla Sofía Gascón, quien también interpreta al narcotraficante) para vivir por fin la identidad de género deseada. Años después, vuelve a buscar a Rita para que la auxilie en traer a sus hijos y su Jessi (sin revelarles su identidad original) pero, en el proceso, cobrará consciencia de la desaparición forzada a causa del narcotráfico y su culpa la llevará a convertirse en activista de la búsqueda de personas desaparecidas

Con tal sinopsis, Emilia Pérez parece ser una película bastante extraña, con un pie en lo simplón y otro en lo rebuscado. Y efectivamente es una película extraña, que suma a esa trama un formato musical con canciones de rimas cuestionables o ausentes, métricas repetitivas, letras descuidadas, fraseos forzados, voces con acentos que por momentos las hacen inentendibles, introducciones y cierres sin ritmo narrativo. El resultado es un filme que intenta decir “algo” acerca de varios temas de una forma grandilocuente, atrevida y estilizada, pero cuyo enfoque sobre la transición sexo/genérica es simplista y se reduce a atribuir “bondad” a lo femenino; su comentario sobre la desaparición de personas tiene la profundidad de emitir un “qué lástima; su retrato sobre México está plagado de estereotipos irreflexivos y su relato tampoco contiene mucha sustancia ni novedad narrativa

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, es verdad que Emilia Pérez intenta ser un melodrama trágico acerca de un personaje cuyo pasado lo persigue. Una historia en la que su protagonista no puede encontrar la felicidad plena que quisiera experimentar, debido a que tiene varias cuentas por saldar y a que su propia personalidad la incita a derrumbar la estabilidad construida. Pero es un arco de redención y pérdida que hemos visto antes. , a pesar de todo también es una película con cierto ritmo, resuelta con cierta solvencia. A fin de cuentas, Audiard no es un novato. Solo que tampoco es un virtuoso.

La sensación que permanece mientras se está viendo Emilia Pérez es similar a aquella que se siente cuando una persona de otro país intenta hablar con modismos en español sin saber el idioma ni conocer los convencionalismos del habla. Hay una extrañeza general; un conocimiento surgido de la experiencia situada que te hace saber que el ritmo de la frase, su sonoridad y el sentido con el que fue usada están forzados.

Por supuesto, cuando pasa en una interacción espontánea esto es entendible y tampoco es que exista un problema con ello por el mero hecho de que suceda. Sin embargo, cuando se vierte en una película como esta, que afirma buscar “hermanarse” con la situación social y de violencia en México, y que usa al país como marco de su historia, se cuestiona tanto su compromiso con el contexto como la ética con la que lo hace, incluso, hasta el nivel de verosimilitud que quiere para su propia narrativa

Al igual que lo que sucede con aquella sensación, toda la película es el intento de hablar (metafórica y literalmente) de un contexto desde adentro de ese contexto, pero sin entenderlo. El criticado acento de las actrices (dominicano en Zoe Saldaña, estadounidense en Selena y español con Gascón) es tan solo uno de los ejemplos del poco compromiso que exhibe Audiard en su ficción; no tanto, repito, por el mero hecho de que hablen de esa forma, sino por lo que sugiere esa forma de hablar: la apropiación de un contexto sin molestarse mucho en retratarlo medianamente parecido a como es.

No es ese el único aspecto en el que esa falta de compromiso sale a relucir. Una y otra vez Emilia Pérez exhibe, quizás involuntaria pero siempre insensiblemente, su ignorancia, su mirada extranjera y extranjerizante. Ahí están todos los elementos del imaginario global estereotípico acerca de México y los mexicanos (o más precisamente, de la Ciudad de México, que es tomada como la parte para representar el todo): alusiones al mezcal y al guacamole en sus canciones, los Ángeles Azules, un mariachi, el clásico audio del fierro viejo, puestos ambulantes omnipresentes, groserías como cabrón, pendejo, chingar”. Lo de siempre, pues. Hasta el cablebús en la zona de Santa Martha, en la Alcaldía de Iztapalapa, hace un cameo por ahí

Una y otra vez Emilia Pérez exhibe, quizás involuntaria pero siempre insensiblemente, su ignorancia, su mirada extranjera y extranjerizante.

A la par, también está vertido todo el imaginario negativo del país: narcotraficantes con un poder casi incontestable (retratados en un baldío cantando y bailando alrededor de una fogata, cual aquelarre tercermundista), corrupción omnipresente, una ciudad con clima semiárido y desordenada, caótica; delincuentes ignorantes que quieren aprender que “uno más dos son tres” y limpiar su piel de tatuajes”, como afirma uno en alguna canción. Por supuesto, en esta lista no puede faltar la desaparición forzada, que en todos lados se ha señalado como el principal tema que quieren abordar; sin embargo, hay que decirlo claramente: engaña quien afirma que uno de los principales objetivos de Emilia Pérez es sumar una voz de denuncia a la tragedia que vivimos. A lo largo del metraje, todo el asunto es un mero contexto, una temática que sirve de vehículo para explorar las culpas y la toma de consciencia de Emilia. Más allá de una canción sobre el asunto, las desapariciones no constituyen un tema en sí mismo, son una herramienta narrativa.

Queda entonces la pregunta: ¿Por qué Emilia Pérez ha causado tanto revuelo, al nivel de llevarse varios Globos de Oro y estar nominada a 13 premios Oscar? Aventuro la respuesta: porque es cómoda. Porque su compromiso político es tibio, liberal y bienpensante. Porque su historia es clásica y lisa. Porque su producción es luminosa, musical, pop e “inclusiva”. Y porque su insensibilidad e irreflexividad en su representación sobre México, poco les importa a las industrias que las están premiando: nos miran, tal vez, con los mismos ojos

Emilia Pérez está en cines de México

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