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El Cuadro Perdido: la integridad como rareza de la condición humana

Critica de la película El cuadro perdido de Pascal Bonitzer

Aunque El Cuadro Perdido es de una película por encargo, Pascal Bonitzer convierte a su potencial trama de thriller convencional en algo más personal e íntimo.

El especialista de una casa de subastas, André Masson (Alex Lutz), y su socia Bertina (Léa Drucker) reciben el aviso sobre el hallazgo de una pintura firmada por Egon Schiele, desaparecida durante el expolio nazi. El actual propietario del cuadro es un obrero de Mulhouse llamado Martin Keller (Arcadi Radeff), quien teme que el posible cobro de una fortuna cambie la relación con sus amigos. Paralelamente, también conocemos a Aurore (Louise Chevillotte), la mitómana pasante de Masson que sueña con alcanzar los privilegios de la élite.

Durante un viaje en carretera, el protagonista corrige el uso de la palabra “experto” en lugar de “especialista”, argumentando que el primero vive de su prestigio por ser ajeno al mercado del arte, mientras que el segundo trabaja para alguna casa de subastas, galería o un marchante. En otras palabras, el veredicto del “especialista” se rige por los intereses de las instituciones comerciales, siendo su principal misión contribuir al éxito de las transacciones. Parecerá una diferencia mínima, pero en el fondo guarda un contexto que da mayor valor a la película. 

En el reportaje de la DW titulado El Falsificador Español (2016) se muestra cómo hasta los museos de mayor prestigio prefieren autentificar falsificaciones con el objetivo de asegurar los préstamos de colecciones privadas. En consecuencia, quienes dirigen el mercado del arte operan bajo lineamientos poco éticos que les permiten obtener ganancias multimillonarias por un capital cultural que, en teoría, queda reducido a otro superfluo producto sin importancia estética. La aclaración de términos por parte de Masson (Lutz) establece la línea moral sobre la que se mueve el nuevo filme de Pascal Bonitzer, director que tuvo un prometedor inicio en los 90 con Encore (1996). 

El Cuadro Perdido (Le Tableau Volé, 2023) nos cuenta una fábula sobre la ambición en varios niveles, cada uno con su propia moraleja: Martin y su deseo de una vida simple, el fastidio de Masson por las artimañas entre millonarios y Aurore intentando ocultar su pasado. El argumento de Bonitzer e Iliana Lolic convierte la nota periodística del 2006 en una áspera reflexión sobre “la ilusión de la buena vida” que ha creado el capitalismo, la cual genera discordias entre clases sociales que solo benefician a los ricos y destruye a quienes se atreven a escalar en la pirámide social.

Critica de El cuadro perdido película del 28 tour de cine frances
‘El Cuadro Perdido’ (Pascal Bonitzer, 2023)

Aunque la película no ataca de forma agresiva a las corporaciones multimillonarias como Christie’s, renombrada Scottie’s en homenaje al protagonista de Vértigo (1958), sí plantea una crítica contra la meritocracia y la búsqueda de un estatus inalcanzable. En algún punto de la trama, el protagonista reflexiona sobre lo absurdo de ascender en la jerarquía corporativa, porque para subir un escalón alguien debió ser reemplazado, destino que terminará alcanzado a todos los ocupantes de dicha cima organizacional. 

Aunque El Cuadro Perdido no ataca de forma agresiva a las corporaciones multimillonarias como Christie’s, renombrada Scottie’s en homenaje al protagonista de Vértigo (1958), sí plantea una crítica contra la meritocracia y la búsqueda de un estatus inalcanzable.

El cuadro perdido y la ambición sin escrúpulos

La historia remarca constantemente la imposibilidad de romper el injusto mecanismo comercial operado por las esferas del poder. Al ser otra producción de Saïd Ben Saïd (Elle, Sinónimos, ¡Paul Sánchez ha vuelto!), no podía faltar el tono burlón y perverso contra las insensibles “burguesías” neoliberales, dominadas por antipáticos hombres avaros que aseguran “no tener obligación con nadie”. En varias ocasiones, los diálogos comparan el trabajo sexual y la atención a los clientes de la casa de subastas, pues toda interacción con personas privilegiadas supone una anulación (en menor o mayor escala) de la voluntad y el pensamiento.

Superficialmente, El Cuadro Perdido podría ser juzgada como moralista  e ingenua al celebrar que un obrero elija “una vida sencilla” y rechace la opulencia; no obstante, Bonitzer introduce a la ambición sin escrúpulos como una amenaza latente que lleva al personaje a salvaguardar lo poco valioso que realmente posee.

‘El Cuadro Perdido’ (Pascal Bonitzer, 2023)

En contraste, pese a parecer prescindible, Aurore (Chevillotte) representa el lado opuesto a la integridad de Martin, pues la pasante de Masson comienza a perder su personalidad cuando imita los comportamientos deshonestos de los ricos que la rodean. El cineasta juega con estas vidas paralelas para crear una historia simple, pero muy lúcida, sobre la amoralidad que impone el actual modelo económico, el cual nos puede llevar a considerar la decisión final de Martin Keller —un hombre que “no quiere sangre en sus manos”— como algo en contra de toda lógica humana.

En El Cuadro Perdido, la sencillez visual y narrativa es compensada por la madurez y agudeza de los diálogos, los cuales surgieron de la investigación y entrevistas realizadas por Iliana Lolic a personas relacionadas con las subastas de arte. Aunque se trata de una película por encargo, Pascal Bonitzer convierte a esta potencial trama de thriller convencional en algo más personal e íntimo; donde el suspenso cinematográfico es sustituido por la verosímil incertidumbre que produce el estar a merced de los intereses de magnates sin escrúpulos. En definitiva, una película imprescindible para adentrarse al corrupto y frívolo mercado del arte.

El cuadro perdido forma parte del 28 Tour de Cine Francés. Consulta sedes, fechas y horarios aquí.



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